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Un día especial

Todavía me acuerdo la vez que el doctor me dijo la fecha probable de parto. Entré al consultorio con el corazón a mil con la sonrisa más grande que jamás creí posible. Agarró su calendario y empezó a sacar cuentas: “en teoría, si todo va bien y llegas a las 40 semanas, deberías dar a luz el 13 de septiembre”. La enorme sonrisa se volvió sorpresa, la sorpresa pasó inmediatamente al llanto. Pero no al llanto de tristeza, sino de emoción, de esa emoción que solo sientes algunas veces en la vida en las que te das cuenta que no existen las casualidades, sino que todo tiene un porque que por más que no lo entendamos en el momento, cuando pasa el tiempo lo aceptas, y lo quieres. Si mis hijos completaban el tiempo normal de gestación, nacían el día que nació mi papá.

Mi papá era ese tipo de personas que podía hacer 100 cosas a la vez sin cansarse; el único capaz de renegar sonando “chistoso”; era alguien que podía, literalmente, llegar a comerse una torta entera él solo y seguir con ganas de dulce. Hasta ahora, cada vez que me encuentro con alguien que lo conocía el comentario empieza con “uy, tu papá era terrible…”, y es que SIEMPRE tenía las palabras exactas para sacar de la tristeza al más deprimido, para preocuparse de manera “divertida” por cosas realmente tontas, de poner apodos especiales y crear juegos en los momentos más “oportunos” como por ejemplo un velorio y hacer estallar de risa a un grupo de desconocidos. Pero así como terrible, también tenía un corazón de oro, no por nada mi abuelita decía que él era “su hijo de oro”; siempre ayudando y queriendo hasta con la última fibra de su corazón. Sobre todo a su familia.

Dicen que las personas especiales, y que tienen pase directo al cielo, nacen y mueren el mismo mes. Y mi papá es uno de esos casos, pues hoy se cumplen 10 años que se fue y hace dos semanas, hubiera sido su cumpleaños. Todo en el mismo mes. Qué suerte la mía y la de mis mellis de tener un abuelo que tiene un sitio privilegiado allá arriba, desde donde los cuida, los protege y les lanza dardos aniquiladores a las momias y fantasmas que les quieren robar los sueños bonitos en las noches.

Ellos no lo conocieron en persona, pero saben que su abuelito David tenía un avión, y una vez voló tan alto que se quedó jugando con las nubes y decidió mudarse por un tiempo. Desde allá, él sigue cada uno de sus pasos y ellos lo saben. Es su abuelito pulgarcito.

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Mi otro blog

Empezamos un mes difícil para mí. Creo que ya lo he contado en oportunidades anteriores, pero si tuviera que enumerar 50 cosas “caletas” sobre mí, empezaría por contarles sobre mi primer blog. Ese que abrí hace casi 8 años cuando mi papá falleció. Ese blog que empezó como una terapia y terminó siendo una ventana para conocer gente mágica, un mundo diferente (el de los blogs) y un primer paso para lo que ahora se llama #mamádedobleyema. Ese blog que todos conocían como “hasta en el último rincón“.

Así como hay meses hermosos, llenos de vida y celebraciones, hay otros que parecen tener el poder de congelarlo todo, incluso un poco el corazón. Y es que llegar al mes en el que celebramos “la vida y nacimiento” de mi papá, y solo dos semanas después recordar el día de su muerte, duele. Y duele aunque pasen 100 años creo yo.

Recuerdo exactamente el día que dejé de escribir casi a diario en mi otro blog, si bien siempre me preguntaban si no sentía que “ataba” a mi papá por escribirle, o que no lo dejaba ir en paz, no pensaba de esa manera aunque parezca lógico. A mí me hacía sentir bien el escribir sobre él, el recordar momentos lindos a su lado y contarle al mundo sus aventuras en la tierra. Pero un día alguien me miró a los ojos y me dijo “para que seas mamá, primero tienes que dejar de ser hija”. No había entendido la frase hasta que la pensé, la asimilé y la interioricé.

Lo más difícil fue enfrentar los “si hubiera”, porque yo hasta el día de hoy por ejemplo, siempre pienso en el “si los mellis hubieran conocido a su abuelo”. Es que creo que es natural que una se pregunte eso. Él se fue antes de tiempo, sin duda. Yo no entré a la iglesia de su mano, y tampoco estuvo conmigo dándome un beso en la frente antes de entrar a la sala de partos para dar a luz. Nunca vi su cara de felicidad con la noticia de que estaba embarazada, ni tampoco escuché las bromas que hubiera hecho al enterarse que eran dos. Son muchos “si hubieran” en mi vida. Pero todo depende de uno mismo. En superarlos y llenarlos de nuevos recuerdos, de tratar de contar la vida del abuelo a través de historias fantásticas y de fotos lindas que ilustren a ese mágico ser que me dio vida.

Así como cuando uno escucha la frase perfecta en el momento perfecto, recuerdo también lo que me dijo un ángel en la tierra, una de esas personas que son solo hablar parecen estar cantando. Sin saber nada de fechas ni momentos complicados, me dijo que solo las personas especiales, y quienes tienen pase directo al cielo, son las que nacen y mueren en el mismo mes. No hay duda, por ningún lado que lo veamos, que mi papá no sea un ser especial.

Sin más, este es un mes muy feeling en todo sentido. El 13 de Setiembre cumpliría un año más en este mundo, pero el 27 también cumple un año más de haberse subido a su avión para volar a un viaje sin retorno. Hasta eso, se presta para los cuentos lindos con los que están creciendo mis hijos. Siempre escuchan de su abuelito David, el que vive en el cielo y los cuida desde allá arriba.

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Yo no soy una mamá práctica

A veces me gustaría ser un poco más práctica, como tantas veces me lo repiten por ahí. Dejar los miedos de lado y las preocupaciones para después. Vivir un poco el día a día sin pensar en los problemas que vienen con ellos. Ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Renegar menos y reír un poco más. Pero hoy, se me hace un poco difícil.

Mi vida dio un giro brusco cuando nacieron mis hijos. Fue el momento más hermoso pero el más difícil a la vez. Creo que una se prepara para traer sus hijos a un mundo que está muy lejos de ser perfecto, pero si podemos evitar que conozcan sus obstáculos al menos por un tiempito, no está mal, o sí? Ellos nacieron antes de tiempo, no los tuve en mi pecho ni bien nacieron ni tampoco los escuché llorar al segundo que salieron de mi panza, estuve sola durante la operación y finalmente, no me los llevé a mi cuarto esa misma noche. Ellos conocieron el mundo tal cual es desde su primer día de vida: difícil y a veces amargo.

Desde aquel día, soy una mamá nerviosa, ansiosa, un poco estresada, preocupada, con miedo, distintos tipos de miedo, y si a esas características le sumamos el cansancio, falta de sueño, trabajo de oficina y deberes en casa, el resultado es una mamá como yo.

Una mamá poco práctica, que no disfruta de unas vacaciones como bien se conocen (en la playa o en un paseo familiar), porque si bien son “vacaciones” para muchos, para ella representa un constante estado de alerta: desde el momento de hacer dos maletas con todo tipo de ropa, botiquín de medicinas básicas, cosas de comer, comodidades para que no estén aburridos y no tener que escucharlos en concierto a la vez; hasta cuidar segundo a segundo que no se acerquen mucho a la piscina, o al mar, que no se coman la arena, que no les caiga mucho el sol, que no se queden con ropa mojada, que no pase ninguna “cuatri” cerca de ellos, que no hablen con extraños, que no se metan arena al ojo… y miles de cosas más. Todo a la vez y multiplicado por dos. Esas son vacaciones?

Soy esa mamá que cuando va al parque lleva todo en la mochila porque puede ser necesario. Y no le importa cargarla por muchas cuadras y metros empujando un coche con más de 30 kilos encima (por el peso de los dos juntos) a cambio de tener la tranquilidad que sus hijos estarán seguro y contarán con lo necesario. De las que llegan al parque y corren con ellos, los ayudan a pasar el pasa manos, a subir las escaleras difíciles y a ayudarlos a levantarse cuando se tropiezan. Que corren a algún lugar cercano, limpio y seguro para hacer “la pichi” cuando piden (en caso niña), o siempre llevan su vasito a la mano para cualquier urgencia (caso niño). A caso hay algo de malo en tener todo a la mano por si es necesario? Eso no es ser poco práctica señores, es ser precavida. Y algo más, a caso le hago daño al mundo siendo así?

Me encantaría que esas personas que me juzgan de “poco práctica” o tal vez un poco “renegona”, pasen un día en mis zapatos. No justifico que a veces esté de mal humor por el mundo, pero sí creo que puede ser comprensible. A mí, me encantaría estar en mi trabajo siendo 100% productivo con la cabeza íntegramente metida en mis cuadros y coordinaciones, pero mi sentido maternal no me deja. Siempre pendiente de si ya llegaron al nido, si los recogieron, si comieron bien, si hicieron la siesta, si van a ir al parque, si le pusieron bloqueador. Mi cabeza no para.

Soy esa mamá que describí arriba, pero también soy esa mamá valiente, que trabaja por darles lo mejor a sus hijos hoy y mañana, que corre a la salida del trabajo para tirarse al suelo con ellos a crear mil aventuras, que les da de comer y los baña uno por uno (a pesar de solo pensar en su cama y el libro que hace meses tiene en la mesita de noche), esa mamá que cuando la noche lo permite hace dormir a uno por uno y les da el besito en la frente antes de dormir, esa mamá que se ríe y sueña con ellos. Soy esa mamá que lucha y pasa la página cuando le piden ser un poco más práctica de cuando en cuando. Soy esa mamá que aprendió que sus vacaciones duran poquito, pero cada vez que puede las toma: yendo al baño sola, viendo una película de principio a fin, hablando por teléfono con una amiga que no ve hace mucho, en un café con sus amigas, recostando su cabeza en la almohada con una lamparita al lado para avanzar al menos un capítulo de “ese” libro que dejó olvidado, esas con vacaciones cortas, pero de calidad.

Entonces, no soy de esas personas prácticas que a pesar de los mil giros de la vida siguen relajadas porque saben que nada malo pasará (realmente los admiro), están alegres por siempre, cantan cuando caminan y gozan de sus trabajos a plenitud porque es lo mejor que tienen en la vida. Yo soy una mamá nerviosa que aprende cada día a ser mejor. Total, de eso se trata no? De nunca dejar de aprender a ser mejor.

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Mis melli-mamás

Esto de tener un blog es reconfortante por donde lo veamos. Yo empecé con uno dedicado a mi papá, era como una terapia porque le escribía a él, y aunque no me leyera, yo me sentía bien porque desahogaba de una forma bonita. Pues escribir los recuerdos a su lado, anécdotas y algunas historias que no logramos vivir porque se fue antes de tiempo, me hacían sentir más cerca de él.

Luego llegaron los mellis, y aunque sigo escribiendo con menor frecuencia en el otro espacio, “mamá de doble yema” nacía lenta y tranquilamente. Escribía mis dudas, averiguaba respuestas, conocía gente increíble y sentía que poco a poco lograba reunir a más mujeres que estaban en la misma etapa que yo. O también, algunas que se encontraban en el punto en el cual me encontraba yo hacía unos meses: la lucha interna por estar calmadas sin pensar en lo peor y así poder tener un bebé. Mujeres especiales, lindas y de corazón transparente empezaron a llegar poco a poco a mi vida. Yo me sentía feliz porque estaba ayudando de una u otra manera a más mujeres. Es un sentimiento hermoso.

Es así como llegó Joyce, una “futura mamá mellicera” en ese entonces. Tenía dudas y también temores porque aún estaba con los bebes en la panza y todo era incierto. La acompañé durante todo su embarazo, y muchas veces quedamos en vernos para conversar en persona, pero por una u otra razón, ninguna podía el día que acordábamos. El día del nacimiento llegó sin previo aviso. Los bebes se adelantaron y pasaron algunos días difíciles, Bruno salió antes de la incubadora, pero Kiara aún se quedó unos días más. Cómo olvidar ese día que Joyce salió de la clínica sola con su esposo, los mellis tuvieron que quedarse y ella irse a casa con los coches, y con las manos vacías. No habían bebés en sus cunas y llantos de media noche. La ilusión de Joyce había decaído un poco. Yo trataba de darle ánimos y ese mismo día que salió de alta intenté ir a verla. Pero como siempre, algo pasó. Me sentía tan identificada con ella, solo quería que pasaran los días y que por fin esté con sus hijos en los brazos.

Un año más tarde tuve la idea de crear un grupo en Whatsapp bajo el nombre “Melli mamás”, aquí empezamos solo 3: Joyce, Claudia y yo. Claudia es una mami que conocí también en el doctor, lo máximo. Pero a Joyce aún no la conocía en persona, ya más de un año de hablar y hablar por teléfono que era extraño no haberla visto jamás. Este chat creció y ahora somos 5 melli mamás que compartimos dudas, alegrías, momentos lindos y también difíciles. Es un gran soporte porque realmente el mundo mellicero es realmente TODO UN MUNDO que solo las mamás que alguna vez tuvieron 3 corazones latiendo a la vez, lo entienden.

Resulta que pasó más de un año y nunca nos conocimos en persona, los bebes cumplieron su primer añito y no pudimos ir por algún resfrío inoportuno. Los míos cumplieron dos años y los mellis de Joyce no pudieron ir porque ella no se pudo escapar temprano del trabajo. Cosas de la vida que uno no entiende.

Pero como todo en esta vida está construido por causalidades y no casualidades, todo ya estaba escrito y con un plan para conocernos mucho más lindo. Hace unas semanas, cuando estaba en una ludoteca con mis chukis, se abre la puerta y entra un chico con un bebé en brazos queriendo bajar a correr, yo lo conocía, los conocía a los dos de algún lugar, esperé para ver quién estaba detrás de ellos y simplemente se me abrieron los ojos, dejé de jugar con el carrito que le estaba mostrando a Marcel y corrí con los brazos arriba como una loca total, no me salían las palabras ni podía cerrar la boca, la vi y me vio, y las dos gritamos juntas. Luego de eso, y con las miradas clavadas en nostras (incluso la de nuestros hijos y esposos) nos abrazamos… y lloramos… sí, lloramos como dos niñas porque es un cariño especial, una conexión distinta que por fin de tangibilizó en un sincero abrazo lleno de cariño y alegría. Pasamos muchas cosas juntas, desde todo su embarazo, sus días en cama, su parto y su difícil salida de la clínica sin sus hijitos. Luego también compartimos mil alegrías que, sin duda, en el momento del abrazo, vinieron a nuestras mentes a la vez!

Fue un momento lindo. Y hoy estoy convencida que la decisión que tomé al abrir este blog es una de las más importantes de mi historia como mamá. Me ha permitido conocer gente maravillosa, y a la vez ayudar a personas que sin conocer les tengo mucho cariño, me ha enseñado, y me sigue retando a mejorar cada día.

Gracias a este espacio vivo momentos como este pequeño detalle que les cuento que pasé con Joyce. Una de mis melli mamás amigas que está en un lugar especial en mi corazón.

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La única foto que pudimos tomarnos a la volada, luego de calmar a nuestros hijos asustados por nuestros llantos de alegría!

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El abuelo que no conocieron

Los mellis no conocieron a su abuelito lito (así llamaban a mi papá todos los nietos chiquitos). No lo conocieron en persona, pero estoy segura que el “Kinwi” que visita a veces a Naelle, es el abuelito lito. Tal vez aún no entienden bien la historia, pero ellos saben de su abue que vive en el cielo y tienen privilegios porque desde allá arriba los cuida todos los días.

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Hace ocho años mi papá falleció y fue tan repentino que nos costó mucho a todos asimilar la pérdida. Creo que nadie está preparado para enfrentar la muerte, y menos la de alguien tan cercano como es un padre. Pero los años me enseñaron que uno puede aprender a vivir con un dolor que muta poco a poco, no se va jamás, pero el dolor cambia, y aunque suene un poco ilógico y redundante, no duele igual.

Recuerdo que cuando mi papá se fue, era sábado y yo había salido de mi casa. Me dieron la noticia y tarde horas en entenderlo. Creía que todo era una confusión, pero la confusión solo estaba en mi cabeza. Miles de preguntas e imágenes tontas invadían mi cabeza y fueron varios días que podría jurar que no salió el sol. Poco a poco fui entendiendo que mi nuevo estado de vida era ese, sin él cerca. No estaría el día de mi matrimonio, tampoco el día en que llegaran los hijos, y menos el día el día que yo tuviera que cuidar de él de viejito. Esas historias que nunca pasaron se alojaban en algún rincón de mi corazón, pero con el pasar del tiempo me di cuenta que sí estuviste a mi lado en cada momento importante, y también en los difíciles.

Cómo no verlo de esa  manera si el día que me confirmaron que estaba embarazada (aún sin saber que serían dos) el doctor sacó su calendario y me dio la fecha probable de parto si los bebes llegaban a término: 13 de septiembre. Es decir, de haber llegado al final del proceso del embarazo, los bebes nacían el día del cumpleaños de su abuelo. Qué más “coincidencia” que esa para entender que no existen las coincidencias pero sí las consecuencias.

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Él está presente, y lo estará siempre. Hoy se cumplen 8 años, y dentro de poco los mellis empezarán a contar las historias divertidas de su abuelo pulgarcito. El que volaba aviones y jugaba con las nubes.

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20 cosas sobre una mamá de doble yema

Hace unos días leí en varios mami blogs que escribían bajo este título: 20 cosas sobre mí. Me gustó el juego porque nos hace conocer más a quienes están detrás de las letras. Y justo ayer, una mami amiga que conocí hace muchos años (y dice ser una mamá imperfecta, pero de imperfecta no tiene nada con sus dos hijos hermosos) me nominó para jugar. Gracias Naty, tus confesiones tu blog “Soy mamá y no me compadezcas” me parecieron genuinas, reales y muy tuyas.

Y aquí vamos con las mías…

1. Podría ser la persona más sentimental sobre la faz de la tierra: Soy llorona desde el minuto uno de mi vida y siento que cada vez me vuelvo más y más sentimental que Laura de Carrusel. Muchas cosas me emocionan al punto de quedarme pensando en eso por días enteros. Y desde que nacieron los bebes, más aún. Me he vuelto un poco más emocional que antes y eso a veces juega en contra porque involucro mucho el corazón cuando a veces debo mantenerme al margen. En fin, tengo el alma de algodón.

2. Soy adicta al chocolate: Creo que si pudiera ir a un concurso de “catadora” de chocolates, me llevaría el premio mayor. Qué pena que sean tan pero tan contribuyentes al rollo power de la panza. Pongo siempre una excusa para salirme de la “dieta” de lunes a viernes para comer al menos un princesa “hace mucho frío: chocolate”, “estoy tristitia: chocolate”, “estoy con la regla: chocolateeeee”. Todo momento es bueno para uno. Así de simple.

3. Cuando los bebes se duermen espero siempre que se vuelvan a despertar: Es algo contradictorio, pero como estoy afuera trabajando todo el día y solo los veo a partir de las cinco de la tarde para jugar un poco, comer y bañarlos para luego dormir, sufro un poco por el poco tiempo que paso con ellos. Estoy muy cansada sí, y a veces quisiera que duerman de corrido para poder descansar, pero casi siempre espero que despierten, cuando caen tempranito, porque es la hora que más quieren jugar porque me ven a mí y a su papá. Disfruto mucho esos estresantes y lindos momentos cuando luchan entre el sueño y querer seguir gastando energía.

4. Tengo un olfato de terror: Puedo olerlo TODO a kilómetros de distancia. Y es algo un poco estresante porque no soporto varios olores que me ponen de mal humor. Uy no, no paso por alto algunos olores y lo peor es que lo digo, no aguanto y me tapo la nariz o saco algo para oler y encaletarla un poco. El olor a lejía oh Dios (cuando mi nana lava y vuelve con ese olor huyo), el olor a vainilla, a estornudo,  a abombado, a trapo sucio y mojado, a aliento de hambre, uy no, lo pienso y me da cosa. Sí, lo sé, uno de estos números de confesiones debería ser “estoy un poco loca”.

5. Colecciono monedas: Cada mes espero que el BCR emita una nueva serie de monedas de un sol. Tengo casi todas, solo me faltan las que salieron en circulación cuando di a luz y las que salieron durante los primeros meses de los mellis. Creo que en esos meses le puse un alto a mi vida cotidiana para adecuarme a mi nuevo estado de mamá mellicera. Me compré hace poco el álbum y nado preguntándole a cada cambista si tiene la de la huaca de la luna o la última que salió hace unos días de la arquitectura moqueguana.

6. Tengo un hijo perruno y uno adoptado: Mi Brunito, que este año cumple 12 años y confieso que me duele un poco porque sé lo que en algún momento tiene que pasar. Falta mucho pero igual me preparo poco a poco aunque me niegue a aceptarlo. Es un perro super activo y saludable felizmente. Hace unos años me encontré un perro y lo recogí, lo adopté y ahora vive en la casa de mis suegros, él es mi Ramón. Recogería cuanto perro pudiera, pero no me alcanza el tiempo ni la plata. Pero siempre que puedo ayudo!!! Es bueno aunque sea aportar un granito de arena.

7. Me duermo en el cine: No sé porqué la verdad, pero sospecho que porque cuando vamos (aún así sea hace mil años que no vamos), vamos muy tarde. Le advierto a mi esposo que me dormiré, me dice que imposible porque es una película muy activa y hay demasiada acción y además no me ve con pinta de tener sueño. Pasan literalmente 10 minutos, y ya estoy roncando. Así es la vida, qué le vamos a hacer.

8. Colgué las llaves del manejo: Solía manejar todos los días desde que estaba en la universidad. No paré y fui en mi primer carro a mi primer trabajo, era feliz con la música a todo volumen pero con el tiempo mi felicidad fue mutando a un estrés sobre natural por la cantidad de bestias al volante. Salí embarazada y decidí dejar las llaves en el tablero. Mi esposo me llevaba todos los días al trabajo y me recogía también, y así hasta el día de hoy. Solo que prefiero regresar en taxi embalada para ver a mi cachorritos.

9. Extraño a mi papá: Hace casi 7 años perdí a mi papá en un accidente de avión. Él era de la Fuerza Aérea y aunque se haya ido al cielo en su ley, es algo que toda la vida me cuestionaré ¿por qué tuvo que irse así como así?. Con el tiempo la herida ha cambiado y ya no arde como antes, pero lo que siempre seguirá igual es el inmenso e infinito amor que siento hacia él. Ya no está aquí, pero me sigue enseñando mucho desde lejos. Y sí, a veces sueño que todo es mentira, y aún duele cuando me despierto. Más en estas fechas, que se celebra el día del padre.

10. Los mellis nacieron una día antes que su papá: Todo estaba planeado para el 25 de agosto (igual antes de tiempo pero los mellizos casi nunca nacen a las 40 semanas), pero ellos decidieron venir al mundo justo un día antes que su papá. Dicen muchos que ya pasó a un segundo plano el celebrar el cumpleaños del papá, pero estoy segura que nos encargaremos de hacer una celebración doble muy bonita cada año. Hasta que los mellis crezcan y vuelen de su nido (pero ni pensarlo porque lloro y aún faltan centurias).

11. Tengo cuatro hermanos: Somos tres mujeres y un hombre en la familia. Yo soy la última y como todos dicen “la más engreída”. Mis papás siempre quisieron una familia grande para podernos acompañar entre todos y así apoyarnos siempre. Ahora mi mamá ya tiene 6 nietos y aún falta que vengan los del hijo hombre, cuántos serán???

12. Soy un poco obsesiva cuando se trata de mis hijos: Sé que no debo tener el control sobre todas las cosas, pero lo siento, ya se me irá pasando. Me mandan fotos de sus platos de comida antes y después de comer, pregunto muchas veces al día si están bien, contentos, si están de mal humor, si hicieron caca, que cómo era la caca, si han dormido, si están llorones, si ya dieron pasitos… creo que es típico de una mamá primeriza, que trabaja.

13. Tengo otro blog: Empecé hace mucho, en el 2009 un blog de otra temática. Era un blog dirigido a mi papá, le escribía a él y siempre contaba anécdotas, y demás. Subía fotos, videos y algunas cosas personales que tenía en la mente. Era como una especia de desahogo emocional. Me ayudó mucho en mi etapa de luto y recuperación. Se llama “hasta en el último rincón” y aún escribo de vez en cuando. Quedó entre los 3 mejores blogs personales en el concurso de los 20 blogs peruanos en el año 2012. Como competí con Policía Chevere de Twitter, me ganó. Pero hice muchos amigos que hasta hoy me escriben y me comentan.

14. Tengo la suerte de tener muchas buenas amigas: Digo muchas porque entran en mis dos manos, contaditas, pero son las reales. Las extraño porque no las veo mucho, menos ahora, pero lo lindo es que siempre que nos vemos, por más que pasen años, la confianza y ganas de contarnos de todo y hablar horas, es la misma. Todas cambiamos, pero nunca dejamos de ser las amigas que siempre fuimos.

15.  Hasta ahora sigo pensando en el momento del parto: Fue un poco chocante para mí el hecho de ir a una cita de control y no salir a mi casa nuevamente. Fue difícil entrar sola a la sala de operaciones y solo estar rodeada de doctores y para colmo, no poder cargar a mis bebés aunque sea un segundo. Pensé que eso estaba un poco superado, pero ahora que se acerca el año, lo estoy reviviendo en mi mente cada día. Aún no lo supero.

16. Creo que tengo algo de TOC: No TOC TOC así como se conoce, sino que soy un poco, no sé cual es la palabra exacta, pero tengo manías de loca a veces. No me gustan los número impares, no me gusta dormir con closets ni cajones abiertos, no duermo con puerta cerrada, nunca paso tijeras, no dejo mails sin leer porque me estresa el numerito que aparece cuando no lees, y mil cosas más que ya no digo porque hasta yo pienso que se me safó un tornillo.

17. Rezo cuando le doy la leche a los bebes: Aprovecho cada segundo del día y para no olvidarme de rezar cuando caigo rendida a la cama, cuando ellos ya están dormiditos y les doy la última leche del día, los miro durmiendo con el biberón en la boquita, les beso la frente y rezo agradeciendo cada minuto a su lado, su existencia y su salud. A veces lloro, pero ya dije, soy una llorona.

18. Me encanta leer: Hace un tiempo tenía como meta leer por lo menos un libro entero al mes. Nada de uno a medias, sí o sí debía terminarlo. Pero luego me fui quedando sin tiempo y ya no pude seguir con esa promesa. Ahora leo cuando puedo. Son muy pocos los momentos pero bueeeeno.

19. A veces soy medio bruja: Me pasa seguido y pienso que tengo algo de “poderes” extrasensoriales. No veo el futuro ni mucho menos, pero sí puedo leer a la gente con solo mirarlos unos segundos. Soy muy perceptiva y puedo llegar a comprender algunas cosas sin que me las cuenten. Y a veces también me ha pasado que presiento cosas a lo lejos, o momentos que aún no pasan. Puede que sea un don, no lo sé. Uuuuu, qué miedo…

20. Siempre doy, a manos llenas: Soy buena. Y no es que sea una blanca paloma, o sino pregúntenle a mi mamá que es la que se lleva la peor parte de mi genio, bueno, y mi esposo (porque dicen que uno revienta más con los que ama más), pero me refiero a que soy muy desprendida. Doy todo lo que tengo y lo que no a gente que creo que lo merece. No espero nada a cambio. Y hoy, que he conocido lo que es realmente el amor, sería capaz de TODO por mis hijos. Les daría todo lo que tengo y lo que no existiera lo inventaría. Ellos lo valen. Será por eso que, una de las 20 cosas que quería poner es que si pudiera dejaría de hacer muchas cosas por estar con ellos todo el día, todos los días, y poder reforzar ese vínculo del que todos hablan, pero es justamente por ellos que todos los días salgo de la casa incluso antes de que me puedan ver y hacerme adiós con su manito mientras los escucho decir: ma ma ma ma.

Bueno… hay muchas otras cosas sobre mí pero no alcanzan en solo 20 puntos. Pero con esto espero que puedan haberme conocido un poco más.