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Las mil comparaciones nunca faltan

Muchas veces comenté que no es bueno comparar entre los hijos. Pero a veces es inevitable que lo hagamos. No de manera negativa, claro está, pero si tienes dos hijos, que nacieron a la vez y desde el día “cero” comparaste tallas, pesos, y demás… es más difícil aún.

Me acuerdo que desde que estaban en la panza, yo tenía miedo del síndrome de transfusión fetofetal o el del gemelo evanescente….

  1. El síndrome de transfusión fetofetal (“TTTS”, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la placenta que se desarrolla solo en gemelos monocigóticos que comparten la placenta. Los vasos sanguíneos se conectan dentro de la placenta y desvían la sangre desde un feto hacia el otro. Se produce en alrededor del 10 % de los gemelos que comparten la placenta.
  2. Se trata de la pérdida de uno o más fetos durante las primeras fases del embarazo que, de haber seguido su curso con normalidad y haberse gestado con el otro u otros bebés, habría sido un hermano gemelo. Se calcula que uno de cada ocho embarazos simples (de un solo bebé) es realmente un embarazo múltiple en el que un feto acaba desapareciendo en el útero.

Sé que suena a locura mega máxima de la vida, pero creo que todas las mamás primerizas me van a entender. Tal vez no solo primerizas, sino las “segundizas y tercerizas” también, ESE MIEDO SIEMPRE ESTARÁ PRESENTE. Y es que con nuestros hijos, siempre habrá ese deseo loco y supremo que este TODO bien, para siempre. Pero sabemos que es imposible. Entonces, continuando con la historia, los mellis nacieron un poco en medio de una locura, y para hacer la historia corta (la larga ya está en otro post) tuve mi cita de seguimiento de 34 semanas, los latidos de Naelle estaban bajos, dos vueltas de cordón en el cuello, mi vesícula estaba en la espalda, y tuvieron que nacer así, violento. Y ahí vino la primera diferencia: Marcel pesó 450 gr. más que Naelle, ambos eran chiquitos pero Naelle mucho mucho más. De ahí empezaron las comparaciones de cuantas onzas tomaba cada uno, las veces que hacían caca, cómo era su caca (cuando son bebés todo es caca y leche… ok). Luego la gateadera, la sentadera solitos, la volteada completa, y mucho más.

A pesar que entendía que cada bebé tiene su tiempo, era imposible no verlos a los dos y pensar que el que iba “un poco más lento” tenía algún problema, doctor al teléfono y mamá cacheteándome para que me deje de cosas de una vez por todas. Traté, taré de hacerlo mucho mucho tiempo, pero en el fondo el problema real empezó cuando Marcel lloraba por todo, todo el día y a toda hora, algo le pasaba y yo sentía que algo debía hacer. Naelle reía y jugueteaba y Marcel quería que lo mesan para estar un poco tranquilo y ni cuando tomaba leche estaba tranquilo. Visité a varios doctores luego de que mi pediatra casi casi me mandó medicación a mí. Pero cuando empezó a hacer popó suelta y hasta con unos hilitos rojos ya me empezaron a escuchar (la gente incrédula al corazón que todo lo siente de una mamá asustada). Después de varios análisis y visitas al gastro, el mejor del Perú, Marcel fue diagnosticado con Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (también está en otro post) pero aquí un resumen de lo que es:

La alergia a la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más común en lactantes y niños pequeños, entre un 2% y un 5% de todos los niños padecen esta afección. Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca. La proteína de la leche de vaca suele ser uno de los primeros alimentos complementarios introducidos en la alimentación del lactante y se suele consumir durante toda la infancia como parte de una dieta equilibrada.

Luego de eso, ya pasada la alergia después del primer añito, empezaron las rabietas desmesuradas. Creíamos que se había quedado un poco alterado con todo lo de la alergia, pero muy en el fondo yo sabía que no se trataba de eso. Fui donde una psicóloga, a un neurólogo y todos me decían que era muy pequeño para hacer algún diagnóstico. La conclusión fue que era un niño altamente sensorial y sería muy bueno empezar terapias. ¿Saben qué es un niño sensorial?

Algunos niños parecen tener problemas para manejar la información que reciben sus sentidos: cosas como sonido, tacto, gusto, vista y olor. También hay otros dos sentidos menos conocidos que pueden ser afectados: el primero es un sentido de conciencia corporal, mientras que el segundo implica movimiento, equilibrio y coordinación. Además, los niños con problemas sensoriales pueden ser hipersensibles a la estimulación, poco sensible a la estimulación, o ambos.

Empezamos terapias y mejoró, pero cuando empezamos el nido y ya para el tercer año de nido me comentaron que una evaluación de lenguaje sería un complemento. Él hablaba SUPER bien, y TODO. Es más, ya hasta me hacía pensar cosas porque sabía de la A a la Z con solo 2 años, contaba hasta el 100 y para la sorpresa de muchos, ya había empezado a leer. Hoy, a los 5 años lee cuentos. Es increíble.

El resultado de esa evaluación fue que teníamos que reforzar la parte pragmática de mi chino.

Cuando hablamos de dificultad pragmática del lenguaje nos referimos a los problemas que los individuos tienen en el uso del lenguaje con fines comunicativos. En las aulas, se observa que muchos niños no hablan, es decir, que les cuesta emplear el lenguaje como instrumento para relacionarse con los demás y para formular preguntas, peticiones y aclaraciones sobre el contenido que se imparte en la clase. Habitualmente, los niños con dificultades pragmáticas también presentan problemas en otros componentes del lenguaje, especialmente en el morfosintáctico. En cualquier caso, lo que interesa es establecer si hay algún tipo de relación entre la dificultad del lenguaje en general y la dificultad pragmática en particular (Acosta y Moreno, 2001).

Ya tenemos dos años en terapia de lenguaje. Yo siento que mi chino mejora mucho en ese lenguaje comunicativo que le faltaba, crea historias, inventa cuentos, juega lindo y es el más cariñoso de todos. Pero ahora, mi instinto me dice que ha llegado el momento de hacer esa última prueba que me falta para confirmar un diagnóstico al que le huyo hace mucho tiempo. Sé que es un niño único en el mundo, ahora ya no comparo, y por eso es que me freno a hacerle esa prueba, no sé si quiera etiquetarlo, porque al fin y al cabo eso sería nada más, una simple etiqueta. Pero también, al tener esa respuesta podría ayudarlo a ver cómo enfrentar la vida como viene. Pues esa misma vida no es tan linda y color de arco iris como es para él a sus 5 años. Cuando tenga 12, 15 o 20 será distinta.

…pero lo diré… quise escribir esto hace mucho tiempo, y no sabía cómo hacerlo porque la verdad es que tengo miedo. Todos los caminos conducen a lo mismo, al parecer mi chino tendría Asperger, pero de alto funcionamiento, una vez me dijeron que sería casi casi como un niño “savant” (o sabio como se le conoce normalmente). Pues  tiene todas las características para pensarlo, tiene facilidad para aprender idiomas, ama las matemáticas y es un capo con los cálculos, se sabe fechas de todo, tiene memoria fotográfica increíble (yo no entiendo como se puede saber las placas de los carros de mis hermanas, cuñados, sobrinos, etc), tiene facilidad para las artes como la música por ejemplo (toca piano, y canciones que aprendió con solo ver a su profesor un par de veces), y podría detallar mil cosas más.

Marcel a solo 3 días de nacido

Y la verdad de todo, es que si tiene o no tiene, no es lo importante, lo importante como ya lo dije, es que hay que saber cómo nos enfrentaremos al mundo de mañana, juntos. Porque con o sin esa etiqueta, siempre será el regalo más lindo que me mandaron del cielo junto con Naelle, y lo mejor de todo es que saldrá adelante poniéndonos en cualquier caso y escenario.

Así que, pronto más detalles sobre este y otros temas que me super interesan. He leído mucho, así que hay HARTO que contar.

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Terminamos PK (Pre Kinder)

Este fue el primer año de los chinos en el cole grande. Después de 3 años en el nido, su segunda casita, en salones chiquitos, con dos profesoras especialmente para ellos y todo chiquito y más personalizado (así son todos los nidos del mundo) entraron a otro mundo y el resultado no fue tan terrible como esperaba.

Creo que a la mayoría de mamás les debe pasar algo parecido: nosotras somos las más angustiadas antes, y durante todo el año en el colegio, mientras ellos aprenden, hacen amigos y se divierten todos los días. Y es que de verdad confiar a nuestros hijos, todo el día en un lugar distinto, con personas distintas, angustia. Pero así es la vida.

Como escribí hace unos días en Instagram, pasamos por tres años lindos en el nido, y este año lo hicimos una vez más: pudimos con los cumpleaños de dos salones, con dobles chats en el whatsapp, con tareas dobles, con disfraces de un día para otro sin confundir salones, con las semanas especiales, con la creatividad para ver las sonrisas de mis chinos llevando sus trabajos al salón, con las reuniones de padres de familia, con las reuniones personales una tras otra para entrega de informes, con las llamadas paralizantes para avisar una caída o un golpe, con los contagios típicos del cole, con todo eso y mucho más. Terminamos el año con “A” y con super buen pronóstico para entrar a Kinder 2020. Ya para el 2021 empieza lo REALMENTE bueno, primaria! Eso sí es ooootro mundo.

Muchas mamás me preguntan si los tengo en el mismo salón, y sino, ¿por qué no? Pues aquí va el detalle.

Los chinos empezaron el nido al año 4 meses. Los matriculé en talleres de verano para que se adapten más rápido al año regular de nido, conozcan a sus amiguitos y profesoras, y empiecen a relacionarse más con el ambiente. Además, al ser una mamá de oficina es algo que ayuda mucho. Pero como estaban chiquitos aún, pedí por favor que empezara en el mismo salón, eso les ayudaría tanto a ellos como a mí (el golpe de separación de la casa y angustia porque estén en un lugar desconocido sin su abuelita o personas de la familia atentos a ellos las 24 horas del día, angustia). Fue así por los los primeros dos años. Durante el segundo año de nido, las profesoras y algunas psicólogas me recomendaron que los separara, pues cada uno debía ser independiente, tener sus propios amigos, y saber que la relación de hermanos no era igual a ser siameses (parar juntos y pegados todo el día). Eso construiría y afianzaría aún más sus propias personalidades, gustos, preferencias, etc. Además, en el colegio sí o sí estarían en salones diferentes y ya solo les faltaba un año para pasar a él. Entonces a los 3 años empezaron en salones distintos. Fue chocante, pero más para mí. Tener dos profesoras, 30 mamás, 30 niños y fechas diferentes para entrega de tareas, exposiciones y más! Ellos, felices. Cada vez que llegaba a la casa cada uno me hablaba de sus amigos, y que los dos se veían en el recreo y lo más bonito era que, como estaban en un salón al lado del otro, a veces se veían por la ventana solo para ver que estaban bien. Al final del año ya estaban listos para irse al colegio. De hecho las cosas cambiarían un poco más, un poco más de niños por salón, un lugar más grande que su nido, otro tipo de rutinas, etc. Si bien es pre kinder aún, ya están en las ligas mayores pero cuando entraron ya sabían que irían a salones diferentes. Dejarlos cada mañana y ver cómo se despedían diciéndose “te veo en el recreo” me llenaba de felicidad porque sentía que estaban creciendo, y creciendo bien. Ya en la tarde, en su casa, juegan juntos, se ríen juntos y hacen todo juntos como hermanitos. 

Creo que es normal tener miedo a decidir si separarlos o seguir lo que siente el corazón de mamá cuando quiere que estén juntos y protegiéndose entre ellos siempre, pero lo que debe primar por sobre todas las cosas, es su crecimiento como seres humanos individuales en el mundo. Si no somos nosotras quienes los ayudamos, ¿quién? y una mamá fuerte es esa mamá que los empuja a hacer lo que tal vez no es muy cómodo (ni para ellos ni para nosotras), como las vacunas, el corregirlos cuando hacen algo mal, y tantas otras situaciones que nos esperan en este largo y lindo camino de la maternidad.

Felizmente, somos muchas para ayudarnos y darnos fuerzas entre nosotras ¿no?

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Cuando la heroína pierde su capa

Creo que esta semana se me perdió la capa de Mujer Maravilla. La he buscado en todas partes y simplemente parece haber desaparecido, o tal vez, alguna mano “traviesa” decidió esconderla para jugarme una mala pasada algunos días, pero ya estuvo bueno creo, suficiente por esta semana ¿no? A veces no basta con solo tener pensamientos positivos, porque pienso que es necesario algo de gris para ponerle giros “interesantes” al cuento. Pero tan seguidos a veces cansa, y hasta ya empieza a parecer extraño.

El año pasado pude sobrellevar muy bien el tema de ser mamá con horario de oficina y sentirme totalmente capaz (con o sin capa), ahora se me está haciendo más complicado, y creo que la razón es que la vida, los años, el nido, las tareas, las responsabilidades y todo, crece. Y no es muy difícil entender que todo lo que crece tiende a complicarse de algún modo. La rutina se acomoda y se puede sostener un tiempo y una se siente increíble, todopoderosa y super fuerte: que venga todo que aquí estoy al pie del cañón para soportarlo con fuerza. Pero cuando golpea la ola que viene escondida, caes, y duele.

Es así como ayer me di cuenta de mi primera falta, y fue entonces cuando miré mi espalda y me di cuenta que no me había puesto mi capa. Esa que mis hijos admiran todos los días, la que cada vez que buscan ayuda la tienen en la mente, esa que me caracteriza y hasta con sarcasmo me impulsa a MÁS. La que guardo en la cartera al llegar a la oficina y me pongo cuando llego a la casa; de vez en cuando la miro para que nadie me la haya robado, eso sí, es la más envidiada de todas. Pero esta semana la perdí en algún lugar, y me dolió. Debo reconocer que me dolió.

Pero una mamá-super héroe también se cansa, baja las alas, guarda la capa y solo quiere dormir. Y solo algunas veces las noches son las largas y el tiempo para HACER queda corto: firmar las agendas del nido, poner las mudas de ropa correctas en la mochila, armar la lonchera y dejar todo listo para la mañana, el regalo del cumpleaños del niño de la semana, dar la medicina en el horario completo. Todo eso pasa cuando una noche es más larga por culpa del sueño, y de una capa perdida.

Lo bueno de todo esto, es que que aunque cueste, y duela un poco haber sido “la peor”, siempre hay oportunidad de hacerlo mejor, ordenar el horario y sacarle provecho a lo que no funcionó. Entonces, me sacudí un poco, solo un poco porque realmente todavía me queda algo de esa sensación de “cómo fue posible”, y traté de hacerlo de nuevo. Y creo que esta vez salió mejor. Vamos a dejar la capa en un lugar visible, y tener algunas de repuesto en caso de emergencia.

Aunque no sería mala idea tener también un antifaz. Podría usarse en casos de MÁS emergencia.

🙂

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¿Por qué con ella?

Buscando en mis recuerdos, y en las miles de historias y experiencias que tengo para contar, me encontré con algo raro pero lindo. Un ejercicio que deja un gran mensaje y lo mejor de todo, es que se puede hacer en cualquier momento, o lugar. Sobretodo, después de un día un poco difícil en el que las cosas no salieron como esperabas y el cielo no se abrió para ti como otros días.

Cuántas veces nos la hemos desquitado con “ella”; cuántos gritos, malas caras, críticas y hasta rechazos y mandadas a la misma mierda nos ha aguantado “ella”? Cómo es que no dudamos ni un segundo en decirle las cosas sin filtro sin temor a herir sus sentimientos o a sonar duras y sin corazón? Por qué con ella, todo parece más sensible y más nos provoca seguir y seguir diciendo una por una “sus verdades”.

¿Cuál es la verdadera razón por la que seríamos así de crueles con esa persona que nos encontramos cada vez que nos miramos al espejo? Estoy segura que jamás en la vida le diríamos cosas de ese calibre a una amiga, a una hermana, a nuestras mamás, creo que ni siquiera a una desconocida. ¿Ejemplos? Yo no podría decirle a nadie “qué mala madre eres. Te vas a trabajar todo el día y en la noche a veces solo quieres salir con amigas, o leer, o ver una película”. Menos aún le diría a alguien “crees que eres buena persona, pero en realidad eres una persona débil, y por eso te dicen que eres buena”. Simplemente, no me imagino diciéndole esas cosas a nadie.

Y aquí viene lo bonito de esto, agarra una foto tuya de niña, mírala y dile a esa niña todo lo que le dices a quien te acompaña en el espejo: que será una mala madre, floja, que solo va a renegar y renegar, que nadie la aguantará, que puede ser que se quede sola, que no hará nada bien, y todo lo que se te venga en gana.
¿Puedes?
¿Quieres?

¿Difícil no? Apunta hacia ella, mírala a los ojos y dile TOOOOODO lo que en realidad sientes. Estoy segura que estaba escondida, ahora la ya la tienes aquí, delante tuyo. Y la pregunta cambia: ¿Por qué somos tan crueles con nosotras mismas? Yo, no lo sé. Pero en este momento, solo me abrazo y prometo hacer las paces con la del espejo.

marite1

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A cuidar los alimentos, se viene el verano

Hace unos días nos fuimos a almorzar a la calle con los chicos. Primero nos aseguramos que comieran e la casa lo que siempre les cocinamos con las mejores condiciones; son más especiales para comer que lo que yo hubiera imaginado, por eso siempre les doy cosas que los alimenten y así luego en la calle no me hago problemas si es que no comen. Llegamos al restaurante y Marcel comió papitas y un vaso enorme de chicha. Naelle, nada.

En el carro, ya camino al parque para corretear, Marcel empezó a quejarse de la panza “me pica mi panza mamá. Me pica”. Yo pensé que estaba fastidiado porque ya no está durmiendo en las tardes, así que traté de cambiarle el tema hasta que llegamos al parque. Me bajé del carro, para sacarlo de su silla y revisarle la pancita, y antes de llegar a su puerta “JUACATE”, todo el almuerzo para afuera. Lo saqué asustada, pue son hay nada que me asuste más que la fiebre y el vómito en mis hijos, y traté de ayudarlo a calmarse un poco para poder cambiarlo.

Le di mil vueltas y repasos a todo lo que había comido para ver qué le pudo caer mal. Hasta hoy, creo que el sol, que ya empieza a salir en estos días, descompone toda la comida de manera hiper rápida. Por eso hay que tener mucho cuidado con la manera en que guardamos los alimentos en la refrigeradora. Y hay todo un mundo detrás de este tema, por ejemplo, yo no tenía idea que incluso dentro de las refris, la temperatura varía constantemente, y esto afecta directamente los alimentos que están dentro de ella.

Esta semana me invitaron a probar los beneficios de la nueva “LG Linear Top Freezer” y gracias a esto es que aprendí un poco más sobre cómo cuidar los alimentos, sobre todo en la época más caliente del año donde todo, se descompone rápidamente. Si comparamos alimentos frescos en un refrigerados convencional con este que tiene una fluctuación de temperatura más uniforme y con menor rango de variaciones, a los 7 días podemos ver que el color no ha variado mucho, la consistencia tampoco, e incluso no han perdido ni tamaño, peso ni forma.

Esta refri tiene un mecanismo en la puerta que se llama “Door Cooling”, el cual permite que la uniformidad de la temperatura enfríe 35% más rápido que un sistema convencional. Es decir, ese ducto de aire en la misma puerta permite que todo el interior, y la brecha antes de salir a la intemperie, sea mucho más parejo. Además de esto, una de las características que me pareció excelente es que el sistema “Hygiene Fresh” es un filtro que elimina bacterias en un 99% y minimiza los malos olores que tal vez puedan desprender las carnes, o los alimentos que guardamos luego de cocinar.

La mejor noticia para los ahorradores, es que con este sistema hay un mejor ahorro de la energía porque al tener menos puntos de fricción reduce el consumo energético y además produce menos ruido (nulo realmente).

Creo que cuando uno empieza a ser independiente, le da mucho más importancia a este tipo de cosas. Cuando investigo un poco más acerca de los electrodomésticos para mi casa y mi familia, pienso en mi mamá. Cuánto nos parecemos a ellos cuando se trata de darles lo mejor a nuestro hijos. Por ahora, yo le enseñaré mi refri nueva, para ver si la convenzo y cambia la suya que ya cumplió su ciclo de vida, y suena como carcacha vieja.

Mira el producto en el siguiente enlace:
http://www.lg.com/pe/refrigeradoras/lg-LT41WGP
http://www.experienciaslg.com.pe/

#RefrigeradorasLG #LGTopFreezer #LinearT/F

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Los temidos “retrocesos” en niños de 3 años

Este ha sido mi primer mes como mamá con horario de oficina después de un tiempo. Creo que fue incluso más difícil que la primera vez que regresé a trabajar luego de mi post natal. ¿Por qué lo sentí tanto esta vez? La respuesta es sencilla, mis hijos están más grandes y ahora pueden decirme fácilmente “mamá no quiero que te vayas”, lo cual antes no sucedía porque seguro me extrañaban, pero ni siquiera ellos sabían que eso era extrañar.

Ahora que ya vamos un mes, puedo respirar un poco más tranquila porque ya nos estamos adaptando a la nueva rutina. Pero sí que está costando, y confieso que por unas horas pensé en tirar la toalla y volver, estuve preocupada. Los niños a veces muestran su desagrado con alguna situación de maneras que no entendemos, y en esta familia múltiple, el que me hizo tambalear y dudar de mis decisiones fue Marcel. De buenas a primeras empezó a hacer cosas que ya no hacía antes, y yo lo veía como un retroceso, y empecé a pensar lo peor.

Resultado de imagen para regresiones en los niños

Como siempre, caí en el gravísimo error de consultarle a “San Google” y la verdad que fue 300 veces peor. Por eso siempre recomiendo NO buscar cosas en internet por más que nos estemos desmayando de curiosidad, a la larga terminamos más confundidas de lo que empezamos. Pero bueno, lo hablé con sus misses en el nido y con la terapeuta que le da terapia ocupacional dos veces a la semana y por fin entendí.

¿Cómo es que empecé a notar el cambio? Pues, empezó a hacerse la pila en el pantalón pero, no porque se le escapara, lo hacía adrede y mirándonos a los ojos. Me empecé a dar cuenta que generalmente lo hacía cuando le llamaban la atención: Marcel, hijito no agarres esto; Marcel, por favor no grites; Marcel, por favor juega bien con tu hermana y no la jalonees. Volteaba, clavaba los ojos en su “víctima”, abría la piernas, y empezaba. Pasó de ser preocupante, a preocupante + estresante + desesperante. Me lo hacía en la casa, en el nido, en el centro comercial, en el parque. Fue por eso que consulté y lo que me dijeron cobró totalmente sentido: Marcel estaba manifestando su molestia porque su mamá no estaba en casa de esa manera, para llamar la atención, para decirnos que él estaba molesto por ese cambio. Luego empezó a dormir mal por las noches, e incluso a veces despertaba diciendo: Mamita ayúdame, no me dejes. Esta es la parte más dolora de toda la historia. En sus sueños, él me reclamaba, cosa que no podía hacer cuando estaba despierto. Pero por fin, me lo estaba diciendo, él no quería que yo lo dejara. Y yo, me sentía un poco más mala mamá.

Conversando al respecto con las personas que me ayudaron a aclarar un poco el panorama, me comentaron puntos bien interesantes: Y es que existen muchas razones por las que el niño de repente vuelve a su primera etapa. De repente un día, el niño que ya no usaba chupón lo vuelve a pedir, y puede que los papás se molesten un poco pero esto es un error. El niño lo que está pidiendo muchas veces con esta actitud es más atención por parte de sus padres.

Entre las razones de por qué sucede esto y se produce una regresión en el niño, están:

– La llegada de un hermanito: aparecen los celos y el niño mayor intenta captar la atención de los padres, que en ese momento se están volcando más con el cuidado del recién nacido.

– El miedo a crecer: la regresión se sucede sobre todo entre los 3 y 5 años, momento en el que el niño deja de ser tan niño. Suele coincidir con el comienzo de su etapa en preescolar. De pronto se le exigen una serie de tareas, como a los adultos, y el niño siente temor al fracaso.

– Comienza a ir al colegio: y aparece el miedo a lo desconocido. El mundo de los adultos le asusta y prefiere volver a su primera etapa, cuando era un bebé y apenas se le exigía nada.

– La muerte de un familiar: cuando el niño es muy pequeño, no entiende el significado de la muerte. Si de pronto desaparece de su vida alguien con quien el niño tenía mucha relación, se puede sentir desorientado. La regresión es en este caso una forma de búsqueda de esa persona que acaba de perder.

– Problemas en la relación entre los padres: cuando el niño no encuentra estabilidad en el hogar y presencia constantes peleas, aparece el temor y la inseguridad. Y algunas veces se manifiesta de esta forma, con una marcha atrás del aprendizaje adquirido hasta ese momento.

Las causas pueden ser muchas, todas o ninguna. Puede que tal vez el niño necesite respirar un poco y decir “aguanta que no me quiero estresar”, para luego continuar con su evolución y crecimiento natural. Y lo mejor que podemos hacer para ayudar a un niño que está pasando por esta difícil situación, está aquí:

– Evitar decir frases negativas como ‘pareces un bebé, y tú ya eres mayor para hacer esas tonterías’.

– Jugar más con él. Dedicarle más tiempo. Muchas veces solo es eso lo que quieren, piden y necesitan “más tiempo de sus padres”:

 

– No regañarles ni enfadarse con el niño. Es molesto tener que empezar de nuevo con el control del pis o tener que corregirle de nuevo cada vez que habla como cuando tenía dos años, pero hay que ser paciente.

– No imitarle. No usar las palabras que él usa para sentirse de nuevo ‘bebé’. Corregirle pero sin molestarnos.

Y es así como poco a poco Marcel fue empezando a pedir de nuevo cuando quería ir al baño a hacer “pichi”, felizmente solo pasó con eso y no con la caquita, creo que eso si hubiera sido más difícil. Pero como todo en esta vida, es una etapa, estamos saliendo de ella, y estoy segura que se vienen más retos, pero de hecho, con mucha paciencia, ganas y con la más grande de las fuerzas, saldremos adelante.

Sé que no soy mala mamá, yo trabajo para ellos, para darles lo mejor, pero soy de carne y hueso. A veces me pongo triste y me cuesta un poco ver las cosas desde el lado brillante del arco iris, pero felizmente después todo se ve más claro.

 

 

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Etapas de crecimiento: los terroristas 3

Cuando algunas mamis me preguntan si a los 3 años la cosa se hace “menos difícil”, no sé muy bien cómo enfocar mi respuesta. No es que quiera desanimarlas y decirles que todo se complica, pero sí les quiero ser sincera con todo el corazón. “La cosa no se hace más ni menos difícil, es que cada etapa tiene sus cositas”. Esa es la verdad.

Si bien los primeros meses de vida, el asunto está en agarrar el truco con los horarios y vivir en paralelo tu vida, los días parecen no ser muy diferentes entre ellos: leche, caca, pañales, y siestas. Uno que otro llanto por ahí pero así se pasan por lo menos los primeros 4 meses. Luego, la introducción de la comida. Después llega la etapa del gateo y de la sentadera como porfiados que se caen hacia los lados, luego entramos a los básicos 1, en donde la mayoría se suelta a caminar, hace sus primeros berrinches, y aprende sus primeras palabras pero agárrate con lo de la caminadera porque simplemente se creen chaskis y van por el mundo sin medir los peligros. Pasamos por los terribles 2, que ahora entiendo que se les dice “terribles” porque el niño se cree adulto y empieza a refutar, cuestionar, renegar y trata de hacer valer sus opiniones y gustos a como dé lugar. Está aprendiendo el límite de sus acciones y se sabe YA una personita individual con TODAS las letras. Y ahora en mi caso estamos en los “terroristas 3”, que les digo terroristas porque realmente lo son.

En mi mundo mellicero estamos por esa parte de la vida de los niños en la que solo quieren jugar y hacer lo que se les venga en gana. Aquí ponen a prueba los límites de la paciencia humana para no sucumbir ante ellos y sus “ordenes” de enanos de la vida. Nunca pensé que el mundo se podía acabar a un ser humano simplemente porque le di su comida en el plato de Peppa cuando ellos querían el de Paw Patrol. O nunca imaginé que podía arruinarle el día entero si es que el huevo revuelto salía un poco más amarillo que de costumbre. Historias realmente de terror cobran vida en los terroristas 3.

Pero también es una etapa muy rica. Ellos están aprendiendo todo sobre el mundo y la gente que lo rodea. Se empiezan a cuestionar cosas más profundas y parecen tener hambre de saber. Aquí los papás tenemos todo un reto porque es ahora donde se empieza a formar sólidamente su personalidad. Ellos ya saben que son seres humanos independientes de sus padres, pero es por eso que tenemos que tener más control aún, sobre todo si se trata de algún tipo de peligro que los aceche.

Sin ir muy lejos, ahora ellos saben que pueden correr a la velocidad que ellos mismos se propongan, y sus habilidades motoras lo permitan, meterse por rincones que tal vez imaginen como pasillos secretos, pueden crear y dejar volar su imaginación sin límites. Así como también, conocen la fuerza que tienen y es ahora que nos toca enseñarles cosas tan simples y básicas como: no tirar las cosas, no pegar por ningún motivo, no empujar, no jalar. Y en mi caso, como tengo dos, es una escuelita 24 horas. Entre los dos, se pelean y se aman al segundo entonces hay que tener mucho, pero MUCHISIMO ojo con eso. Sino, nos pasa lo que nos pasó ayer y casi muero de un infarto a las 9 pm.

Antes de dormir, se les ocurrió la brillante idea de curar “al trencito”, y mi china últimamente, ahí flacucha como se le ve, está agarrando una fuerza que nadie entiende, le pidió a su hermano jugar al tren y dar vueltas al rededor de la mesa. Al principio todo bien, pero bastó con que él mirara a otro lado para que ella tratara de enderezar al tren del cuello de su pijama y él, a pesar que estaba riéndose, se tambaleó, y como por azares del destino, se cruzó el perro y Marcel se tropezó cayendo justo de cara a la pata de la silla de madera. Se agarró la carita con un grito y enseguida vino el llanto desconsolado. Corrí como un cuete y lo cargué para examinarle la cara, no dejaba de llorar y juro que vi el preciso instante que una parte de su cachetito (felizmente debajo del ojo y no en él) se fue poniendo moradito y se hinchó un poco. Vi la evolución y yo solo quería salir corriendo a la clínica.

Felizmente papá Lalo estaba, y me pidió al toque que sacara hielo de la heladera y esperamos primero a que se calme un poco, y con algunos jueguitos hicimos que se ponga el hielo por algunos segundos, para descansar un tiempo y otra vez poner el hielo. Es bueno siempre tener una bolsa de gel de agua para cualquier emergencia. Las venden en farmacias.

Luego le puse “hirudoid”, un clásico en cremas que es necesario tener en el botiquín de la casa. Creo que es una crema milagrosa porque lo que tenía moradito mi chino, que pintaba para ponerse verde al día siguiente, realmente no escaló tanto y aunque aún sigue un poco hinchado y de color más oscurito que su piel, no es nada enorme ni que se note a distancia. Gracias a Dios las medidas que tomamos fueron las correctas. Pero es así como pasan los accidentes, por eso tenemos que ponerle 100 ojos a los peques a TODA edad.

En conclusión, cada edad es un mundo de retos, historias y aprendizajes que nos hacen entender un poco más cómo es la vida. Nosotros también pasamos por cada una de esas etapas, nuestras mamás podrán dar fe de ello. Entonces, a lo hecho pecho, apechuguemos y sigamos adelante que salimos de los terroristas 3 y qué viene después… ¿tal vez los terremotos 4? No lo sabemos, pero vamos por más, así es más divertido ¿no?