Esperando para ir a casa

Los bebes nacieron un lunes de agosto y no pudieron conocer ni sentir a su mamá. Esa misma mamá que se ocultaba detrás de las sábanas de su cuarto para llorar en silencio extrañando a los hijos que aún no veía. ¿Era eso justo? No quería renegar, reclamar ni siquiera que la vean llorar porque ahora tocaba ser fuerte. Ser lo más fuerte que jamás pudo ser justamente por ellos, por esos bebitos que lejos de su mamá luchaban solitos para salir adelante.

Al día siguiente de la operación, a menos de 24 horas de haber dado a luz pedí pararme para subir a ver a mi bebés. Me trajeron la silla de ruedas pero estuve a punto de pararme e ir yo misma caminando, es más, lo hice unas horas más tardes para la segunda visita. Llamé por teléfono muchas veces hasta que me dijeran que ya podía subir, no podía creer que yo, la mamá de mis bebés, tenía que esperar para verlos! Y es que en esa sala de bebes los míos no eran los únicos en observación, pues 3 angelitos estaban aún más delicados y en cuidados intensivos. Ellos estuvieron también en cada una de mis oraciones. Era duro pensar que mientras yo rezaba para que mis hijos salieran rápido de la incubadora y llevarlos a casa, otra mamá rezaba para que sus bebitos logren pasar la noche. Es muy difícil tener bebes prematuros.

El momento de verlos había llegado. Entré a la sala sin saber muy bien qué hacer, me pusieron la bata y ahí estaban. Divididos de sus papás por una caja trasparente, calatitos y solo con un pañal que más parecía un pantalón a la cintura. Las lágrimas me caían sin parar y yo no hacía más que hablarles tratando de contener la emoción e impotencia que juntas eran una real bomba nuclear. Quería meter las manos y sacarlos de ahí, ellos tenían que estar conmigo!
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Me turnaba entre uno y otro para poder tener contacto al menos “visual” con ambos. Papá y mamá intercalábamos los turnos para poder hablarles a los dos. Tocaron la puerta y era la mamá de los bebitos en UCI que pedía verlos. Me sentí egoísta, y decidí regresar en un momento.

¿Cuándo podré cargarlos? ¿Están comiendo bien? ¿Dime por favor si lloran? ¿Tendrán frío”, las preguntas salían como metralletas, una tras otra a las enfermeras a cargo quienes con amables sonrisas me decían que esté tranquila. Que todo estaba muy bien con los “gemelitos”. Llegué a mi cuarto y no podía creer el vacío enorme. No quería despegarme de ellos, esperaría una media hora y subiría de nuevo. Así sería hasta que por fin Dios me permitiera estar con ellos.

El doctor llegó y hablamos muy claro: los bebes están muy bien. A pesar de haber nacido antes de tiempo tienen muy buen reflejo de succión y eso es casi lo más importante de todo el tema de prematuridad. La razón por la que deben seguir en observación es porque la mujercita ya estaba haciendo sufrimiento fetal. Por ello debemos verificar con análisis si todo en su sistema está bien o hay algo infectado con el meconio que soltó aún en útero. Lo mismo con el hermano que si bien él no tuvo sufrimiento, ella pudo haberle pasado un poco de esa sustancia que eliminó antes de nacer. Esperemos tranquilos pero los pronósticos son muy buenos. Vas a ver que mañana será un día de evolución.

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Naelle

 

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Marcel

 

Faltaba mucho para “mañana”, no era justo estar alejada de ellos. Cómo era eso posible! Había esperado tanto tiempo por tenerlos y ahora pasaba esto. Pero el plan de esperar sentada no era lo mío. Durante ese segundo día subía y bajaba para ver a mis bebes, aunque separados aún sin podernos tocar tenía que verlos el mayor tiempo posible.

Mientras no lo hacía corría a mi cuarto a enfrentarme a otro de mis miedos: el extractor de leche. No era miedo al dolor ni mucho menos, era miedo a no tener lo suficiente para ambos. Durante todo el embarazo me visualicé dando litros y litros de leche, me compre bolsitas para congelar, un extractor super potente, cremas para los pezones y demás. Yo iba a tener cantidades industriales de leche hasta para alimentar a  bebés a la vez. Pero en el fondo tenía miedo. Era un reto aún más grande porque los bebes no succionaron ni bien nacieron, y como fueron directo a incubadora pues tuvieron que alimentarse con fórmula de todas maneras. Al principio me conectaba a esa fría máquina todo el tiempo que podía, salía calostro (que parecen solo gotitas pero esas gotitas son esenciales y las más importantes) y se lo daba a las enfermeras para que corriendo se lo llevaran a mis bebes. Al menos me sentí un poco útil en ese sentido. Luego vendría la verdad de la cosa cuando la lucha se hiciera más intensa ya en casa.

Al tercer día (miércoles) definitivamente tuvimos un avance, nos permitieron meter las manos por los huequitos de las incubadoras para tocarlos, acariciarlos y hablarles aún más cerca. No quería llorar, pero era imposible. La emoción más grande que sentí al tocarlos e inmediatamente ver sus ojos abriéndose de par en par, como si estuvieran buscándome. Podía quedarme ahí con ellos todas las horas del día y de la noche.

Al cuarto día (jueves) nos dieron una sorpresa: ese día iba a poder cargar a mis bebés. El doctor nos fue a buscar al cuarto y con una sonrisa en la cara nos dijo que él mismo quería darnos la noticia, los bebes estaban evolucionando muy bien e iban a poder salir de la incubadora y estar en las cunitas normales donde ponen a los bebitos recién nacidos. Fui casi corriendo a tocar la puerta, me puse la bata y me lavé 500 veces las manos, el primero sería Marcel. Aún no puedo evitar llorar cuando me acuerdo de ese momento. Tenía por fin a mi bebé mayor en mis brazos, tan frágil y chiquito con una nariz perfecta y un cuerpo completamente formado y en función, era mi hijo y yo era su mamá, estaría para cuidarlo toda mi vida y viviría solo por él y por su hermana que esperaba aún estar en mi brazos. Me sequé las lágrimas y fui ahora por ella, Naelle. Más chiquita aún, era como cargar a una muñequita peso más que pluma, haciendo esos ruiditos que enamoran a cualquiera que la ve durmiendo, respirando despacito y con un olor especial, era mi hija y yo era su mamá, viviría solo para cuidarla y darle lo mejor de este mundo, viviría solo por ella y por su hermano. Por fin empezaba a sentir por primera vez eso que todos llaman ser mamá.

Pienso y se me escarapela la piel al recordar que cuando los cargaba rezaba con ellos por los bebitos de al lado. Pedía para que esa mamá pronto pueda tener la misma suerte que yo.

En la noche, recibimos otra sorpresa, vendrían a dormir con nosotros al cuarto y por primera vez podría darles de lactar yo misma. No podíamos con la emoción y parecíamos dos tontos cerrando ventanas, lavándonos las manos cada dos segundos y caminando como doctores que van a operar para no contaminarnos con nada. Esperamos sentamos mirando la puerta y cada sonido de carritos pasando por el piso nos mirábamos como si fueran a ser ellos, hasta que fueron. Tocaron la puerta y un carrito rosado entró al lado de uno celeste, eran ellos. Pusimos música y empezamos a conocernos aún más. Fue ahí donde nos tomamos nuestra primera foto familiar, sí la primera porque para nosotros no existió esa linda imagen de la familia completa en los primeros segundos que el bebe llega al mundo, pero sí existirá esta foto que refleja la emoción de dos papás que después de 3 días tienen la suerte de tener a sus hijos en brazos.

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Primera foto familiar

 

Esa noche dormimos juntos pero interrumpidos de rato en rato para que las enfermeras les den su biberón, pues no era suficiente lo que yo tenía para ellos. Dormí por primera vez en esa semana un poco más tranquila, pero pidiéndole al cielo que mis hijos no se hayan sentido abandonados mientras estuvieron lejos de mí. No quería que piensen que era una mala mamá sin siquiera haberme conocido primero.

Al día siguiente recibimos la mejor de las noticias: nos íbamos a la casa! Todo salió perfecto y ni una infección había llegado a ellos durante ese sufrimiento fetal. Gracias a Dios estaríamos al medio día saliendo completos de la clínica!

Emocionada armando maletas empecé a sentir una sensación extraña, era un poco de miedo. Sí, nos íbamos a la casa, pero y ahora? Cómo podría tenerlos tan bien atendidos y vigilados? Yo no sabía nada y por más que mi mamá me estuviera acompañando sentí un gran temor que empezó a preocuparme. Fue en ese momento que me di cuenta que recién empezaba esta historia. Una historia que día a día se escribe en el mejor de los libros del mundo, el libro de nuestra vida.

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6 comentarios en “Esperando para ir a casa

  1. aaww como me he emocionado en leerte chamaca! que hermoso. Recuerdo cuando Naidee nació también estuvo en observación toda una semana por que nació muy pequeñita y debil, y recuerdo cuando llego a la habitación por primera vez ya la cargamos, fue tan lindo! :3
    seguimos leyendote!!
    abrazote a la hermosa family

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  2. Aaaaay que lindo!!!! Yo también senti lo mismo cuando salía del hospital y en el camino en el auto en mi mente decía: bebitos esta es la vida real, la que Uds. Vivirán día a día hasta que sean viejitos.
    Y le pedía a Dios que me ayude con estos angelitos para que estén siempre bien y nada les afecte en la vida.
    Ahora que ya tienen 9 años lo sigo pidiendo pero veo que la vida es simplemente como es y lo único que tenemos que hacer como padres es darle mucho amor, lindos valores para que ellos puedan crecer seguros y listos para cualquier contratiempo que puedan tener.

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    • Jennifer, es que son tantas las preguntas! Supongo que estas siempre vendrán a la cabeza una tras otra! Son dos personas q dependen de nosotras! Eso paraliza pero luego ayuda a avanzar a pasos de gigante!
      Un beso te!

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  3. Con Elmito, luego de que nos explicaran las desventajas de los bebés prematuros, hicimos todo lo posible para que permaneciera lo más que se pueda en el vientre de mamá, con ecografías dopler para ver el estado de la placenta llegó a la semana 38. De lo mucho que aprendí con Elmito fue que las mujercitas prematuras tienen mejores chances que los varoncitos y lo confirma tu Naelle.
    Tengo un trastorno obseso compulsivo (TOC) que me hace lavarme las manos muchísimas veces y con Elmito se acentúo más, ahora evito la caca de las palomas en las veredas (leí que son muy dañinas para los niños) y no soy capaz de pisar un insecto si es que luego voy al cuarto de Elmito.
    Finalmente, el miedo a empezar a criar a una nueva persona es indescriptible y créeme te va a durar toda la vida, cada cierto tiempo me pregunto si lo estamos haciendo bien o no.

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    • De todas las cosas que más me han traumado en la vida el tener a dos personitas q dependen de mi me ha paralizado entera. Ya luego fui aprendiendo pero me.falta tanto tanto que me angustio.
      Lo que dices es cierto, las chances de las mujeres son más grandes, pero que bien crecen tb los hombrecillos!
      Un beso!

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