La temida APLV

Creo que una de las etapas más difíciles (hasta el momento) que he vivido con mis bebes empezó cuando cumplieron un mes de vida. Justo cuando estaba empezando a encantarme la idea de “aprender” a ser mamá sin miedos a los llantos y descartar esa loca idea de mi cabeza pensando en que mis hijos me odiaban por haberlos hecho entrar al mundo antes de tiempo, fue cuando realmente conocí ese otro lado de la moneda en donde no todo es sonrisas y arco iris.

Si bien la única dificultad que tenía con los bebes era el hacer que tomen el biberón entero de leche cada tres horas, cuando Marcel (el hombrecito) cumplió un mes el 4 de setiembre cambió radicalmente. Era un bebito tranquilo, que se demoraba un poco en comer pero a veces él mismo agarraba su “tete” para secarse hasta la última gota de leche, dormía riquísimo y casi ni se quejaba. De pronto, era como si un espíritu maligno lo hubiera poseído. No miento! No existía ni un solo momento en el que dejara de llorar: se despertaba llorando y al cargarlo se le pasaba por no más de dos minutos para volver a llorar, descartábamos pañal sucio, frío, hambre y sueño y seguía con el mismo patrón: llanto, descanso y llanto de nuevo hasta volver a dormir. Las leches, cambios de pañal, baños y cambiada de ropita era una tortura china. Dios mío cómo lloraba! Algo le tenía que estar pasando a mi bebé. Lo llevé al pediatra y después de revisarlo me hizo muchas preguntas y me explicó que muchos niños, sobre todo los prematuritos, hacían un síndrome llamado “cólico del lactante”.

El cólico del lactante es un trastorno típico de los primeros meses de vida que se caracteriza por un llanto intenso y prolongado sin causa aparente. También se le conoce como cólico de los tres meses, cólico vespertino o del anochecer, alboroto paroxístico del lactante o cólico de gases. Últimamente se ha propuesto llamarlo Llanto excesivo primario, haciendo hincapié en el síntoma principal (el llanto excesivo) y quitándole la connotación de dolor abdominal, ya que no está demostrado que tenga su origen en el aparato digestivo; el llanto excesivo secundario se refiere a los casos en los que el llanto está causado por otro problema o enfermedad (hambre, traumatismo, hernia, etc.).

La definición más extendida de los cólicos del lactante los describe como episodios de llanto intenso y vigoroso al menos 3 horas al día, 3 días a la semana durante al menos tres semanas en un bebé sano y bien alimentado.

No era posible, mi bebé tenía algo más y en mi cabeza no cabía que tendría que escucharlo llorar así por 2 meses. Pues me dijo que al tercer mes ese síndrome empezaba a desaparecer. La razón que me dio, fue que a esa edad su aparato digestivo estaría un poco más maduro y ya no sería tan fastidioso para él. Pero no, mi bebé tenía algo más y yo daría con lo que fuera que tuviera.

Empezaron las peleas con la familia, pues todos me decían que no podía hacerme un mundo en la cabeza si el médico mismo ya nos había dicho que no tenía nada malo. Yo les daba la contra y no era porque quería llamar a la mala suerte. Ese mismo día, en la noche al cambiarle el pañal me di cuenta que había hecho caquita con una especie de moquito e hilitos rojos. Casi me muero de ataque y entre en pánico. Fui al doctor casi de inmediato como una loca con el pañal en una bolsa, el doctor tenía que verlo. Cuando llegué y se lo enseñé parecía que estaba en una pesadilla, no había nada rojo! “seguro se secó doctor!!!”, le decía mil veces. En ese momento el doctor me mandó a hacerle mil análisis de heces y fueron horas de agonía esperando el resultado, tenían que descartar infección. Fueron largas horas de espera pero valieron la pena, no era infección! Pero por descarte, mi bebé estaba sufriendo de otra cosa: alergia a la proteína de leche de vaca (APLV).

La primera medida fue cambiarle la leche por una hidrolizada. Si bien las leches de fórmula saben y huelen feo, esta leche olía a un diablo podrido y muerto hace 100 años. Pobre bebe!!! Decía yo al oler la leche cada vez que la preparaba, pero bueno, los bebes no distinguen lo rico de lo feo, pues lo único que toman es leche, y su mundo entero sabe a leche. Nada rico ni feo, solo leche. Tomaba la leche, lo poco que podíamos darle sin que llore pero todo seguía igual. Su llanto descontrolado me volvería loca de a pocos, a mí, a su papá y a toda la familia que venía a ayudar. En mi cabeza no dejaba de dar vueltas la idea de que algo más le pasaba.

Lo poco que tenía de leche materna era más que nada para Naelle. Pues para que no le afecte a Marcel debía hacer una estricta dieta de cero lácteos por una semana para limpiar y luego continuar así para darle leche libre de lácteos (eso era nada de quesos, yogur, mantequilla, leche, galletas, pan de molde  y nada que tenga suero de leche siquiera). Incluso me prohibieron comer fresa. Lo hice y traté de darle más de esa leche para que aliviara un poco su dolor de pancita si es que eso era lo que le pasaba. Pero los llantos seguían. Empecé a creer que mi hijo estaba loco.

Fui a un segundo pediatra, conté la historia, enseñé análisis e hice que tomara leche en el mismo consultorio. Este sapo se tomó todo el biberón sin chistar. Parecía como si supiera lo que hacía. En fin, el resultado fue igual, “tu bebe no tiene nada. Está super saludable. Sigue con esa leche y ya está”. Recuerdo haber llegado a la casa un poco más tranquila y positiva. Pero todo se derrumbaba cada vez que llegaba la hora de la leche. Solo quería que mi bebe dejara de llorar así. Me partía el corazón.

Fui a un tercer doctor, me dijo lo mismo y ya empezaba a desesperarme. Me pasaron el dato de un gastropediatra excelente t fui a verlo. Mil pruebas más pero gracias a Dios me dijo lo mismo. Hay 4 razones por las que los bebes pueden hacer ese tipo de deposiciones: fisura en el anito, infección intestinal, alergia a la proteína de leche de vaca, y la más rara pero real era porque simplemente así hacían por un tiempo sin saber nunca de donde provenía esa especie de “sangrecita en forma de hilos”. A continuar con el tratamiento de leche hidrolizada entonces.

Volví con mi pediatra y le pedí por favor intentar cambiar de leche. Tenía que mejorar en algo si cambiábamos por una que tal vez no tenga proteína de leche de vaca. Por el estrés y todo el tema cada vez me salía menos leche y ya ni el hinojo ni la cascarilla de cacao ayudaba. Me estaba resignando a que la fórmula sería su único alimento. La indicada sería una leche de arroz, esta contiene las mismas vitaminas y minerales de las demás leches pero nada que provenga de la vaca. Había puesto todas las esperanzas en esa leche, y para ese entonces ya había pasado un mes de llantos. Contaba los días para llegar al tercer mes y simplemente sentir que lo habíamos logrado.

Todo mejoró con la leche de arroz, incluso los llantos empezaron a bajar. No podía sacarlo ni en el coche a pasear pero estaba segura que sería momentáneo. Le pedía a Dios que me diera fuerzas y mucha paciencia para darle a mi bebé todo lo que necesitaba. Y juntos, llegamos hasta el cuarto mes donde todo fue cambiando. Ahora es un bebé feliz que se ríe a carcajadas y puede salir a pasear mirando cada detalle que le muestra el camino. Un bebé que sigue con su leche de arroz pero cuenta los días para que llegue el sexto mes y probar cosas más ricas. Su mamá, también los cuenta con él y su hermanita.

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Familia feliz que superó la crisis de llanto!

 

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8 comentarios en “La temida APLV

  1. Esos difíciles cuatros meses los viví con Elmito, el pediatra nos explicó que luego de ese tiempo los cólicos se van por arte de magia. Pero tú si te pasaste de desconfiada.

    Créeme, cada etapa en los niños es toda una experiencia. En ese sentido, no me hubiera gustado ser pediatra, cada mamá novata es todo un caso.

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    • Elmito también era llorón??? No tenía idea. Pero te juro que creía que se quedaría así para siempre. Era terrible… yo sufría igual o más que él. Solo estaba todo en paz y tranquilo cuando dormía…
      Un beso Elmo!

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  2. Mamá valiente, ¡siempre! Cada vez que veo a Marcel y Naelle me queda claro la calidad de cuidado y dedicación que tienen, y eso proviene principalmente de ti, Mari. ¡Para adelante siempre! que cada etapa nueva te permitirá crecer con ellos y afianzar el lazo entre los tres; a través del cual ellos sabrán que, aunque abunden los llantos, tú siempre estarás a su lado… pacientemente a su lado 🙂

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  3. Marite. A mi me paso algo parecido con Catalina. Todo el 1er mes lloraba sin parar. Solo podía ser gases ya que hacíamos de todo y seguía llorando . Tenia muchos gases y lloraba más cada vez que se tiraba un pedito. Al segundo mes fue mejorando y el doctor nos cambio la fórmula. Ahora tiene dos meses y medio y es un angelito. Super alegre. Pasaron los llantos.

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    • Claudia, era desesperante no? Hay muchos artículos de esa etapa que me ayudaron a controlar el estrés de ver a mi bebé llorar sin parar. Pobrecito, me partía el alma!
      Beso y gracias por visitarme!

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