Carta a esa persona especial

 

Hace muchos años conocí a un hombre que era simplemente ejemplar. Dedicado al trabajo pero a la vez a su familia. Creo que nunca conocí a alguien que se preocupara tanto por el bien de lo que más quería. Siempre con una sonrisa en el rostro y con la mano dispuesta a ayudar. No por nada todo el que lo recuerda menciona la palabra “hombre” y luego “bueno” en una misma oración. Ese tipo de personas tocan el alma y dejan huella para siempre.

Amaba el cielo como ninguno, soñaba con tocar las nubes desde pequeño y por eso se convirtió en un piloto de primera. Muchas veces arriesgo su vida por su país y por llevar en alto siempre el nombre de la institución a la perteneció. Tal vez su espíritu aventurero era un motor para que esa adrenalina que sentía al volar jamás se agotara. Era como su gasolina.

Su sonrisa y ganas de siempre estar al servicio de los demás lo describían de pies a cabeza. Siempre con una broma bajo la manga estaba preparado para hacer reír a quien haya tenido un día gris. Pero hasta los superhéroes más poderosos tienen días amargos, por eso cuando parecía estar nublado en su mundo de aviones y nubes blancas, con algo de ayuda se lograba ver esa gran sonrisa que siempre salía del alma.

Dulcero a más no poder, amaba los regalos simples como un buen chocolate o una caja de pañuelos para su bolsillo. Como todo hombre clásico siempre llevaba un par de pañuelos en el bolsillo por si lo necesitaba alguien. Nunca se sabe cuándo nos cruzaremos con algunas lágrimas en el camino o un poco de alergia también, por qué no.

Siempre pensó que los domingos se inventaron para descansar, pero como era hiperactivo, nada lo hacía pegarse a la cama más de 2 horas durante el día. Si una buena película lo atrapaba, perfecto! pero sino, algo tenían que hacer sus pies para estarse moviendo de aquí para allá.

Sin duda le hacía honor a su “alias” de “polvorita. Pues cuando se molestaba echaba chispas en el acto. Pero también era picante como pólvora al momento de hacer bromas. Creo que no conozco una sola persona que no haya caído en sus redes si de bromas se trataba.

Tuve la oportunidad de conocerlo mucho tiempo, y tuve el honor de decirle papá. Esa persona especial de la que hablo este domingo celebra su día en el cielo, y yo aquí en la tierra prometo seguir manteniendo vivo su recuerdo para que sus nietos conozcan al abuelito lito. Ese que hacía cosquillas imitando el sonido de un perro y jugando como niño cuando podía hacerlo. El abuelito que amaba tanto el cielo que un día llegó allá volando para cuidarnos siempre.

Feliz día del padre papi.

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