Cuesta aceptarlo

La parte más difícil de ser mamá, viene cuando nos damos cuenta que no somos “super poderosas”. Cuando comprendemos que allá afuera, en el mundo real, no podemos proteger a nuestros siempre bebés como cuando vivían en nuestra panza. El lugar más seguro y cómodo que existe en el planeta.

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Cada día me cuesta más aceptar que no puedo controlarlo todo: las caídas, los golpes, las enfermedades, los virus, las peleas (con mordidas o jalones de pelo), y demás cosas que pasan en el día. Seas una mamá full time, o una mamá que trabaja y regresa por la noche a jugar y estar con ellos como si fueran las 6 am, es lo mismo. No todo está en nuestras manos y debemos aceptarlo.

Las mamás tenemos miedos profundos que hasta nos da miedo compartir, pero son normales. He tenido la oportunidad de compartirlos con gente de confianza porque simplemente necesito sacar esos traumas de mi sistema y coincidimos con ciertos grados de diferencia en los niveles de preocupación obviamente. Yo, siempre me he caracterizado por ser demasiado nerviosa, y cuando se trata de algo que pueda pasarles a mis hijos más aún.

Hace unos días me llamaron de mi casa luego de un día normal de nido y me contaron que Marcel se había caído de la resbaladera llegando al piso y se había golpeado la frente. Primero vienen las mil preguntas con los detalles (que de nada sirven pero todas las mamás queremos saber): lloró mucho? está rojo? le salió moretón? salió sangre? mándame foto… y muchas otras cosas que ya no tienen importancia porque ya pasó y gracias a Dios está muy bien y con el ánimo igual que siempre. Activo y con ganas de jugar y jugar sin parar. Es decir, como si nada hubiera pasado. Luego viene la rabia: por qué pasó? nadie estaba con él? le habrá dolido mucho? y habrá sido como dicen o se cayó desde más alto? Luego pienso y me respondo que nada eso ya importa porque ya pasó.

Pude haber hecho algo para impedirlo? No, no pude porque así se dieron las cosas y no quiere decir que porque yo no estuve ahí, pasó. Ha podido pasar hasta conmigo presente. Es cierto que yo me adelanto y elimino cualquier “potencial” peligro al paso, pero igual! Son cosas que pasan, a una le duele más que al niño, pero es grande la frustración.

Cómo quisiera tener una extensión de mí al lado de los dos todo el tiempo, pero ellos también tienen que creces y aprender a cuidarse. Y si se enferman, pues ahí estaré para pasarla con ellos y tratar de aliviar su dolor con TODO lo que esté a mi alcance y más. Pero no puedo estar ahí para impedirlo, porque no depende de mí. Lamentablemente no depende de mí sino de la vida misma.

Hoy es uno de esos días en los que me siento atrapada en mis pensamientos.

Mi poder tiene un límite, y me cuesta aceptarlo.

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