0

Cuando sueño contigo

Ayer soné contigo. Hace mucho que no lo hacía y todavía me acuerdo la primera vez que soñé que te habías ido de viaje mucho tiempo, por cosas de trabajo y que por alguna extraña razón tenías que hacer como de “encubierto” para que nadie te reconociera. La sensación de vacío al despertar fue TAN dura que entendí porqué tal vez me demoré tanto en soñar contigo.

Esta vez no fue muy distinto que digamos. Soñé que nos íbamos a encontrar para almorzar. Yo estaba nerviosa porque ibas a conocer a los mellis por primera vez. Cuando nos encontramos fue todo perfecto, me abrazaste y me hiciste la mayor cantidad posible de comentarios en un minuto. Corriste con mis chinos y los abrazaste. Me dijiste que Naelle era una copia mía, la cara, la sonrisa, esos ojos que hablan por sí solos, y que Marcel también se parecía un poco, pero ella, ella lo hacía retroceder el tiempo y verme a mí. No pudimos hablar mucho, pues en solo unos minutos me dijiste que te estaban esperando, y me abrazaste fuerte pidiéndome una vez más perdón. Yo, como las veces anteriores, me molesté mucho, pero más que molestia era tristeza, una tristeza difícil de explicar, pero esa que te llega hasta los huesos y te hace querer no despertarte nunca, por miedo a lo que vas a sentir, porque en solo unos segundos todo lo lindo que sentías se convirtió en pesadilla, ese preciso momento en el que te das cuenta que habías estado soñando, que no podría ser verdad algo tan perfecto. Y pasó…. abrí los ojos y comprobé que todo había sido un sueño.

Me sequé las lágrimas y me paré para empezar mi día…

Es difícil soñar contigo papi. Una parte de mí, muy pero muy en el fondo, todavía no acepta que ya no estás aquí.

*Después de contar lo que soñé, una de mis hermanas de la vida (esas que siempre se alegran contigo cuando estás alegre, lloran contigo cuando estás triste, y te putean como a hija cuando lo necesitas) me dijo que no debo molestarme ni ponerme triste si soñaba con él. Cuando sueñas con alguien que ya no está es un momento lindo que tienes que aprovechar porque realmente está contigo. Además, me dijo que si le ves la cara es que realmente es él y que generalmente cuando eso pasa lo ves en su mejor versión. Y efectivamente, lo vi joven, tranquilo y feliz… Gracias por ese consejo guey, te quiero….

0

Las mil comparaciones nunca faltan

Muchas veces comenté que no es bueno comparar entre los hijos. Pero a veces es inevitable que lo hagamos. No de manera negativa, claro está, pero si tienes dos hijos, que nacieron a la vez y desde el día “cero” comparaste tallas, pesos, y demás… es más difícil aún.

Me acuerdo que desde que estaban en la panza, yo tenía miedo del síndrome de transfusión fetofetal o el del gemelo evanescente….

  1. El síndrome de transfusión fetofetal (“TTTS”, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la placenta que se desarrolla solo en gemelos monocigóticos que comparten la placenta. Los vasos sanguíneos se conectan dentro de la placenta y desvían la sangre desde un feto hacia el otro. Se produce en alrededor del 10 % de los gemelos que comparten la placenta.
  2. Se trata de la pérdida de uno o más fetos durante las primeras fases del embarazo que, de haber seguido su curso con normalidad y haberse gestado con el otro u otros bebés, habría sido un hermano gemelo. Se calcula que uno de cada ocho embarazos simples (de un solo bebé) es realmente un embarazo múltiple en el que un feto acaba desapareciendo en el útero.

Sé que suena a locura mega máxima de la vida, pero creo que todas las mamás primerizas me van a entender. Tal vez no solo primerizas, sino las “segundizas y tercerizas” también, ESE MIEDO SIEMPRE ESTARÁ PRESENTE. Y es que con nuestros hijos, siempre habrá ese deseo loco y supremo que este TODO bien, para siempre. Pero sabemos que es imposible. Entonces, continuando con la historia, los mellis nacieron un poco en medio de una locura, y para hacer la historia corta (la larga ya está en otro post) tuve mi cita de seguimiento de 34 semanas, los latidos de Naelle estaban bajos, dos vueltas de cordón en el cuello, mi vesícula estaba en la espalda, y tuvieron que nacer así, violento. Y ahí vino la primera diferencia: Marcel pesó 450 gr. más que Naelle, ambos eran chiquitos pero Naelle mucho mucho más. De ahí empezaron las comparaciones de cuantas onzas tomaba cada uno, las veces que hacían caca, cómo era su caca (cuando son bebés todo es caca y leche… ok). Luego la gateadera, la sentadera solitos, la volteada completa, y mucho más.

A pesar que entendía que cada bebé tiene su tiempo, era imposible no verlos a los dos y pensar que el que iba “un poco más lento” tenía algún problema, doctor al teléfono y mamá cacheteándome para que me deje de cosas de una vez por todas. Traté, taré de hacerlo mucho mucho tiempo, pero en el fondo el problema real empezó cuando Marcel lloraba por todo, todo el día y a toda hora, algo le pasaba y yo sentía que algo debía hacer. Naelle reía y jugueteaba y Marcel quería que lo mesan para estar un poco tranquilo y ni cuando tomaba leche estaba tranquilo. Visité a varios doctores luego de que mi pediatra casi casi me mandó medicación a mí. Pero cuando empezó a hacer popó suelta y hasta con unos hilitos rojos ya me empezaron a escuchar (la gente incrédula al corazón que todo lo siente de una mamá asustada). Después de varios análisis y visitas al gastro, el mejor del Perú, Marcel fue diagnosticado con Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (también está en otro post) pero aquí un resumen de lo que es:

La alergia a la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más común en lactantes y niños pequeños, entre un 2% y un 5% de todos los niños padecen esta afección. Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca. La proteína de la leche de vaca suele ser uno de los primeros alimentos complementarios introducidos en la alimentación del lactante y se suele consumir durante toda la infancia como parte de una dieta equilibrada.

Luego de eso, ya pasada la alergia después del primer añito, empezaron las rabietas desmesuradas. Creíamos que se había quedado un poco alterado con todo lo de la alergia, pero muy en el fondo yo sabía que no se trataba de eso. Fui donde una psicóloga, a un neurólogo y todos me decían que era muy pequeño para hacer algún diagnóstico. La conclusión fue que era un niño altamente sensorial y sería muy bueno empezar terapias. ¿Saben qué es un niño sensorial?

Algunos niños parecen tener problemas para manejar la información que reciben sus sentidos: cosas como sonido, tacto, gusto, vista y olor. También hay otros dos sentidos menos conocidos que pueden ser afectados: el primero es un sentido de conciencia corporal, mientras que el segundo implica movimiento, equilibrio y coordinación. Además, los niños con problemas sensoriales pueden ser hipersensibles a la estimulación, poco sensible a la estimulación, o ambos.

Empezamos terapias y mejoró, pero cuando empezamos el nido y ya para el tercer año de nido me comentaron que una evaluación de lenguaje sería un complemento. Él hablaba SUPER bien, y TODO. Es más, ya hasta me hacía pensar cosas porque sabía de la A a la Z con solo 2 años, contaba hasta el 100 y para la sorpresa de muchos, ya había empezado a leer. Hoy, a los 5 años lee cuentos. Es increíble.

El resultado de esa evaluación fue que teníamos que reforzar la parte pragmática de mi chino.

Cuando hablamos de dificultad pragmática del lenguaje nos referimos a los problemas que los individuos tienen en el uso del lenguaje con fines comunicativos. En las aulas, se observa que muchos niños no hablan, es decir, que les cuesta emplear el lenguaje como instrumento para relacionarse con los demás y para formular preguntas, peticiones y aclaraciones sobre el contenido que se imparte en la clase. Habitualmente, los niños con dificultades pragmáticas también presentan problemas en otros componentes del lenguaje, especialmente en el morfosintáctico. En cualquier caso, lo que interesa es establecer si hay algún tipo de relación entre la dificultad del lenguaje en general y la dificultad pragmática en particular (Acosta y Moreno, 2001).

Ya tenemos dos años en terapia de lenguaje. Yo siento que mi chino mejora mucho en ese lenguaje comunicativo que le faltaba, crea historias, inventa cuentos, juega lindo y es el más cariñoso de todos. Pero ahora, mi instinto me dice que ha llegado el momento de hacer esa última prueba que me falta para confirmar un diagnóstico al que le huyo hace mucho tiempo. Sé que es un niño único en el mundo, ahora ya no comparo, y por eso es que me freno a hacerle esa prueba, no sé si quiera etiquetarlo, porque al fin y al cabo eso sería nada más, una simple etiqueta. Pero también, al tener esa respuesta podría ayudarlo a ver cómo enfrentar la vida como viene. Pues esa misma vida no es tan linda y color de arco iris como es para él a sus 5 años. Cuando tenga 12, 15 o 20 será distinta.

…pero lo diré… quise escribir esto hace mucho tiempo, y no sabía cómo hacerlo porque la verdad es que tengo miedo. Todos los caminos conducen a lo mismo, al parecer mi chino tendría Asperger, pero de alto funcionamiento, una vez me dijeron que sería casi casi como un niño “savant” (o sabio como se le conoce normalmente). Pues  tiene todas las características para pensarlo, tiene facilidad para aprender idiomas, ama las matemáticas y es un capo con los cálculos, se sabe fechas de todo, tiene memoria fotográfica increíble (yo no entiendo como se puede saber las placas de los carros de mis hermanas, cuñados, sobrinos, etc), tiene facilidad para las artes como la música por ejemplo (toca piano, y canciones que aprendió con solo ver a su profesor un par de veces), y podría detallar mil cosas más.

Marcel a solo 3 días de nacido

Y la verdad de todo, es que si tiene o no tiene, no es lo importante, lo importante como ya lo dije, es que hay que saber cómo nos enfrentaremos al mundo de mañana, juntos. Porque con o sin esa etiqueta, siempre será el regalo más lindo que me mandaron del cielo junto con Naelle, y lo mejor de todo es que saldrá adelante poniéndonos en cualquier caso y escenario.

Así que, pronto más detalles sobre este y otros temas que me super interesan. He leído mucho, así que hay HARTO que contar.

5

Un día especial

Todavía me acuerdo la vez que el doctor me dijo la fecha probable de parto. Entré al consultorio con el corazón a mil con la sonrisa más grande que jamás creí posible. Agarró su calendario y empezó a sacar cuentas: “en teoría, si todo va bien y llegas a las 40 semanas, deberías dar a luz el 13 de septiembre”. La enorme sonrisa se volvió sorpresa, la sorpresa pasó inmediatamente al llanto. Pero no al llanto de tristeza, sino de emoción, de esa emoción que solo sientes algunas veces en la vida en las que te das cuenta que no existen las casualidades, sino que todo tiene un porque que por más que no lo entendamos en el momento, cuando pasa el tiempo lo aceptas, y lo quieres. Si mis hijos completaban el tiempo normal de gestación, nacían el día que nació mi papá.

Mi papá era ese tipo de personas que podía hacer 100 cosas a la vez sin cansarse; el único capaz de renegar sonando “chistoso”; era alguien que podía, literalmente, llegar a comerse una torta entera él solo y seguir con ganas de dulce. Hasta ahora, cada vez que me encuentro con alguien que lo conocía el comentario empieza con “uy, tu papá era terrible…”, y es que SIEMPRE tenía las palabras exactas para sacar de la tristeza al más deprimido, para preocuparse de manera “divertida” por cosas realmente tontas, de poner apodos especiales y crear juegos en los momentos más “oportunos” como por ejemplo un velorio y hacer estallar de risa a un grupo de desconocidos. Pero así como terrible, también tenía un corazón de oro, no por nada mi abuelita decía que él era “su hijo de oro”; siempre ayudando y queriendo hasta con la última fibra de su corazón. Sobre todo a su familia.

Dicen que las personas especiales, y que tienen pase directo al cielo, nacen y mueren el mismo mes. Y mi papá es uno de esos casos, pues hoy se cumplen 10 años que se fue y hace dos semanas, hubiera sido su cumpleaños. Todo en el mismo mes. Qué suerte la mía y la de mis mellis de tener un abuelo que tiene un sitio privilegiado allá arriba, desde donde los cuida, los protege y les lanza dardos aniquiladores a las momias y fantasmas que les quieren robar los sueños bonitos en las noches.

Ellos no lo conocieron en persona, pero saben que su abuelito David tenía un avión, y una vez voló tan alto que se quedó jugando con las nubes y decidió mudarse por un tiempo. Desde allá, él sigue cada uno de sus pasos y ellos lo saben. Es su abuelito pulgarcito.

1

Mi otro blog

Empezamos un mes difícil para mí. Creo que ya lo he contado en oportunidades anteriores, pero si tuviera que enumerar 50 cosas “caletas” sobre mí, empezaría por contarles sobre mi primer blog. Ese que abrí hace casi 8 años cuando mi papá falleció. Ese blog que empezó como una terapia y terminó siendo una ventana para conocer gente mágica, un mundo diferente (el de los blogs) y un primer paso para lo que ahora se llama #mamádedobleyema. Ese blog que todos conocían como “hasta en el último rincón“.

Así como hay meses hermosos, llenos de vida y celebraciones, hay otros que parecen tener el poder de congelarlo todo, incluso un poco el corazón. Y es que llegar al mes en el que celebramos “la vida y nacimiento” de mi papá, y solo dos semanas después recordar el día de su muerte, duele. Y duele aunque pasen 100 años creo yo.

Recuerdo exactamente el día que dejé de escribir casi a diario en mi otro blog, si bien siempre me preguntaban si no sentía que “ataba” a mi papá por escribirle, o que no lo dejaba ir en paz, no pensaba de esa manera aunque parezca lógico. A mí me hacía sentir bien el escribir sobre él, el recordar momentos lindos a su lado y contarle al mundo sus aventuras en la tierra. Pero un día alguien me miró a los ojos y me dijo “para que seas mamá, primero tienes que dejar de ser hija”. No había entendido la frase hasta que la pensé, la asimilé y la interioricé.

Lo más difícil fue enfrentar los “si hubiera”, porque yo hasta el día de hoy por ejemplo, siempre pienso en el “si los mellis hubieran conocido a su abuelo”. Es que creo que es natural que una se pregunte eso. Él se fue antes de tiempo, sin duda. Yo no entré a la iglesia de su mano, y tampoco estuvo conmigo dándome un beso en la frente antes de entrar a la sala de partos para dar a luz. Nunca vi su cara de felicidad con la noticia de que estaba embarazada, ni tampoco escuché las bromas que hubiera hecho al enterarse que eran dos. Son muchos “si hubieran” en mi vida. Pero todo depende de uno mismo. En superarlos y llenarlos de nuevos recuerdos, de tratar de contar la vida del abuelo a través de historias fantásticas y de fotos lindas que ilustren a ese mágico ser que me dio vida.

Así como cuando uno escucha la frase perfecta en el momento perfecto, recuerdo también lo que me dijo un ángel en la tierra, una de esas personas que son solo hablar parecen estar cantando. Sin saber nada de fechas ni momentos complicados, me dijo que solo las personas especiales, y quienes tienen pase directo al cielo, son las que nacen y mueren en el mismo mes. No hay duda, por ningún lado que lo veamos, que mi papá no sea un ser especial.

Sin más, este es un mes muy feeling en todo sentido. El 13 de Setiembre cumpliría un año más en este mundo, pero el 27 también cumple un año más de haberse subido a su avión para volar a un viaje sin retorno. Hasta eso, se presta para los cuentos lindos con los que están creciendo mis hijos. Siempre escuchan de su abuelito David, el que vive en el cielo y los cuida desde allá arriba.

No hay texto alternativo automático disponible.

0

Yo no soy una mamá práctica

A veces me gustaría ser un poco más práctica, como tantas veces me lo repiten por ahí. Dejar los miedos de lado y las preocupaciones para después. Vivir un poco el día a día sin pensar en los problemas que vienen con ellos. Ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Renegar menos y reír un poco más. Pero hoy, se me hace un poco difícil.

Mi vida dio un giro brusco cuando nacieron mis hijos. Fue el momento más hermoso pero el más difícil a la vez. Creo que una se prepara para traer sus hijos a un mundo que está muy lejos de ser perfecto, pero si podemos evitar que conozcan sus obstáculos al menos por un tiempito, no está mal, o sí? Ellos nacieron antes de tiempo, no los tuve en mi pecho ni bien nacieron ni tampoco los escuché llorar al segundo que salieron de mi panza, estuve sola durante la operación y finalmente, no me los llevé a mi cuarto esa misma noche. Ellos conocieron el mundo tal cual es desde su primer día de vida: difícil y a veces amargo.

Desde aquel día, soy una mamá nerviosa, ansiosa, un poco estresada, preocupada, con miedo, distintos tipos de miedo, y si a esas características le sumamos el cansancio, falta de sueño, trabajo de oficina y deberes en casa, el resultado es una mamá como yo.

Una mamá poco práctica, que no disfruta de unas vacaciones como bien se conocen (en la playa o en un paseo familiar), porque si bien son “vacaciones” para muchos, para ella representa un constante estado de alerta: desde el momento de hacer dos maletas con todo tipo de ropa, botiquín de medicinas básicas, cosas de comer, comodidades para que no estén aburridos y no tener que escucharlos en concierto a la vez; hasta cuidar segundo a segundo que no se acerquen mucho a la piscina, o al mar, que no se coman la arena, que no les caiga mucho el sol, que no se queden con ropa mojada, que no pase ninguna “cuatri” cerca de ellos, que no hablen con extraños, que no se metan arena al ojo… y miles de cosas más. Todo a la vez y multiplicado por dos. Esas son vacaciones?

Soy esa mamá que cuando va al parque lleva todo en la mochila porque puede ser necesario. Y no le importa cargarla por muchas cuadras y metros empujando un coche con más de 30 kilos encima (por el peso de los dos juntos) a cambio de tener la tranquilidad que sus hijos estarán seguro y contarán con lo necesario. De las que llegan al parque y corren con ellos, los ayudan a pasar el pasa manos, a subir las escaleras difíciles y a ayudarlos a levantarse cuando se tropiezan. Que corren a algún lugar cercano, limpio y seguro para hacer “la pichi” cuando piden (en caso niña), o siempre llevan su vasito a la mano para cualquier urgencia (caso niño). A caso hay algo de malo en tener todo a la mano por si es necesario? Eso no es ser poco práctica señores, es ser precavida. Y algo más, a caso le hago daño al mundo siendo así?

Me encantaría que esas personas que me juzgan de “poco práctica” o tal vez un poco “renegona”, pasen un día en mis zapatos. No justifico que a veces esté de mal humor por el mundo, pero sí creo que puede ser comprensible. A mí, me encantaría estar en mi trabajo siendo 100% productivo con la cabeza íntegramente metida en mis cuadros y coordinaciones, pero mi sentido maternal no me deja. Siempre pendiente de si ya llegaron al nido, si los recogieron, si comieron bien, si hicieron la siesta, si van a ir al parque, si le pusieron bloqueador. Mi cabeza no para.

Soy esa mamá que describí arriba, pero también soy esa mamá valiente, que trabaja por darles lo mejor a sus hijos hoy y mañana, que corre a la salida del trabajo para tirarse al suelo con ellos a crear mil aventuras, que les da de comer y los baña uno por uno (a pesar de solo pensar en su cama y el libro que hace meses tiene en la mesita de noche), esa mamá que cuando la noche lo permite hace dormir a uno por uno y les da el besito en la frente antes de dormir, esa mamá que se ríe y sueña con ellos. Soy esa mamá que lucha y pasa la página cuando le piden ser un poco más práctica de cuando en cuando. Soy esa mamá que aprendió que sus vacaciones duran poquito, pero cada vez que puede las toma: yendo al baño sola, viendo una película de principio a fin, hablando por teléfono con una amiga que no ve hace mucho, en un café con sus amigas, recostando su cabeza en la almohada con una lamparita al lado para avanzar al menos un capítulo de “ese” libro que dejó olvidado, esas con vacaciones cortas, pero de calidad.

Entonces, no soy de esas personas prácticas que a pesar de los mil giros de la vida siguen relajadas porque saben que nada malo pasará (realmente los admiro), están alegres por siempre, cantan cuando caminan y gozan de sus trabajos a plenitud porque es lo mejor que tienen en la vida. Yo soy una mamá nerviosa que aprende cada día a ser mejor. Total, de eso se trata no? De nunca dejar de aprender a ser mejor.

La imagen puede contener: una persona

0

Mis melli-mamás

Esto de tener un blog es reconfortante por donde lo veamos. Yo empecé con uno dedicado a mi papá, era como una terapia porque le escribía a él, y aunque no me leyera, yo me sentía bien porque desahogaba de una forma bonita. Pues escribir los recuerdos a su lado, anécdotas y algunas historias que no logramos vivir porque se fue antes de tiempo, me hacían sentir más cerca de él.

Luego llegaron los mellis, y aunque sigo escribiendo con menor frecuencia en el otro espacio, “mamá de doble yema” nacía lenta y tranquilamente. Escribía mis dudas, averiguaba respuestas, conocía gente increíble y sentía que poco a poco lograba reunir a más mujeres que estaban en la misma etapa que yo. O también, algunas que se encontraban en el punto en el cual me encontraba yo hacía unos meses: la lucha interna por estar calmadas sin pensar en lo peor y así poder tener un bebé. Mujeres especiales, lindas y de corazón transparente empezaron a llegar poco a poco a mi vida. Yo me sentía feliz porque estaba ayudando de una u otra manera a más mujeres. Es un sentimiento hermoso.

Es así como llegó Joyce, una “futura mamá mellicera” en ese entonces. Tenía dudas y también temores porque aún estaba con los bebes en la panza y todo era incierto. La acompañé durante todo su embarazo, y muchas veces quedamos en vernos para conversar en persona, pero por una u otra razón, ninguna podía el día que acordábamos. El día del nacimiento llegó sin previo aviso. Los bebes se adelantaron y pasaron algunos días difíciles, Bruno salió antes de la incubadora, pero Kiara aún se quedó unos días más. Cómo olvidar ese día que Joyce salió de la clínica sola con su esposo, los mellis tuvieron que quedarse y ella irse a casa con los coches, y con las manos vacías. No habían bebés en sus cunas y llantos de media noche. La ilusión de Joyce había decaído un poco. Yo trataba de darle ánimos y ese mismo día que salió de alta intenté ir a verla. Pero como siempre, algo pasó. Me sentía tan identificada con ella, solo quería que pasaran los días y que por fin esté con sus hijos en los brazos.

Un año más tarde tuve la idea de crear un grupo en Whatsapp bajo el nombre “Melli mamás”, aquí empezamos solo 3: Joyce, Claudia y yo. Claudia es una mami que conocí también en el doctor, lo máximo. Pero a Joyce aún no la conocía en persona, ya más de un año de hablar y hablar por teléfono que era extraño no haberla visto jamás. Este chat creció y ahora somos 5 melli mamás que compartimos dudas, alegrías, momentos lindos y también difíciles. Es un gran soporte porque realmente el mundo mellicero es realmente TODO UN MUNDO que solo las mamás que alguna vez tuvieron 3 corazones latiendo a la vez, lo entienden.

Resulta que pasó más de un año y nunca nos conocimos en persona, los bebes cumplieron su primer añito y no pudimos ir por algún resfrío inoportuno. Los míos cumplieron dos años y los mellis de Joyce no pudieron ir porque ella no se pudo escapar temprano del trabajo. Cosas de la vida que uno no entiende.

Pero como todo en esta vida está construido por causalidades y no casualidades, todo ya estaba escrito y con un plan para conocernos mucho más lindo. Hace unas semanas, cuando estaba en una ludoteca con mis chukis, se abre la puerta y entra un chico con un bebé en brazos queriendo bajar a correr, yo lo conocía, los conocía a los dos de algún lugar, esperé para ver quién estaba detrás de ellos y simplemente se me abrieron los ojos, dejé de jugar con el carrito que le estaba mostrando a Marcel y corrí con los brazos arriba como una loca total, no me salían las palabras ni podía cerrar la boca, la vi y me vio, y las dos gritamos juntas. Luego de eso, y con las miradas clavadas en nostras (incluso la de nuestros hijos y esposos) nos abrazamos… y lloramos… sí, lloramos como dos niñas porque es un cariño especial, una conexión distinta que por fin de tangibilizó en un sincero abrazo lleno de cariño y alegría. Pasamos muchas cosas juntas, desde todo su embarazo, sus días en cama, su parto y su difícil salida de la clínica sin sus hijitos. Luego también compartimos mil alegrías que, sin duda, en el momento del abrazo, vinieron a nuestras mentes a la vez!

Fue un momento lindo. Y hoy estoy convencida que la decisión que tomé al abrir este blog es una de las más importantes de mi historia como mamá. Me ha permitido conocer gente maravillosa, y a la vez ayudar a personas que sin conocer les tengo mucho cariño, me ha enseñado, y me sigue retando a mejorar cada día.

Gracias a este espacio vivo momentos como este pequeño detalle que les cuento que pasé con Joyce. Una de mis melli mamás amigas que está en un lugar especial en mi corazón.

14468547_10153926901373443_7965024677790359195_o

La única foto que pudimos tomarnos a la volada, luego de calmar a nuestros hijos asustados por nuestros llantos de alegría!

3

El abuelo que no conocieron

Los mellis no conocieron a su abuelito lito (así llamaban a mi papá todos los nietos chiquitos). No lo conocieron en persona, pero estoy segura que el “Kinwi” que visita a veces a Naelle, es el abuelito lito. Tal vez aún no entienden bien la historia, pero ellos saben de su abue que vive en el cielo y tienen privilegios porque desde allá arriba los cuida todos los días.

papi

Hace ocho años mi papá falleció y fue tan repentino que nos costó mucho a todos asimilar la pérdida. Creo que nadie está preparado para enfrentar la muerte, y menos la de alguien tan cercano como es un padre. Pero los años me enseñaron que uno puede aprender a vivir con un dolor que muta poco a poco, no se va jamás, pero el dolor cambia, y aunque suene un poco ilógico y redundante, no duele igual.

Recuerdo que cuando mi papá se fue, era sábado y yo había salido de mi casa. Me dieron la noticia y tarde horas en entenderlo. Creía que todo era una confusión, pero la confusión solo estaba en mi cabeza. Miles de preguntas e imágenes tontas invadían mi cabeza y fueron varios días que podría jurar que no salió el sol. Poco a poco fui entendiendo que mi nuevo estado de vida era ese, sin él cerca. No estaría el día de mi matrimonio, tampoco el día en que llegaran los hijos, y menos el día el día que yo tuviera que cuidar de él de viejito. Esas historias que nunca pasaron se alojaban en algún rincón de mi corazón, pero con el pasar del tiempo me di cuenta que sí estuviste a mi lado en cada momento importante, y también en los difíciles.

Cómo no verlo de esa  manera si el día que me confirmaron que estaba embarazada (aún sin saber que serían dos) el doctor sacó su calendario y me dio la fecha probable de parto si los bebes llegaban a término: 13 de septiembre. Es decir, de haber llegado al final del proceso del embarazo, los bebes nacían el día del cumpleaños de su abuelo. Qué más “coincidencia” que esa para entender que no existen las coincidencias pero sí las consecuencias.

papi-y-yo-3

Él está presente, y lo estará siempre. Hoy se cumplen 8 años, y dentro de poco los mellis empezarán a contar las historias divertidas de su abuelo pulgarcito. El que volaba aviones y jugaba con las nubes.