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Las mil comparaciones nunca faltan

Muchas veces comenté que no es bueno comparar entre los hijos. Pero a veces es inevitable que lo hagamos. No de manera negativa, claro está, pero si tienes dos hijos, que nacieron a la vez y desde el día “cero” comparaste tallas, pesos, y demás… es más difícil aún.

Me acuerdo que desde que estaban en la panza, yo tenía miedo del síndrome de transfusión fetofetal o el del gemelo evanescente….

  1. El síndrome de transfusión fetofetal (“TTTS”, por sus siglas en inglés) es un trastorno de la placenta que se desarrolla solo en gemelos monocigóticos que comparten la placenta. Los vasos sanguíneos se conectan dentro de la placenta y desvían la sangre desde un feto hacia el otro. Se produce en alrededor del 10 % de los gemelos que comparten la placenta.
  2. Se trata de la pérdida de uno o más fetos durante las primeras fases del embarazo que, de haber seguido su curso con normalidad y haberse gestado con el otro u otros bebés, habría sido un hermano gemelo. Se calcula que uno de cada ocho embarazos simples (de un solo bebé) es realmente un embarazo múltiple en el que un feto acaba desapareciendo en el útero.

Sé que suena a locura mega máxima de la vida, pero creo que todas las mamás primerizas me van a entender. Tal vez no solo primerizas, sino las “segundizas y tercerizas” también, ESE MIEDO SIEMPRE ESTARÁ PRESENTE. Y es que con nuestros hijos, siempre habrá ese deseo loco y supremo que este TODO bien, para siempre. Pero sabemos que es imposible. Entonces, continuando con la historia, los mellis nacieron un poco en medio de una locura, y para hacer la historia corta (la larga ya está en otro post) tuve mi cita de seguimiento de 34 semanas, los latidos de Naelle estaban bajos, dos vueltas de cordón en el cuello, mi vesícula estaba en la espalda, y tuvieron que nacer así, violento. Y ahí vino la primera diferencia: Marcel pesó 450 gr. más que Naelle, ambos eran chiquitos pero Naelle mucho mucho más. De ahí empezaron las comparaciones de cuantas onzas tomaba cada uno, las veces que hacían caca, cómo era su caca (cuando son bebés todo es caca y leche… ok). Luego la gateadera, la sentadera solitos, la volteada completa, y mucho más.

A pesar que entendía que cada bebé tiene su tiempo, era imposible no verlos a los dos y pensar que el que iba “un poco más lento” tenía algún problema, doctor al teléfono y mamá cacheteándome para que me deje de cosas de una vez por todas. Traté, taré de hacerlo mucho mucho tiempo, pero en el fondo el problema real empezó cuando Marcel lloraba por todo, todo el día y a toda hora, algo le pasaba y yo sentía que algo debía hacer. Naelle reía y jugueteaba y Marcel quería que lo mesan para estar un poco tranquilo y ni cuando tomaba leche estaba tranquilo. Visité a varios doctores luego de que mi pediatra casi casi me mandó medicación a mí. Pero cuando empezó a hacer popó suelta y hasta con unos hilitos rojos ya me empezaron a escuchar (la gente incrédula al corazón que todo lo siente de una mamá asustada). Después de varios análisis y visitas al gastro, el mejor del Perú, Marcel fue diagnosticado con Alergia a la Proteína de Leche de Vaca (también está en otro post) pero aquí un resumen de lo que es:

La alergia a la leche de vaca (APLV) es la alergia alimentaria más común en lactantes y niños pequeños, entre un 2% y un 5% de todos los niños padecen esta afección. Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca. La proteína de la leche de vaca suele ser uno de los primeros alimentos complementarios introducidos en la alimentación del lactante y se suele consumir durante toda la infancia como parte de una dieta equilibrada.

Luego de eso, ya pasada la alergia después del primer añito, empezaron las rabietas desmesuradas. Creíamos que se había quedado un poco alterado con todo lo de la alergia, pero muy en el fondo yo sabía que no se trataba de eso. Fui donde una psicóloga, a un neurólogo y todos me decían que era muy pequeño para hacer algún diagnóstico. La conclusión fue que era un niño altamente sensorial y sería muy bueno empezar terapias. ¿Saben qué es un niño sensorial?

Algunos niños parecen tener problemas para manejar la información que reciben sus sentidos: cosas como sonido, tacto, gusto, vista y olor. También hay otros dos sentidos menos conocidos que pueden ser afectados: el primero es un sentido de conciencia corporal, mientras que el segundo implica movimiento, equilibrio y coordinación. Además, los niños con problemas sensoriales pueden ser hipersensibles a la estimulación, poco sensible a la estimulación, o ambos.

Empezamos terapias y mejoró, pero cuando empezamos el nido y ya para el tercer año de nido me comentaron que una evaluación de lenguaje sería un complemento. Él hablaba SUPER bien, y TODO. Es más, ya hasta me hacía pensar cosas porque sabía de la A a la Z con solo 2 años, contaba hasta el 100 y para la sorpresa de muchos, ya había empezado a leer. Hoy, a los 5 años lee cuentos. Es increíble.

El resultado de esa evaluación fue que teníamos que reforzar la parte pragmática de mi chino.

Cuando hablamos de dificultad pragmática del lenguaje nos referimos a los problemas que los individuos tienen en el uso del lenguaje con fines comunicativos. En las aulas, se observa que muchos niños no hablan, es decir, que les cuesta emplear el lenguaje como instrumento para relacionarse con los demás y para formular preguntas, peticiones y aclaraciones sobre el contenido que se imparte en la clase. Habitualmente, los niños con dificultades pragmáticas también presentan problemas en otros componentes del lenguaje, especialmente en el morfosintáctico. En cualquier caso, lo que interesa es establecer si hay algún tipo de relación entre la dificultad del lenguaje en general y la dificultad pragmática en particular (Acosta y Moreno, 2001).

Ya tenemos dos años en terapia de lenguaje. Yo siento que mi chino mejora mucho en ese lenguaje comunicativo que le faltaba, crea historias, inventa cuentos, juega lindo y es el más cariñoso de todos. Pero ahora, mi instinto me dice que ha llegado el momento de hacer esa última prueba que me falta para confirmar un diagnóstico al que le huyo hace mucho tiempo. Sé que es un niño único en el mundo, ahora ya no comparo, y por eso es que me freno a hacerle esa prueba, no sé si quiera etiquetarlo, porque al fin y al cabo eso sería nada más, una simple etiqueta. Pero también, al tener esa respuesta podría ayudarlo a ver cómo enfrentar la vida como viene. Pues esa misma vida no es tan linda y color de arco iris como es para él a sus 5 años. Cuando tenga 12, 15 o 20 será distinta.

…pero lo diré… quise escribir esto hace mucho tiempo, y no sabía cómo hacerlo porque la verdad es que tengo miedo. Todos los caminos conducen a lo mismo, al parecer mi chino tendría Asperger, pero de alto funcionamiento, una vez me dijeron que sería casi casi como un niño “savant” (o sabio como se le conoce normalmente). Pues  tiene todas las características para pensarlo, tiene facilidad para aprender idiomas, ama las matemáticas y es un capo con los cálculos, se sabe fechas de todo, tiene memoria fotográfica increíble (yo no entiendo como se puede saber las placas de los carros de mis hermanas, cuñados, sobrinos, etc), tiene facilidad para las artes como la música por ejemplo (toca piano, y canciones que aprendió con solo ver a su profesor un par de veces), y podría detallar mil cosas más.

Marcel a solo 3 días de nacido

Y la verdad de todo, es que si tiene o no tiene, no es lo importante, lo importante como ya lo dije, es que hay que saber cómo nos enfrentaremos al mundo de mañana, juntos. Porque con o sin esa etiqueta, siempre será el regalo más lindo que me mandaron del cielo junto con Naelle, y lo mejor de todo es que saldrá adelante poniéndonos en cualquier caso y escenario.

Así que, pronto más detalles sobre este y otros temas que me super interesan. He leído mucho, así que hay HARTO que contar.

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Terminamos PK (Pre Kinder)

Este fue el primer año de los chinos en el cole grande. Después de 3 años en el nido, su segunda casita, en salones chiquitos, con dos profesoras especialmente para ellos y todo chiquito y más personalizado (así son todos los nidos del mundo) entraron a otro mundo y el resultado no fue tan terrible como esperaba.

Creo que a la mayoría de mamás les debe pasar algo parecido: nosotras somos las más angustiadas antes, y durante todo el año en el colegio, mientras ellos aprenden, hacen amigos y se divierten todos los días. Y es que de verdad confiar a nuestros hijos, todo el día en un lugar distinto, con personas distintas, angustia. Pero así es la vida.

Como escribí hace unos días en Instagram, pasamos por tres años lindos en el nido, y este año lo hicimos una vez más: pudimos con los cumpleaños de dos salones, con dobles chats en el whatsapp, con tareas dobles, con disfraces de un día para otro sin confundir salones, con las semanas especiales, con la creatividad para ver las sonrisas de mis chinos llevando sus trabajos al salón, con las reuniones de padres de familia, con las reuniones personales una tras otra para entrega de informes, con las llamadas paralizantes para avisar una caída o un golpe, con los contagios típicos del cole, con todo eso y mucho más. Terminamos el año con “A” y con super buen pronóstico para entrar a Kinder 2020. Ya para el 2021 empieza lo REALMENTE bueno, primaria! Eso sí es ooootro mundo.

Muchas mamás me preguntan si los tengo en el mismo salón, y sino, ¿por qué no? Pues aquí va el detalle.

Los chinos empezaron el nido al año 4 meses. Los matriculé en talleres de verano para que se adapten más rápido al año regular de nido, conozcan a sus amiguitos y profesoras, y empiecen a relacionarse más con el ambiente. Además, al ser una mamá de oficina es algo que ayuda mucho. Pero como estaban chiquitos aún, pedí por favor que empezara en el mismo salón, eso les ayudaría tanto a ellos como a mí (el golpe de separación de la casa y angustia porque estén en un lugar desconocido sin su abuelita o personas de la familia atentos a ellos las 24 horas del día, angustia). Fue así por los los primeros dos años. Durante el segundo año de nido, las profesoras y algunas psicólogas me recomendaron que los separara, pues cada uno debía ser independiente, tener sus propios amigos, y saber que la relación de hermanos no era igual a ser siameses (parar juntos y pegados todo el día). Eso construiría y afianzaría aún más sus propias personalidades, gustos, preferencias, etc. Además, en el colegio sí o sí estarían en salones diferentes y ya solo les faltaba un año para pasar a él. Entonces a los 3 años empezaron en salones distintos. Fue chocante, pero más para mí. Tener dos profesoras, 30 mamás, 30 niños y fechas diferentes para entrega de tareas, exposiciones y más! Ellos, felices. Cada vez que llegaba a la casa cada uno me hablaba de sus amigos, y que los dos se veían en el recreo y lo más bonito era que, como estaban en un salón al lado del otro, a veces se veían por la ventana solo para ver que estaban bien. Al final del año ya estaban listos para irse al colegio. De hecho las cosas cambiarían un poco más, un poco más de niños por salón, un lugar más grande que su nido, otro tipo de rutinas, etc. Si bien es pre kinder aún, ya están en las ligas mayores pero cuando entraron ya sabían que irían a salones diferentes. Dejarlos cada mañana y ver cómo se despedían diciéndose “te veo en el recreo” me llenaba de felicidad porque sentía que estaban creciendo, y creciendo bien. Ya en la tarde, en su casa, juegan juntos, se ríen juntos y hacen todo juntos como hermanitos. 

Creo que es normal tener miedo a decidir si separarlos o seguir lo que siente el corazón de mamá cuando quiere que estén juntos y protegiéndose entre ellos siempre, pero lo que debe primar por sobre todas las cosas, es su crecimiento como seres humanos individuales en el mundo. Si no somos nosotras quienes los ayudamos, ¿quién? y una mamá fuerte es esa mamá que los empuja a hacer lo que tal vez no es muy cómodo (ni para ellos ni para nosotras), como las vacunas, el corregirlos cuando hacen algo mal, y tantas otras situaciones que nos esperan en este largo y lindo camino de la maternidad.

Felizmente, somos muchas para ayudarnos y darnos fuerzas entre nosotras ¿no?

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Separación forzada por primera vez

Empezamos el tercer año de nido, pero esta vez con una pequeña ENORME diferencia, los mellis estarán en salones distintos, con profesoras distintas, amigos distintos, y horarios de juego distintos. Todo un reto si consideramos que no han estado separados desde el minuto 1 en que vieron la luz de este mundo al salir de mi panza. Es bueno, sí, porque les da esa independencia que tanto he buscado, les da ese impulso para volar con sus propias alas y entender que no son seres dobles unidos por un lazo invisible sino que son hermanos, como cualquier hermano, con el detalle que nacieron a la vez, solo eso. Y es que me imagino que debe ser un poco difícil haber pasado casi 8 meses (en formación) aunque no lo recuerden (según las estadísticas, estudios y demás pero en realidad nunca sabremos a ciencia cierta qué es lo que sucede adentro de la mamá, y luego más de tres años juntos (con esas salidas independientes con mamá o papá para tener espacios especiales) pero nunca tanto como mirar al lado durante un día entero, por días seguidos y no ver ese “pedazo” que le falta a su cuerpo para sentirse completo. Sobre todo para mi Marcel, mi chino que todavía no entiende mucho de madurez.

El primer día creo que fue un poco más duro para mí que para ellos. Lo tomaron mejor de lo que esperé, y tal vez fue porque los días anteriores a empezar les expliqué que este año no estarían juntos en el mismo salón y tampoco compartirían los juegos a la hora de recreo. Que sus profesoras serían diferentes y que tal vez incluso uno tendría que esperar al otro a la hora de salida. Pero les prometí que siempre irían juntos y se regresarían juntos como todos los días desde el primer año en el nido. Les conté cómo se llamaban sus profesoras, les enseñé sus fotos y cada uno reconocía quién era la Miss de quien. No me hicieron muchas preguntas, lo cual me preocupó un poco y en la reunión previa con cada profesora se los comenté. Los salones están uno al lado del otro, felizmente, y además, las auxiliares de cada salón ya conocen a cada uno de mis chinos. Me prometieron que si alguno de los dos lloraba por el hermano lo harían progresivo, los llevarían a su salón si fuese necesario y en todo momento me mantendrían informada. De verdad me fui un poco más tranquila hasta que llegó el día. Fuimos juntos y fue perfecto. Marcel abrazó a su profesora (a quien ya conocía) y se despidió de mí con un beso diciéndome “adiós mamá”. Confieso que casi lloro porque sentí que no me necesitaba más. Luego fui con Naelle (la terruca) y estaba simplemente más que estabilizada y adaptada con su nueva profesora (a quien nunca antes había visto) ayudándola a acomodar las sillas para sus amigos que aún no llegaban. “Ya mamá, anda a trabajar” me dijo. Realmente me mató con sus palabras porque esperé llantos, jalones de ropa para que no me vaya. Me acerqué y le pedí que cuidara a su hermano si es que la extrañaba durante el día, pues él necesita más de ella que ella de él y todos lo sabemos. Asintió, me dio un beso y me dijo “ya mamá, tranquila”. Esta niña. es demasiado “yo”, no puedo llegar a otra conclusión.

Me fui con una mezcla de sentimientos pero todos positivos. Un poco nostálgicos, pero todos positivos. Los años pasan demasiado rápido, y si no aprovechamos cada segundo de ellos es aterrador porque la mente es frágil, y el tiempo no perdona. Los recuerdos quedan y el corazón no olvida, pero el tiempo pasa, y ellos crecen. Se hacen grandes, independientes, y ya no nos necesitan como bastón principal para caminar. Y eso es bueno, claro que sí! Pero duele aceptarlo, te das cuenta que estás haciendo una buena chamba con ellos, pero cuesta soltar y dejar volar de a pocos, porque de que caerán, caerán, una y mil veces, pero para eso estarás tú detrás, ya no como bastón pero sí como voz de aliento para ayudarlos a levantarse y dar ese nuevo paso que necesitan para intentarlo de nuevo. Tu rol de padre NUNCA termina, pero sí muta, cambia, evoluciona, o como quieras llamarlo. Y no es que “te necesite menos” pero te necesita “diferente”, es solo eso.

Ese primer día fue bueno, y los siguientes días siguen siendo buenos, hasta el momento. Estoy segura que habrán días difíciles como ayer, que Naelle tuvo un cumpleaños y a la hora de salida Marcel lloró porque él no tenía torta ni sorpresa (y no estuve yo para hacerle entender que esas cosas pasarán seguido y así le tocará también a él y a Naelle no), pero pasará y tendrán que entender. Y si a la primera no lo entiende, pues habrá una segunda. Será duro, sí; y para mí también porque no serán solo 18 cumpleaños en el año, sino 36; no serán solo 4 reuniones de entrega de notas en una sola hora sino 8 reuniones por separado; no será 1 chat de mamás; SINO 2!!!! Me da ataque y me quedo sin aire de solo pensarlo….. no adelantarse es la consigna, he dicho.

Mis mellis tienen la oportunidad de ser seres individuales desde ahora. Eso es muy bueno. Ya tienen suficiente con llevar la chapa de “los mellizos” hasta cuando sean adultos (porque estoy segura que así les dirán algunas personas), y ahora podrán empezar a ser Marcel y Naelle. Dos personitas hermosas que llegaron al mundo a la vez, pero siendo dos mundo totalmente distintos pero igual de mágicos y especiales.

Vamos con todo White y Purple Class!

Primer año de nido: 2016

Segundo año de nido: 2017

Tercer año de nido: 2018

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Avanti morocha

A veces me dan ganas de escribir de todo y de nada a la vez. Una de esas ambigüedades típicas de mujer, que nos atacan en cualquier momento y desespera hasta al más paciente caballero (si es que aún existen de esos que imaginamos). Y es que no es que seamos indecisas, es que tenemos TANTO que decir que no podemos elegir por dónde empezar. Y si somos de memoria selectiva y “corto-placista” como la mía, peor. Soy de las que anda con su lapicero y libretita por todos lados (o el celular para las modernas) para así apuntar todo lo que se me viene a la cabeza y no caer en el “qué iba a decir?” típico que me caracteriza.

Hoy es uno de esos días que parecen estar en “pausa” desde que salió el sol. Marcel con fiebre que sube y baja hace dos noches, esas que no te dejan cerrar el ojo por más de 30 minutos de corrido por temor a que la maldita suba a más de 40 de la nada y le achicharre el cerebro a tu peque (sí, así pensamos las mamás alguna vez en la vida), trabajo hasta por las orejas, encargos fuera de oficina que están retrasados por falta de tiempo, compromisos con los que no podré cumplir y por ende un cargo de consciencia acumulado. En resumen, días complicados, y un poco de alborotados.

Es también uno de esos días en que piensas en todo lo que no haces hace mucho tiempo, eso que extrañas, y te preguntas por qué no volver a hacerlo. Está bien que las etapas cambien, la línea de vida evolucione pero siempre tiene que haber lugar para eso que nos define como personas individuales, eso que nos llena y nos marca como únicos en el mundo.

Hoy abrí los ojos más temprano de lo normal y me pregunté hace cuánto que no abro uno de los libros que dejé a la mitad a solo unos metros de mi cama, en mi mesa de noche. Extrañé el olor y el color de las páginas en la noche cuando leía justo antes de dormir algunos capítulos de esos libros que me comía mes a mes para cumplir mi meta del año (mínimo 12, 1 por cada mes); extrañé dormir tarde, pero no por insomnio, sino por las series que no podía dejar de ver por más que al día siguiente el despertador me mirara amenazante para ir a trabajar; extrañé el corazón sin dolor alguno, me refiero a esos dolores típicos que te dan cuando se enferma un hijo, o cuando ves una llamada de la casa en pleno día y sabes que algo no está bien; extrañé las duchas largas por más de 10 minutos con agua hirviendo hasta que se empañen los espejos, las mascarillas y cremas perfectas después del baño y salir princesa de la casa pa’ fuera; extrañé algunas cosas más pero nada extraño más que a mis hijos cuando estoy lejos de ellos.

Pero, todo eso que extraño, lo seguiría extrañando si se trata de ellos. Y es que la vida que tengo ahora puede ser totalmente distinta a como era antes, pero hoy es completa. Tengo los brazos llenos, completamente de amor infinito y sé que lo estoy haciendo bien a pesar de todo. A pesar de la paciencia que a veces se acaba (pero hay una tienda en donde siempre hay más para comprar), a pesar del cansancio que se acumula (pero que increíblemente desaparece de la nada prometiendo volver), a pesar de las preocupaciones (que sin ellas no sería tan real la vida después de todo), a pesar de las quejas, que nunca faltan y a pesar de todo lo amargo que pueda resultar un día común, no cambiaría nada de nada por terminarlo como termina siempre: con ellos, con mis chinos.

Como siempre, un post que empezó para hablar de algo puntual, terminó siendo el reflejo más claro de lo que siento hoy en mi loco mundo, pero lo importante es que salió del corazón. Y cuando salen de ahí, son más bonitos y más sinceros. A veces, es lo que necesitamos para sentirnos mejor y para que con solo soplar un poquito, las nubes empiecen a correr y dejen que salga el sol (a pesar de estar en pleno verano).

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Los temidos “retrocesos” en niños de 3 años

Este ha sido mi primer mes como mamá con horario de oficina después de un tiempo. Creo que fue incluso más difícil que la primera vez que regresé a trabajar luego de mi post natal. ¿Por qué lo sentí tanto esta vez? La respuesta es sencilla, mis hijos están más grandes y ahora pueden decirme fácilmente “mamá no quiero que te vayas”, lo cual antes no sucedía porque seguro me extrañaban, pero ni siquiera ellos sabían que eso era extrañar.

Ahora que ya vamos un mes, puedo respirar un poco más tranquila porque ya nos estamos adaptando a la nueva rutina. Pero sí que está costando, y confieso que por unas horas pensé en tirar la toalla y volver, estuve preocupada. Los niños a veces muestran su desagrado con alguna situación de maneras que no entendemos, y en esta familia múltiple, el que me hizo tambalear y dudar de mis decisiones fue Marcel. De buenas a primeras empezó a hacer cosas que ya no hacía antes, y yo lo veía como un retroceso, y empecé a pensar lo peor.

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Como siempre, caí en el gravísimo error de consultarle a “San Google” y la verdad que fue 300 veces peor. Por eso siempre recomiendo NO buscar cosas en internet por más que nos estemos desmayando de curiosidad, a la larga terminamos más confundidas de lo que empezamos. Pero bueno, lo hablé con sus misses en el nido y con la terapeuta que le da terapia ocupacional dos veces a la semana y por fin entendí.

¿Cómo es que empecé a notar el cambio? Pues, empezó a hacerse la pila en el pantalón pero, no porque se le escapara, lo hacía adrede y mirándonos a los ojos. Me empecé a dar cuenta que generalmente lo hacía cuando le llamaban la atención: Marcel, hijito no agarres esto; Marcel, por favor no grites; Marcel, por favor juega bien con tu hermana y no la jalonees. Volteaba, clavaba los ojos en su “víctima”, abría la piernas, y empezaba. Pasó de ser preocupante, a preocupante + estresante + desesperante. Me lo hacía en la casa, en el nido, en el centro comercial, en el parque. Fue por eso que consulté y lo que me dijeron cobró totalmente sentido: Marcel estaba manifestando su molestia porque su mamá no estaba en casa de esa manera, para llamar la atención, para decirnos que él estaba molesto por ese cambio. Luego empezó a dormir mal por las noches, e incluso a veces despertaba diciendo: Mamita ayúdame, no me dejes. Esta es la parte más dolora de toda la historia. En sus sueños, él me reclamaba, cosa que no podía hacer cuando estaba despierto. Pero por fin, me lo estaba diciendo, él no quería que yo lo dejara. Y yo, me sentía un poco más mala mamá.

Conversando al respecto con las personas que me ayudaron a aclarar un poco el panorama, me comentaron puntos bien interesantes: Y es que existen muchas razones por las que el niño de repente vuelve a su primera etapa. De repente un día, el niño que ya no usaba chupón lo vuelve a pedir, y puede que los papás se molesten un poco pero esto es un error. El niño lo que está pidiendo muchas veces con esta actitud es más atención por parte de sus padres.

Entre las razones de por qué sucede esto y se produce una regresión en el niño, están:

– La llegada de un hermanito: aparecen los celos y el niño mayor intenta captar la atención de los padres, que en ese momento se están volcando más con el cuidado del recién nacido.

– El miedo a crecer: la regresión se sucede sobre todo entre los 3 y 5 años, momento en el que el niño deja de ser tan niño. Suele coincidir con el comienzo de su etapa en preescolar. De pronto se le exigen una serie de tareas, como a los adultos, y el niño siente temor al fracaso.

– Comienza a ir al colegio: y aparece el miedo a lo desconocido. El mundo de los adultos le asusta y prefiere volver a su primera etapa, cuando era un bebé y apenas se le exigía nada.

– La muerte de un familiar: cuando el niño es muy pequeño, no entiende el significado de la muerte. Si de pronto desaparece de su vida alguien con quien el niño tenía mucha relación, se puede sentir desorientado. La regresión es en este caso una forma de búsqueda de esa persona que acaba de perder.

– Problemas en la relación entre los padres: cuando el niño no encuentra estabilidad en el hogar y presencia constantes peleas, aparece el temor y la inseguridad. Y algunas veces se manifiesta de esta forma, con una marcha atrás del aprendizaje adquirido hasta ese momento.

Las causas pueden ser muchas, todas o ninguna. Puede que tal vez el niño necesite respirar un poco y decir “aguanta que no me quiero estresar”, para luego continuar con su evolución y crecimiento natural. Y lo mejor que podemos hacer para ayudar a un niño que está pasando por esta difícil situación, está aquí:

– Evitar decir frases negativas como ‘pareces un bebé, y tú ya eres mayor para hacer esas tonterías’.

– Jugar más con él. Dedicarle más tiempo. Muchas veces solo es eso lo que quieren, piden y necesitan “más tiempo de sus padres”:

 

– No regañarles ni enfadarse con el niño. Es molesto tener que empezar de nuevo con el control del pis o tener que corregirle de nuevo cada vez que habla como cuando tenía dos años, pero hay que ser paciente.

– No imitarle. No usar las palabras que él usa para sentirse de nuevo ‘bebé’. Corregirle pero sin molestarnos.

Y es así como poco a poco Marcel fue empezando a pedir de nuevo cuando quería ir al baño a hacer “pichi”, felizmente solo pasó con eso y no con la caquita, creo que eso si hubiera sido más difícil. Pero como todo en esta vida, es una etapa, estamos saliendo de ella, y estoy segura que se vienen más retos, pero de hecho, con mucha paciencia, ganas y con la más grande de las fuerzas, saldremos adelante.

Sé que no soy mala mamá, yo trabajo para ellos, para darles lo mejor, pero soy de carne y hueso. A veces me pongo triste y me cuesta un poco ver las cosas desde el lado brillante del arco iris, pero felizmente después todo se ve más claro.

 

 

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Operación DES conexión

Desde hace un tiempo se vienen escuchando cosas sobre los daños que causan los dispositivos electrónicos en la gente. Si hacemos énfasis en lo que causa en los niños, es aún más preocupante. Circulan videos, audios, notas en medios sobre los peligros y descubrimientos nefastos que conlleva el uso de celulares, tablets, computadoras, antenas de wifi, etc, y la verdad, no los he visto todos porque esas cosas me trauman. Y la verdad es que todo en esta vida hace daño y la solución sería mudarnos a una cueva y volvernos hombres de las cavernas para vivir por más tiempo.

Pero si de mejorar la salud de mis hijos se trata, y contribuir a un mejor desarrollo de su cerebro aún en formación, pues bienvenidos los consejos. Entonces, la pregunta fue, ¿qué puedo quitar de su rutina, o mejorar para poder contribuir a este objetivo? NO puedo destruir la antena que hace un año pusieron en el parque frente a mi casa (aunque ganas no me faltaron cuando la estaban colocando, hasta firma de vecinos hicimos pero nada pudo con la GRAN CORPORACIÓN detrás de esto), pero sí puedo reemplazar el uso de las tablets a la hora de la comida por algo más sano y divertido. Paso a paso fuimos quitando esta mala manía adquirida hace unos meses.

Todo empezó cuando no querían comer, y se aburrían al toque, la solución fue el mágico YouTube primero desde mi Tablet para los dos al centro de la mesa. De hecho era una batalla campal para elegir EL dibujo que querían ver, pero luego, las ofertas llegaron y compramos dos mini tablets, una para cada uno y que no hayan peleas. Santo remedio, todo era paz a la hora de la comida. Salvo que notamos que no se concentraban mucho en comer, y lo hacían más lento, pero ahí íbamos. Confieso que nunca me gustó del todo esta modalidad, pero era lo más sencillo, y me resultó cómodo. Un día una de las tablets se malogró y fue como un empujón a tomar la decisión del cambio.

Optamos por los cuentos. Realmente fue, y sigue siendo un momento mágico la hora de la comida con cuentos. Teníamos algunos y primero usamos esos, pedían que les cuente cuentos mientras comían, y como es un poco difícil leerlos, me inventaba a veces las historia por las imágenes que íbamos viendo, y ellos felices. Tanto que he llegado a contar el mismo cuento ya 4 veces seguidas porque les gustó tanto que al final dicen “otra vez”! Siento una gran emoción porque es un GRAN hábito y además, una meta que logramos en poco tiempo. Pensé que nunca se DES acostumbrarían a comer sin videos! Y era una pesadilla porque en el fondo NUNCA me gustó del todo hacerlo. Confieso que a veces en algún restaurante sí les he dado mi celular para que estén un rato tranquilos, sino es UN CAOS.

En estas semanas he ido comprando libros y cuentos en ofertas en Crisol por ejemplo, y también en Wong y Tottus, hay cuentos muy lindo a S/.14 o algunos un poco más de S/. 18 pero super didácticos. La idea es tener variedad para que ellos mismo elijan a la hora de comer y agarren el gusto por la lectura.

Compré estos libros con lenguetas para jalar y pestañas movibles en Crisol

Estos están de oferta en Crisol!

Este pack de libros viene en maletita y hay de distintos personajes

Este tipo de libros vienen con texturas para que ellos mismos experimenten

Estos libros están cerca de S/. 7 en Wong!

Los libros de las hermanas Paz son lindos y tienen muchas enseñanzas

Obviamente esto es como quitarle un balde de arena a la playa, porque estamos plagados de dispositivos y redes inalámbricas y antenas, y miles de cosas más que finalmente nos pueden estar haciendo un daño silencioso sin que nadie lo note, pero al menos algo es algo. Además, estoy cargando mi celular AFUERA de nuestro cuarto y apagado; en las noches cuando ya todos duermen, apago el wifi hasta el día siguiente y tratamos de calentar todo en la cocina para no usar el microondas que ese sí creo que es un aniquilador de los más aniquiladores.

En fin, algo es algo y si todos nos ponemos en el plan “por una vida menos electrónica” creo que estaremos haciendo un GRAN aporte a nuestros niños. Para que mañana no todo sea tecnológico y cada vez volvamos a lo que antes estuvo de moda.

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La ansiedad en los niños de 3 años

Mis hijos ya no son bebés. Tienen ya 3 años y aunque me cueste aceptarlo, se están haciendo grandes. De hecho, necesitan de nuestra guía y apoyo para seguir caminando por un buen camino, pero ya se van dando cuenta que son seres independientes con gustos, preferencias, manías y miedos propios de un ser individual. Miedos, así como lo escribo, es en este momento de mayor consciencia en donde aparecen con fuerza los diferentes miedos, uno de ellos, y tal vez el más fuerte, la separación.

Desde que nacen, viven casi pegados a la mamá, saben que ella es su máxima protectora, y la necesitan para sobrevivir, es instinto puro. Cuando crecen, entienden que los padres a veces se deben alejar (trabajo, reuniones, compras, etc) y es aquí donde empieza la ansiedad y miedo por la separación. Es normal, y se conoce que afecta al 4% aproximadamente de la población infantil.

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Las causas que provocan la ansiedad de separación en el niño de 36 meses son diversas aunque normalmente este comportamiento se ha asociado con un estilo educativo sobreprotector. En estos casos, los padres suelen mantenerse muy atentos al niño y cortan su libertad, por lo que terminan generando una gran inseguridad. Como resultado, el pequeño se suele sentir indefenso e incapaz de hacer las cosas sin la ayuda de los padres, le atemoriza quedarse solo y experimenta una gran ansiedad cuando no tiene cerca la figura que le transmite confianza.

Es por esa razón que no debemos excedernos tanto en la parte sobre protectora. Hoy en día, la sobre protección se considera como “maltrato” y no porque se abuse del niño en forma física, sino porque se le priva al niño de cosas naturales que le toca vivir. Por ejemplo, si es que nunca los hemos llevado a la piscina por miedo a que les pase algo (lo que sea por más loco que suene, las mamás tenemos esa manía de inventarnos cosas en la cabeza) y un día les toca ir de paseo con amigos, todos ingresan al agua menos él/ella quien se queda mirando triste porque no sabe nadar y le da miedo. Es un ejemplo que me puso una psicóloga hace un tiempo. Pues soy una de esas mamás con miedos locos que a veces ni los cuenta porque la encerrarían en el Larco Herrera.

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Un niño con ansiedad a la separación de los padres se agita cuando estos se van, irrumpe en llanto, corre al lugar donde usualmente se encuentran sus padres y hasta incluso puede llegar a temblar. El cuidador a cargo muchas veces no puede calmarlo. Tenemos que entenderlos y ponernos en su lugar, pues a los 36 meses el pensamiento mágico está en increíble crecimiento y simplemente imaginan cosas relacionadas a la desaparición de los padres, y eso asusta. Por eso, en cuanto escuches algo que suena a invento, deben intervenir inmediatamente para que esas cosas no sigan creciendo en su creativa cabecita.

Sin ir muy lejos, hace unos días que me fui a una reunión, mi china “se inventó” que su papá la había gritado y la lanzó por la ventana para que la chancaran los carros. ¿Eso suena lógico? Para nada, entonces yo sabía que seguro él le habría llamado la atención por alguna travesura, y ella al buscarme y no encontrarme se puso a llorar y papá trató de calmarla, pero ella en su cabeza necesitaba mi protección porque sino, podrían pasar esas cosas (aunque sabemos que eso JAMÁS pasaría). el pobre #PapáLalo cuando le conté solo me dijo “cómo haría eso por favor!”.

Este temor no es exclusivo de esta edad, puede aparecer antes o incluso cuando son mucho más grandes. Lo bueno, es que a los 3 años ya nos entienden un poco mejor y podemos explicarles las cosas con mayor “facilidad”.

Aquí tenemos algunas estrategias para luchar con el problemilla de manera sencilla:

  • Explícale que será algo temporal:Cuéntale que regresarás lo más pronto posible a buscarlo. Explícale que tienes que salir y que aunque quieras mucho estar con él/ella no te puede acompañar esta vez.
  • Practica en casa: Si tienes mucho tiempo en la casa, prueba dejarlo jugando y tú anda a la cocina a preparar algo, al baño o al comedor a prender tu computadora (eso hago por ejemplo casi siempre).
  • Antes de irte asegúrate que haya comido y esté tranquilo: Cuando ellos están irritados no atan ni desatan por un tiempo. Entonces, si es que no han comido estarán más irritables aún y no probarán ni una cucharada. Planifica tu horario.
  • Cuando te separes, hazlo tranquila: si te muestras ansiosa es peor. Ellos lo detectan todo y si estás ansiosa y dudando si hacerlo o no, perdiste. Es importante hacerlo rápido y en “zaz”, bajas, cierras y te vas. Sin mirar atrás.
  • Encuentra estrategias para que esté contento antes de irte: Debes encontrar una motivación que le cause menos estrés para afrontar que te irás por unas horas. Un juego o tal vez el hecho de decirle que solo los campeones y valientes se quedan tranquilos cuando sus papás salen.

Así como hay estos tips básicos, cada una seguro tendrá trucos sencillos para estos momentos. Sería buenísimo compartirlos para otras mamis que pasan por estos problemas.

Felizmente, el nido ayuda mucho y contrariamente a lo que siempre pensé, cuando los dejo me dan un beso y me dicen: “chau mamá, vuelves más tarde por nosotros”, y se quedan felices jugando con los amigos. Eso me emociona mucho.