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Lo que siempre escucha una mamá mellicera

Hace mucho escribí un post acerca de las frases más comunes que se le dicen a una mamá de mellizos. Y es que la verdad, cada vez es más común conocer a alguien que tiene mellizos o que tiene un familiar con esta doble bendición ♥ De hecho las preguntas van cambiando conforme los mellizos van creciendo, al principio puede que hayan resultado un poco incómodas porque al inicio, con las hormonas revueltas y los nervios de mamá primeriza a flor de piel, todo juega en contra, y escuchar preguntas como ¿y cómo así mellizos? duele un poco. Después, aprendes a bañarte en aceite, que todo resbale y contestar de la manera más relax y educada posible. Pues NADIE en el mundo hace ese tipo de preguntas solo por poner incómodo al otro, sino por simple curiosidad o incluso, porque quieren consejos.

Bueno, y a los 5 años de ser mamá mellicera puedo mencionar claramente algunas de las frases más comunes que conforman el top 5 de mi larga lista. Aquí van:

  1. ¿Tienes familia con mellizos?: Esta pregunta puede tener variaciones. Desde un “cómo así tuviste mellizos?” hasta un directo “y fueron naturales o por tratamiento?”. De hecho como mencioné antes, esto al inicio me costaba un poco porque no es tan sencillo explicar cuando una mamá que por fin lo logra estuvo en una lucha (sea larga o corta, con uno o mil intentos) por quedar embarazada. Pero con el tiempo lo aceptas y estás más que agradecida con la vida por darte esa suerte. Y lo compartes, para que de esta manera le des tranquilidad a más personas que tal vez están en tu misma situación. Por eso, cada vez que me lo preguntan ahora, ahondo en el tema si es que la otra persona me lo permite. Más de una vez he dado recomendaciones, hemos continuado con las conversaciones hasta incluso enterarme del futuro nacimiento de uno o más bebes. Eso me llena de felicidad máxima.
  2. Pero mejor! Dos de golpe: LA clásica de clásicas es esta. Siempre comentan que es “mejor” tener dos hijos de golpe. Pero, sigo sin entender a qué se refieren con MEJOR. Si es porque piensan que es más fácil o tal vez por algo que mencionaré en la #3, no creo que sea más fácil. Pues todo, tener uno, dos, tres o más hijos es complicado sobre todo si eres mamá por primera vez. También debe ser complicado el tener dos de distintas edades, son necesidades distintas en los mismos momentos. Pero cada cosa tiene su grado de complejidad. Ahora, si el MEJOR viene por el hecho de tener un solo “parto” y una sola recuperación, puede ser que sea cierto. Pero la panza es el doble de grande  también.
  3. Lo bueno es que es un solo gasto: Aquí sí que se equivocan tantito. Pues a menos que tengas LA chamba y LA liquidez y LOS ahorros, podrías estar tranquilo. Todo cuando son dos hijos desde el día 0, desde la panza, cuesta el doble. No es que sea 2×1, todo es dos veces el mismo precio y la verdad es que a veces eso a mí en lo particular, me preocupa hasta el punto de no poder dormir y proyectarme hasta “cómo haré para pagar dos universidades si en colegio la estoy sufriendo”. Lo mismo con los cumpleaños, en el cole estando en dos salones distintos de 18 niños cada uno son 36 cumples al año, por ende 36 regalos, jajaja una locura. Y si decidimos hacerles un cumple bonito, son más invitados también. Aunque suene grinch, es la verdad… pero en el fondo, me da un poco de risa como suena.
  4. Siempre quise tener mellizos: Me llena de alegría escuchar esta típica frase que me han dicho muchas veces, pero a veces siento que la dicen sin saber lo que significa realmente tener mellizos. Es lindo, es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero no es nada fácil. En mi caso, que los tengo, también podría decir que me muero por saber lo que es tener un solo bebe, darle todo tu tiempo solo a uno y tener ese espacio especial de conexión especial al momento de dar la teta y hasta incluso cambiar un pañal. Pero me tocaron dos y esas cosillas no eran tan “disfrutables” porque todo era a la vez. Pero no me quejo, amo tener dos y haber aprendido tanto en el camino.
  5. Eres una super mamá, cómo haces con dos!: Si bien lo de “Super Mamá” va por el lado de que la gente no entiende cómo hago para tener tanta energía, para multiplicarme por mil y estar en todas partes, creo que todas tenemos algo de super mamás. Tengamos uno, dos o más hijos, todas hemos dado vida, y eso ya es un SUPER PODER. Me falta mucho para ser una super mamá, como la que quiero ser, pues tengo un largo camino por recorrer, pero trato siempre de ser la mejor versión para ellos. Son ellos los que me enseñan a serlo, son mis mejores maestros y yo solo puedo darles las gracias eternas por haberme elegido como su mamá.

Algo más que siempre me repiten es que tengo mucha suerte, su sí, cuando lo escucho no puedo más que sentirme orgullos y hasta me dan ganas de llorar (soy llorona además de todo) porque es cierto, soy la más suertuda del mundo por tener a par en mi vida. No hay día que no agradezca por esto.

Tengo una lista larga como ya lo mencioné, están las frases de los comparadores, que preguntan quién hizo qué primero o quién es de alguna manera y el otro no; están los especialistas en control de natalidad, que mencionan si es que me animaré por un tercero por ejemplo, eso es casi como cuando aún no tienes hijos y te preguntan que ya para cuándo (y el hijo pa’ cuando?); los sexistas, que te aplauden y te revientan “cuetes” por haber tenido hombre y mujer y se la pasan preguntando que cómo lo logré (aquí me paso de vueltas un poco porque creo que quieren que les explique si fueron in vitro o cómo…) y la verdad es que todo en mi caso fue porque el destino lo quiso así.

Soy una mamá suertuda, sí. Tengo a dos terremotos que alegran mis días y son los protagonistas de estas historias. Nuestras historias….

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Cuando sueño contigo

Ayer soné contigo. Hace mucho que no lo hacía y todavía me acuerdo la primera vez que soñé que te habías ido de viaje mucho tiempo, por cosas de trabajo y que por alguna extraña razón tenías que hacer como de “encubierto” para que nadie te reconociera. La sensación de vacío al despertar fue TAN dura que entendí porqué tal vez me demoré tanto en soñar contigo.

Esta vez no fue muy distinto que digamos. Soñé que nos íbamos a encontrar para almorzar. Yo estaba nerviosa porque ibas a conocer a los mellis por primera vez. Cuando nos encontramos fue todo perfecto, me abrazaste y me hiciste la mayor cantidad posible de comentarios en un minuto. Corriste con mis chinos y los abrazaste. Me dijiste que Naelle era una copia mía, la cara, la sonrisa, esos ojos que hablan por sí solos, y que Marcel también se parecía un poco, pero ella, ella lo hacía retroceder el tiempo y verme a mí. No pudimos hablar mucho, pues en solo unos minutos me dijiste que te estaban esperando, y me abrazaste fuerte pidiéndome una vez más perdón. Yo, como las veces anteriores, me molesté mucho, pero más que molestia era tristeza, una tristeza difícil de explicar, pero esa que te llega hasta los huesos y te hace querer no despertarte nunca, por miedo a lo que vas a sentir, porque en solo unos segundos todo lo lindo que sentías se convirtió en pesadilla, ese preciso momento en el que te das cuenta que habías estado soñando, que no podría ser verdad algo tan perfecto. Y pasó…. abrí los ojos y comprobé que todo había sido un sueño.

Me sequé las lágrimas y me paré para empezar mi día…

Es difícil soñar contigo papi. Una parte de mí, muy pero muy en el fondo, todavía no acepta que ya no estás aquí.

*Después de contar lo que soñé, una de mis hermanas de la vida (esas que siempre se alegran contigo cuando estás alegre, lloran contigo cuando estás triste, y te putean como a hija cuando lo necesitas) me dijo que no debo molestarme ni ponerme triste si soñaba con él. Cuando sueñas con alguien que ya no está es un momento lindo que tienes que aprovechar porque realmente está contigo. Además, me dijo que si le ves la cara es que realmente es él y que generalmente cuando eso pasa lo ves en su mejor versión. Y efectivamente, lo vi joven, tranquilo y feliz… Gracias por ese consejo guey, te quiero….

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Yo tengo hijos ruidosos, y tú?

Desde que nacieron los mellis, no existen los días tranquilos. A pesar de que ellos vayan al colegio, y en verano a vacaciones útiles para poder estar entretenidos, desde que abren los ojos a las 6:30 am (en un buen día a las 7:00 am) ya se escuchan risas por aquí, ruidos de juguetes por allá, y 178 “mamás” por segundo. Escucharlos con ese tonito tan característico de los niños entre risas, conversaciones locas y llantos también, porque no todo es color arco iris en la vida real, es mi pan de cada día.

El abuelo siempre decía que “un niño sano es un niño feliz y un niño feliz corre, grita, salta, se ríe con fuerza y muchas cosas ruidosas más”. Me acuerdo que cuando aún no era mamá, veía y escuchaba a los niños reír y gritar en el super mercado por ejemplo, la mamá detrás de ellos con el pelo alborotado y con cara cansada pero siempre con una sonrisa los veía a lo lejos sonriendo sin decirles nada. Y es que efectivamente no estaban haciendo nada malo como para llamarles la atención. Pero también veía las miradas inquisidoras de algunas personas que, sin duda, esperaban un estate quieto de esa mamá para sus “revoltosos” hijos. La verdad es que ahora entiendo mejor TODO, porque un niño feliz es el que expresa lo que siente, sea gritando a todo pulmón cuando juega, riéndose a carcajadas hasta que les duela la panza cuando algo les parece chistoso, llorando con sentimiento cuando algo no le gusta o le incomoda, preguntar 50 veces lo que le da curiosidad, etc, etc, etc.

Y es cierto que el resto del mundo puede tener sensibilidad auditiva, y escuchar el ruidoso juego de un niño pueda desesperar, pero ellos son eso, NIÑOS, y no entienden aún de límites cuando de sus emociones se trata. Todo debe ser controlado, obvio está, pero un niño es ruidoso desde que es un bebé, y es a partir de los 3 años que esto se intensifica porque descubren que son realmente seres independientes de su mamá y pueden ellos mismos probar y conocer sus límites. Lo que sí, es que nosotros como papás debemos estar siempre alertas, si esos ruidos son angustiantes, y ellos mismos se ponen nerviosos, puede que estemos frente a un clásico “grito para llamar la atención de mis papás”  y es ahí donde debemos intervenir para ayudar en el lado emocional y regular eso. O también, si son inquietos en extremo, podemos estar frente a un caso de hiperactividad, pero ya ese tema es otro mundo.

Cada niño es distinto, cada uno tiene sus límites y formas pero lo cierto es que un niño feliz es ruidoso e inquieto. Le gusta explorar su mundo imaginando y creando a cada minuto y eso solo significa que es un niño sano, que está creciendo bien.

Por mi lado, no siempre estoy con la sonrisa de oreja a oreja cuando los escucho gritar como tamaleritos (como les digo a veces), o cuando me llaman por mi nombre preferido “mamá” unas mil quinientas veces de la nada o cuando terminan una frase con “no es cierto mamá?… mamá?… responde mamá?” mientras que yo cierro los ojos y me hago la dormida. Todo eso y más es hermoso, porque significa que son niños felices.

Así que recordémoslo siempre: cuando hay niños, hay ruidos, y cuando hay ruidos solo significa que el niño es feliz!

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Las mil comparaciones nunca faltan

Muchas veces comenté que no es bueno comparar entre los hijos. Pero a veces es inevitable que lo hagamos. No de manera negativa, claro está, pero si tienes dos hijos, que nacieron a la vez y desde el día “cero” comparaste tallas, pesos, y demás… es más difícil aún.

Me acuerdo que desde que estaban en la panza, yo tenía miedo del síndrome de transfusión fetofetal o el del gemelo evanescente….

  1. El síndrome de transfusión fetofetal (“TTTS”, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la placenta que se desarrolla solo en gemelos monocigóticos que comparten la placenta. Los vasos sanguíneos se conectan dentro de la placenta y desvían la sangre desde un feto hacia el otro. Se produce en alrededor del 10 % de los gemelos que comparten la placenta.
  2. Se trata de la pérdida de uno o más fetos durante las primeras fases del embarazo que, de haber seguido su curso con normalidad y haberse gestado con el otro u otros bebés, habría sido un hermano gemelo. Se calcula que uno de cada ocho embarazos simples (de un solo bebé) es realmente un embarazo múltiple en el que un feto acaba desapareciendo en el útero.

Sé que suena a locura mega máxima de la vida, pero creo que todas las mamás primerizas me van a entender. Tal vez no solo primerizas, sino las “segundizas y tercerizas” también, ESE MIEDO SIEMPRE ESTARÁ PRESENTE. Y es que con nuestros hijos, siempre habrá ese deseo loco y supremo que este TODO bien, para siempre. Pero sabemos que es imposible. Entonces, continuando con la historia, los mellis nacieron un poco en medio de una locura, y para hacer la historia corta (la larga ya está en otro post) tuve mi cita de seguimiento de 34 semanas, los latidos de Naelle estaban bajos, dos vueltas de cordón en el cuello, mi vesícula estaba en la espalda, y tuvieron que nacer así, violento. Y ahí vino la primera diferencia: Marcel pesó 450 gr. más que Naelle, ambos eran chiquitos pero Naelle mucho mucho más. De ahí empezaron las comparaciones de cuantas onzas tomaba cada uno, las veces que hacían caca, cómo era su caca (cuando son bebés todo es caca y leche… ok). Luego la gateadera, la sentadera solitos, la volteada completa, y mucho más.

A pesar que entendía que cada bebé tiene su tiempo, era imposible no verlos a los dos y pensar que el que iba “un poco más lento” tenía algún problema, doctor al teléfono y mamá cacheteándome para que me deje de cosas de una vez por todas. Traté, taré de hacerlo mucho mucho tiempo, pero en el fondo el problema real empezó cuando Marcel lloraba por todo, todo el día y a toda hora, algo le pasaba y yo sentía que algo debía hacer. Naelle reía y jugueteaba y Marcel quería que lo mesan para estar un poco tranquilo y ni cuando tomaba leche estaba tranquilo. Visité a varios doctores luego de que mi pediatra casi casi me mandó medicación a mí. Pero cuando empezó a hacer popó suelta y hasta con unos hilitos rojos ya me empezaron a escuchar (la gente incrédula al corazón que todo lo siente de una mamá asustada). Después de varios análisis y visitas al gastro, el mejor del Perú, Marcel fue diagnosticado con Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (también está en otro post) pero aquí un resumen de lo que es:

La alergia a la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más común en lactantes y niños pequeños, entre un 2% y un 5% de todos los niños padecen esta afección. Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca. La proteína de la leche de vaca suele ser uno de los primeros alimentos complementarios introducidos en la alimentación del lactante y se suele consumir durante toda la infancia como parte de una dieta equilibrada.

Luego de eso, ya pasada la alergia después del primer añito, empezaron las rabietas desmesuradas. Creíamos que se había quedado un poco alterado con todo lo de la alergia, pero muy en el fondo yo sabía que no se trataba de eso. Fui donde una psicóloga, a un neurólogo y todos me decían que era muy pequeño para hacer algún diagnóstico. La conclusión fue que era un niño altamente sensorial y sería muy bueno empezar terapias. ¿Saben qué es un niño sensorial?

Algunos niños parecen tener problemas para manejar la información que reciben sus sentidos: cosas como sonido, tacto, gusto, vista y olor. También hay otros dos sentidos menos conocidos que pueden ser afectados: el primero es un sentido de conciencia corporal, mientras que el segundo implica movimiento, equilibrio y coordinación. Además, los niños con problemas sensoriales pueden ser hipersensibles a la estimulación, poco sensible a la estimulación, o ambos.

Empezamos terapias y mejoró, pero cuando empezamos el nido y ya para el tercer año de nido me comentaron que una evaluación de lenguaje sería un complemento. Él hablaba SUPER bien, y TODO. Es más, ya hasta me hacía pensar cosas porque sabía de la A a la Z con solo 2 años, contaba hasta el 100 y para la sorpresa de muchos, ya había empezado a leer. Hoy, a los 5 años lee cuentos. Es increíble.

El resultado de esa evaluación fue que teníamos que reforzar la parte pragmática de mi chino.

Cuando hablamos de dificultad pragmática del lenguaje nos referimos a los problemas que los individuos tienen en el uso del lenguaje con fines comunicativos. En las aulas, se observa que muchos niños no hablan, es decir, que les cuesta emplear el lenguaje como instrumento para relacionarse con los demás y para formular preguntas, peticiones y aclaraciones sobre el contenido que se imparte en la clase. Habitualmente, los niños con dificultades pragmáticas también presentan problemas en otros componentes del lenguaje, especialmente en el morfosintáctico. En cualquier caso, lo que interesa es establecer si hay algún tipo de relación entre la dificultad del lenguaje en general y la dificultad pragmática en particular (Acosta y Moreno, 2001).

Ya tenemos dos años en terapia de lenguaje. Yo siento que mi chino mejora mucho en ese lenguaje comunicativo que le faltaba, crea historias, inventa cuentos, juega lindo y es el más cariñoso de todos. Pero ahora, mi instinto me dice que ha llegado el momento de hacer esa última prueba que me falta para confirmar un diagnóstico al que le huyo hace mucho tiempo. Sé que es un niño único en el mundo, ahora ya no comparo, y por eso es que me freno a hacerle esa prueba, no sé si quiera etiquetarlo, porque al fin y al cabo eso sería nada más, una simple etiqueta. Pero también, al tener esa respuesta podría ayudarlo a ver cómo enfrentar la vida como viene. Pues esa misma vida no es tan linda y color de arco iris como es para él a sus 5 años. Cuando tenga 12, 15 o 20 será distinta.

…pero lo diré… quise escribir esto hace mucho tiempo, y no sabía cómo hacerlo porque la verdad es que tengo miedo. Todos los caminos conducen a lo mismo, al parecer mi chino tendría Asperger, pero de alto funcionamiento, una vez me dijeron que sería casi casi como un niño “savant” (o sabio como se le conoce normalmente). Pues  tiene todas las características para pensarlo, tiene facilidad para aprender idiomas, ama las matemáticas y es un capo con los cálculos, se sabe fechas de todo, tiene memoria fotográfica increíble (yo no entiendo como se puede saber las placas de los carros de mis hermanas, cuñados, sobrinos, etc), tiene facilidad para las artes como la música por ejemplo (toca piano, y canciones que aprendió con solo ver a su profesor un par de veces), y podría detallar mil cosas más.

Marcel a solo 3 días de nacido

Y la verdad de todo, es que si tiene o no tiene, no es lo importante, lo importante como ya lo dije, es que hay que saber cómo nos enfrentaremos al mundo de mañana, juntos. Porque con o sin esa etiqueta, siempre será el regalo más lindo que me mandaron del cielo junto con Naelle, y lo mejor de todo es que saldrá adelante poniéndonos en cualquier caso y escenario.

Así que, pronto más detalles sobre este y otros temas que me super interesan. He leído mucho, así que hay HARTO que contar.

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Terminamos PK (Pre Kinder)

Este fue el primer año de los chinos en el cole grande. Después de 3 años en el nido, su segunda casita, en salones chiquitos, con dos profesoras especialmente para ellos y todo chiquito y más personalizado (así son todos los nidos del mundo) entraron a otro mundo y el resultado no fue tan terrible como esperaba.

Creo que a la mayoría de mamás les debe pasar algo parecido: nosotras somos las más angustiadas antes, y durante todo el año en el colegio, mientras ellos aprenden, hacen amigos y se divierten todos los días. Y es que de verdad confiar a nuestros hijos, todo el día en un lugar distinto, con personas distintas, angustia. Pero así es la vida.

Como escribí hace unos días en Instagram, pasamos por tres años lindos en el nido, y este año lo hicimos una vez más: pudimos con los cumpleaños de dos salones, con dobles chats en el whatsapp, con tareas dobles, con disfraces de un día para otro sin confundir salones, con las semanas especiales, con la creatividad para ver las sonrisas de mis chinos llevando sus trabajos al salón, con las reuniones de padres de familia, con las reuniones personales una tras otra para entrega de informes, con las llamadas paralizantes para avisar una caída o un golpe, con los contagios típicos del cole, con todo eso y mucho más. Terminamos el año con “A” y con super buen pronóstico para entrar a Kinder 2020. Ya para el 2021 empieza lo REALMENTE bueno, primaria! Eso sí es ooootro mundo.

Muchas mamás me preguntan si los tengo en el mismo salón, y sino, ¿por qué no? Pues aquí va el detalle.

Los chinos empezaron el nido al año 4 meses. Los matriculé en talleres de verano para que se adapten más rápido al año regular de nido, conozcan a sus amiguitos y profesoras, y empiecen a relacionarse más con el ambiente. Además, al ser una mamá de oficina es algo que ayuda mucho. Pero como estaban chiquitos aún, pedí por favor que empezara en el mismo salón, eso les ayudaría tanto a ellos como a mí (el golpe de separación de la casa y angustia porque estén en un lugar desconocido sin su abuelita o personas de la familia atentos a ellos las 24 horas del día, angustia). Fue así por los los primeros dos años. Durante el segundo año de nido, las profesoras y algunas psicólogas me recomendaron que los separara, pues cada uno debía ser independiente, tener sus propios amigos, y saber que la relación de hermanos no era igual a ser siameses (parar juntos y pegados todo el día). Eso construiría y afianzaría aún más sus propias personalidades, gustos, preferencias, etc. Además, en el colegio sí o sí estarían en salones diferentes y ya solo les faltaba un año para pasar a él. Entonces a los 3 años empezaron en salones distintos. Fue chocante, pero más para mí. Tener dos profesoras, 30 mamás, 30 niños y fechas diferentes para entrega de tareas, exposiciones y más! Ellos, felices. Cada vez que llegaba a la casa cada uno me hablaba de sus amigos, y que los dos se veían en el recreo y lo más bonito era que, como estaban en un salón al lado del otro, a veces se veían por la ventana solo para ver que estaban bien. Al final del año ya estaban listos para irse al colegio. De hecho las cosas cambiarían un poco más, un poco más de niños por salón, un lugar más grande que su nido, otro tipo de rutinas, etc. Si bien es pre kinder aún, ya están en las ligas mayores pero cuando entraron ya sabían que irían a salones diferentes. Dejarlos cada mañana y ver cómo se despedían diciéndose “te veo en el recreo” me llenaba de felicidad porque sentía que estaban creciendo, y creciendo bien. Ya en la tarde, en su casa, juegan juntos, se ríen juntos y hacen todo juntos como hermanitos. 

Creo que es normal tener miedo a decidir si separarlos o seguir lo que siente el corazón de mamá cuando quiere que estén juntos y protegiéndose entre ellos siempre, pero lo que debe primar por sobre todas las cosas, es su crecimiento como seres humanos individuales en el mundo. Si no somos nosotras quienes los ayudamos, ¿quién? y una mamá fuerte es esa mamá que los empuja a hacer lo que tal vez no es muy cómodo (ni para ellos ni para nosotras), como las vacunas, el corregirlos cuando hacen algo mal, y tantas otras situaciones que nos esperan en este largo y lindo camino de la maternidad.

Felizmente, somos muchas para ayudarnos y darnos fuerzas entre nosotras ¿no?

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El regreso de mamá de doble yema

Siempre quise tener actualizado mi blog. Cuando empecé a escribir, hace ya casi 10 años en mi primer lugar especial llamado “hasta en el último rincón”, escribía todo dedicado a mi papá. Todo en relación a él, a su vida y a todo lo que me enseñó en este mundo en el que coincidimos por 24 felices años. Ahora que lo leo, siento cada palabra, y qué rico se sentía liberar escribiendo… pero un día, después de algunos años de escribir, me dijeron que si quería ser mamá, tenía que dejar de ser hija, y dejar volar a mi papá prometiendo siempre que el recuerdo permanecería vivo en mi corazón, como lo tengo y lo tendré para siempre. Y así fue, dejé de escribir tan seguido, hasta que mi vida cambió por completo con ese par de chinitos que empezaron a crecer en mi panza.

Los que me conocen podrán decir que cuando quise ser mamá, tan grande era ese sueño que todo lo demás pasó a segundo plano, incluso mi mente me jugó un poco en contra porque a pesar de no tener ningún problema hormonal ni físico, no podía quedar embarazada. Confieso que mi mundo se venía abajo con cada calendario marcado en rojo, empecé a pensar que terminaría adoptando a un niño pero me dolía el alma de solo pensar que no podía cumplir mi sueño. Luego conocí a un doctor, que me ayudó mucho a entender que nada malo me pasaba y que como sea podría ser mamá, entonces le pedí que lo hiciera realidad YA! Si era posible, salía embarazada ese mismo día de su consultorio, pero todo tenía un proceso. Me advirtió que no me podía decir si saldría 1, 2 o 3 bebés pero yo tomé el riesgo. “Eres loca”, me decía… estaba en lo cierto… pero por fin estaba cerquita de ser mamá. Esta historia la he contado con puntos y comas en mis primeros post’s. Los he vuelto a leer y la emoción que siento al leerlos, no ha cambiado nada.

Desde el día 1 que me enteré que sería mamá, aun no de mellizos, prometí contarle a todos lo que sentía, compartir mis experiencias y ayudar a más personas que pasan por lo mismo pero por miedo, vergüenza o mil cosas más, no levantan la mano y piden ayuda para poder cumplir su sueño de ser mamá. Por eso, cuando ya los bebes llegaron al mundo, con un poco más de “ubicación en el espacio y tiempo” de mi nueva versión como madre de dos, empecé un nuevo blog dejando atrás el de mi papá. Escribía mucho, me gustaba conocer a más mujeres guerreras que lucharon con sus hijos para salir de la prematuridad, contar de manera graciosa algunas “desgracias” que le pasan a cualquier primeriza, era lindo, inspirador y divertido. Pero luego vino la falta de tiempo por el trabajo, el día a día y el estrés de la vida. Y empecé a escribir más espaciado. Ya no eran 3 post’s a la semana, sino 2 al mes, hasta que llegué a 1 al mes y luego nada… ahora que quiero regresar, tengo tantas ganas de escribir y contar todo lo que hemos pasado, que no sé cómo ordenar mi cabeza.

Lo bueno es que nunca es tarde para volver a hacer lo que nos hace felices. A pesar de no tener tiempo, de que las horas del día nunca alcancen para hacer todo lo de la lista y que el trabajo y el ritmo de hoy no nos dejen hacer muchísimas cosas que nos llenan el alma y el corazón, todavía es posible encontrar espacios para respirar y regresar. De a poquitos, así se pueden dar pasos más grandes.

Ahora que ya tenemos 5 años melliceros, tenemos mucho más por contar, cosas que compartir y cosas que aprender también. Y lo mejor de todo, es que ya lo decidí y aquí estoy. Regresando con el corazón en los dedos para escribir lo que quiere contar mi alma de mamá de doble yema.

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Catarsis para cerrar la semana

Esta semana ha sido un poco extraña. Creí que nunca me pasaría algo así pero pasó. Pensé que tenía todas las cosas controladas, como siempre lo he manejado: la casa, el trabajo, mis cosas personales, y bla bla bla. Pero no, abrí los ojos y por fin entendí que olvidarse, confundir fechas, pisar señales ENORMES y tropezarse con una piedra evidente, es normal.

Este es el primer año que tengo a los chicos en salones distintos en el nido, de hecho es mucho mejor porque los ayuda a tener independencia y a entender por fin que por más que hayan nacido a la vez, son seres humanos individuales, únicos y diferentes en este mundo. Con amigos diferentes, gustos distintos, horarios de recreo y tareas totalmente opuestas. Y lo están llevando SUPER, más bien, la que no está cumpliendo bien la tarea, es la mamá. Y creo que es entendible.

En el año confundí muchos cumpleaños, mandé regalos al salón equivocado, vestí con ropa elegante al hijo que debió ir con uniforme o mandé un sobre con la cuota anual al salón al que ya había pagado hacía varias semanas. Un caos chistoso pero caos al final. Y esta semana fue la locura extrema al momento de las coordinaciones para la famosa graduación. Y es que en unas semanas mis chinos ya dejan el nido con toga y birrete para pasar al colegio de grandes. Increíble, pero cierto.

La agenda ha estado llena y seguirá estando así por unas semanas más (y solo hablo de la agenda del nido, no de la mí ni de la chamba, porque esa es OTRA historia): el día del tío, unos cuantos cumpleaños más antes de cerrar el año, toma de fotos con toga, toma de foto de la promo, ceremonia de graduación, semana especial de Naelle, actuación de fin de año, pago de la actuación de fin de año, fiestita de Navidad, visita de Papa Noel…. y si sigo me quedo calva de solo escribirlo.

Tengo que reconocer que las mamás de los dos salones me han ayudado UN MONTÓN, paciencia infinita conmigo y mis miles de preguntas. Porque seguir los grupos en Whatsapp es una maratón 45K y con ojos cerrados. A veces solo llego al final y simplemente no entiendo nada.

Y para rematar la semana, voy a hacer las compras en la noche y cuando dejo las bolsas en la malerera, la cierro con mis llaves a adentro. Eso solo me puede pasar a mí!

Felizmente mañana es sábado y volvemos a empezar.

Todo sea por estos chinos locos que me hacen reír a pesar de las ojeras y los 4 pelos que me quedan en la cabeza.

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Un día especial

Todavía me acuerdo la vez que el doctor me dijo la fecha probable de parto. Entré al consultorio con el corazón a mil con la sonrisa más grande que jamás creí posible. Agarró su calendario y empezó a sacar cuentas: “en teoría, si todo va bien y llegas a las 40 semanas, deberías dar a luz el 13 de septiembre”. La enorme sonrisa se volvió sorpresa, la sorpresa pasó inmediatamente al llanto. Pero no al llanto de tristeza, sino de emoción, de esa emoción que solo sientes algunas veces en la vida en las que te das cuenta que no existen las casualidades, sino que todo tiene un porque que por más que no lo entendamos en el momento, cuando pasa el tiempo lo aceptas, y lo quieres. Si mis hijos completaban el tiempo normal de gestación, nacían el día que nació mi papá.

Mi papá era ese tipo de personas que podía hacer 100 cosas a la vez sin cansarse; el único capaz de renegar sonando “chistoso”; era alguien que podía, literalmente, llegar a comerse una torta entera él solo y seguir con ganas de dulce. Hasta ahora, cada vez que me encuentro con alguien que lo conocía el comentario empieza con “uy, tu papá era terrible…”, y es que SIEMPRE tenía las palabras exactas para sacar de la tristeza al más deprimido, para preocuparse de manera “divertida” por cosas realmente tontas, de poner apodos especiales y crear juegos en los momentos más “oportunos” como por ejemplo un velorio y hacer estallar de risa a un grupo de desconocidos. Pero así como terrible, también tenía un corazón de oro, no por nada mi abuelita decía que él era “su hijo de oro”; siempre ayudando y queriendo hasta con la última fibra de su corazón. Sobre todo a su familia.

Dicen que las personas especiales, y que tienen pase directo al cielo, nacen y mueren el mismo mes. Y mi papá es uno de esos casos, pues hoy se cumplen 10 años que se fue y hace dos semanas, hubiera sido su cumpleaños. Todo en el mismo mes. Qué suerte la mía y la de mis mellis de tener un abuelo que tiene un sitio privilegiado allá arriba, desde donde los cuida, los protege y les lanza dardos aniquiladores a las momias y fantasmas que les quieren robar los sueños bonitos en las noches.

Ellos no lo conocieron en persona, pero saben que su abuelito David tenía un avión, y una vez voló tan alto que se quedó jugando con las nubes y decidió mudarse por un tiempo. Desde allá, él sigue cada uno de sus pasos y ellos lo saben. Es su abuelito pulgarcito.

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Pasito a pasito; palabra por palabra

Hace muchos días que quiero abrir mi blog, poner los dedos en el teclado y simplemente escribir. Pero de buenas a primeras, mis días parecen haberse reducido un porcentaje considerable si los comparamos con la longitud que tenían hace un tiempo. No sé si será el estrés, el trabajo, el frío, ya no sé qué más puede estar influyendo, pero al menos hoy quise despertarme, abrir la compu, y soltar. Digo soltar porque siempre para mí, escribir es como si botara todo lo acumulado. Eso que tienes guardad y no sabes a veces como expresarlo en palabras. A veces el ponerlo por escrito es más fácil y aunque algunos lean con “tonos” y le pongan “condimento” a lo que leen, en realidad es el lenguaje más neutral que puede existir. Entonces, aquí vamos.

Empezó junio, un mes complicado porque el título del mes es: DÍA DE PADRE, y hace algunos años no es la fecha más feliz de mi vida. Peo así como están esos detalles, también están los que te llenan de emoción y te alegran hasta el día más gris de todos. Marcel volvió a sus terapias de lenguaje (sí, a pesar que hable perfectamente, para llevar una terapia se evalúan otros aspectos). Pues, la terapia de lenguaje no siempre se recomienda SOLO cuando el niño “no habla”, sino, como en el caso de Marcel, se debe llevar cuando el lenguaje solo se desarrolla de un lado funcional y no pragmático, cuando le falta esa parte “improvisada” de toda conversación, cuando se tiene ecolalias, o tal vez fijaciones en temas que solo a él le apasionan y le interesan en extremo (los números, series y secuencias, en el caso de mi chino). Entonces, empezó con sus terapias y en solo 4 semanas el avance ha sido increíble. ¿Como? Solamente dejando volar su imaginación, creando, y sobre todo CONFIANDO.

Escribo sobre esto porque me ha costado mucho aceptar y entender el ritmo de Marcel. Tengo dos hijos, de la misma edad y por ende tengo la ERRADA idea de que deberían evolucionar al mismo ritmo, pero no. No hay nada más falso que eso, porque cada uno es un mundo totalmente individual e independiente, con gustos y preferencias diferentes, con formas de pensar únicas, con personalidades distintas, y sobre todo, con formas de ser y crecer totalmente diferentes.

Hasta hace unos meses podía decir que Marcel era un niño al que le costaba entablar conversaciones, mirar a los ojos y contar historias inventadas por él mismo. Hoy me doy cuenta que todo es cuestión de paciencia y dejarlo a su propia velocidad. Es un niño con muchísimo potencial, inteligente, crariñoso, hábil e incluso ahora puedo decir que tiene una creatividad enorme (que era lo que más queríamos potenciar).

Ayer fue su 4ta semana de terapia, y suele luego de una sesión la profesora me escribe un mensaje al celular, y el de ayer simplemente me hizo llorar de alegría:

Hola Marité! Marcel se acaba de ir, cómo me ha hecho reír hoy día. Primero le hice acordar todas las canciones que canta en las mañana y se acordó, eso está muy bien. Porque está evocando lo que hace durante las mañanas, me cantaba una parte de la canción y yo se la ponía. Me parece genial que ya pueda evocar porque a partir de eso me puede contar que ha hecho durante el día o los fines de semana. Después pintamos un palito y yo a un palito le hice una cara y el le dibujo encima y me dijo “tu cara se desarmó”, con una cara de pícaro que casi me lo como a besos y le dije “y quién desarmo mi cara” y me contestó “Marcel!! Riéndose un montón” después ya para salir al otro salón por más materiales le dije que tenía que recoger lo que ya habíamos usado y me dijo “ayúdame miss Ximena”….un súper trome ha estado hoy!! Me ha hecho reír demasiado!! También hicimos voces! Luego agarró dos estrellitas y dijo que eran Marcel y Nelle. 

Tal vez no sea algo WOOOOW para muchos, pero para mi esto es una GRAN EVOLUCIÓN porque él solito está avanzando. Hoy cuando le pregunto qué tal en el nido, me cuenta lo que hizo, me habla de sus amigos, me cuenta qué quiere hace el fin de semana y hasta me cuenta algunos cuentos que solo pueden salir de la cabeza de un niño de casi 4 años. Yo todavía no tengo muy claro cómo será cuando vaya al colegio de “grandes” como me dicen ellos, pero lo único que sí puedo afirmar, es que sea lo que sea que necesite para seguir ayudándolo a crecer, lo haré cueste lo que cueste.

Seguimos avanzando, y ya tenemos 3 años 9 meses de aprendizaje…. aún nos falta mucho por recorrer.

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¿Que si quiero más hijos?

Muchas veces me preguntan si pienso tener más hijos. La verdad es que si el mundo se moviera por otra cosa más que “dinero”, tendría miles de hijos sin pensarlo. De que es un mega chambón, lo es; un trabajo NO REMUNERADO que a veces acaba con la paciencia del más santo de todos los santos, también, pero es uno de los mejores puestos “laborales” que alguien podría tener. Es el título profesional de conocimientos más amplios que se podría obtener en cualquier parte del mundo. Pero no es la realidad, así que cuando me hacen esa pregunta, me agarro el corazón y digo que no, que me quedo con mis dos terremotos y cierro fábrica (y de pasadita toco madera porque uno nunca sabe).

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Cada vez que me hacen la misma clásica pregunta me acuerdo de los primeros días y tiemblo de nuevo. No fueron mágicos como todos me contaron que serían, no fueron hermosos y llenos de paz y amor; fueron de terror, miedo y desesperación por no poder tener a mis hijos como NATURALMENTE Dios manda a tenerlos piel con piel. Tenía que conformarme con tocarlos a través de un vidrio durante sus primeras horas de vida, darles lo poco que me salía de calostro por medio de una tetina de biberón, rezar a cada minuto porque pronto me den buenas noticias, esperar a que me curen la herida de la cesárea que realmente no me dolía nada en comparación al dolor de corazón que sentía a no tenerlos conmigo en ese momento; era realmente una pesadilla. Pero, esa fue MI historia de los primeros días, estoy segura que cada quien la vive diferente, y es toda una aventura, incluso, una misma persona vive distinto cada embarazo,  es por eso que a veces, a raíz de estas “clásicas” preguntas, es que pienso en qué se sentiría tener otro hijo. Solo uno.

Y así, esa misma pregunta me lleva a pensar en mi fallida relación con la lactancia, en las noches enteras pegada al extractor de leche mientras que mis hijos tomaban fórmula de un biberón, “todo sea por la estimulación para empezar a producir más y más par ellos” pensaba. Los días y noches alternando: teta – bibe / bibe – teta; izq / dere y dere / izq que se hacían eternos y finalmente ya ni sabía qué día era lunes, o cuál era sábado, o si era de día o de noche. Días interminables que se pasaban entre toma y toma, porque como nacieron a las 34 semanas había que darles leche cada 3 horas máximo (y se demoraban una hora en tomar porque se les complicaba la succión), era difícil y yo estaba aterrada.

Me acuerdo que cuando estaba embarazada y preguntaba cómo serían los primeros meses, todos me hablaban de lo maravilloso y mágico, de esa conexión especial mamá&bebé que nadie puede explicar con palabras, de hacer de la hora del baño todo un ritual… yo nunca sentí esa “paz” o “relajación” de la que muchos hablan al momento de hacerle masajes al bebé saliendo de la tina: en las piernitas, en la espalda en forma de círculos, en los bracitos, etc. No pude contemplar a mis hijos mirándolos fijamente a los ojos por todo el tiempo que yo quisiera porque cuando empezaba a sentir ese click, ese vínculo, o como sea que cada una le digamos a ese lazo especial, el otro empezaba a llorar para que lo cargue o le de leche o le cambie el pañal. El momento de magia desaparecía.

Si me preguntan si quisiera tener otro hijo, claro que quisiera tener otro. Quisiera experimentar cosas nuevas, retar y probar mi capacidad una vez más, pero sé que no es algo tan sencillo ni justo. No sería justo ni para mis hijos, para “el nuevo bebe”, tampoco para nosotros sus papás. Creo que ya la vida está últimamente MUY de cabeza como para andar poblando más el mundo con hijos nuevos. Además, el dos es un buen número ¿no?

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