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Mi chino y sus 4 puntos

Desde hace algunas semanas tengo en el aire (como flotando) muchas cosas que me definen como persona. Ese tipo de cosas que si no haces en un día te hacen tanta falta que casi casi puedes sentir como si te faltara el aire para respirar. Pero mi cerebro entiende, muy en el fondo, que no todo se puede hacer aunque mi alma de “mujer maravilla”, como me dijeron hace poco, lo crea posible. Dejé muchos post’s en borradores mentales, fotos en el carrete de mi celular, mensajes sin responder, saludos sin enviar, abrazos sin entregar, buenas vibras sin transmitir y por si fuera poco… dejé palabras sin decir. Sea por falta de tiempo, valor, ánimo o lo que sea, no las dije, pero el tiempo pasa y hoy ya no es lo mismo que ayer, pero nunca es tarde para contar lo que el corazón muchas veces guarda en silencio.

Siempre he hablado de lo difícil que es para mí trabajar fuera de mi casa. Despertarme cuando aún es de noche y hacer todo en “mute” para que los mellis no se despierten y casi ni se den cuenta que ya me fui a trabajar. Que los hace más independientes, sí; que los hace más fuertes, sí; que les enseña el valor del esfuerzo por tener lo que tienen, sí; que se me estruja el corazón con cada aviso de caída, golpe o accidente conmigo lejos de ellos, también. Todo eso y muchas cosas más podría decir de las ventajas y no tan ventajas de una mamá que trabaja en oficina. Hoy que ya tienen 3 años de hecho es mucho más sencillo que antes, y aunque entienden que me voy al trabajo, hay días difíciles que se despiden con un un “mamá no te vayas” y un puchero seguido de esos ojos llenos de lágrimas que a cualquiera pueden matar de un puntazo directo al corazón. Y es por eso que trato de irme siempre cuando están dormidos. Me acerco a su cama, beso en la frente, señal de la cruz pidiéndole a Dios que los cuide y los proteja mientras yo esté lejos (y cuando esté cerca también obviamente), y me voy. Pero el martes que pasó fue diferente.

Ese día me hizo replantear una vez más el momento en el que me encuentro HOY, y las dudas vinieron una detrás de otra a tomar posición y en un estado de ataque máximo como nunca antes las había visto. Estuve hasta tarde avanzando algunas cosas en la oficina, a veces el día no alcanza y hay que extender las horas de trabajo un poco más y como en anteriores oportunidades ya había pasado que mi mamá (como es algo nerviosa) me llama para decirme algo de los bebes (que tienen fiebre, o se han golpeado, o lo que sea) a veces le pone un tono extra “picante” a su voz y yo ya me voy hasta júpiter del estrés, muero y resucito en un segundo; entonces decidieron no avisarme nada en esa oportunidad. Yo solo leí un mensaje inocente de mi sobrina, que seguro pensó que yo estaba con Marcel en el que decía “Marité, cómo sigue Marcel, ya salió de la clínica?”. Creo que el pánico que sentí fue TAN grande que pude notar el cambio de temperatura de mi sangre tal cual. Me puse hirviendo en un segundo, y no hice más que agarrar mi cartera, meter TODAS mis cosas cerrar mi computadora mientras a la vez iba llamando a mi mamá para que me explique QUÉ ERA LO QUE ESTABA PASANDO!

Resulta que el chino había estado dando vueltas alrededor de sus cuentos como le gusta hacer y de pronto se dio en la esquina de la cómoda justo en medio de la frente. Donde más sangra la cara, donde todo parece ser más delicado, y donde exactamente parece ser la MITAD de su frente. Mi hermana, que vive cerquísima y siempre está dispuesta a ayudar en este tipo de cosas porque es la que más paciencia tiene, fue corriendo a ayudar a mi mami y decidieron llevarlo a la clínica porque para ella, necesitaba un punto porque parecía algo profundo el corte. Felizmente, Marcel estaba tranquilo y sin llorar. Llegaron a la clínica y el doctor decidió ponerle 4 puntos, fue en ese instante que yo llamé y casi me muero. Yo en San Isidro, ellos en La Molina en hora punta, simplemente me quería morir. Iban a pinchar a mi bebé y no estaría con su mamá agarrándole la mano para darle fuerzas, para decirle que todo estaría bien. Qué mala mamá me sentí en ese preciso momento. La peor de todas, puedo jurarlo.

Llegué como si no hubiera habido tráfico, creo que los carros se abrieron para mí, o simplemente iba tan rápido que nadie quería cruzarse con la loca del carro negro, esa creo que es la más factible realmente. Y ahí estaba mi chino, con su parche en la frente y los ojitos llorosos que le brillaron cuando me vieron a lo lejos: MAMÁAAA! Dijo, con emoción señalando su herida de guerra. Lo cargué y traté de no llorar pero fue imposible. Mi hermana me dijo que solo lloró con la anestesia, de hecho él se había quedado dormido y de la nada le clavaron la aguja directo en la herida y el pobre se traumatizó para que den las 4 puntadas. Mi chino valiente, la pasó solito sin su mamá. Ahora tiene una marca en la frente que espero le recuerde que siempre debe tener cuidado en todo momento.

En una semana le sacan los puntos y ahí estaré para darle la manito (el meñique como él me pide) para darle fuerzas y aguantar el dolor. Aunque lo más difícil ya pasó. Y estuvo solito, sin su mamá.

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¿Por qué con ella?

Buscando en mis recuerdos, y en las miles de historias y experiencias que tengo para contar, me encontré con algo raro pero lindo. Un ejercicio que deja un gran mensaje y lo mejor de todo, es que se puede hacer en cualquier momento, o lugar. Sobretodo, después de un día un poco difícil en el que las cosas no salieron como esperabas y el cielo no se abrió para ti como otros días.

Cuántas veces nos la hemos desquitado con “ella”; cuántos gritos, malas caras, críticas y hasta rechazos y mandadas a la misma mierda nos ha aguantado “ella”? Cómo es que no dudamos ni un segundo en decirle las cosas sin filtro sin temor a herir sus sentimientos o a sonar duras y sin corazón? Por qué con ella, todo parece más sensible y más nos provoca seguir y seguir diciendo una por una “sus verdades”.

¿Cuál es la verdadera razón por la que seríamos así de crueles con esa persona que nos encontramos cada vez que nos miramos al espejo? Estoy segura que jamás en la vida le diríamos cosas de ese calibre a una amiga, a una hermana, a nuestras mamás, creo que ni siquiera a una desconocida. ¿Ejemplos? Yo no podría decirle a nadie “qué mala madre eres. Te vas a trabajar todo el día y en la noche a veces solo quieres salir con amigas, o leer, o ver una película”. Menos aún le diría a alguien “crees que eres buena persona, pero en realidad eres una persona débil, y por eso te dicen que eres buena”. Simplemente, no me imagino diciéndole esas cosas a nadie.

Y aquí viene lo bonito de esto, agarra una foto tuya de niña, mírala y dile a esa niña todo lo que le dices a quien te acompaña en el espejo: que será una mala madre, floja, que solo va a renegar y renegar, que nadie la aguantará, que puede ser que se quede sola, que no hará nada bien, y todo lo que se te venga en gana.
¿Puedes?
¿Quieres?

¿Difícil no? Apunta hacia ella, mírala a los ojos y dile TOOOOODO lo que en realidad sientes. Estoy segura que estaba escondida, ahora la ya la tienes aquí, delante tuyo. Y la pregunta cambia: ¿Por qué somos tan crueles con nosotras mismas? Yo, no lo sé. Pero en este momento, solo me abrazo y prometo hacer las paces con la del espejo.

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Operación DES conexión

Desde hace un tiempo se vienen escuchando cosas sobre los daños que causan los dispositivos electrónicos en la gente. Si hacemos énfasis en lo que causa en los niños, es aún más preocupante. Circulan videos, audios, notas en medios sobre los peligros y descubrimientos nefastos que conlleva el uso de celulares, tablets, computadoras, antenas de wifi, etc, y la verdad, no los he visto todos porque esas cosas me trauman. Y la verdad es que todo en esta vida hace daño y la solución sería mudarnos a una cueva y volvernos hombres de las cavernas para vivir por más tiempo.

Pero si de mejorar la salud de mis hijos se trata, y contribuir a un mejor desarrollo de su cerebro aún en formación, pues bienvenidos los consejos. Entonces, la pregunta fue, ¿qué puedo quitar de su rutina, o mejorar para poder contribuir a este objetivo? NO puedo destruir la antena que hace un año pusieron en el parque frente a mi casa (aunque ganas no me faltaron cuando la estaban colocando, hasta firma de vecinos hicimos pero nada pudo con la GRAN CORPORACIÓN detrás de esto), pero sí puedo reemplazar el uso de las tablets a la hora de la comida por algo más sano y divertido. Paso a paso fuimos quitando esta mala manía adquirida hace unos meses.

Todo empezó cuando no querían comer, y se aburrían al toque, la solución fue el mágico YouTube primero desde mi Tablet para los dos al centro de la mesa. De hecho era una batalla campal para elegir EL dibujo que querían ver, pero luego, las ofertas llegaron y compramos dos mini tablets, una para cada uno y que no hayan peleas. Santo remedio, todo era paz a la hora de la comida. Salvo que notamos que no se concentraban mucho en comer, y lo hacían más lento, pero ahí íbamos. Confieso que nunca me gustó del todo esta modalidad, pero era lo más sencillo, y me resultó cómodo. Un día una de las tablets se malogró y fue como un empujón a tomar la decisión del cambio.

Optamos por los cuentos. Realmente fue, y sigue siendo un momento mágico la hora de la comida con cuentos. Teníamos algunos y primero usamos esos, pedían que les cuente cuentos mientras comían, y como es un poco difícil leerlos, me inventaba a veces las historia por las imágenes que íbamos viendo, y ellos felices. Tanto que he llegado a contar el mismo cuento ya 4 veces seguidas porque les gustó tanto que al final dicen “otra vez”! Siento una gran emoción porque es un GRAN hábito y además, una meta que logramos en poco tiempo. Pensé que nunca se DES acostumbrarían a comer sin videos! Y era una pesadilla porque en el fondo NUNCA me gustó del todo hacerlo. Confieso que a veces en algún restaurante sí les he dado mi celular para que estén un rato tranquilos, sino es UN CAOS.

En estas semanas he ido comprando libros y cuentos en ofertas en Crisol por ejemplo, y también en Wong y Tottus, hay cuentos muy lindo a S/.14 o algunos un poco más de S/. 18 pero super didácticos. La idea es tener variedad para que ellos mismo elijan a la hora de comer y agarren el gusto por la lectura.

Compré estos libros con lenguetas para jalar y pestañas movibles en Crisol

Estos están de oferta en Crisol!

Este pack de libros viene en maletita y hay de distintos personajes

Este tipo de libros vienen con texturas para que ellos mismos experimenten

Estos libros están cerca de S/. 7 en Wong!

Los libros de las hermanas Paz son lindos y tienen muchas enseñanzas

Obviamente esto es como quitarle un balde de arena a la playa, porque estamos plagados de dispositivos y redes inalámbricas y antenas, y miles de cosas más que finalmente nos pueden estar haciendo un daño silencioso sin que nadie lo note, pero al menos algo es algo. Además, estoy cargando mi celular AFUERA de nuestro cuarto y apagado; en las noches cuando ya todos duermen, apago el wifi hasta el día siguiente y tratamos de calentar todo en la cocina para no usar el microondas que ese sí creo que es un aniquilador de los más aniquiladores.

En fin, algo es algo y si todos nos ponemos en el plan “por una vida menos electrónica” creo que estaremos haciendo un GRAN aporte a nuestros niños. Para que mañana no todo sea tecnológico y cada vez volvamos a lo que antes estuvo de moda.

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Personajes de cuento

Recuerdo que en una conversación entre amigas salió ese término, se quedó grabado en mi memoria porque simplemente existen muchos y de todas las edades. ¿Alguna vez han escuchado sobre los “constantes inconformes”? Me gusta llamarlos así porque es una forma más sutil y “graciosa” de referirnos a ellos. Son personas que siempre tienen una pregunta escondida bajo la manga. Y justamente les digo así porque parecen nunca estar conformes con nada.

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Si estamos con pareja desde hace un tiempo ya, la pregunta clásica es: ¿… y cuándo te casas? Cuando ya nos casamos, la pregunta cambia a: ¿… y para cuando los hijos? Y cuando ya tenemos un hijo, viene el famoso: ¿… y para cuando el segundo?

Yo la verdad que estoy TAN acostumbrada a ese tipo de preguntas que ya hasta me da risa. Pues incluso cuando estaba embarazada las preguntas eran más o menos así: ¿… y ahí nomás te quedas? ¿… y has pensado en un tercero? ¿… cómo harás si quieres tener uno más?

Al inicio confieso que era un poco incómodo porque aún ni había dado a luz y ya todas esas preguntas me caían como petardos por donde sea que fuera. Además de las clásicas preguntas sobre cómo es que esperaba mellizos: si habían sido por tratamiento, si tenía familiares con mellizos o gemelos, si había intentado por mucho tiempo, y muchas cosas más. Pero esas clásicas preguntas son motivo de otro post, porque aquí el tema son los constantes inconformes.

El truco en ver a estos personajes de manera positiva (sin que se nos cruce un pensamiento fugaz de aniquilamiento extremo instantáneo) es verlo todo de manera chistosa. Podemos responder a cada una de las clásicas preguntas con cosas “graciosas” (por no decir cagonas) para que poco a poco estas personas se den cuenta que ya sus preguntas son en extremo a veces un tanto redundantes, aburridas, pesadas, inoportunas y más. Como por ejemplo, si preguntan por los hijos cuando te has casado ayer: “Pienso seguir de luna de miel hasta que se me acabe la plata, ahí ya te pido prestado para poder tener hijos pues! Es una gran idea!”. Y esto queda incluso mejor si las preguntas vienen de la misma persona reiteradas veces. Respuesta con clase!

Y algo que tenemos que tener súper en cuenta es que estas preguntas no son para nada “malas” ni para querer hacernos algún daño. A veces la gente es curiosa, o simplemente quiere hacer un tema de conversación y no sabe cómo empezar. Por eso, hay que ponernos siempre en el lugar del otro antes de juzgar. Pero si por casualidad nos agarran en #ModoHulk, perdieron. Por otro lado, las personas no conocemos por completo todo lo que pasan los demás, y qué tal si la persona a la que preguntamos cuándo tendrá hijos, ya está intentando hace tiempo y aún no lo logra. Puede pasar mucho en la vida de alguien, por eso lo mejor es ver todo de manera positiva y si no nos cuentan en qué andan en su vida, pues conformarnos con lo que nos cuentan. Y todos lindos y felices.

No nos adelantemos y pensemos que hay gente mala vibra que pregunta con alguna intención. No siempre es así. Todos tenemos el bichito chismoson, es verdad, así que a pensar bien antes de hablar y responder con clase para reírnos todos.

Así que bueno, y tú… ¿¿¿ya sabes si vas a tener más hijos???
😉

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Sentimientos de una mamá de 3 años

Hoy es un día especial porque por fin, luego de 3 largas semanas puedo sentarme a escribir tranquila en mi blog. Con una taza de café al lado, sin bulla y sin desorden, miro mi computadora y pienso en ellos. Y es que así somos las mamás, con sentimientos cruzados y contrariedades de la vida. Tanto quise que llegara el primer día de nido luego de las vacaciones, que ahora solo miro el reloj para ir a recogerlos lo más pronto posible. Ay las mamás.

Agosto es un mes lindo, el más bonito de todo el año realmente. Celebro la llegada de mis hijos al mundo con una gran emoción y una vez más, con sentimientos encontrados, me da la llorona días antes y días después del evento. Y no es porque sea de esas mamis que lloran porque sus hijos se hacen grandes e imaginan el día que se gradúen de la universidad y se vayan a vivir solos cuando solo han cumplido 3 años. Sino, creo que me siento demasiado sensible y emocionada en extremos por el simple hecho que cumplir un año más juntos. Un año más de celebrar la vida de mis 2 creaciones perfectas para mí. Un año más de retos cumplidos y escalones superados. Un año más de paciencia, creatividad, malabarismo, atención, cuidado, protección, preocupación, y mucho más. Es como llegar a una mini meta dentro de una gran meta que es su vida misma. Eso, me emociona mucho porque nunca creí que me dieran esa bendición tan grande de ser una mamá de mellizos. Y el hecho de cumplir un año más, con una sonrisa en sus caritas, es que debo estar haciendo algo bien.

Recuerdo que hace 3 años fui a la clínica solo por mi control de las 34 semanas. Mi corazón me decía que algo no estaba saliendo como yo pensaba (imaginaba llegar por lo menos a la semana 38 porque le tenía TERROR a la prematuridad), pero no lo escuché y seguí pensando así. Cómo me molestaba cuando la gente me decía “no llegas ni a la 36 te apuesto”, me dolía un poco de verdad, porque era una de esas frases que uno prefiere guardar en el último cajón de sus necesidades porque no suman, solo desmotivan y desestabilizan. Pero así fue, no llegué ni a la 36, ni a la 35… ese mismo día de mi control, me operaron. Los bebes ya habían ocupado todo el espacio existente en mi cuerpo, tanto así que tenía la vesícula casi en la espalda, debajo de la axila. Y la frase que lo cambió todo fue la que me dijo el doctor al terminar la ecografía: “Listo, en dos horas conocerás a tus bebés”. 

Me quedé helada por unos segundos, sin reacción, solo miraba a Lalo y las lágrimas salían de mis ojos. Tantas preguntas, pensamientos y dudas juntas me dejaron congelada. ¿Cuánto iban a pesar? ¿Cómo iban a estar? ¿Necesitarían incubadora? ¿Y si no tengo leche para ellos? ¿Si ellos aún no estaban preparados? ¿Estaba yo preparada? ¿Mi maletín? ¿El cordón umbilical? ¿El cuarto de la casa? ¿Mi mamá? De pronto empezó a suceder. Mi mamá me trajo el maletín, aún sin preparar y yo entré a un cuarto para que empezaran a prepararme y el tiempo corrió demasiado rápido.

Dieron las 2 de la tarde y entré a la sala. Me despedí de mi mamá y le dije a Lalo, “te veo adentro”. Nunca imaginé que me tocaría recibir a mis bebé a mi sola, sin su papá a mi lado. Pero así fue, luego ya el doctor nos contó que al ser un parto de emergencia y múltiple, yo perdería mucha sangre y los bebes nacerían pequeños, que podía ser una impresión muy fuerte para el padre y no podría atender a dos adultos a la vez (a la que estaba pariendo y al desmayado). Gracias a Dios, tengo un ángel en el cielo (mi papá) quien estoy segura que me acompañó todo el tiempo. Y estoy segura porque en un momento, cuando entendí que Lalo no entraría cuando sentí el primer corte, cerré los ojos y le pedí a mi papá que me diera la mano. En ese momento sentí una mano sobre la mía y abrí los ojos en el instante para ver quién me estaba agarrando, y no había nadie. Era él, sin duda alguna.

El primero en salir fue Marcel, a las 2:35 pm con 2.480 kg y 47 cm. y luego Naelle, a las 2:38 pm con 2.020 kg y 44 cm. Los dos demoraron un poco en llorar, pues hay nacimientos más complicados que otros y en este casi, los latidos de Naelle dentro de mi panza ya estaban bajando un poco. Es decir, empezó a hacer sufrimiento fetal pero salió a tiempo gracias a Dios. Al segundo que salieron y no escuchar sus llantos me desesperé, grité “por qué no lloran!!!” y me los enseñaron por unos segundos, ya llorando, pero se los llevaron al toque a sus cunetas para subirlos a la sala de bebes, revisarlos y regularlos. Su papá, afuera, los vio salir en el carrito cuando aún esperaba entrar conmigo para ver el nacimiento, ahí se enteró que no entraría. Sería muy chistoso conocer ese lado de la historia. Algún día le pediré que lo escriba.

Ese fue el día más feliz-angustiante de mi vida. Feliz porque nacieron las dos razones de mi vida, y angustiante porque es duro no tenerlos al lado cuando recién llegan al mundo. Estuvieron en incubadora dos días y el primer contacto que tuve con ellos fue al día siguiente y a través de un vidrio. Es triste, y hasta hoy se me llenan los ojos de lágrimas al recordarlo. Pero hoy, agradezco desde lo más profundo de mi alma a la vida por haberme dado esa oportunidad, de ser mamá de dos, a la vez; de probar mis fuerzas, coraje, valentía y empeño por luchar junto a ellos para salir rápido de una prematuridad, que felizmente, no fue extrema.

Por eso, este tercer año juntos recuerdo y celebro cada talla de pañal que aumetábamos juntos, cada talla de ropa que dejaban por quedar chica, cada onza de leche aumentada, cada gramo subido y cada felicitación al ir a los controles mensuales con el pediatra. Celebro eso y mucho más. Celebro sus mágicas vidas en mí vida.

Creo que no me alcanzará esta vida para agradecer por ustedes… los amo infinito!

*Pensé hacer el post cumpleañero, pero creo que tenía tan guardado esto de mis sentimientos encontrados que lo escribí. Ya viene el post con los tips y detalles por los 3 años melliceros de Masha y el Oso.

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Algo de catarsis

Como comenté en algunos post’s pasados, mayo fue un mes difícil. Ahora estoy un poco más tranquila y en junio empezaron a suceder cosas lindas como por ejemplo la llegada de mi sobrino, el hijo de mi hermano que acaba de nacer hace solo 3 días y nos llena de emoción y felicidad. Pero de pronto vuelvo a la realidad y es inevitable no sentir esa “preocupación” que me acompaña a diario a pesar que siempre la quiera apartar.

En ese mes del hablo, me quedé sin trabajo. Un fuerte reducción de personal, baja producción y casi nulo movimiento en el mercado, llevaron a que los “altísimos funcionarios” (por favor énfasis en las comillas) de la empresa en la que trabajaba, tomaran la decisión de hacer a un lado a gente que realmente reflotó la empresa hace unos años. No me refiero a mí, sino a otras personas que fueron mis mentores en muchos sentidos profesionales. En fin, y como todo cae en cadena, con ellos salimos más de 15 personas en una sola semana. Pero los tragos amargos hay que pasarlos rápido aunque dejen es sabor en la boca por algún tiempo. Y ahora aquí estoy, tratando de verle el lado positivo a todo: ESTAR MÁS TIEMPO CON MIS HIJOS.

Increíblemente, fue todo lo contrario a lo que pensé, entre llevadas al nido, mis cosas en la mañana, recogidas, llevadas a las terapias y más, se me pasa el día en un abrir y cerrar de ojos. Tengo la agenda más llena que nunca y con los mejores planes de la vida. Obvio, con espacios para buscar trabajo y tratar de recolocarme, pero no será fácil y eso lo tengo claro. Las cosas no están como esperaba que estén y eso me lleva otra vez a pensar que cuando uno necesita un trabajo no hay, y cuando se tiene uno y se está feliz en él, aparecen oportunidades. Es la clásica. Esperemos que nos pase algo parecido en esta oportunidad cuando encuentre al menos un “mientras tanto”.

La verdad es que ahora me despierto feliz de atender a mis hijos desde que abren los ojos. Es lindo verlos despertar cada mañana y ya no solo los fines de semana. Sí que cansa, pero es un trabajo gratificante, un trabajo para ellos y por ellos. Y por más que me haya pasado la mayor parte de su vida en un oficina durante el día, estoy segura que ellos están disfrutando este tiempo tanto como yo. Y juro, que si antes no me alcanzaba el tiempo, ahora curiosamente, me alcanza menos. Mi agenda es un espanto, no hay ni un hueco libre y todos los días siguen saliendo cosas.

Bueno, mientras sean cosas positiva, bienvenido sea!!!

…y ese fue mi post de hoy… algo diferente a los demás, pero siempre con un mensaje de fondo. Aprovecha el tiempo que tienes con tus hijos, cada minuto vale la pena a pesar de los jalones de pelo, de las pataletas, de los berrinches en el parque, las lágrimas que tú misma puedes secar, los almuerzos que preparar y dar en la boca si quieres, las siestas, las tardes de travesuras, todo. Todo vale la pena por ellos.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, sentada y niño(a)

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Nos vetaron: los no deseados en la misa

Creo firmemente que así como existen los días malos, pueden venir en racha y no son solo días sueltos, puede ser una semana completa o hasta incluso un mes. Pero todo está en nuestra mente, y este fin de semana lo comprobé yo misma. Es mejor cambiar la actitud que se tiene y cuando estamos a punto de caer en el hoyo agarrarnos con uñas y dientes para salir sin tocar fondo. Todo depende del ánimo y de cómo enfrentemos los baches por más que sean enormes y parezcan no tener fin. Esta es mi versión de lo que sucedió el domingo, día en el que conocí al diablo vestido de vieja en la misa.

Nosotros prometimos ir a misa los domingos en familia. No nos damos latigazos ni tocamos las puertas para tratar de que la gente rece y crea en Dios, pero sí estamos convencidos que existe un Dios y si podemos darle las gracias por todo lo que nos ha dado (lo bueno y lo no tan bueno), lo haremos hasta que nos alcance la vida. Cuando nacieron los bebes dejamos de ir porque era complicado, y hace unos meses lo intentamos de nuevo e íbamos bien. De hecho, es una señora chamba porque los chicos quieren correr, hablar en voz alta, perseguir al padre cuando entra a la iglesia, chismosear lo que hace el de al lado, saltar y hasta incluso comer. Bueno, son niños y por más que les expliquemos que en misa no se habla ni se juega, ellos intentan no aburrirse a su manera. Pero saben que esa es la “casa de Jesucito” y cada vez que pasamos por ahí lo dicen y lo saludan. Con eso me siento tranquila y feliz porque ya saben que hay un Jesús en su vida.

Vemos a varios papás en la misma nota e incluso a veces coincidimos afuera de la iglesia donde a veces los chicos deciden salir a correr a sus anchas mientras, al menos a lo lejos, escuchamos la misa. Nos reímos, nos miramos cómplices por estar en la misma situación, nos prestamos pañitos húmedos y compartimos experiencias. Pero el domingo pasado fue distinto.

Hacía dos fines de semana que no íbamos (uno porque falleció mi abuelita justo un domingo, y el siguiente porque fue mi cumpleaños y la verdad es que no me cambié la pijama temprano y me dio flojera), así que este domingo, como para terminar una semana un poco difícil (ya contaré el por qué en unos días que se calmen las aguas) nos alistamos temprano y fuimos a misa. Como siempre, con el coche cargado de todo lo que podríamos necesitar, llegamos y nos instalamos y listo. Empezamos en el coche, perfecto. Minutos más tarde pidieron bajar, y los ayudamos. Empezó la locura.

La imagen puede contener: una persona, bebé y exterior

Todo iba perfecto y bajo control hasta que una “señora” (que más bien parecía un pequeño diablo regordete y vestido de amarillo) volteó con los ojos de huevo duro y me dijo pelando los dientes: “Señora por favor! El parque está aquí al lado!”. Aunque me costó desviar la mirada, respiré y no respondí. La gente que estaba alrededor la miraba con cara de asco y de incredulidad a la señora, incluso le movían la cabeza en señal de desaprobación por su comentario tan desatinado y hostil. Algunos hasta me miraban y me decían con señas que la viejita estaba loca. Seguí tratando de calmar las ganas de correr de mis hijos y volvió al ataque: “Yo vengo a escuchar misa y no se puede! Es el colmo por Dios! El parque está por allá señora, por favor!”, seguía contando ovejitas en mi cabeza y decía en mi mente “estás en misa, contrólate, aléjate demonio, sal de aquí espíritu maligno”, y la tía dale que dale que el parque, que los niños, que la misa, que no escucho hasta que no aguanté y le clavé la mirada y le dije algo muy malo. Algo que no debí decir. Y menos en misa.

Luego ya me confesé y hasta incluso lloré de impotencia. Poco faltó para que el padre saliera de su casita y me abrazara para llorar juntos. Me dijo que no me ponga así y creo que hasta me dijo que él también le hubiera dicho lo mismo. Y es que cuando se meten con mis hijos me desconozco, y más aún si son niños que no le están haciendo un mal a nadie!

Todo esto me llevó a averiguar qué misas son “kids friendly” y felizmente encontré tres datos que aquí les paso:

  • Iglesia de avanzada católica: Misa de niños – Domingos a las 11:30 am (Dirección: Santorín 258 Urbanización El Derby – Surco).
  • Iglesia Santa Rita de Casia: Misa de niños – Domingos 10:30 am (Dirección: Calle Padre Amelio Plascencia 135 Miraflores).
  • Iglesia Santísimo Nombre de Jesús: Misa de niños – Domingos 9:00 am (Dirección: Calle Chacarilla del Estanque, San Borja).

Así que ya sabemos, cualquiera de estas tres iglesias que visites, te permitirán entrar con tus hijos porque al menos tienen horarios especiales para ellos. La verdad que no me gustó para nada este encuentro cercano del quinto tipo porque en serio me sentí vulnerada y me sacó de mis casillas por más que respiré y le pedí hasta al mismo rey del yoga que me mande algunos tips en ese momento, pero creo que estaba jato porque no me mandó ni un ejercicio de respiración.

Pero luego, cuando ya había desahogado luego del insultillo y la confesión con el padre apliqué la de mi querida amiga Ceci de Sexy Rivers y me dijo a mí misma, y de paso a la vieja: Choromasté para ti.

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