Cuando la heroína pierde su capa

Creo que esta semana se me perdió la capa de Mujer Maravilla. La he buscado en todas partes y simplemente parece haber desaparecido, o tal vez, alguna mano “traviesa” decidió esconderla para jugarme una mala pasada algunos días, pero ya estuvo bueno creo, suficiente por esta semana ¿no? A veces no basta con solo tener pensamientos positivos, porque pienso que es necesario algo de gris para ponerle giros “interesantes” al cuento. Pero tan seguidos a veces cansa, y hasta ya empieza a parecer extraño.

El año pasado pude sobrellevar muy bien el tema de ser mamá con horario de oficina y sentirme totalmente capaz (con o sin capa), ahora se me está haciendo más complicado, y creo que la razón es que la vida, los años, el nido, las tareas, las responsabilidades y todo, crece. Y no es muy difícil entender que todo lo que crece tiende a complicarse de algún modo. La rutina se acomoda y se puede sostener un tiempo y una se siente increíble, todopoderosa y super fuerte: que venga todo que aquí estoy al pie del cañón para soportarlo con fuerza. Pero cuando golpea la ola que viene escondida, caes, y duele.

Es así como ayer me di cuenta de mi primera falta, y fue entonces cuando miré mi espalda y me di cuenta que no me había puesto mi capa. Esa que mis hijos admiran todos los días, la que cada vez que buscan ayuda la tienen en la mente, esa que me caracteriza y hasta con sarcasmo me impulsa a MÁS. La que guardo en la cartera al llegar a la oficina y me pongo cuando llego a la casa; de vez en cuando la miro para que nadie me la haya robado, eso sí, es la más envidiada de todas. Pero esta semana la perdí en algún lugar, y me dolió. Debo reconocer que me dolió.

Pero una mamá-super héroe también se cansa, baja las alas, guarda la capa y solo quiere dormir. Y solo algunas veces las noches son las largas y el tiempo para HACER queda corto: firmar las agendas del nido, poner las mudas de ropa correctas en la mochila, armar la lonchera y dejar todo listo para la mañana, el regalo del cumpleaños del niño de la semana, dar la medicina en el horario completo. Todo eso pasa cuando una noche es más larga por culpa del sueño, y de una capa perdida.

Lo bueno de todo esto, es que que aunque cueste, y duela un poco haber sido “la peor”, siempre hay oportunidad de hacerlo mejor, ordenar el horario y sacarle provecho a lo que no funcionó. Entonces, me sacudí un poco, solo un poco porque realmente todavía me queda algo de esa sensación de “cómo fue posible”, y traté de hacerlo de nuevo. Y creo que esta vez salió mejor. Vamos a dejar la capa en un lugar visible, y tener algunas de repuesto en caso de emergencia.

Aunque no sería mala idea tener también un antifaz. Podría usarse en casos de MÁS emergencia.

🙂

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