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Catarsis para cerrar la semana

Esta semana ha sido un poco extraña. Creí que nunca me pasaría algo así pero pasó. Pensé que tenía todas las cosas controladas, como siempre lo he manejado: la casa, el trabajo, mis cosas personales, y bla bla bla. Pero no, abrí los ojos y por fin entendí que olvidarse, confundir fechas, pisar señales ENORMES y tropezarse con una piedra evidente, es normal.

Este es el primer año que tengo a los chicos en salones distintos en el nido, de hecho es mucho mejor porque los ayuda a tener independencia y a entender por fin que por más que hayan nacido a la vez, son seres humanos individuales, únicos y diferentes en este mundo. Con amigos diferentes, gustos distintos, horarios de recreo y tareas totalmente opuestas. Y lo están llevando SUPER, más bien, la que no está cumpliendo bien la tarea, es la mamá. Y creo que es entendible.

En el año confundí muchos cumpleaños, mandé regalos al salón equivocado, vestí con ropa elegante al hijo que debió ir con uniforme o mandé un sobre con la cuota anual al salón al que ya había pagado hacía varias semanas. Un caos chistoso pero caos al final. Y esta semana fue la locura extrema al momento de las coordinaciones para la famosa graduación. Y es que en unas semanas mis chinos ya dejan el nido con toga y birrete para pasar al colegio de grandes. Increíble, pero cierto.

La agenda ha estado llena y seguirá estando así por unas semanas más (y solo hablo de la agenda del nido, no de la mí ni de la chamba, porque esa es OTRA historia): el día del tío, unos cuantos cumpleaños más antes de cerrar el año, toma de fotos con toga, toma de foto de la promo, ceremonia de graduación, semana especial de Naelle, actuación de fin de año, pago de la actuación de fin de año, fiestita de Navidad, visita de Papa Noel…. y si sigo me quedo calva de solo escribirlo.

Tengo que reconocer que las mamás de los dos salones me han ayudado UN MONTÓN, paciencia infinita conmigo y mis miles de preguntas. Porque seguir los grupos en Whatsapp es una maratón 45K y con ojos cerrados. A veces solo llego al final y simplemente no entiendo nada.

Y para rematar la semana, voy a hacer las compras en la noche y cuando dejo las bolsas en la malerera, la cierro con mis llaves a adentro. Eso solo me puede pasar a mí!

Felizmente mañana es sábado y volvemos a empezar.

Todo sea por estos chinos locos que me hacen reír a pesar de las ojeras y los 4 pelos que me quedan en la cabeza.

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Un día especial

Todavía me acuerdo la vez que el doctor me dijo la fecha probable de parto. Entré al consultorio con el corazón a mil con la sonrisa más grande que jamás creí posible. Agarró su calendario y empezó a sacar cuentas: “en teoría, si todo va bien y llegas a las 40 semanas, deberías dar a luz el 13 de septiembre”. La enorme sonrisa se volvió sorpresa, la sorpresa pasó inmediatamente al llanto. Pero no al llanto de tristeza, sino de emoción, de esa emoción que solo sientes algunas veces en la vida en las que te das cuenta que no existen las casualidades, sino que todo tiene un porque que por más que no lo entendamos en el momento, cuando pasa el tiempo lo aceptas, y lo quieres. Si mis hijos completaban el tiempo normal de gestación, nacían el día que nació mi papá.

Mi papá era ese tipo de personas que podía hacer 100 cosas a la vez sin cansarse; el único capaz de renegar sonando “chistoso”; era alguien que podía, literalmente, llegar a comerse una torta entera él solo y seguir con ganas de dulce. Hasta ahora, cada vez que me encuentro con alguien que lo conocía el comentario empieza con “uy, tu papá era terrible…”, y es que SIEMPRE tenía las palabras exactas para sacar de la tristeza al más deprimido, para preocuparse de manera “divertida” por cosas realmente tontas, de poner apodos especiales y crear juegos en los momentos más “oportunos” como por ejemplo un velorio y hacer estallar de risa a un grupo de desconocidos. Pero así como terrible, también tenía un corazón de oro, no por nada mi abuelita decía que él era “su hijo de oro”; siempre ayudando y queriendo hasta con la última fibra de su corazón. Sobre todo a su familia.

Dicen que las personas especiales, y que tienen pase directo al cielo, nacen y mueren el mismo mes. Y mi papá es uno de esos casos, pues hoy se cumplen 10 años que se fue y hace dos semanas, hubiera sido su cumpleaños. Todo en el mismo mes. Qué suerte la mía y la de mis mellis de tener un abuelo que tiene un sitio privilegiado allá arriba, desde donde los cuida, los protege y les lanza dardos aniquiladores a las momias y fantasmas que les quieren robar los sueños bonitos en las noches.

Ellos no lo conocieron en persona, pero saben que su abuelito David tenía un avión, y una vez voló tan alto que se quedó jugando con las nubes y decidió mudarse por un tiempo. Desde allá, él sigue cada uno de sus pasos y ellos lo saben. Es su abuelito pulgarcito.

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Pasito a pasito; palabra por palabra

Hace muchos días que quiero abrir mi blog, poner los dedos en el teclado y simplemente escribir. Pero de buenas a primeras, mis días parecen haberse reducido un porcentaje considerable si los comparamos con la longitud que tenían hace un tiempo. No sé si será el estrés, el trabajo, el frío, ya no sé qué más puede estar influyendo, pero al menos hoy quise despertarme, abrir la compu, y soltar. Digo soltar porque siempre para mí, escribir es como si botara todo lo acumulado. Eso que tienes guardad y no sabes a veces como expresarlo en palabras. A veces el ponerlo por escrito es más fácil y aunque algunos lean con “tonos” y le pongan “condimento” a lo que leen, en realidad es el lenguaje más neutral que puede existir. Entonces, aquí vamos.

Empezó junio, un mes complicado porque el título del mes es: DÍA DE PADRE, y hace algunos años no es la fecha más feliz de mi vida. Peo así como están esos detalles, también están los que te llenan de emoción y te alegran hasta el día más gris de todos. Marcel volvió a sus terapias de lenguaje (sí, a pesar que hable perfectamente, para llevar una terapia se evalúan otros aspectos). Pues, la terapia de lenguaje no siempre se recomienda SOLO cuando el niño “no habla”, sino, como en el caso de Marcel, se debe llevar cuando el lenguaje solo se desarrolla de un lado funcional y no pragmático, cuando le falta esa parte “improvisada” de toda conversación, cuando se tiene ecolalias, o tal vez fijaciones en temas que solo a él le apasionan y le interesan en extremo (los números, series y secuencias, en el caso de mi chino). Entonces, empezó con sus terapias y en solo 4 semanas el avance ha sido increíble. ¿Como? Solamente dejando volar su imaginación, creando, y sobre todo CONFIANDO.

Escribo sobre esto porque me ha costado mucho aceptar y entender el ritmo de Marcel. Tengo dos hijos, de la misma edad y por ende tengo la ERRADA idea de que deberían evolucionar al mismo ritmo, pero no. No hay nada más falso que eso, porque cada uno es un mundo totalmente individual e independiente, con gustos y preferencias diferentes, con formas de pensar únicas, con personalidades distintas, y sobre todo, con formas de ser y crecer totalmente diferentes.

Hasta hace unos meses podía decir que Marcel era un niño al que le costaba entablar conversaciones, mirar a los ojos y contar historias inventadas por él mismo. Hoy me doy cuenta que todo es cuestión de paciencia y dejarlo a su propia velocidad. Es un niño con muchísimo potencial, inteligente, crariñoso, hábil e incluso ahora puedo decir que tiene una creatividad enorme (que era lo que más queríamos potenciar).

Ayer fue su 4ta semana de terapia, y suele luego de una sesión la profesora me escribe un mensaje al celular, y el de ayer simplemente me hizo llorar de alegría:

Hola Marité! Marcel se acaba de ir, cómo me ha hecho reír hoy día. Primero le hice acordar todas las canciones que canta en las mañana y se acordó, eso está muy bien. Porque está evocando lo que hace durante las mañanas, me cantaba una parte de la canción y yo se la ponía. Me parece genial que ya pueda evocar porque a partir de eso me puede contar que ha hecho durante el día o los fines de semana. Después pintamos un palito y yo a un palito le hice una cara y el le dibujo encima y me dijo “tu cara se desarmó”, con una cara de pícaro que casi me lo como a besos y le dije “y quién desarmo mi cara” y me contestó “Marcel!! Riéndose un montón” después ya para salir al otro salón por más materiales le dije que tenía que recoger lo que ya habíamos usado y me dijo “ayúdame miss Ximena”….un súper trome ha estado hoy!! Me ha hecho reír demasiado!! También hicimos voces! Luego agarró dos estrellitas y dijo que eran Marcel y Nelle. 

Tal vez no sea algo WOOOOW para muchos, pero para mi esto es una GRAN EVOLUCIÓN porque él solito está avanzando. Hoy cuando le pregunto qué tal en el nido, me cuenta lo que hizo, me habla de sus amigos, me cuenta qué quiere hace el fin de semana y hasta me cuenta algunos cuentos que solo pueden salir de la cabeza de un niño de casi 4 años. Yo todavía no tengo muy claro cómo será cuando vaya al colegio de “grandes” como me dicen ellos, pero lo único que sí puedo afirmar, es que sea lo que sea que necesite para seguir ayudándolo a crecer, lo haré cueste lo que cueste.

Seguimos avanzando, y ya tenemos 3 años 9 meses de aprendizaje…. aún nos falta mucho por recorrer.

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¿Que si quiero más hijos?

Muchas veces me preguntan si pienso tener más hijos. La verdad es que si el mundo se moviera por otra cosa más que “dinero”, tendría miles de hijos sin pensarlo. De que es un mega chambón, lo es; un trabajo NO REMUNERADO que a veces acaba con la paciencia del más santo de todos los santos, también, pero es uno de los mejores puestos “laborales” que alguien podría tener. Es el título profesional de conocimientos más amplios que se podría obtener en cualquier parte del mundo. Pero no es la realidad, así que cuando me hacen esa pregunta, me agarro el corazón y digo que no, que me quedo con mis dos terremotos y cierro fábrica (y de pasadita toco madera porque uno nunca sabe).

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Cada vez que me hacen la misma clásica pregunta me acuerdo de los primeros días y tiemblo de nuevo. No fueron mágicos como todos me contaron que serían, no fueron hermosos y llenos de paz y amor; fueron de terror, miedo y desesperación por no poder tener a mis hijos como NATURALMENTE Dios manda a tenerlos piel con piel. Tenía que conformarme con tocarlos a través de un vidrio durante sus primeras horas de vida, darles lo poco que me salía de calostro por medio de una tetina de biberón, rezar a cada minuto porque pronto me den buenas noticias, esperar a que me curen la herida de la cesárea que realmente no me dolía nada en comparación al dolor de corazón que sentía a no tenerlos conmigo en ese momento; era realmente una pesadilla. Pero, esa fue MI historia de los primeros días, estoy segura que cada quien la vive diferente, y es toda una aventura, incluso, una misma persona vive distinto cada embarazo,  es por eso que a veces, a raíz de estas “clásicas” preguntas, es que pienso en qué se sentiría tener otro hijo. Solo uno.

Y así, esa misma pregunta me lleva a pensar en mi fallida relación con la lactancia, en las noches enteras pegada al extractor de leche mientras que mis hijos tomaban fórmula de un biberón, “todo sea por la estimulación para empezar a producir más y más par ellos” pensaba. Los días y noches alternando: teta – bibe / bibe – teta; izq / dere y dere / izq que se hacían eternos y finalmente ya ni sabía qué día era lunes, o cuál era sábado, o si era de día o de noche. Días interminables que se pasaban entre toma y toma, porque como nacieron a las 34 semanas había que darles leche cada 3 horas máximo (y se demoraban una hora en tomar porque se les complicaba la succión), era difícil y yo estaba aterrada.

Me acuerdo que cuando estaba embarazada y preguntaba cómo serían los primeros meses, todos me hablaban de lo maravilloso y mágico, de esa conexión especial mamá&bebé que nadie puede explicar con palabras, de hacer de la hora del baño todo un ritual… yo nunca sentí esa “paz” o “relajación” de la que muchos hablan al momento de hacerle masajes al bebé saliendo de la tina: en las piernitas, en la espalda en forma de círculos, en los bracitos, etc. No pude contemplar a mis hijos mirándolos fijamente a los ojos por todo el tiempo que yo quisiera porque cuando empezaba a sentir ese click, ese vínculo, o como sea que cada una le digamos a ese lazo especial, el otro empezaba a llorar para que lo cargue o le de leche o le cambie el pañal. El momento de magia desaparecía.

Si me preguntan si quisiera tener otro hijo, claro que quisiera tener otro. Quisiera experimentar cosas nuevas, retar y probar mi capacidad una vez más, pero sé que no es algo tan sencillo ni justo. No sería justo ni para mis hijos, para “el nuevo bebe”, tampoco para nosotros sus papás. Creo que ya la vida está últimamente MUY de cabeza como para andar poblando más el mundo con hijos nuevos. Además, el dos es un buen número ¿no?

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Cuando la heroína pierde su capa

Creo que esta semana se me perdió la capa de Mujer Maravilla. La he buscado en todas partes y simplemente parece haber desaparecido, o tal vez, alguna mano “traviesa” decidió esconderla para jugarme una mala pasada algunos días, pero ya estuvo bueno creo, suficiente por esta semana ¿no? A veces no basta con solo tener pensamientos positivos, porque pienso que es necesario algo de gris para ponerle giros “interesantes” al cuento. Pero tan seguidos a veces cansa, y hasta ya empieza a parecer extraño.

El año pasado pude sobrellevar muy bien el tema de ser mamá con horario de oficina y sentirme totalmente capaz (con o sin capa), ahora se me está haciendo más complicado, y creo que la razón es que la vida, los años, el nido, las tareas, las responsabilidades y todo, crece. Y no es muy difícil entender que todo lo que crece tiende a complicarse de algún modo. La rutina se acomoda y se puede sostener un tiempo y una se siente increíble, todopoderosa y super fuerte: que venga todo que aquí estoy al pie del cañón para soportarlo con fuerza. Pero cuando golpea la ola que viene escondida, caes, y duele.

Es así como ayer me di cuenta de mi primera falta, y fue entonces cuando miré mi espalda y me di cuenta que no me había puesto mi capa. Esa que mis hijos admiran todos los días, la que cada vez que buscan ayuda la tienen en la mente, esa que me caracteriza y hasta con sarcasmo me impulsa a MÁS. La que guardo en la cartera al llegar a la oficina y me pongo cuando llego a la casa; de vez en cuando la miro para que nadie me la haya robado, eso sí, es la más envidiada de todas. Pero esta semana la perdí en algún lugar, y me dolió. Debo reconocer que me dolió.

Pero una mamá-super héroe también se cansa, baja las alas, guarda la capa y solo quiere dormir. Y solo algunas veces las noches son las largas y el tiempo para HACER queda corto: firmar las agendas del nido, poner las mudas de ropa correctas en la mochila, armar la lonchera y dejar todo listo para la mañana, el regalo del cumpleaños del niño de la semana, dar la medicina en el horario completo. Todo eso pasa cuando una noche es más larga por culpa del sueño, y de una capa perdida.

Lo bueno de todo esto, es que que aunque cueste, y duela un poco haber sido “la peor”, siempre hay oportunidad de hacerlo mejor, ordenar el horario y sacarle provecho a lo que no funcionó. Entonces, me sacudí un poco, solo un poco porque realmente todavía me queda algo de esa sensación de “cómo fue posible”, y traté de hacerlo de nuevo. Y creo que esta vez salió mejor. Vamos a dejar la capa en un lugar visible, y tener algunas de repuesto en caso de emergencia.

Aunque no sería mala idea tener también un antifaz. Podría usarse en casos de MÁS emergencia.

🙂

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Vamos a seguir esperando… por ahora

Es difícil ser mamá. Más difícil incluso cuando tienes que partir tu corazón en partes iguales cuando tienes más de un hijjo. Lo es más aún, cuando ese mismo corazón que está partido en dos (en mi caso) sabe muy en el fondo que una de las dos mitades es un poco más grande por una sencilla razón: las necesidades de ambos, son distintas. Y duele darse cuenta que eso existe. Duele aceptar que si uno de los dos necesita más a la mamá, ahí estará ella, no para dejar al otro de lado, pero siempre con un ojo bien puesto en ese que siempre ha necesitado ese empujón adicional. Más aún si se sabe que será para toda la vida.

Desde que nacieron los mellis, siempre Marcel ha sido el bebé más demandante: el que se resfrió primero, el que no quería terminar su leche, al que se le aflojó el estómago y empezó a llorar de buenas a primeras exactamente al cumplir 1 mes de vida. El que tenía una dieta especial por su APLV (Alergia a la Proteína de Leche de Vaca), el que se irritaba fácilmente, al que se le presentaron las rabietas de manera precoz, al que la comida le gusta pero en platos y con cubiertos especiales. Desde muy bebé yo sentía que algo distinto pasaba en él y aunque todos me decían que no, yo lo sabía, lo sentía. Por eso busqué ayuda y aunque los mismos especialistas me decían que era muy pequeño para un diagnóstico algunos rasgos indicaban que habían cosas que ajustar y mientras más temprano, mejor. Esa es la razón de sus terapias de estimulación sensorial.

Pero ahora que ya tiene 3 años y medio siento que hay evolución pero igual necesito respuestas. Mi hijo es diferente y quiero explicaciones.

Es así como hoy fuimos a visitar a un segundo neuropediatra, pero esta vez fue distinto. Recuerdo cuando hace un año y medio visitamos a la primera y simplemente salí espantada y más que preocupada, pero con la idea mas clara de lo que tenía que hacer. No había tiempo que perder, y si bien no podía saber lo que tenía mi bebé, sí podría ayudarlo a adaptarse a su entorno de la mejor manera con terapias y distintas cosas más. No podría ponerle una etiqueta a lo que sea que tuviera, y aún no puedo porque incluso hoy me dijeron que es muy pequeño para eso. Pero más de lo que he hecho, y más de lo que estoy haciendo no puedo hacer. Soy una buena mamá, y me la tengo que creer. Porque no hay otra verdad más que esa, lo estoy haciendo bien. Y solo tengo que continuar así, caminando a su lado, pero con muchos límites e independencia para dejar que solo pueda soltar las alas. Y más bien, voltear hacia el otro lado y ver a mi otro pedazo de corazón, que todo observa y todo digiere sola, a la distancia, y en su propia madurez lo entiende, lo acepta y me perdona. Pero yo también soy su mamá y esto debe cambiar porque es ella quien luego sufrirá las consecuencias.

Mi china me necesita, tanto o más que Marcel. Ambos merecen las dos partes de mi corazón, del mismo tamaño, sin importar demandas. Los dos necesitan a una mamá fuerte que puede con todo lo que venga. Y así será, estoy más que convencida de eso.

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Separación forzada por primera vez

Empezamos el tercer año de nido, pero esta vez con una pequeña ENORME diferencia, los mellis estarán en salones distintos, con profesoras distintas, amigos distintos, y horarios de juego distintos. Todo un reto si consideramos que no han estado separados desde el minuto 1 en que vieron la luz de este mundo al salir de mi panza. Es bueno, sí, porque les da esa independencia que tanto he buscado, les da ese impulso para volar con sus propias alas y entender que no son seres dobles unidos por un lazo invisible sino que son hermanos, como cualquier hermano, con el detalle que nacieron a la vez, solo eso. Y es que me imagino que debe ser un poco difícil haber pasado casi 8 meses (en formación) aunque no lo recuerden (según las estadísticas, estudios y demás pero en realidad nunca sabremos a ciencia cierta qué es lo que sucede adentro de la mamá, y luego más de tres años juntos (con esas salidas independientes con mamá o papá para tener espacios especiales) pero nunca tanto como mirar al lado durante un día entero, por días seguidos y no ver ese “pedazo” que le falta a su cuerpo para sentirse completo. Sobre todo para mi Marcel, mi chino que todavía no entiende mucho de madurez.

El primer día creo que fue un poco más duro para mí que para ellos. Lo tomaron mejor de lo que esperé, y tal vez fue porque los días anteriores a empezar les expliqué que este año no estarían juntos en el mismo salón y tampoco compartirían los juegos a la hora de recreo. Que sus profesoras serían diferentes y que tal vez incluso uno tendría que esperar al otro a la hora de salida. Pero les prometí que siempre irían juntos y se regresarían juntos como todos los días desde el primer año en el nido. Les conté cómo se llamaban sus profesoras, les enseñé sus fotos y cada uno reconocía quién era la Miss de quien. No me hicieron muchas preguntas, lo cual me preocupó un poco y en la reunión previa con cada profesora se los comenté. Los salones están uno al lado del otro, felizmente, y además, las auxiliares de cada salón ya conocen a cada uno de mis chinos. Me prometieron que si alguno de los dos lloraba por el hermano lo harían progresivo, los llevarían a su salón si fuese necesario y en todo momento me mantendrían informada. De verdad me fui un poco más tranquila hasta que llegó el día. Fuimos juntos y fue perfecto. Marcel abrazó a su profesora (a quien ya conocía) y se despidió de mí con un beso diciéndome “adiós mamá”. Confieso que casi lloro porque sentí que no me necesitaba más. Luego fui con Naelle (la terruca) y estaba simplemente más que estabilizada y adaptada con su nueva profesora (a quien nunca antes había visto) ayudándola a acomodar las sillas para sus amigos que aún no llegaban. “Ya mamá, anda a trabajar” me dijo. Realmente me mató con sus palabras porque esperé llantos, jalones de ropa para que no me vaya. Me acerqué y le pedí que cuidara a su hermano si es que la extrañaba durante el día, pues él necesita más de ella que ella de él y todos lo sabemos. Asintió, me dio un beso y me dijo “ya mamá, tranquila”. Esta niña. es demasiado “yo”, no puedo llegar a otra conclusión.

Me fui con una mezcla de sentimientos pero todos positivos. Un poco nostálgicos, pero todos positivos. Los años pasan demasiado rápido, y si no aprovechamos cada segundo de ellos es aterrador porque la mente es frágil, y el tiempo no perdona. Los recuerdos quedan y el corazón no olvida, pero el tiempo pasa, y ellos crecen. Se hacen grandes, independientes, y ya no nos necesitan como bastón principal para caminar. Y eso es bueno, claro que sí! Pero duele aceptarlo, te das cuenta que estás haciendo una buena chamba con ellos, pero cuesta soltar y dejar volar de a pocos, porque de que caerán, caerán, una y mil veces, pero para eso estarás tú detrás, ya no como bastón pero sí como voz de aliento para ayudarlos a levantarse y dar ese nuevo paso que necesitan para intentarlo de nuevo. Tu rol de padre NUNCA termina, pero sí muta, cambia, evoluciona, o como quieras llamarlo. Y no es que “te necesite menos” pero te necesita “diferente”, es solo eso.

Ese primer día fue bueno, y los siguientes días siguen siendo buenos, hasta el momento. Estoy segura que habrán días difíciles como ayer, que Naelle tuvo un cumpleaños y a la hora de salida Marcel lloró porque él no tenía torta ni sorpresa (y no estuve yo para hacerle entender que esas cosas pasarán seguido y así le tocará también a él y a Naelle no), pero pasará y tendrán que entender. Y si a la primera no lo entiende, pues habrá una segunda. Será duro, sí; y para mí también porque no serán solo 18 cumpleaños en el año, sino 36; no serán solo 4 reuniones de entrega de notas en una sola hora sino 8 reuniones por separado; no será 1 chat de mamás; SINO 2!!!! Me da ataque y me quedo sin aire de solo pensarlo….. no adelantarse es la consigna, he dicho.

Mis mellis tienen la oportunidad de ser seres individuales desde ahora. Eso es muy bueno. Ya tienen suficiente con llevar la chapa de “los mellizos” hasta cuando sean adultos (porque estoy segura que así les dirán algunas personas), y ahora podrán empezar a ser Marcel y Naelle. Dos personitas hermosas que llegaron al mundo a la vez, pero siendo dos mundo totalmente distintos pero igual de mágicos y especiales.

Vamos con todo White y Purple Class!

Primer año de nido: 2016

Segundo año de nido: 2017

Tercer año de nido: 2018