Yo no soy una mamá práctica

A veces me gustaría ser un poco más práctica, como tantas veces me lo repiten por ahí. Dejar los miedos de lado y las preocupaciones para después. Vivir un poco el día a día sin pensar en los problemas que vienen con ellos. Ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Renegar menos y reír un poco más. Pero hoy, se me hace un poco difícil.

Mi vida dio un giro brusco cuando nacieron mis hijos. Fue el momento más hermoso pero el más difícil a la vez. Creo que una se prepara para traer sus hijos a un mundo que está muy lejos de ser perfecto, pero si podemos evitar que conozcan sus obstáculos al menos por un tiempito, no está mal, o sí? Ellos nacieron antes de tiempo, no los tuve en mi pecho ni bien nacieron ni tampoco los escuché llorar al segundo que salieron de mi panza, estuve sola durante la operación y finalmente, no me los llevé a mi cuarto esa misma noche. Ellos conocieron el mundo tal cual es desde su primer día de vida: difícil y a veces amargo.

Desde aquel día, soy una mamá nerviosa, ansiosa, un poco estresada, preocupada, con miedo, distintos tipos de miedo, y si a esas características le sumamos el cansancio, falta de sueño, trabajo de oficina y deberes en casa, el resultado es una mamá como yo.

Una mamá poco práctica, que no disfruta de unas vacaciones como bien se conocen (en la playa o en un paseo familiar), porque si bien son “vacaciones” para muchos, para ella representa un constante estado de alerta: desde el momento de hacer dos maletas con todo tipo de ropa, botiquín de medicinas básicas, cosas de comer, comodidades para que no estén aburridos y no tener que escucharlos en concierto a la vez; hasta cuidar segundo a segundo que no se acerquen mucho a la piscina, o al mar, que no se coman la arena, que no les caiga mucho el sol, que no se queden con ropa mojada, que no pase ninguna “cuatri” cerca de ellos, que no hablen con extraños, que no se metan arena al ojo… y miles de cosas más. Todo a la vez y multiplicado por dos. Esas son vacaciones?

Soy esa mamá que cuando va al parque lleva todo en la mochila porque puede ser necesario. Y no le importa cargarla por muchas cuadras y metros empujando un coche con más de 30 kilos encima (por el peso de los dos juntos) a cambio de tener la tranquilidad que sus hijos estarán seguro y contarán con lo necesario. De las que llegan al parque y corren con ellos, los ayudan a pasar el pasa manos, a subir las escaleras difíciles y a ayudarlos a levantarse cuando se tropiezan. Que corren a algún lugar cercano, limpio y seguro para hacer “la pichi” cuando piden (en caso niña), o siempre llevan su vasito a la mano para cualquier urgencia (caso niño). A caso hay algo de malo en tener todo a la mano por si es necesario? Eso no es ser poco práctica señores, es ser precavida. Y algo más, a caso le hago daño al mundo siendo así?

Me encantaría que esas personas que me juzgan de “poco práctica” o tal vez un poco “renegona”, pasen un día en mis zapatos. No justifico que a veces esté de mal humor por el mundo, pero sí creo que puede ser comprensible. A mí, me encantaría estar en mi trabajo siendo 100% productivo con la cabeza íntegramente metida en mis cuadros y coordinaciones, pero mi sentido maternal no me deja. Siempre pendiente de si ya llegaron al nido, si los recogieron, si comieron bien, si hicieron la siesta, si van a ir al parque, si le pusieron bloqueador. Mi cabeza no para.

Soy esa mamá que describí arriba, pero también soy esa mamá valiente, que trabaja por darles lo mejor a sus hijos hoy y mañana, que corre a la salida del trabajo para tirarse al suelo con ellos a crear mil aventuras, que les da de comer y los baña uno por uno (a pesar de solo pensar en su cama y el libro que hace meses tiene en la mesita de noche), esa mamá que cuando la noche lo permite hace dormir a uno por uno y les da el besito en la frente antes de dormir, esa mamá que se ríe y sueña con ellos. Soy esa mamá que lucha y pasa la página cuando le piden ser un poco más práctica de cuando en cuando. Soy esa mamá que aprendió que sus vacaciones duran poquito, pero cada vez que puede las toma: yendo al baño sola, viendo una película de principio a fin, hablando por teléfono con una amiga que no ve hace mucho, en un café con sus amigas, recostando su cabeza en la almohada con una lamparita al lado para avanzar al menos un capítulo de “ese” libro que dejó olvidado, esas con vacaciones cortas, pero de calidad.

Entonces, no soy de esas personas prácticas que a pesar de los mil giros de la vida siguen relajadas porque saben que nada malo pasará (realmente los admiro), están alegres por siempre, cantan cuando caminan y gozan de sus trabajos a plenitud porque es lo mejor que tienen en la vida. Yo soy una mamá nerviosa que aprende cada día a ser mejor. Total, de eso se trata no? De nunca dejar de aprender a ser mejor.

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