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A veces mamá también necesita terapia

Muchas veces cuando escuchamos la palabra “terapia psicológica” lo relacionamos con “locura”. Sí, seamos sinceros, más de una vez nosotros mismos lo hemos pensado. Pero no, esto no tiene nada que ver con estar loco o enfermo. Llevar terapia psicológica es incluso estar un escalón más arriba en el proceso del autoconocimiento y cuidado personal.

Reconozco que al principio me fue difícil decidir empezar a conversar con un psicólogo. Pues, soltarle tu vida a un “extraño” no es sencillo. Y aquí viene el punto de partida: no se trata de soltarlo todo de una, es poco a poco. Es un proceso y un camino largo que si decides emprender, te aseguro que te gustará mucho y ayudará a aliviar lo que sientes (en la mente, el corazón y muy muy adentro tuyo).

Si tú como persona percibes que  las exigencias de tu vida familiar, social, sexual, laboral, de pareja te rebasan y nos sabes cómo acomodarte a sus demandas,  seguro puede ser momento de  iniciar un proceso psicológico. La terapia para adultos te permite desarrollar habilidades emocionales e intelectuales para sintonizarte armónicamente con tu vida diría.

CEEPI

Pero ¿sabes cuáles son algunas razones que evidencian que podrías necesitar iniciar un proceso un proceso psicológico:

  1. Constantes cambios de humor.
  2. Malestar e insatisfacción en tu vida diaria.
  3. Consumes algún tipo de medicamento o drogas.
  4. Presencia constante de enfermedades y síntomas físicos como dolor de cabeza, diarrea.
  5. Tus relaciones interpersonales no funcionan bien.
  6. Tienes algún pendiente o “trauma” del pasado que te preocupa.
  7. Quieres ser una persona más sana que disfruta de la vida cotidiana.

Es importante también saber que no todos los psicólogos serán como nosotros esperamos, por eso la primera cita marca la pauta. Pues, si no hacemos clic, podemos cambiar y así encontrar alguien con quien de verdad hagamos “match” y podamos continuar la relación. Porque sí, es una relación de confianza y esto se logra con tiempo.

Por otro lado, en el mundo de las terapias podemos encontrar también clasificaciones de las mismas.

  • Terapia de orientación conductual: centrada en la observación de las conductas.
  • Terapia cognitiva: pone el énfasis en los pensamientos, ideas o creencias que provocan esas conductas negativas.
  • Terapia cognitiva-conductual: una combinación de ambas.
  • Terapia dinámica: busca analizar los aspectos inconscientes que pueden causar sufrimiento.
  • Terapia sistémica: analiza a la persona dentro de su contexto.

No es magia tampoco. Con esto quiero decir que no por ir a terapia nuestros problemas desaparecerán, ni mucho menos, necesitamos poner de nuestra parte para salir de ese momento difícil. Mucho ánimo y buena disposición para poner en práctica los ejercicios o consejos que el especialista nos mande.

Puede ser desde caminar al menos 30 min al día, hasta meditar (por más que nunca lo hayamos hecho). Y conoces más de esto es super bueno porque te lleva a pensar en muchas cosas y de alguna u otra manera, tu mente sale de ese “hoyo” en el que tal vez estás desde hace ya un tiempo.

Desde este ámbito se pueden tratar varios temas:

  • Problemas personales, como por ejemplo miedos, estrés, ansiedad, etc. Muchas veces, las consultas se deben a una situación puntual que está viviendo el paciente y no sabe cómo gestionar. Generalmente son casos sencillos de tratar, en los que el paciente retoma su vida cotidiana con absoluta normalidad.
  • Falta de habilidades sociales, como por ejemplo la relación con amigos o compañeros del trabajo. Muchas personas encuentran dificultades a la hora de relacionarse con los demás; en la terapia, aprenden a mejorar y desarrollar estas habilidades.
  • Problemas con la pareja o el entorno familiar. Todas las personas vivimos en algún momento dificultades con nuestro entorno más cercano. Aquí, el objetivo de la terapia es conseguir restaurar la armonía en la pareja o la familia.
  • Dificultades en la crianza de los hijos, ya sean niños, jóvenes o adolescentes. Se trata de situaciones comunes en muchas familias, ya que la maduración de los niños no siempre es fácil. La intervención en estos casos suele producirse tanto sobre los hijos como sobre los padres.
  • Desordenes emocionales, como por ejemplo en los casos de baja autoestima o depresión. Este tipo de situaciones puede ser fácil de tratar, pero afectan gravemente la calidad de vida del paciente.
  • Trastornos psicopatológicos, como serían los trastornos de la personalidad, trastornos disociativos, desórdenes de la alimentación, etc. Estos suelen ser los más complejos de tratar, y su gravedad sobre la salud del paciente es muy acusada.

Justamente en estos tiempos, donde todo parece estar de cabeza y tenemos que equilibrar nuestra vida y nuestros tiempos como si fuéramos magos, es cuando más podemos requerir apoyo externo, y solo nosotros somos quienes decidiremos dar ese paso. Nadie más puede hacerlo por nosotros, pero lo que sí debemos tener super claro, es que no somos menos fuertes, ni más “cuerdos” si es que buscamos ayuda. Al contrario, estamos siendo totalmente honestos con nosotros mismos, porque estamos reconociendo que podemos ser mejores.

Recuerda siempre que para estar bien con tu entorno, primero debes estar bien tú. Y tal como he escuchado en varios momentos de mi vida, nadie te conoce mejor q tú mismo y por ende, tú mismo sabes en qué momento parar, pedir ayuda, y seguir avanzando.