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A cuidar los alimentos, se viene el verano

Hace unos días nos fuimos a almorzar a la calle con los chicos. Primero nos aseguramos que comieran e la casa lo que siempre les cocinamos con las mejores condiciones; son más especiales para comer que lo que yo hubiera imaginado, por eso siempre les doy cosas que los alimenten y así luego en la calle no me hago problemas si es que no comen. Llegamos al restaurante y Marcel comió papitas y un vaso enorme de chicha. Naelle, nada.

En el carro, ya camino al parque para corretear, Marcel empezó a quejarse de la panza “me pica mi panza mamá. Me pica”. Yo pensé que estaba fastidiado porque ya no está durmiendo en las tardes, así que traté de cambiarle el tema hasta que llegamos al parque. Me bajé del carro, para sacarlo de su silla y revisarle la pancita, y antes de llegar a su puerta “JUACATE”, todo el almuerzo para afuera. Lo saqué asustada, pue son hay nada que me asuste más que la fiebre y el vómito en mis hijos, y traté de ayudarlo a calmarse un poco para poder cambiarlo.

Le di mil vueltas y repasos a todo lo que había comido para ver qué le pudo caer mal. Hasta hoy, creo que el sol, que ya empieza a salir en estos días, descompone toda la comida de manera hiper rápida. Por eso hay que tener mucho cuidado con la manera en que guardamos los alimentos en la refrigeradora. Y hay todo un mundo detrás de este tema, por ejemplo, yo no tenía idea que incluso dentro de las refris, la temperatura varía constantemente, y esto afecta directamente los alimentos que están dentro de ella.

Esta semana me invitaron a probar los beneficios de la nueva “LG Linear Top Freezer” y gracias a esto es que aprendí un poco más sobre cómo cuidar los alimentos, sobre todo en la época más caliente del año donde todo, se descompone rápidamente. Si comparamos alimentos frescos en un refrigerados convencional con este que tiene una fluctuación de temperatura más uniforme y con menor rango de variaciones, a los 7 días podemos ver que el color no ha variado mucho, la consistencia tampoco, e incluso no han perdido ni tamaño, peso ni forma.

Esta refri tiene un mecanismo en la puerta que se llama “Door Cooling”, el cual permite que la uniformidad de la temperatura enfríe 35% más rápido que un sistema convencional. Es decir, ese ducto de aire en la misma puerta permite que todo el interior, y la brecha antes de salir a la intemperie, sea mucho más parejo. Además de esto, una de las características que me pareció excelente es que el sistema “Hygiene Fresh” es un filtro que elimina bacterias en un 99% y minimiza los malos olores que tal vez puedan desprender las carnes, o los alimentos que guardamos luego de cocinar.

La mejor noticia para los ahorradores, es que con este sistema hay un mejor ahorro de la energía porque al tener menos puntos de fricción reduce el consumo energético y además produce menos ruido (nulo realmente).

Creo que cuando uno empieza a ser independiente, le da mucho más importancia a este tipo de cosas. Cuando investigo un poco más acerca de los electrodomésticos para mi casa y mi familia, pienso en mi mamá. Cuánto nos parecemos a ellos cuando se trata de darles lo mejor a nuestro hijos. Por ahora, yo le enseñaré mi refri nueva, para ver si la convenzo y cambia la suya que ya cumplió su ciclo de vida, y suena como carcacha vieja.

Mira el producto en el siguiente enlace:
http://www.lg.com/pe/refrigeradoras/lg-LT41WGP
http://www.experienciaslg.com.pe/

#RefrigeradorasLG #LGTopFreezer #LinearT/F

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A ustedes

Sentada frente a la computadora, escuchando sus respiraciones a lo lejos, pienso en qué escribir. A veces tengo tanto que decir que apenas puedo ordenarme y separar temas de acuerdo al tiempo. Pero hoy, con la luz de la lámpara y tratando de teclear lo menos posible para que no se despierten, quiero escribirles algunas cosas a ustedes, mis hijitos.

Estamos ya en el segundo mes de nuestra modalidad de “mamá de oficina”, y creo que ya nos vamos acoplando al horario. Sin dejar de extrañarnos, sin dejar las llamadas para ver si llegaron bien al nido, si regresaron bien del nido, si almorzaron, si durmieron, si están aburridos, si preguntaron por mí y un sinfín de preguntas dependiendo del día y las circunstancias.

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El día empieza a las 6:00 am que suena la alarma, aunque debo confesar que cinco minutos antes mi reloj interno me hace abrir los ojos y pensar en la “nada” por unos segundos. Me levanto para prepararles sus leches y así garantizar que se queden dormidos mientras me baño en 10 minutos a lo mucho. Luego, cuando ya estoy lista para salir, me doy tres minutos para mirarlos uno por uno, darles un beso en la frente (o en el cachete, todo depende de la posición en la que los encuentre) y les hago la señal de la cruz diciendo “que Dios te cuide y te proteja todo el día, te amo como no tienes idea, nos vemos más tarde”. Siempre, siempre, siempre es así y si por alguna razón no lo hago, regreso para hacerlo como sea. Es como que algo necesario para salir de mi casa tranquila.

Llego a la oficina y empieza mi día. Entre mails, reuniones, solicitudes, llamadas, una que otra discusión y pendientes acumulados, siempre hay espacio y tiempo para llamarlos. Escuchar sus voces, recibir sus fotos y saber que están bien, me recarga de energías para seguir un poco más. Las horas se pasan volando y el reloj marca el momento esperado para poder coger las llaves del carro y volar a su encuentro.

Pongo música y trato de limpiar mi mente para llegar y empezar con las mil aventuras que imaginamos juntos. Me reciben con un fuerte: MAMÁ!!!!! Y me dan uno de esos abrazos que curan a cualquier enfermo, hacen sonreír a cualquier deprimido, y transmiten el amor más puro del mundo. Luego llega la hora del baño, un cuento, música y a dormir. Al día siguiente todo vuelve a empezar.

Tú, mi china, siempre pendiente esperando que llegue a casa para decirme: ¿Mamá qué me has traído?, pero poco a poco entendiste que no siempre mamá llegará a casa con una sorpresa. Entendiste que un abrazo, un beso, un juego lindo y hasta un baile juntas es una de las sorpresas más lindas que te puedo dar como mamá. Acordarme de tu sonrisa traviesa y de tus preguntas más que perfectas, llena mis horas lejos de casa. Mi china perica, esa que me ayuda desde que entro a la casa a sacar mi pantuflas y la que me mira con ojitos cansados diciéndome: “pobre mi mamá está cansada”, como si de verdad sintieras lo que yo siento. Mi hermosa pequeña mejor amiga, esa que se parece tanto a mí que a veces me asusta. Me asusta porque tienes que ser mejor que yo, ser más fuerte y menos emocional, ser esa guerrera que vino al mundo para remecerlo y ponerlo de cabeza. No por nada fuiste mi pequeño milagro que con tan solo 2,020 kg se aferró con uñas y dientes a este mundo. Eres una estrella que brilla con luz propia Naelle, nunca lo olvides porque serás grande.

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Tú, mi chino enamorador. Me recibes con una sonrisa que te sale del alma, me derrites con esos ojitos llenos de felicidad y siempre me dices: “ahora mi turno”, luego del beso que le doy a Naelle. Mi hombrecito inteligente, ese que me hace pensar que los milagros existen y que aprender de cada detalle es lo que más nos hace crecer como personas. El que me reta todos los días, el que me enseña a crear más “paciencia” cuando pienso que ya se me acabó la última gota. Ese que me da abrazos traviesos y me sonríe con el hoyito en el cachete. Ese pequeño gigante que aún no puede dormir sin agarrar mi mano y si en la noche se le pierde, la reclama desde su cama. Ese pequeño que sabe que su mamá llora de emoción con cada paso, con cada logro, con cada sonrisa, con cada mirada cómplice. Como siempre te digo antes de dormir: vas a ser un gran hombre.

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Aún nos falta mucho por vivir, pero lo mejor de todo, es que siempre que miremos a los lados, estaremos ahí. El uno para el otro, para darnos ánimos, fuerzas y todo lo necesario para seguir caminando con la mirada bien enfocada hacia adelante. Porque así quiero verlos toda la vida, caminando siempre mirando al frente y siempre queriendo más.

Por ustedes, todo.

Mamá (de doble yema).