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Chupete, chupetin, chupetón

Es muy frecuente el preguntarnos si es bueno o malo el chupón. Y la verdad que no hay una respuesta única porque existe muchos, pero muchos puntos de vista. Pediatras lo recomiendan y pediatras no lo recomiendan, mamás lo usan y mamás prefieren el dedo pulgar, bebes los aceptan y bebés los rechazan asqueados. Son muy variadas las opiniones acerca de este tema y es por eso que cada una tiene que hacer su propia historia y luego contar su propia idea y experiencia.

Era la tercera semana de los bebes cuando empezaba su negación a la leche y preferían dormir. Al echarlos en sus cunitas no podían hacerlo y renegaban como cascarrabias. Yo tenía en el cajón donde guardo las tetinas de los biberones, muchos chupones de todo tipo, algunos regalados y otros comprados. Pero habían unos que siempre me llamaron la atención por su forma, textura y simple diseño. La pensé mucho, incluso le consulté al pediatra si él recomendaba o tenía alguna posición en contra del chupón. Su respuesta fue clara y directa: “siempre y cuando no tengan TODO el día el chupón en la boca, está bien”. Y luego pasó a aclararme muchos mitos, verdades sobre usar chupón.

– Es falso que provoque gases: el reflejo de succión en un chupón es solo eso, un reflejo. No succionan aire, solo imitan la succión y “mastican” la silicona.
– Es falso que hace crecer dientes chuecos: si el chupón es retirado antes del año si es posible (algunos lo pasan hasta máximo dos años), no pasa nada, luego puede que sí. A esta edad el niño ya no necesita solo succionar para alimentarse y el uso del chupón va en contra del desarrollo dentario. Sin embargo, sí se asocia con tener frecuentemente la boquita entre abierta, pero lo bueno es que esto mejora cuando se retira el chupón.
– Tiene un efecto tranquilizador: en algunos momentos que el bebe llora sin razón o tiene cólicos, el hecho de succionar lo relaja y descarga tensiones. Generalmente los bebes muy pequeños no tienen aún elementos motores para descargar energías y por eso el chupón ayuda con su efecto tranquilizador. Muy buen punto para los bebitos que sufren de cólico de lactante, embarazos múltiples o post partos complicados (por la posible depresión de la mami).
– El gran amigo pulgar no se deforma: el dedito gordo es la otra opción al uso del chupón, pero esto lamentablemente es asociado a más casos de deformaciones dentarias y del propio dedito. Ahora, es un método que muchos prefieren enseñar porque el dedo no se cae durante la noche y es regulada por el mismo niño cuando quiere o no chupar, pero a la vez es difícil al momento de querer “retirar” el hábito.
– Estimula reflejo de succión: este es un buen punto para bebitos prematuros. A veces el reflejo no está muy bien establecido por el tiempo en el que llegaron al mundo y el chupón estimula este reflejo y se logra una succión ordenada y con ritmo.

Lo que es yo y mis bebes, encontramos la solución para calmarnos al momento de los caóticos llantos en coro y para relajarnos antes de dormir. Felizmente el chupón cae cuando están dormiditos y no se molestan ni despiertan para buscarlo. Usamos el Avent Soothie Pacifier, que es un chupón enteramente de silicona, por eso es más fácil de lavar y esterilizar siempre, se dobla y se acomoda en cualquier guarda chupón, tiene un huequito para que cuando estén más grandes puedan meter su dedito y pensar que se chupan el dedo y no el chupón. Además, tiene dos huequitos para colgar ya sea un prende chupón o una simple pita. Muy sencillo.

Por eso, tengo dos chupones para ustedes! Tal vez les sea de ayuda como lo fue para mí! Lo único malo es que aún no los he encontrado aquí en Lima, me los trajo mi hermana cuando viajó y encargué algunos más para tener de repuesto.

El concurso

Sólo tienen que darle like al Fanpage de Mama de doble yema en facebook, comentar la entrada diciendo si están a favor o en contra del chupón, etiquetar a dos nuevas mamis y compartir este post en sus cuentas!

El día de mañana será el anuncio de la ganadora!

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El uso del chupón, depende de una misma. Si piensan que le hará daño a sus bebes son libres de no ver si quiera el chupón, y si quieren intentarlo le darían también a su bebe el poder de decisión. Tal vez ellos mismos lo escupen cada vez que intentas darle a probar. Todo depende!

 

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A ustedes

Estuve pensando en qué les contaría cuando estén un poco más grandes. Y son tantas las cosas que tendría para decirles que las palabras quedarían cortas:

2015-01-21 18.02.21

Siempre juntitos

A ti Marcel, desde chiquitito te gustaba estar pegado a mí. Cada vez que te cargaba me cogías el cuello con tu manito y te prendías fuerte de mi ropa. Aplastabas tu naricita contra mí y parecías decir que no te soltara. Luchabas mucho para no dormirte a pesar de estar cayéndote de sueño. Cuando empecé a entender tus llantos ya sabía cuándo estabas pidiendo a gritos que te ayude a dormir. Saltando al ritmo de lo que sea en la cama del tío David y dándote palmaditas en las nachas poco a poco ibas cerrando los ojitos como borrachito. Dejaba las palmadas y empezabas a moverte fastidiado frunciendo el ceño para que volviera al mismo ritmo. Cuando te despertabas por la mañana eras un rayito de sol, escuchaba que empezabas a revoltearte en tu cuna y cuando me acercaba ahí estabas con los ojos bien abiertos y con las piernas levantadas tratando de cogerte los pies. Me mirabas y al escuchar mi saludo sonreías como siempre. Jugábamos un ratito y casi susurrando para no despertar a la dormilona de tu hermana y nos íbamos a mi cama a seguir jugando hasta la hora de la leche. Esa leche que por nada del mundo pude lograr que te encantara y me pidieras más. Si bien te la tomabas después de insistir un poco se notaba que no querías tomarla y si por ti fuera vivirías a punta de agua, cómo te encanta el agua! Recuerdo que no había día que rezara cada mañana y agradeciera por haber puesto dos vidas dentro de mi panza y a la vez, que tomaran toda su leche sin berrinches ni rechazos al biberón. Cada quien es como es y me costó mucho entenderlo. Es que no soportaba la idea de pensar que podrían bajar de peso y volverse huesito y pellejo. Amabas ver la Gallina Pintadita, La Granja y Las canciones de Plim Plim todos los días en el cuarto de la abuelita. Ver tu carita sonreír cada vez que empezaba una nueva canción me hacía amarte cada vez más y más. Cómo te gustaba pellizcarme el gordito del brazo! Tú sin entender que siempre odié eso de tu papá que a veces lo hacía para fastidiar me apretabas una y otra vez el brazo mofletudo con tu pequeña manita. Felizmente que eso no era peligroso como cuando te prendías de mis aretes y los jalabas para meterlos en tu boca. Algunas veces me hiciste entrar en desesperación por no saber cómo calmarte. Y es que cuando algo no te gustaba no había quién te parara. Por ejemplo al momento de sacarte de la tina, cambiarte el polo y pasar por la cabecita, darte las vitaminas en cucharita, y algunas cositas más. Al principio pensé que jamás podrías estar en tu cochecito, solo aguantabas unos minutos amarrado y estallabas en llanto. Cargado te encantaba, pero encerrado no. Siempre querías estar calato, ahora ya vamos entendiendo que el calor te ponía de muy mal humor y qué rico ese momento en el que nos preparábamos para el baño. Nos encantaba jugar a las cosquillas y a las mordiditas de manos y pies como dos tontuelos haciendo ruidos extraños. Luego cogiste la manía de no querer bañarte echadito sino sentado. Pobre del que quisiera echarte para enjuagar la cabeza, sentado tenía que ser. Tu chupón preferido podía tener hueco de tanto usarlo pero no lo cambiabas por nada. Teníamos como 4 del mismo estilo, color y hasta misma marca y modelo pero no. Tú querías ese que ya estaba aguadito de tanto usarlo. Era perfecto para que te acurruques mientras te quedabas dormido, mientras estabas de mal humor, y mientras tenías alguito de hambre al menos. Tu chupón azul aguadito siempre será especial. El mejor momento del día era cuando a las 5 de la mañana hacías ruidos dormidito, te cargaba despacito y te llevaba a mi cama y ahí, abrazados los dos nos volvíamos a dormir nariz con nariz.

2015-01-10 13.07.25

Mi chino lindo

A ti Naelle, te diría que recibiste más apodos que el mismo Melcochita pudo inventar. Desde chanchito rosado, hasta Chuky enfurecido. Nos costó muelas entender tus gritos de loquita, pero qué lindo cuando te ibas calmando al recibir tu mantita y cerrar los ojitos de a poquitos. Siempre la más chiquita, la más flaquita y difícil para comer. Tu día empezaba como si todo fuera maravilla, para empezar podía pasar un camión por tu cuarto y tú ni cuenta. Boca abajo o boca arriba cada mañana iba a buscarte y ponía mi mano en tu pancita para sentir como respirabas relajada y feliz. Cuando ya era hora de despertar te giraba mirando hacia arriba y abrías los ojos chinitos para mirarme y sonreír. Estirabas tus bracitos para desperezarte y volvías a sonreír aún más china. Qué sentirías al escuchar cada mañana “hola chinaaaaa”??? Siempre me lo preguntaré porque tu risa era tan hermosa y real que podía sentir tu misma almita. Luego venía el cambio de pañal, era una guerra de inicio a fin, ni bien tocabas el cambiador empezabas con tus movimientos de renacuajo y araña mezclada con patadas de bicicleta, terminaba con toda la mano llena de desitin y tú con crema hasta en los pies. Por más que trataba de hacerlo rápido y con cuidado de no mojar ni manchar nada, era inútil. Y tú, feliz. Cómo te gustaba mirarnos tú y yo al espejo y acercar la cara casi casi hasta chocar la nariz, sea el momento que sea te matabas de risa. Algunas veces cuando estabas renegona corría al espejo más cercano y listo! Desaparecía todo rastro de mal humor. Pero el momento thriller del día venía cada 3 ó 4 horas en donde tocaba la leche. Eras tan pero tan difícil para terminarte un biberón: cargada y paseando, echada en la cama apoyada en una almohada, en tu bouncer,sentada, parada, de cabeza, todas las formas del mundo y nada. Pero si te daba hambre y no te daban tu leche, sálvense quien pueda, pegabas unos gritos que estoy segura se escuchaban hasta el vecino y más allá! Te encantaba que te cuente secretos al oído, era como si esa sensación te relajara, podría pasarme días enteros hablándote y hablándote siempre. Recuerdo que al principio no me animaba a bañarte en la tina, te veía tan chiquita y frágil que ahora simplemente no lo creo. Con solo 5 meses te dabas vueltas como trompo, levantabas la mitad del cuerpo apoyada en tus manitos y te arrastrabas como gusanito cuando te ponía en tu alfombra. No había forma de dejarte sola ni al centro de la cama porque en un segundo rodabas hasta el filo. Cómo borrarme de la cara ese  puchero loco que ponías cuando de la nada cambiaba de voz a una más gruesa por ejemplo, mirabas con ojos atentos y el puchero salía de la nada para arrancar el llanto. En ese minuto te levantaba para abrazarte y dejaras el puchero atrás. Siempre fuiste la más tardona para dormir, querías estar despierta conversando y moviéndote como gusanito entre nosotros. A veces tu papá y yo nos hacíamos los locos echados a tu lado con la luz apagada y tú te dabas mil vueltas tratando de llamar nuestra atención hasta que te aburrías, cogías tu trapito y tú misma te ponías el chupón en la boca y te dormías. Nunca pudimos con los zapatos, salían volando al segundo de tanto sobarte los piecitos para que todo lo que había en ellos saliera disparado, hasta las medias. A pesar de ser más chiquita eras la que más agua sacaba de la tina en el baño, pataleando y dando manotazos en el agua te divertías mientras nosotros terminábamos más mojados que tú misma. Ya en ese momento te ponías un poco más engreidita queriendo meter tu carita por mi cuello porque seguro sabías que ya llegaba la hora de dormir o al menos tratar de hacerlo. Cada día era una aventura de risas contigo.

2015-01-10 13.38.01

Mi chinita bella

Sé que los bebes van cambiando cada semana y más mes a mes. Pero hoy que tienen 5 meses y medio esto es lo que puedo decirles sobre ustedes. Para mí siempre serán mis bebés que nacieron chiquititos y con muchas ganas y mucha fuerza juntos salimos adelante. Esa emoción que siento cada vez que dejan una ropita o cada vez que pasan de una talla de pañal a otra más grande, es increíble. Porque es una muestra de que lo estamos haciendo bien.

Sigamos creciendo hijitos que así como pasaron 5 meses, se vienen muchos años más juntos.

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A reír bebitos!

Ese momento en el que descubres qué es lo que hace reír a ti bebé es simplemente el mejor. Al menos a mí me deja sin aliento y con ganas de seguir conociéndolo y haciendo que sus días estén llenos de sonrisas y carcajadas haciendo cosas que jamás pensé hacer.

Mis dos bebitos son diferentes: uno es adicto a llevarse cosas a la boca y la otra adicta también pero de sus dedos índices, uno llora antes de dormir y la otra sólo pide su trapito acurrucador con un gritito, uno es tosco y la otra tosca fina (le gusta el zamaqueo pero sutil), uno se ríe antes de tirarse un chancho y la otra abre bien la boca como para que suene más fuerte, uno termina el biberón después de la insistencia y la otra simplemente ya sabe que NO es NO. Así podría quedarme toda la vida diciendo que le gusta a uno y qué al otro. Pero hay algo en el que coinciden de una manera deliciosa: ambos pueden hasta hacerse la pichi de la risa  cuando les hago cosquillas en el cuello.

Desde ese día que escuché sus primeras carcajadas intenté todo. Y así fui aprendiendo a hacer cositas que hasta incluso me ayudan a que los bebes pasen del llanto a la risa. Tal vez puede servir para sus bebés, prueben y descubran!

1) El baile frente al espejo: cargando al bebé mirando hacia afuera hacemos como una especie de columpio de atrás hacia adelante (teniendo siempre el espejo frente a nosotros) damos un gritito cuando lleguemos a poner la cara del bebé muy muy cerquita al espejo. Parar un ratito en esa posición como en congelado y repetir. Luego de unas dos idas y venidas mirándose aún en el espejo estoy segura que vendrá la risa.

2) Pum pum mamá: mientras el bebe esté echadito sobre la cama mirando arriba acercamos la cara casi nariz con nariz y estiramos sus bracitos a la altura de nuestros cachetes. Seguido de ello abrimos y cerramos sus bracitos a la vez (simulando estar dando manacitos a la mamá). Si lo hacemos de lento a rápido y repitiendo cosas como “au, au, au” tendremos un resultado hermoso: carcajadas sin parar.

3) Sube y baja con juguetito: simular que un juguete (de preferencia con sonido) va a caer de golpe en la cara o pancita de los bebés da Buenas sesiones de reidera totalmente gratis.

4) Nachitas, nachitas: cuando ya salen de la tina y están calatitos sólo con pañal para evitar cualquier accidente a chorro o propulsión levantando los pies y separando las piernitas ligeramente hacemos como si fuéramos mounstritos mordedores de nachitas con sonidos graciosos. De seguro esto aloca a cualquier bebé! Lo mismo con las palmas de las manitos. Un éxito!

5) Juguetito asustador: parece que el susto está cerquita de la risa cuando de bebitos se trata. Estando en cualquier lugar (silla,  cama, bouncer)  pero con toda la atención puesta en ti agarra un juguetito desde arriba y acercalo a  su carita con un sonido gracioso. Repite una y otra vez. La risa de un bebe es como música para los oídos!

6) Mil sombreros: otra vez frente a un espejo con el bebe cargado mirando hacia él, juguemos a ponernos mil cosas como si fueran sombreros. Repetir lo mismo haciéndolo con ellos mismos y hablarle “Qué lindo sombrero!”. Parece que los trapos en la cabeza de mamá y luego en la suya, les causa mucha gracia!

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No hay nada mejor que verlos sonreír. Es como si fuera un motor con el que se olvida todo el cansancio y las preocupaciones del día. Como por arte de magia y por un segundo, todo vale la pena. Y una vez más puedo agradecer a la vida por haberme puesto en este momento. Justo el indicado para ser la más feliz a pesar de mil trabas.

Todo es posible con la risa de mis angelitos.

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La temida APLV

Creo que una de las etapas más difíciles (hasta el momento) que he vivido con mis bebes empezó cuando cumplieron un mes de vida. Justo cuando estaba empezando a encantarme la idea de “aprender” a ser mamá sin miedos a los llantos y descartar esa loca idea de mi cabeza pensando en que mis hijos me odiaban por haberlos hecho entrar al mundo antes de tiempo, fue cuando realmente conocí ese otro lado de la moneda en donde no todo es sonrisas y arco iris.

Si bien la única dificultad que tenía con los bebes era el hacer que tomen el biberón entero de leche cada tres horas, cuando Marcel (el hombrecito) cumplió un mes el 4 de setiembre cambió radicalmente. Era un bebito tranquilo, que se demoraba un poco en comer pero a veces él mismo agarraba su “tete” para secarse hasta la última gota de leche, dormía riquísimo y casi ni se quejaba. De pronto, era como si un espíritu maligno lo hubiera poseído. No miento! No existía ni un solo momento en el que dejara de llorar: se despertaba llorando y al cargarlo se le pasaba por no más de dos minutos para volver a llorar, descartábamos pañal sucio, frío, hambre y sueño y seguía con el mismo patrón: llanto, descanso y llanto de nuevo hasta volver a dormir. Las leches, cambios de pañal, baños y cambiada de ropita era una tortura china. Dios mío cómo lloraba! Algo le tenía que estar pasando a mi bebé. Lo llevé al pediatra y después de revisarlo me hizo muchas preguntas y me explicó que muchos niños, sobre todo los prematuritos, hacían un síndrome llamado “cólico del lactante”.

El cólico del lactante es un trastorno típico de los primeros meses de vida que se caracteriza por un llanto intenso y prolongado sin causa aparente. También se le conoce como cólico de los tres meses, cólico vespertino o del anochecer, alboroto paroxístico del lactante o cólico de gases. Últimamente se ha propuesto llamarlo Llanto excesivo primario, haciendo hincapié en el síntoma principal (el llanto excesivo) y quitándole la connotación de dolor abdominal, ya que no está demostrado que tenga su origen en el aparato digestivo; el llanto excesivo secundario se refiere a los casos en los que el llanto está causado por otro problema o enfermedad (hambre, traumatismo, hernia, etc.).

La definición más extendida de los cólicos del lactante los describe como episodios de llanto intenso y vigoroso al menos 3 horas al día, 3 días a la semana durante al menos tres semanas en un bebé sano y bien alimentado.

No era posible, mi bebé tenía algo más y en mi cabeza no cabía que tendría que escucharlo llorar así por 2 meses. Pues me dijo que al tercer mes ese síndrome empezaba a desaparecer. La razón que me dio, fue que a esa edad su aparato digestivo estaría un poco más maduro y ya no sería tan fastidioso para él. Pero no, mi bebé tenía algo más y yo daría con lo que fuera que tuviera.

Empezaron las peleas con la familia, pues todos me decían que no podía hacerme un mundo en la cabeza si el médico mismo ya nos había dicho que no tenía nada malo. Yo les daba la contra y no era porque quería llamar a la mala suerte. Ese mismo día, en la noche al cambiarle el pañal me di cuenta que había hecho caquita con una especie de moquito e hilitos rojos. Casi me muero de ataque y entre en pánico. Fui al doctor casi de inmediato como una loca con el pañal en una bolsa, el doctor tenía que verlo. Cuando llegué y se lo enseñé parecía que estaba en una pesadilla, no había nada rojo! “seguro se secó doctor!!!”, le decía mil veces. En ese momento el doctor me mandó a hacerle mil análisis de heces y fueron horas de agonía esperando el resultado, tenían que descartar infección. Fueron largas horas de espera pero valieron la pena, no era infección! Pero por descarte, mi bebé estaba sufriendo de otra cosa: alergia a la proteína de leche de vaca (APLV).

La primera medida fue cambiarle la leche por una hidrolizada. Si bien las leches de fórmula saben y huelen feo, esta leche olía a un diablo podrido y muerto hace 100 años. Pobre bebe!!! Decía yo al oler la leche cada vez que la preparaba, pero bueno, los bebes no distinguen lo rico de lo feo, pues lo único que toman es leche, y su mundo entero sabe a leche. Nada rico ni feo, solo leche. Tomaba la leche, lo poco que podíamos darle sin que llore pero todo seguía igual. Su llanto descontrolado me volvería loca de a pocos, a mí, a su papá y a toda la familia que venía a ayudar. En mi cabeza no dejaba de dar vueltas la idea de que algo más le pasaba.

Lo poco que tenía de leche materna era más que nada para Naelle. Pues para que no le afecte a Marcel debía hacer una estricta dieta de cero lácteos por una semana para limpiar y luego continuar así para darle leche libre de lácteos (eso era nada de quesos, yogur, mantequilla, leche, galletas, pan de molde  y nada que tenga suero de leche siquiera). Incluso me prohibieron comer fresa. Lo hice y traté de darle más de esa leche para que aliviara un poco su dolor de pancita si es que eso era lo que le pasaba. Pero los llantos seguían. Empecé a creer que mi hijo estaba loco.

Fui a un segundo pediatra, conté la historia, enseñé análisis e hice que tomara leche en el mismo consultorio. Este sapo se tomó todo el biberón sin chistar. Parecía como si supiera lo que hacía. En fin, el resultado fue igual, “tu bebe no tiene nada. Está super saludable. Sigue con esa leche y ya está”. Recuerdo haber llegado a la casa un poco más tranquila y positiva. Pero todo se derrumbaba cada vez que llegaba la hora de la leche. Solo quería que mi bebe dejara de llorar así. Me partía el corazón.

Fui a un tercer doctor, me dijo lo mismo y ya empezaba a desesperarme. Me pasaron el dato de un gastropediatra excelente t fui a verlo. Mil pruebas más pero gracias a Dios me dijo lo mismo. Hay 4 razones por las que los bebes pueden hacer ese tipo de deposiciones: fisura en el anito, infección intestinal, alergia a la proteína de leche de vaca, y la más rara pero real era porque simplemente así hacían por un tiempo sin saber nunca de donde provenía esa especie de “sangrecita en forma de hilos”. A continuar con el tratamiento de leche hidrolizada entonces.

Volví con mi pediatra y le pedí por favor intentar cambiar de leche. Tenía que mejorar en algo si cambiábamos por una que tal vez no tenga proteína de leche de vaca. Por el estrés y todo el tema cada vez me salía menos leche y ya ni el hinojo ni la cascarilla de cacao ayudaba. Me estaba resignando a que la fórmula sería su único alimento. La indicada sería una leche de arroz, esta contiene las mismas vitaminas y minerales de las demás leches pero nada que provenga de la vaca. Había puesto todas las esperanzas en esa leche, y para ese entonces ya había pasado un mes de llantos. Contaba los días para llegar al tercer mes y simplemente sentir que lo habíamos logrado.

Todo mejoró con la leche de arroz, incluso los llantos empezaron a bajar. No podía sacarlo ni en el coche a pasear pero estaba segura que sería momentáneo. Le pedía a Dios que me diera fuerzas y mucha paciencia para darle a mi bebé todo lo que necesitaba. Y juntos, llegamos hasta el cuarto mes donde todo fue cambiando. Ahora es un bebé feliz que se ríe a carcajadas y puede salir a pasear mirando cada detalle que le muestra el camino. Un bebé que sigue con su leche de arroz pero cuenta los días para que llegue el sexto mes y probar cosas más ricas. Su mamá, también los cuenta con él y su hermanita.

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Familia feliz que superó la crisis de llanto!

 

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Pañales, pañales y más pañales

Recuerdo que cuando empezaron las coordinaciones para el Baby Shower mellicero me preguntaba qué haría con mis amigos, los amigos de Lalo y los tíos que también quería que estuvieran presentes. Fue ahí que se nos ocurrió la genial idea de hacer dos Baby Shower’s: uno de amigas, primas y tías; y otro de amigos,primos y tíos.

El primero sería para recibir a mis invitadas, lo hicimos en la casa de mi mamá y fue lindo. EL pack n’ play que pusimos para dejar los regalos tuvo que usarse de bolsa de papeles de regalo cuando los fui abriendo. Nunca vi tantos relagos en mi vida, ni en las mejores películas de Navidad. Sin duda, cada vez me convencía más que mis bebes serían los más suertudos por estar rodeados de tanta gente que los quería ya incluso antes de haber llegado al mundo.

El segundo, el de “puro macho que se respeta”, tenía que ser especial. Qué era lo que más nos iba a significar un gasto después del parto??? LOS PAÑALES! Claro! porque según yo sería una vaca lechera y no compraría ni una lata de fórmula (tema pendiente de otro post por supuesto). Entonces decidimos que sería una pañalada de puro calzoncillo (de puro hombre).

Mi esposo se encargaría de la segunda organización y solo me llamaría para la foto panzona. Práctico como todo hombre decidió comprar cosas de tomar (más corcho libre) y llamar a una señora conocida por sus ricos anticuchos. Cada amigo y familiar recibió una invitación por Facebook bajo el título de: “Pañalada Mundialera”, pues todo encajó perfecto hasta las fechas. Ese fin de semana sería el penúltimo partido del mundial en donde jugarían Argentina y Brasil.

Rápidamente nos pusimos a buscar referencias y recopilar datos para saber cuántos pañales íbamos a necesitar, y a partir de ahí cuántos pañales de cada talla pediríamos. El resultado fue alarmante. Sabíamos que no llegaríamos a la meta pero de todas maneras todo ayudaba.

La invitación fue muy original, es que cuando algo tiene que ver con fútbol llamen a mi esposo. Y si a eso le sumamos que era algo especial para ayudarnos con los bebes, aún mejor! Al principio nos hicimos un poco de bolas pensando en cómo pediríamos a cada uno diferentes tallas de pañales, pero al final llegamos a la conclusión que aún así todos los invitados hubiesen traído de una sola talla, todos esos pañales serían usados. O sea, nunca nos iban a faltar tallas ni tendríamos tallas repetidas. Así que, traigan los pañales que quieran traer pero de preferencia los Huggies de los 100 primeros días (color verde agua en Recién Nacido, y Pequeño) y Huggies Natural Care (color rojo).

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Invitación a la pañalada mundialera

El resultado fue muy pero muy exitoso, todos llegaron con dos, tres y hasta cuatro bolsas de pañales para los mellis. Ahora la pregunta era, dónde pondríamos todos los paquetones??? Felizmente como ya teníamos pensado mudarnos al segundo piso en donde vive mi mamá, nuestro departamento quedó listo para ser el mejor depósito de pañales, y regalos también.

Pañales recaudados en la pañalada mundialera mellicera

Si hay algo que me encanta es compartir lo que me ayudó a mí y lo que me sirvió de mucho, por eso, y para que conozcan el nivel de “orden” que tengo en algunas cosas, les adjunto el cuadrito que hice para ver cuántos pañales (unidad) necesitaríamos aproximadamente para los mellis. Ojo, he puesto un poco exagerado el número de pañales que consumen al día porque seamos honestas, varias veces al momento de cambiar un pañal hemos cambiado hasta tres por algunas sorpresas que nos dan nuestros hijitos. Al menos a mí, me pasa bastante.

El cuadro se divide en tallas (RN, P, M, G, XG y XXG) aunque no consideré los de talla PR (Prematuro) que usaron los míos por dos semanas (al menos mi mujercita los usó dos semanas); la marca que recomendaría; el peso hasta el que se usa cada talla; el número de pañales que “aproximadamente” usa un bebé al día; el número de pañales que “aproximadamente” usan dos bebés al día; el tiempo aprox que los usarán; y el total por uno y por dos bebés.

De hecho ya estoy en la talla M con mis bebes, y hasta el momento he usado más o menos el total indicado. Total al final, es mejor que sobren a que falten no?

Pañales

El baby shower y pañalada fueron exitosos y felizmente en el tiempo previsto. Si lo hacíamos dos semanas después, ya sería con los mellis en el mundo y no en la panza.

Espero les sirva mucho este melli dato pañalero 😉

 

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Arrancamos el 2015

Empiezo el primer post del año un día especial, pues hace exactamente un año nos enteramos que seríamos papás. Sin saber aún que tenía dos vidas adentro mío, el amor por los dos fue creciendo desde ese seis de enero. Qué gran regalo nos trajeron los reyes magos, hasta hoy me río al recordar ese día. Tengo una vida que muchos no llamarían “vida”, pero para mí es la mejor. A veces extraño momentos en los que la mayor responsabilidad era ir a trabajar al día siguiente y comprar cosas para la casa, pero no cambio ninguno de ellos por la estresante y demandante vida de una mamá. Y más de una mamá doblemente premiada.

El 2014 se fue más rápido de lo que pensé. Creo que lo viví tan intensamente que ni se sintió. Primero la espera por ver a mis bebés y luego los días con ellos. Un año de emociones sin parar, comienzos y finales, alegrías y penas, aprendizajes  y decepciones, caídas y levantadas, pero de todas, absolutamente de todas me llevo una marquita. No sería lo mismo sin esas famosas rayas al tigre.

Tengo muchos planes y proyectos para este 2015, el primero de ellos es ser la mamá que mis hijos necesitan. Ojo, no la mejor mamá para el mundo, sino la mamá que ellos merecen y necesitan, es decir la mejor mamá para ellos. Quiero que sea tal cual como dice la canción que les canto en la noche: que ellos sientan que yo me robé sus corazones y no solo ellos haberse robado el mío. Ese, junto con otros planes me llevarán al final del 2015 si Dios quiere en una canoa de oro. Necesito MÁS y sé que lo voy a lograr. A veces nos ponen piedras en el camino para probar lo fuertes que somos, y sí, creo mucho en eso que dicen que los bebes vienen con un pan bajo el brazo (y como son dos, espero que sea un baguette). Pasaron cosas que nunca pensé, pero que muy en el fondo venía venir hacia finales del año, pero no por haberme quedado sin trabajo dejaré que mi año sea etiquetado como “un año difícil”, porque más que difícil fue un año soñado. Nada opaca la llegada de mis dos yemitas.

Quise hacer este post porque lo necesitaba. A veces una necesita desfogar y hablar de mil cosas a la vez para sentir que limpió. Soy de las que creen que el alma se libera cuando uno suelta la pluma y todo fluye. A mí, me funciona y me motiva. Hace una semana que no escribí y ya sentía que algo me faltaba. No es una parte más de mi historia y mi alocada vida como mamá de mellizos, pero es un post en el que recopilo, y vuelvo a vivir. Un post donde agradezco todo lo malo y lo bueno que puedo haber vivido durante los 365 días y más que acaban de pasar.

Hoy, ya tienen 5 meses y me siento feliz de que el pediatra nos haya felicitado por el gran trabajo que hacemos con ellos. Escuchar que el mismo doctor me dice que ellos están perfectos es el mejor premio. Bueno, siempre estarán los temores tontos de los biberones sin acabar, las papillas que nunca llegan (yo esperaba que para el quinto mes al menos nos den juguito de granadilla), las cacas que no salen a veces en un día, los mocos y demás; pero la evolución en sus cartillas de crecimiento ya se nota a simple vista.

Hoy, tenemos 5 meses viviendo esta loca aventura de ser papás y ellos de ser hijos. Y aunque al principio en mi “mini-depre” creía que ellos me odiaban por haberlos sacado tan pronto de su mejor casa, ahora comprendo que nada de eso es real. Todo vivía en mi mente y me hacía creer cosas ilusas sin sentido. Verlos sonreír cuando les hablo o cuando por la mañana lo primero que ven es mi cara diciéndoles: “hoooola” con un tonito bien parecido al lenguaje de los teletubbies, reírse a carcajadas cuando juntos nos vemos al espejo y les hago caras raras, estirarse después de una siesta, que se queden dormidos en mis brazos de a poquitos como si disfrutaran ese pequeño momento juntos, es lo mejor que existe en este mundo. Ver como crecen día a día comparando las primeras fotos que les tomamos, es simplemente maravilloso.

Hoy, ya tengo 5 meses de ser mamá y me aplaudo por no haberme tirado por la ventana en este tiempo. Fuera de bromas, cada mamá cumple meses al igual que sus bebes porque es como volver a nacer cuando ellos nacen. Ellos nos enseñan a la vez que nosotros les enseñamos. Y aunque parezca que los primeros meses no aprenden nada y solo pujan, reniegan y lloran, aprenden muchísimo más de lo que creemos. Su personalidad depende de sus primeros meses de vida y es gracias a nosotras que ellos pueden llegar a donde ellos mismos se lo propongan.

2015-01-04 19.11.03