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Bebé1 y Bebé2

Estar dos semanas en cama, con la orden de pararte lo menos posible, aburre un poco. Pero basta con el simple hecho de pensar que tienes un corazón (o más) latiendo en tu panza para que todo, absolutamente todo valga la pena.

Pasé esos días un poco nerviosa por el sangradito que tuve, el que confundí con regla los primeros días. Y a pesar que el doctor decía que todo estaba bien y que ese descanso era solo por precaución, yo me cuidaba el doble (sin saber aún que estaba doblemente embarazada). Trabajé desde mi casa y en los ratos libres empecé a pensar y volar hacia los miles de momentos lindos, y también difíciles, que iba a vivir los próximos meses, años… una vida nueva completamente.

Llegaron las 6 semanas de embarazo y estaba con el corazón a mil. Era el día de mi primera ecografia, día en que sabría cuántos corazones tenía adentro. Confieso que los días previos era una loca en potencia con miles de «y si???» en la cabeza: y si no late su corazón? y si no hay nada y solo fue una confusión? y si está en la trompa? y si no está implantado? y si… y si… y si… al final el día llegó y me acuerdo cómo me desperté ese día. Me vestí como si fuera a conocer al amor de mi vida (mi esposo obvio), me pinté, me planché el pelo y me puse mi mejor perfume. Tenía la cita más importante de mi vida! Iba a conocer el amor de verdad.

Cuando llegué al consultorio me senté, le di la mano a Lalo y simplemente respiré hondo mil veces y conté hasta 100. «Alarcón, Maria Esther»,  me paré como un resorte y entré casi corriendo directo al ecografo. No podía esperar ni un minuto más. Me eché aún temblando de la emoción mezclada con nervios y justo cuando empecé a ver una bolsita negra en la pantalla el doctor me dice «anda al baño. Tu vejiga está llena y no se puede ver muy claro», noooooooooooooooooooooo puede ser!!! dije por dentro. Me metí como cuete al baño y creo que hice la pila más larga de la historia. No terminaba de salir la condenada y yo ya quería verlo todo!

Escuchaba que afuera el doctor, el ecografo y mi esposo cuchicheaban algo que no se entendía. Bueno, me eché de nuevo y empezó todo. Varios minutos de silencio mientras examinaba mil cosas que yo ni sabía qué eran hasta que habló: «este es el bebé1… escucha su corazón», un caballito galopante me decía hola a través de la pantalla. Empecé a llorar de la emoción, un latido que no era el mío estaba ahí! Lo podía ver, lo podía escuchar. Era tan real como yo.

Ni cuenta me di que me había dicho bebé1, solo escuchaba ese hermoso corazón palpitar y palpitar, no podía parar de llorar hasta que por fin entendí todo cuando dijo «ahora vamos a tu otro bebé». Eran dos bebés! El segundo se escuchaba un poco más lejos pero solo era por la ubicación, todo estaba perfectamente bien y sus latidos fuertes, claros y con un ritmo excelente. Bebé1 y Bebé2 tenían corazones, el inicio de toda vida.

«SON DOS???», dijimos Lalo y yo a la vez. Siempre creímos que esa era una posibilidad, pero al menos yo la creía muy lejana, igual él. Si habíamos luchado tanto por un bebé, era posible que Dios nos premie con dos??? Pues sí, la vida a veces es tan sorprendente que una vez más me enseñó que así como te quita, también te da mucho. De eso se trata el vivir, de no reclamar y solo esperar.

Fui al baño a cambiarme, sin poder quitarme la sonrisa de la boca, aún secándome las lágrimas entré al baño dando las gracias. Esas gracias que nunca jamás dejaré de dar cada día que me levante hasta el final de mis días.

«Ya sabíamos que eran dos incluso cuando entraste al baño. Las bolsitas estaban claramente colocadas, hasta el papá se dio cuenta y lo hablamos cuando te fuiste al baño. Además, te dije que yo pensaba que era más de un bebé», me decía el doctor mientras yo trabaja de caer en cuenta que tendría no un bebé, sino dos! No importaban si eran dos hombres, dos mujeres o uno de cada uno. Eran mis bebés sean lo que sean. Mi mente volaba y solo quería salir disparada, abrazar a Lalo y contarle a mi mamá y mis hermanas. A pesar que no les contaba mucho ellas sabían que esto era algo que hacía un tiempo buscaba.

Lo bueno recién empezaba. «Ahora sí, mientras más bebes, más cuidado así que a cuidarse al extremo», me repetía una y otra vez el doctor. Y es por eso que llevé un embarazo «tranquilo», dentro de todo. No me puedo quejar porque nauseas jamás, mareos y vómitos tampoco. A mí me tocaron cosas un poco extrañas que ya iré contando de a pocos. Y bueno, todo fue lindo hasta las últimas dos semanas que «la dulce espera» ya no fue nada dulce para ser sincera.

Nos fuimos a la casa sabiendo que sería complicado pero no imposible. Y comprobé que cuando uno desea con el corazón, todo lo demás (molestias, dolores y males) quedan atrás. Tenía a penas 6 semanas y ya los había conocido. No tenían forma alguna, pero sí tenían vida y eran míos. Mis hijos estaban empezando desde cero a crecer, a convertirse en personitas reales que pronto tomarían decisiones por ellos mismos.

Mis hijitos empezaban a crecer en mi panza, y esa fue la mejor sensación que he sentido y estoy segura que sentiré en mi vida. Yo los cuidaba y protegía. Vivían en el lugar más seguro que existe para ellos. Era simplemente magia. No cualquiera tiene tres corazones en algún momento de su vida…

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Bebé1: Marcel – Bebé2: Naelle

 

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Confesiones a mitad de semana

Hace poco más de una semana le di vida a este blog. Me quedé sin trabajo, como quien no quiere la cosa, antes de volver de mi post natal y esto me impulsó a que de una vez por todas cuente mi historia.

Una historia que tiene como protagonistas a dos seres humanos que crecieron en mi panza por poco más de 7 meses (tenían tantas ganas de conocerme que les llegó todo y se adelantaron un pocotón). Una historia que, estoy segura, puede ser la misma historia de muchos ojos que silenciosos leen estas líneas. Una historia que primero tuve que asimilar, digerir y contar, porque no es tan fácil confesar que buscaste bebe por mucho tiempo y nada.

Pasé por muchos momentos incómodos hasta ahora, pero con el tiempito que llevo siendo mamá aprendí que una mujer no es «menos» mamá por haber recibido ayuda para concebir. Una mujer no es «menos» mamá por no haber tenido leche. Una mujer no es «menos» mamá por no haber traído a sus hijos al mundo por parto natural… y muchísimas cosas más.

Una mujer es mamá desde el momento que su corazón, su mente y su cuerpo entero desean serlo. Pero nuestra sociedad es tan extraña que se ha encargado de hacer creer lo contrario.

Cuando supe que tendría mellizos ya sabía a lo que me enfrentaba. Preguntas y más preguntas (algunas sin ninguna mala intención y otras súper intencionadas) vendrían sin parar y yo tendría que estar preparada para responderlas de la mejor manera.

Una vez superada esa etapa del «miedo a que me tilden como menos mamá» pude decir todo tal cual pasó. Incluso muchas personas cercanas me dicen «cómo es que no sabía nada de esto? Pensé que me tenías confianza», a lo que yo siempre respondo que no es un tema de confianza, sino de superación.

Ahora puedo decir con orgullo por todo lo que pasé, con orgullo mostrar y contar sobre esas marcas que dejó la batalla. Digo con orgullo porque el resultado final es simplemente el mejor: Naelle y Marcel.

Y si con esto, puedo ayudar en algo al menos a esas mamás ocultas que tanto desean tener un bebé en sus brazos (sea de la manera que sea), mi reto por fin estará cumplido.

Ser mamá empieza en el corazón, no en la panza.

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Dos rayitas azules

Era el tercer día del año y no podía dejar de lamentarme de mi suerte. Una vez más, el sueño de ser mamá y ver las dos rayitas azules en la prueba casera se hacía borroso y más lejano. Salí del baño y llamé a mi esposo para que me ayude a asimilar la noticia: «me vino la regla… tengo algo más que no han descubierto. No puede ser… no vamos a ser papás».

Ya no era necesario esperar al 4 de diciembre para sacarme los análisis de sangre. Era obvio que la regla había llegado y con ella también la mala noticia. Ya era hora de volver a Lima y dejar atrás la celebración del nuevo año en la playa. A pesar que Lalo insistiera en hacernos la prueba, yo no lo veía necesario. Era momento de pasar la página y volver a empezar.

Desde el carro llamé al doctor y fue inevitable romper en llanto mientras hablaba con él:

Doctor, me vino la regla.
– Uy… no te preocupes. Vas a ver que la siguiente de todas maneras sale. Yo te dije que todo podía pasar y que era muy difícil que se lograra a la primera. Hay parejas que lo intentas muchísimas veces de este modo.
–  Yo sé… pero me pone muy triste igual. Hay forma de que me haya venido pero igual estar embarazada? Vale la pena hacerme la prueba?
– Si te ha venido rojo, rojo, no vale la pena… ya la próxima serán buenas noticias. Ven el lunes para empezar nuevamente con todo.

Durante todo el camino hablamos de eso. Yo ya no sabía si quería seguir intentándolo de esa manera o dejarlo simplemente al destino. Si la vida quería que tenga hijos los tendría, y si no, pues hay muchos niños que necesitan una familia, y fue lo mismo que me dijo Lalo. Lo veía tan seguro y tranquilo que me ayudaba mucho escucharlo. Tenía que ser fuerte y levantarme una vez más. Él insistía en que ya no intentemos de esa manera, siempre mencionaba que era un gran esfuerzo y no era nuestra realidad gastar miles y miles de soles en intentos para ser papás.

Al día siguiente, después de una noche casi sin dormir pensando en lo mismo, él me dijo que por mi felicidad y tranquilidad él haría lo que fuera. Agarró su computadora y sacamos cuentas. Lo intentaríamos las veces que yo quisiera. Me sentí muy feliz de estar ambos en la misma página y había decidido dejarlo todo al destino. Si el mes que viene nos daban ganas de intentarlo así nuevamente, así sería y si no, pues ya llegaría el momento.

A pesar de eso, él seguía insistiendo:

– Pero… de verdad te ha venido la regla?
– Que sí Lalo. No estoy embarazada.
– Es que me parece raro porque no te has quejado mucho.
– No. Simplemente ni ganas tengo de quejarme… 

Pero sí, en el fondo ni me había dado cuenta pero no me había bajado casi nada en 2 días. Era una regla un poco rara, pero para mí, era regla al final.

– Enanita, a mi mamá le vino la regla cuando estaba embarazada.
– Lalo, no insistas. No estoy embarazada. Ya me está molestando tu insistencia.

El domingo fuimos a pasar el día a donde mis suegros y de regreso, ya en la noche me entró la duda.

– Paras en la farmacia un ratito?
– Para?
– Quiero comprar algo…
– Pero qué?
– Nada, solo quiero ir a ver algo…
– Pero dime qué!
– Una prueba de orina!!!
– Ya ves!!! Estás embarazada!
– No, yo no creo. Pero tanto insistes que me entró la duda… ya veremos pero sea cual sea el resultado prométeme que haremos como si nada.
– Te lo prometo…

Con el miedo más escalofriante del mundo lo hice. Esperé solo unos segundos y me rendí. Dejé la tirita al lado del lavatorio y salí molesta.

– Te dije. Ahora aguántame! Es negativo.
– Pero por qué! Qué salió?
– Solo una raya…
– Yo veo dos…
– Hay una sola raya Lalo! No insistas por favor!
– Es que hay dos! La segunda es bajita pero son dos! Nos fuimos a dormir prometiendo que sea cual sea el resultado al día siguiente en la prueba de sangre no nos podíamos hundir ni mucho menos. Nos abrazamos y estoy segura que ambos cerramos los ojos con una sonrisa.

Las "rayitas"... y atrás Lalo leyendo las instrucciones por quinta vez

Las «rayitas»… y atrás Lalo leyendo las instrucciones por quinta vez

Al día siguiente (lunes 6 de enero – bajada de reyes), me hice los análisis muy temprano. Fue el día más largo de la historia humana. Los resultados saldrían a partir de la una de la tarde y aún así revisaba la página cada media hora… PENDIENTE… no salían aún. Hasta que el reloj me avisó que la 1 de la tarde había llegado. Y como todo pasa cuando tiene que pasar, la página se colgó. Llamé a la central y me comentaron que se les había caído la red y que los resultados demorarían 1 hora más… GIVE ME A BREAK! No era posible!

Esperé y llamé a Lalo para entrar juntos esta vez. Si él veía que decía 0.11 o algún número menor a 5 quería que él me lo dijera. No quería verlo con mis propios ojos. Pero él no me contestó, estaba en una reunión de trabajo. Lo haría yo sola…

Le di click a los resultados y ahí estaba. Un cuadro con números frente a mis ojos y yo sin querer leerlos. Veía la pantalla de reojo con una mezcla de sentimientos increíble. Luchaba con querer ver y no querer a la vez, hasta que clavé la mirada directo al resultado: 647.90

Fue un momento increíble. Lleno de emoción, esperanza, felicidad pura. Quería explotar y lo hice, llamé al futuro papá y le dije entre lágrimas que ya! Que por fin seríamos papás! Salió de su trabajo y me recogió para ir a la cita. No podíamos creerlo… era real??? No habría visto mal??? Era demasiado increíble haber visto ese número mayor a 5 por fin!

Al entrar al consultorio el doctor me recibió confundido. No entendía mi cara de felicidad cuando hacía unos días le había llorado en el teléfono, «qué pasó? De qué me perdí?». Vio los resultados que le entregué y todo quedó claro. Tenía ya 3  semanas de embarazo y ese sangrado muchas veces ocurre en la etapa de implantación.

Después de muchas indicaciones y una que otra receta soltó esa frase que hasta hoy recuerdo tal cual: «bueno, felicidades futuros papás… y por el número de HCG podría apostar que ahí hay más de un bebe».

Ahora, debíamos esperar 3 semanas más para la primera ecografía y ver cuántos corazones latían junto al mío.

La aventura recién empezaba…

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Antes de los mellis

…continuación del primer post

Había optado por la inseminación, y si hubiera sido por mí en ese mismo momento me la hacía. Pero había que solucionar un problema primero. Tenía un quiste en el ovario izquierdo y este debía desaparecer. No era posible, quería tener hijos y el tratamiento para el quiste era con anticonceptivos! En fin, esperar un ciclo más era como hacerle una raya más al tigre. Empecé el tratamiento y antes de culminar el periodo el quiste había desaparecido. Todo estaba listo para ese siguiente gran paso!

El tema de la inseminación no era tan rápido como yo pensaba. Primero había que esperar estar en el segundo día de regla para empezar con todo. Cómo demoraba la condenada en llegar! Se me hizo un periodo más que eterno. Finalmente llegó y vino lo bueno.

Mi problema primario era que «al parecer» no estaba ovulando de la manera correcta. Pues a pesar que me venía la regla es muy probable que existieran meses en los que ningún óvulo se asomara por mis trompas en el día 14 o 15 como en la mayoría de casos. Es por eso que en estos tipos de problemillas se usa mucho la estimulación ovárica, que no es nada más que un poquito de ayuda para ovarios flojos como los míos.

No todas tenemos la suerte de ser exactas cual reloj, pero este es un ejemplo de ciclo perfecto…

Unas pastillas por 5 días seguidos harían que mis ovarios trabajen un poquito más y así puedan producir más folículos que luego liberarían a los famosos y tan buscados óvulos. Una mujer puede ovular de los dos ovarios a la vez y más de un óvulo por ciclo (de ahí vienen los mellizos, trillizos, cuatri, quinti… y yo me muero un poco de solo pensarlo). Luego de eso vendría el seguimiento: cada dos días ecografias para ver cómo iban esos folículos. Me acuerdo que cada vez que íbamos al consultorio era como estar a punto de ver a mi bebé a través de esa máquina. Deseaba tanto que hayan tres buenos folículos para que por lo menos uno de esos tres pueda dar un buen ovulito que esperaría para ser fecundado. «Parece que vas a dar 2 folículos buenos. Competencia de ovarios para ver cual libera al óvulo primero», me decía el doctor.

Para ayudarlos a crecer un poco más me mandaron algunas inyecciones directo a la panza. Vale la pena unos segundos incómodos, con solo pensar en el objetivo final. Ahora solo quedaba esperar un poco y dejar a los ovarios chambear. «¿Qué más puedo hacer para ayudarlos doctor?», el hombre se reía y me decía que solamente me relaje. Qué difícil! Decirle eso a mi estresada cabeza no ayudaba en absoluto, pero decidí hacer caso. Esos días se hicieron más llevaderos en el spa con faciales y masajitos relajantes.

Poco a poco se acercaba más el día 14 (día en el que yo creía que ya tenía que estar ovulando) pero nada. Mis folículos seguían creciendo pero nada de reventar para liberar al óvulo. Llegamos al día 16 y simplemente quería meterme una aguja y reventar yo misma a este par de pesados. Día 18 y 19 y nada aún. Y como una siempre cree que «San Google lo sabe todo», empecé a buscar y leer casos de folículos vacíos, folículos que nunca reventaban y miles de cosas locas que me atormentaban peor. El doctor me dijo que me deje de cosas y que no me vaya a los extremos. «Hay mujeres que ovulan más hacia el día 21!», me decía. Y es por eso que algunas personas que no son regulares tienen tantos problemas para encontrar bebes, porque ellas piensan que sus días fértiles son alrededor de los días 14 y no es así. Cada cuerpo es un mundo totalmente distinto. Individuales y únicos.

Llegamos al día 21 y ya! Los folículos habían alcanzado su máximo tamaño y y estaban listos para reventar y liberar a los óvulos. Para asegurarnos que reventaran me mandó una ampolla que estimulaba la liberación del óvulo en 24 o 36 horas. A las 24 horas aún no reventaban… yo moría de desesperación y pensaba si así era esta angustiante espera, cómo serían los días para saber si esta vez el resultado sería positivo! A respirar hondo nada más.

El doctor con solo verme la cara ya sabía lo que pasaba por mi cabeza. «Marite está todo perfecto, esto solo quiere decir que hoy en la noche ya se liberan los óvulos. Tú, tranquila». El día había llegado, si fuera el método natural natural, me hubiera dicho que tenga relaciones ese día y el siguiente para asegurarnos que los espermas lleguen a los óvulos y con suerte uno de los dos se logre con éxito. Pero yo quería ir más a lo seguro. Por eso procedimos en ese mismo momento con la inseminación.

Es casi lo mismo, solo que en la inseminación se introduce por medio de una canulita el semen del hombre.  A veces el ph de la mujer es tan ácido que mata la mayor cantidad de espermas que encuentre a su paso. Como dijo el doctor «la mayor asesina de espermas es la vagina». Por eso con la inseminación se asegura que casi todos los pescaditos lleguen a su destino. Y así fueron dos veces: ese mismo día 21 antes de que los óvulos salieran y en el día 22 cuando los óvulos ya estén viajando por las trompas.

Efectivamente, esa misma noche los folículos reventaron. Al día siguiente en la ecografia pudimos ver que esas dos enormes bolitas ya no estaban. Tuve suerte de que hayan reventado los dos, pues algunas mujeres solo dan uno y el otro folículo nunca revienta y se reabsorbe o se vuelve quiste… a más óvulos más chance de que prenda bien y un bebé crezca en la panza. Porque eso sí, no quiere decir que porque una de 3 óvulos vaya a tener trillizos de cajón! No es así.

Fue al finalizar la segunda dosis donde caí en cuenta que estaba todo listo. Ahora solo quedaba dejar todo en manos de Dios. Serían 14 días de espera, una espera que se hizo realmente larga, una espera en la que el año se acabó porque todo esto pasó el 21 de diciembre. El 4 de enero sería la prueba de fuego. Día en que el resultado del laboratorio tenía que salir positivo (un número mayor a ese feo 0.11 que ya me traía cansada).

Llegó Navidad y yo no dejaba de pensar que el regalo más grande del mundo podía estar ya creciendo en mi panza. Era lindo tener ese «gran secreto» en ese entonces entre mi esposo y yo. Éramos cómplices en esta aventura de amor y esperanza, eso nos unió mucho más aún. Conectados al 100% solo esperábamos que llegue ese nuevo año que sí o sí debía empezar con el pie derecho.

Mi esposo y mejor amigo

Mi esposo y mejor amigo

Lo pasamos en familia en la playa, quemando el 2013 que fue un poco duro para nosotros. Pensando en que en solo unos días todo podía cambiar… hasta que el 3 de enero, un día antes de ir a sacarme los tan esperados análisis, mi mundo una vez más se vino al suelo: me había venido la regla…

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Todo comienza aquí

Es realmente difícil empezar a contar una historia que ni yo sé muy bien cómo comenzó, pero como todo en este mundo tiene un principio, empezaré por ahí…

Hace unos dos años aproximadamente, a solo unos 10 meses de habernos casado queríamos ya formar una familia con todas las de la ley. Ser más de dos sentados en la mesa y también, por qué no, más de dos echados en la cama un domingo por la tarde. Fue así como decidimos empezar eso que tanta gente preguntaba incluso antes de casarnos: ¿Y para cuando los bebes?. Según yo, para ya prontito. 

Esas preguntas que al principio eran respondidas con sonrisas y voz relajada fueron cambiando por respuestas secas y de mala gana sin querer. Y es que la gente no lo hace con ninguna mala intención pero pueden resultar incómodas si ya pasaron algunos meses y nada. Fue lo que me pasó a mí y confieso ahora que lo que dicen del estrés, es 100% real. Hice de todo: me bajé las famosas aplicaciones para las fechas fértiles (y encima podía elegir si quería hombrecito o mujercita), termómetro hormonal, tiritas para ver ovulación, y sabe Dios cuantas cosas más. Y… nada.

Ya empezaba a preocuparme y solo iba 6 meses intentando a mi modo. Pero siempre con esa carga adicional de extra estrés que le ponía para hacer aún más estresante la situación. Cada día que se me atrasaba la regla era una luz al final del túnel pero más profundo caía al hoyo al ir a Roe o Blufstein (al costado de mi trabajo para colmo) y esperar los resultados a partir de la 1:00 pm. Siempre a la hora de almuerzo era un moco al abrir la página y ver el famoso >5 en HCG. Era muy doloroso ver que una y otra vez me negaban la chance de ser mamá.

Gracias a Dios tengo un esposo que simplemente es un pan (cuando no lo saco de sus casillas realmente) y su apoyo y positivismo me ayudaban a no caer. Él tenía razón al decirme que estábamos los dos juntos en esto. Fue así como unos meses después empecé a dejarlo todo al de arriba, él sabría cuándo hacerme mamá y no debía renegar en absoluto porque sus tiempos son perfectos, sólo él sabía cuándo me tocaría. No lo demostraba pero seguía preocupada, hasta que pasó un poco más de un año de intentos en total y decidí cambiar de doctor. Una muy buena amiga mía se había tratado con él y simplemente el amor y fe que le tenía me animó a visitarlo.

Siempre acompañada de mi esposo lo fuimos a ver. Su respuesta fue demasiado alentadora, mi edad era lo que más le gustaba y además que un año para él no era casi nada de tiempo de intentos. Pero no era suficiente para mí, quería pruebas YA. Quería que me dijeran que todo  estaba bien adentro mío y que todo estaba en mi mente, y así fue. Desde simples ecografías hasta complejas y dolorosas histerosalpincografías (sí, me aprendí el nombre después de mil intentos) indicaron que no tenía nada de nadita malo. Mi esposo también estaba super apto para ser papá. Es un 50/50 en hombre y mujer y por ambos lados estábamos bien. Solo faltaba una prueba en la que se descartaría un posible pólipo en el endometrio y listo. Se hizo todo lo que se tuvo de hacer y no era el pólipo famoso. Simplemente el diagnóstico fue que no era regular en mis ovulaciones, cosa que comprobé un mes más tarde cuando al hacerme un seguimiento de ovulación resulta que no eran a los 14 días como la mayoría de mujeres sino que era más pegado al día 24. Sí, un ciclo más que largo. Por eso las esperas de la regla se me hacían eternas.

El doctor me dijo que sinceramente él lo intenta de manera escalonada: 6 meses de estimulación ovárica, si no resulta vamos a los 6 meses de inseminaciones y si ya no resultaba íbamos al in vitro. Qué fuerte escuchar ese último escalón, pero lo que me quería decir el doctor era que ahora ya no hay mujer que no pueda tener hijos, no existe la forma porque han inventado mil. Así que cuando me dijo «sea como sea vas a tener a tu bebé yo te lo aseguro porque todo está bien y no tienes nada de nada», me sentí llena de energía y pedí la inseminación en ese momento (ya mismo me estaba echando en la camilla).

A pesar que me insistió con intentarlo por unos meses solo con estimulación y seguimiento yo no quería intentarlo una vez más. Mi esposo insistió lo mismo, pero no. Sería el método más «natural» dentro de todos los tratamientos para quedar embarazada.

¿Quieren saber qué sigue?