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¿Planes?

Desde que soy mamá, he aprendido que no existe el plan perfecto ni aunque sea pensado hasta el más mínimo detalle. Siempre algo sale mal o no sale como lo esperamos, por eso debo entender que es necesario trabajar en mis expectativas, para no llevarme la final una desilusión.

Bueno, resulta que este sería el primer año nuevo de los mellis en la playa. ¿Por qué recién y no el año pasado? Porque simplemente no me imaginaba en la playa con dos bebitos de 4 meses que ni siquiera pueden sentarse por sí solos. A pesar de las insistencias, consejos, tips y hasta críticas «constructivas», no cambiaba la tranquilidad de estar en casita con los bebes y con mi Bruni tembleque por los coetones.

Pasó el verano y no fuimos a la playa. Yo había empezado un nuevo trabajo y ellos recién empezaban su vida en el mundo y me parecía un poco pronto para bloqueadores, arena y demás. Puede sonar algo neuromamá, pero lo siento mucho, si lo soy, soy neuro y a mucha honra. Pero lo que es yo, no quería estresarme más de lo que ya estaba por la ausencia de leche materna que tenía, la lucha porque ambos tomaran su biberón, las caquitas sueltas de Marcel por la alergia a la proteína de leche de vaca y los pocos gramos que Naelle subía en cada control médico. Por eso decidí no ir en ese año.

Ya hoy, es distinto. Ellos ya están más grandes, caminando solos, y un poco más «independientes» que antes», pero con ello también llegan otros tipos de retos como: correr tras ellos para que no se tiren por las escaleras, cambiar pañales en pleno movimiento, guerras de comida a la hora del almuerzo, y muchas cosas más que me hacen literalmente sudar «con gotas y todo» de buenas a primeras. Pero con todo y esa complicación, me animé.

El problema ahora era otro. La logística completa empezaba a molestarme y a dejarme noches sin dormir por la larga lista de «cosas por llevar» que tenía: 2 pack and play, 2 coches, un esterilizador, 2 tipos de pañales (uno G y otro XG), biberones, leche, agua de bidón a montón, una bañera, colchones para el P&P, juguetes (esos que nunca deben faltar), y sin mencionar cada prenda que debo llevar (por si se ensucian, si se les pasa la pila, si se mojan, etc, etc etc). Y seguro no terminan de aparecer las cosas por llevar, pero lo cierto es que en mi humilde carro no entraría todo en un solo viaje. Y no hablo de un viaje aquí nomas. Nosotros nos vamos casi por Cerro Azul, casi casi la última playa del sur de Lima.

En fin, el viernes de Navidad nos entró la locura y dijimos «vamos mañana a la playa». Es hora de que conozcan el mar y la arena, y de paso llevaríamos algunas cosas para «adelantar». Y nos fuimos… fue bonito, ver la cara de mi chino tocando la arena feliz y llorando porque ya debíamos regresar a la casa; mi china lady sin querer tocar mucho la arena pero igual feliz de ver el «maiiii» como ella le decía al mar, lo compensó todo. Pero lo que pasamos en esas horas fue realmente agotador. Corriendo aquí y allá mientras arreglábamos la casa y donde ellos dormirían, intentar darles de comer en un lugar ajeno al suyo, esperar a que llegue el sueño después de haber dormido en el carro durante el viaje y pasar la noche casi en vela por sus constantes despertadas de madrugada, simplemente nos mató.

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Puedo contar con luje de detalles lo que pasó minuto a minuto, pero realmente me canso de solo acordarme. Es chistoso, y ahora nos reímos de ese día que pasamos por allá, pero en el momento solo pedíamos pausa al tiempo. Creo que ni nos pudimos bañar en la ducha por todo el tiempo que estuvimos detrás de ellos cuidando que no se tropezaran con las gradas de la casa, ni que se metieran a los huecos más desconocidos de sus vidas. Ellos felices, pero nosotros molidos.

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Es así como decidimos, un año más, pasarla en casa, tranquilos los cuatro celebrando y dándole la bienvenida al año como se debe. Creo que aun es un poco complicado salir con «menos» cosas de las que necesito para ellos. Porque bueno, para algunos seré complicada, pero si lo vemos desde los ojos de una mamá de doble yema, estoy segura que no se vería así. Prefiero con calma volver a ir luego de fiestas, todo más tranquilo, relajado y felices todos. Así, ellos y nosotros desfrutaremos más nuestro día off.

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Además, sea donde sea que la pasemos, si estamos juntos los 4 siempre es mejor.

Feliz año nuevo!!!

 

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Una nueva mamá

Es increíble pensar cuántos bebés llegan al mundo cada día. Cercanos y desconocidos día a día el mundo se llena de bebés que hacen su entrada triunfal a este mundo que lejos de ser perfecto, les da la bienvenida con los brazos abiertos. Cada día hay una (o varias) mujeres que cumplen un deseo, dan una vida, se vuelven especiales. Y a todas ellas quisiera decirles algo.

A ti nueva mamá:

La maravilla que acaba de pasar es real. Ese corazón que latía dentro de tu panza, ahora debe empezar a latir fuera de ti. Y a cualquiera eso asusta al principio. Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco nadie dijo que tu bebé vendría con manual bajo el brazo y botón de On / Off. No existe mujer que haya estudiado cómo ser mamá, eso se aprende en el camino. No te volverás experta de la noche a la mañana, pues serán esas noches y mañanas las que te enseñarán a ser lo mejor que pudo pasar en la vida de ese bebé que llegó al mundo gracias a ti.

Cambiar un pañal puede ser tan aterrador al inicio como estar en una montaña rusa. Pierde ese miedo porque nadie más lo hará mejor que tú. Ayuda tendrás, y si piensas que no la tienes, pídela. Nadie se negará a darte una o las dos manos las veces que lo necesites. Y pedirla no te hace mala mamá, sino humana.

La lactancia no es como jugar a saltar la soga. La lactancia duele. Duele física y emocionalmente, pero ahora alguien más debe alimentarse de ti. Ese dolor debe impactar lo menos posible. Y otra vez, no eres mala mamá si al poco tiempo de intentarlo decides aplicar la famosa y «temida» fórmula. Nadie tiene por qué juzgarte. Si tienes aprovéchalo al máximo y disfruta del momento. Y si no la tienes, siéntete feliz porque lo intentaste. Esa conexión de la que todos hablan cuando tu bebé se alimenta de ti es bella, pero esa misma conexión la puedes hacer de mil maneras más, hasta con un biberón en el medio.

Los días se pasarán rápido y tal vez las primeras semanas no logres diferenciar el día de la noche, ni los lunes de los domingos. Pero serán después los mejores días de tu vida. Días en los que te tomarás el tiempo de entender que esa responsabilidad tan grande que ahora está en tus manos no debe asustarte sino hacerte sentir orgullosa porque lo estás haciendo bien.

Llora si quieres llorar. Enciérrate en el baño y saca todo lo que tengas dentro, luego sécate esas lágrimas y vuelve con la misma sonrisa y voz tierna que tu bebé escuchaba hace meses. Ellos absorben todo de ti, tu paz, tu alegría, tus ganas de vivir, tu amor, tu cariño, así como también tu pena y preocupación. Tú eres la extensión de su cuerpo cuando lo cargas. Tus brazos son sus brazos, ellos aún no saben en dónde termina su cuerpo, por eso tú eres su todo. Siéntete feliz por ello porque más adelante querrás volver a ser su todo.

Duerme cuando puedas. Las ojeras son lo de menos y qué mejor que mostrar esas marcas de mamá primeriza en pleno entrenamiento. Una siesta de 20 minutos es como una siesta de una hora. Y no le temas a las noches, luego las extrañarás y esas noches no vuelven. Solo quedan en tu memoria, así que trata de construir historias lindas para contarlas luego.

A ti nueva mamá, te digo que tal vez hoy te sientas abrumada y temerosa, porque es realmente un gran cambio. Pero a ti nueva mamá, también te digo y te prometo que serás una excelente mamá. La mejor mamá que pudo elegir tu bebé.

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Y cayeron los dos… una vez más!

Varias cosas se dicen antes de ser mamá. Escuchas consejos, vivencias, tips, alguna que otra crítica y reniego, pero muy pocas veces escuchas de eso que se llama «dolor real cuando tus hijos se enferman». Y nadie, te puede contar lo que se siente por más leve que sea la enfermedad.

Tus hijos se van a enfermar, se van a caer y van a sufrir lo normal. Son seres humanos y debes entender que esas cosas van a pasar lo quieras o no. Puedes jugar a ser la mujer maravilla y la que todo lo puede evitar, pero muchas cosas no se pueden evitar como las fiebres, los dolores de estómago, los resfríos, los moquitos, los golpes por alguna travesura o cualquier aventura de caminador aprendiz. Pero lo bueno es que siempre en tus brazos, todo eso será más llevadero para ellos.

Creo que ni mi mamá me dijo cuánto me dolería ver a mis hijos enfermos. Es realmente un dolor que cansa, agota y te pone nerviosa también. En mi caso, mis temores máximos cuando uno cae es que caiga el otro, y no hay nada que me reviente más que me pregunten si ya se enfermó el otro. Tanto cuesta pensar que no es un HECHO que los dos se enfermen. Sí, es muy probable que se contagien, pero qué pasa si no? Y lo digo por experiencia, el contagio no es obligatorio. Y bueno, pensar en volver a pasar lo mismo días después de recuperado el primer bebe, cansa por anticipado.

Hoy tengo a los dos enfermos, una con fiebre por garganta y oídos y el otro por estómago malito. Virus o algo que se metieron a la boca (como todo lo que se les cruza por los ojos), es una situación máxima de estrés. Los bebes ya tienen un año pero me sigue preocupando tanto la fiebre como la primera vez que les dio cuando era apenas unos bebitos. Tengo la culpa? No, eso se llama «mamá primeriza» aprendiendo a vivir la vida con sus bebés en el mundo. Ese mundo que trata a todos por igual, bebés y adultos.

Y es que no puedo con la idea de imaginar su cuerpito batallando contra un virus que está atacando su sistema. Son tan chiquitos, y aún no me pueden explicar qué sienten para ayudarlos. Lo único que puedo hacerlo es estar a su lado y tratar que juntos pasemos estos días amargos para olvidarlos y volver a jugar y pasear como siempre.

Pero sí, los días de enfermedad son para meterlos en un cajón bajo cinco llaves y nunca más volverlos a abrir. Cómo duele no poder hacer más por ellos. Y como siempre digo cuando se enferman, cómo no pudiera robarles el mal que los ataca y sentirlo yo pero no ellos. Sería todo tan distinto.

Por lo pronto, los minutos pasan y yo desde este escritorio un poco lejos de ellos, solo cuento los minutos para volver a verlos y abrazarlos fuerte a ver si de esa manera me robo un poquito de su dolor. Todo por ellos, todo para que se sientan bien y volvamos a reírnos de nuevo. Siempre juntos…

 

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Bebés milagro: Bebés prematuros

Hace mucho tiempo quería hablar sobre este tema, pero se me hacía difícil. Un bebé prematuro nace antes de cumplir las 37 semanas de gestación y sus órganos puede que no estén formados por completo. La fragilidad de los bebés prematuros les hace correr riesgos que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), podrían evitarse con intervenciones actuales, eficaces y poco costosas en algunos lugares del mundo. Mis bebés nacieron a las 34 semanas, tal vez por eso me tomó tanto tiempo asimilarlo y no fallecer en la lucha por sacarlos de ahí. No fue fácil pero lo logramos con mucha fe, paciencia y aunque a veces sea un estrés con pies, mucho buen humor.

CAUSAS DE LA PREMATURIDAD
Según muchos expertos en el tema, existen numerosas causas de prematuridad pero en la mayoría de los casos suele darse por una infección provocada por la rotura de la placenta antes de tiempo, aunque también una de las causas más frecuentes son los partos múltiples, y hoy en día este tipo de embarazos es más frecuente ya que son provocados por técnicas de reproducción asistida por los numerosos y cada vez más ascendentes casos de infertilidad.

Al incremento progresivo de la reproducción asistida hay que añadir el aumento de la edad de las mamás y los embarazos gemelares, justamente por la edad avanzada en la que son concebidos. Ya que, como se ha observado en muchos estudios, a más edad, más posibilidades de tener embarazos gemelares.

Puede deberse también a infecciones y enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión o la influencia genética; Sin embargo, muchas veces no se identifica la causa.

CLASIFICACIÓN O GRADO DE PREMATURIDAD
Se considera prematuro un bebé nacido vivo antes de que se hayan cumplido 37 semanas de gestación. Los niños prematuros se dividen en subcategorías en función de la edad gestacional:

– Prematuros extremos ( – Muy prematuros (28 a – Prematuros moderados a tardíos (32 a

El parto inducido y el parto por cesárea no deben planificarse antes de que se hayan cumplido 39 semanas de gestación, salvo que esté indicado por razones médicas.

PROBLEMAS A LOS QUE SE ENFRENTA UN BEBÉ PREMATURO
Podría hablar mil horas de los problemas y males, y secuelas que puede dejar la prematuridad, pero no. Lo que más importa es salir de ella y pensar positivo. Mes a mes es una lucha y cada gramo importa. Cada centímetro suma y cada cosa que hagas como padre lo vale todo. No importa si tu bebé nació con menos de un kilo incluso, como el caso de una muy buena amiga mía (y maestra mellicera) cuyas bebitas son simplemente 2 milagros de vida: Brisa y Paula que ahora tienen más de 2 años y nacieron tan solo de 29 semanas con menos de un kilo cada una. Ejemplo de lucha en todo sentido.

Creo que no vale la pena hablar de los problemas a los que se enfrenta un prematuro, porque simplemente lo que debemos hacer es llenarnos de buenos pensamientos y pensar que serán niños absolutamente normales y sanos en solo unos meses que agarren peso, y puedan adaptarse al mundo. Mejor podemos hablar sobre cómo prevenir este tipo de partos, aunque solo el de arriba sepa qué pasará con cada uno de nosotros aquí abajo.

MANERAS DE PREVENIR LA PREMATURIDAD
– Estar con buena salud antes de quedar emabarazada.
– Recibir cuidados prenatales lo más temprano posible en el embarazo.
– Continuar el cuidado prenatal hasta que el bebé nazca.
– Recibir cuidados prenatales oportunos y buenos reduce la posibilidad de un parto prematuro.

El parto prematuro se puede algunas veces tratar o retardar por medio de un medicamento que bloquea las contracciones uterinas; sin embargo, los intentos por retardarlo muchas veces no son efectivos.

La betametasona (un medicamento esteroide) administrado a madres en parto prematuro puede reducir la gravedad de algunas de las complicaciones de la prematuridad.

EJEMPLO DE VIDA Y DE LUCHA
Finalmente, no hay nada que valga más la pena de ver cómo la balanza se inclina a tu favor con los gramos y centímetros que el doctor suma a la cartilla de crecimiento de tu bebé. Y no hay nada más satisfactorio que escuchar de tu médico «felicitaciones, estos bebés parecen haber nacido a las 40 semanas y no se enteraron que en algún momento fueron prematuros». Y eso solo se logra con fe, y mucha fuerza. No te digo que sea fácil y que todos los días te levantarás con una sonrisa en la cara, pero cada biberón vacío, cada talla de pañal extra y cada ropa que dejan de usar porque les queda chica, es motivo de fiesta durante los primeros meses de vida de un bebé prematuro.

Sino, dejen que el video que les muestro a continuación hable por sí solo.
Ejemplo de vida, ejemplo de mamá luchadora y ejemplo de bebé milagro…

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Leche de mamá

Aún recuerdo cómo me desvivía por llevarles leche a los bebes mientras estaban lejos de mí. Fueron solo tres días, pero desde el número 1 estuve dale y dale con el extractor pegado al cuerpo para sacarme hasta la última gota de calostro, ponerla en sus biberones y darle una toma a uno y a la siguiente al otro. Toda una hazaña para una mamá que lo único que quiere es estar al lado de sus hijos recién nacidos.

Tenía que conformarme con hablarles a través del vidrio durante todo el día 1. Recién operada pero con las pantuflas bien puestas para permanecer parada al lado de cada uno alternando cada 3 minutos. Al siguiente día, día 2, ya pude tocarlos, metía mis manos por las ventanitas de la incubadora y podía sentir su piel. Me recargaba de energía y volvía al cuarto a darle a la máquina. Todo era por ellos. Luego, al día 3, ya pude cargarlos, cantarles canciones, tocar su naricita, manitos, piesitos y todo lo que podía hacer sin molestarlos. Tengo grabada en la mente la forma en que juntos, los 3, mientras su papá hacía papeleos, rezábamos en silencio por los bebitos que estaban al lado, en UCI, chiquititos, indefensos y siempre con su ángel de la guarda al lado (su mamá). Pedíamos por ellos y por sus mamitas, para que les llegue esa fuerza adicional que se necesita para seguir luchando.

Esa misma noche, nos visitaron en el cuarto y fue simplemente mágico. Pude por primera vez sentir su cuerpo sobre el mio con sus manitos en mi pecho alimentándose de mí. Cómo olvidar ese momento feliz. Luego, volvieron para tomar fórmula, pues yo no tuve opción. Al ser prematuros (ya hablaré sobre este tema en otro post) debían alimentarse bien. No podía darme el lujo de pedir lactancia materna exclusiva porque ellos debían ganar peso, mientras yo aumentaba mi producción de leche.

Iba a ser «sencillo» según yo. Al día siguiente nos fuimos a la casa y empezó el verdadero reto. Cada 2.5 horas los bebes debían tomar leche. Es así como empezaba con materna, a la derecha Marcel y a la izquierda Naelle. Ahí como unos 20 minutos hasta que ya les preparaba sus biberones y ya está. Lista su ración de esa hora.

Lo que más deseaba era tener leche para regalar. Imaginaba mi refri llena de bolsitas de leche que solo debía sacar para descongelar. Pero la realidad era otra. Cada día que pasaba llenaba la misma cantidad en los biberones del extractor: máximo llegaba a 4 onzas en total. Eso no era suficiente para mis bebés.

Empecé con agua de cascarilla de cacao, sabía que TODO líquido era bueno para estimular la producción de leche, pero empecé por ahí. Luego decidimos poner un bidón de agua en mi propio cuarto, tomaba y tomaba cada vez que podía. Vino el agua de hinojo, la avena y todos los líquidos existentes en la faz de la tierra. Nada pasaba. Las 4 onzas era el tope máximo al que podía llegar. Además de tener a los bebes prendidos todo el día para «seguir estimulando» cuando hacía la prueba con el extracto por la mañana (después de toda una noche «cargando»), nada. Era muy frustrante.

Me acuerdo un día que se me cayó un biberón cuando recién me había extraído la leche. Lloré a mares mientras limpiaba el piso. Cómo era posible que una mamá que deseaba con toda su alma dar de lactar a sus bebés tuviera tan poca leche? Encima, no podía darse el lujo de hacer lo que muchas «aconsejaban»: deja que tengan hambre hasta tres días, ellos solitos verás como empiezan a jalar con más fuerza y sale más leche. IMPOSIBLE. Mis bebés luchaban día a día por sumar más gramos a su cuerpito y yo lo privaría de leche? No gracias.

Tenía que empezar a aceptarlo para no sufrir más. Era muy triste ver cómo tenía que darle a Naelle un biberón de mi leche y a Marcel fórmula, y a la siguiente toma Marcel uno de mi leche y a Naelle fórmula. No podía darles a los dos mi leche porque no era suficiente, y a eso sumarle el tema de hacer que salgan pronto de la prematuridad, eran temas que estaban acabando con mi sano juicio y salud mental.

Luego vino la alergia de Marcel, para la cual tenía que quitarme todos los lácteos y derivados. Lo hice, pero seguía cayéndole mal. Por eso con todo el dolor de mi corazón, dejé de darle mi leche y solo se la di a Naelle por un tiempo más. Pasaron solo dos meses y lo poco que tenía empezó a irse. Así de triste como suena, se fue sin más. Y me dejó sin una gota para ellos.

La leche materna es vida pura. Es sana y contribuye con la correcta formación del sistema de nuestros bebés, representa un ahorro grande para la economía de los papás, es lo más recomendable en los primeros meses de los bebés… pero no lo es todo. yo sufría por el apego, pensaba que no serían igual conmigo por no haber tomado mi leche, pero nada de eso es cierto. El apego sale del corazón, depende del amor que les desde el día uno que ingresan al mundo, son los valores que les enseñas aunque creas que ellos aún no entienden, es el amor infinito e incondicional que una mamá, con o sin leche, siempre les dará.

Yo estoy a favor de la lactancia materna, pero no estoy en contra de la alimentación con leche artificial. Me ayudó a que mis hijos salgan rápido de la prematuridad, ganen peso sanamente y estén bien nutridos. Así que, mamá que por alguna razón no puedes darle tú leche a tu bebé, ya sea por tener poco, casi nada o tener cantidades industriales pero afectan la pancita de tu bebé a pesar de las dietas extremas que hagas, eres TAN mamá como las que tienen la suerte de producir miles de onzas cada dos horas. Eres igual de superpoderosa. Eres mamá!

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Al doctor!

Lo peor que le puede pasar a una mamá, o mejor dicho una de las peores cosas, es el no poder calmar a su bebé. Intentarlo todo, con todo el amor del mundo y no poder hacerlo dejar de llorar. Algo así me pasó ayer y yo simplemente llegué a llorar junto a él.

Ya me habían dicho que estaba un poco fastidiado en el día. Todos creían que estaba engreído y solo quería estar en brazos. Pues pedí que por estos días lo tengan en brazos si él lo pedía porque el resfrío los pone un poco más engreídos de lo normal. Pero no era suficiente, él quería algo más. Es así como llegué a la casa por la tarde y saludé a ambos por igual tratando de turnarme el cargarlos y jugar con ellos por igual. Él estaba diferente. Se le veía apagado, renegón pero no de la manera enérgica con la que siempre reniega como requintando y preguntándome por qué me fui tanto tiempo, dando manotazos en mi hombro mientras fruncía el ceño y repetía «ma ma ma ma» mirándome fijamente. Esta vez no estaba así. Algo más le pasaba y yo lo sabía.

Llegó la hora de la comida y ni eso lo pudo soportar. Empezó un berrinche como nunca antes lo había hecho y yo empezaba a desesperarme por no poder ayudarlo. Primero lo primero ¿necesidades básicas? Hambre no era porque no me recibió ni media cucharada sin llorar, pañal sucio tampoco, no era ni frío ni calor, sueño tampoco porque acababa de dormir un rato, tenía que ser incomodidad. Pero no estaba cómodo en ningún lugar ni postura ni absolutamente nada. Lo paseaba, lo hacía jugar, lo arrullaba, y no soporté más y me puse a llorar con él. ¿Qué era lo que le pasaba? sería tal vez su pecho! Naelle de seguro le había pasado su virus (del cual ella aún no está del todo libre) y le tocaría sufrir a él las consecuencias de unos bronquios inflamados. Llegó su papá y no lo pensé dos veces. Una casaca y maletín hecho en dos minutos y al carro. Vamos a la clínica!

¿Exageración? No señor. Mi bebé estaba sufriendo y no perdería más tiempo en averiguar lo que le estaba pasando para poder ayudarlo. Por fin se quedó dormido en el carro, en mis brazos. Lo miraba y le daba besos en la frente rogando por favor que no tuviera el pecho cerrado ni nada por el estilo. Quería que cuando vuelva a abrir los ojitos ya todo dolor haya pasado. Pero no fue así. Ya en la clínica esperando a que nos atiendan le vino un ataque de llanto peor que el de hacía un momento. No paraba de llorar mirándome con lágrimas en sus ojos como pidiendo que lo ayude. Yo lloraba con él y lo único que podía hacer era abrazarlo diciéndole que todo iba a pasar. Llegó el doctor y lo revisó en medio de todo su llanto y por fin me dijo lo que le pasaba: «su bebe está así porque tiene bastante dolor en su oído. Eso pasa a veces cuando el resfrío se complica y no pasa a pesar de las medicinas. Tiene otitis en el oído izquierdo». Lo único que quería era que lo ayudaran y me enseñaran a mí a poder aliviar su dolor hasta que pueda recuperarse y no complicar más la situación.

A las 2 horas ya estaba más tranquilo y tenía algo de hambre. En la casa durmió a mi lado toda la noche, y aunque despertando cada media hora para quejarse y moverse como gusano porque seguro le molestaba su oidito yo aguantaba al pie del cañón. Siempre lo haré por ellos aunque me cuesten ojeras y ratos de sueño IMPOSIBLE durante el día.

Solo le pido a Dios que por favor ya pase esto pronto. Primero ella la tuvo difícil y ahora él, creo que esto es solo el principio (lo tengo más que claro y no es necesario que me lo repitan una y otra vez las personas que ya tienen hijos), pero lo cierto es que una recién se acostumbra a sufrir por esos seres que son TODA TU VIDA y simplemente valen más que TU PROPIA VIDA. Es cuestión de aguantar y como ya lo dije, mantenerse de pie en la lucha. Porque por ahora, quién los cuida si no eres tú? Aprovechemos mientras nos dejen hacerlo.

Ahora sí, me quedan varias malas noches con ambos (ahora que recién empieza el tema con Marcel, es como volver a empezar). Será una larga semana… pero felizmente, el viernes podré cuidarlos como solo una mamá lo sabe hacer. Y qué bien día del trabajo será. Trabajando en lo mejor! Ser mamá!

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Una vez más cayeron los dos

Esta semana ha sido muy intensa en todo sentido. Llega el viernes y con él llega la descarga de todo lo que está pasando justo ahora. Días de «inicios» que requieren muchísima concentración, ganas, orden y mucha, pero muchísima cabeza para pensar en objetivos claros. Días que se mezclaron, como cuando todo parece suceder dentro de una película barata de terror, con momentos críticos en mi corazón que lucha a ciegas por ver más allá de lo evidente lo que pasa a exactamente 6.4 kilómetros de mí. Días en los que mis hijos estuvieron con un poco de moquitos que en lugar de ir desapareciendo, se convirtió en un gran resfriado con nariz, garganta y bronquios involucrados. Realmente una semana de terror.

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Una semana sin noches para dormir se va. Esas noches al lado de la cuna chequeando que la respiración esté bien, parada con la linterna en la mano para alcanzar las medicinas, el saca moco y todo lo que está en la mesita de apoyo que me ayuda a pasar las horas. Noches que parecen interminables y que la mayor alegría la da el sonido del aire limpio pasando por su naricita. Noches en que el termómetro en sus frentecitas son los protagonistas. Esos minutos de terror cuando un poco de leche hace que se atoren por no poder respirar ni comer aunque su pancita ruja de hambre. Noches en las que maldigo los virus que lamentablemente están en el mismo aire.

Se va una semana de tardes tratando de jugar como siempre, pero esta vez con un fastidio de por medio. Noches en las que me odié por completo porque grité y renegué con ella que no tiene la culpa. Renegué y le pedí que por favor se callara y que se calmara de una vez. Al segundo me arrepentí y las lágrimas empezaron a mojar sus ya mojados ojitos. ¿Tan bruta puedo ser? Me provocó meterme mil cachetadas de castigo pero nada se podría llevar ese momento, lo dije y ahí se quedó. Ella, sin entender nada me miraba y seguía llorando y yo sin poder calmarla. ¿Cómo es eso posible? Pero ya cuando todo estaba silencio pensé y miré hacia adentro como siempre lo quiero hacer y es que sí es posible porque soy un ser humano. Un ser humano que se cansa y pide un minuto. Solo un minuto para unir puntos y conectarse. Un ser humano que no para en el día y tampoco en la noche. Un ser humano que también merece ser entendido.

Agradezco a Dios infinitamente por todo lo que me da, y lo que no también porque eso me ayuda a darme cuenta de mi presente y lo grande que es mi vida. No me quejo, más bien me admiro por todo lo que estoy haciendo. Pero a veces me provoca poner pausa y respirar. No pensar más. No mirar alrededor y por fin respirar.

Se va esta semana pero aún no termina el calvario. Vendrá un fin de semana para ganar tiempo y cuidar al máximo cada segundo con ellos. Que hoy, fastidiados y llorones, necesitan una mamá tranquila que sepa calmarlos cuando ellos más la necesitan.

Si solo pudiera hacer lo que vengo pidiendo todas las noches mientras les doy su leche acariciando sus cabecitas… si solo me pudieran pasar todo lo malo que ellos sienten a mí. Yo soy más fuerte, yo puedo aguantar más que ellos una cochina tos y esos fastidiosos mocos. Si solo pudiera reemplazar esos amargos momentos en los que lloran porque tengo que darles su medicina y meterles el succionador de mocos porque ellos solos no saben expulsarlo. Si puediera borrar sus caritas mirándome con amargura como si me dijeran ¿por qué me haces esto mamá?

Suena drama… drama del bueno, pero así es. Es la cruda realidad de una mamá que sufre al lado de sus hijos aunque de durante el día esté a esos «escasos» 6.4 kilómetros que parecen millones.

Sana sana, colita de rana…

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Carta a esa empresa

Aunque al principio me costó muchísimo reconocer que lo que me estaba pasando era bueno, hoy lo puedo ver claramente.

Quedarme sin trabajo justo en ese preciso momento en el que más necesitábamos contar con un ingreso fijo, era una de esas situaciones perfectas como para mirar al cielo y preguntar el clásico «por qué a mí?». No pude hacer mucho, escuché y entendí. Las razones eran claras y concretas: el perfil de la empresa había tomado otro rumbo y yo ya no encajaba en él. Después de haber estado casi 3 años ahí, confieso que me dolió un poco recibir esa noticia que al final de todo, ya me esperaba.

El miedo me paralizó los primeros minutos. Preguntas como y ahora qué? Y si nadie me llama? Cómo haremos? y muchas más invadieron cada uno de mis pensamientos. De todas maneras estaba claro que aprovecharía esos meses para estar con los bebes (que más quisiera yo!) pero era justamente por ellos que estaba preocupada. Ellos necesitan de mucho más que amor, no sólo de eso se vive aunque suene crudo. Es real. Y me tocó vivirlo de golpe.

Al día siguiente otra tenía que ser la historia. Debía preparar mi CV de la mejor manera y con la cara más positiva de la vida debía emprender un nuevo camino: la búsqueda dura y pareja. Y no valía rendirse! Cosa que respeté unas semanas porque, seamos sinceros, a todos nos gana de vez en cuando el pesimismo y la frustración.

Durante casi siete meses pude estar al lado de mis hijitos. Estuve en sus primeros resfríos, sus primeras papillas, sus primeros balbuceos, miles de llantos que pude calmar a tiempo, muchas risas y carcajadas, primeras caricias, primeros juegos de a dos, pude estar en muchos momentos que serán siempre especiales para mí como mamá. Aprendí y crecí un poco más. Eso no se pone en ningún curriculum pero que bello trabajo el de ser mamá.

Por eso, gracias «empresa que no me renovó contrato después de dar a luz» porque me abriste muchas puertas que  creí cerradas con cinco llaves. Gracias por darme la oportunidad de ser mamá a tiempo completo por casi siete meses. Gracias por hacerme crecer un poco más en este mundo que a veces puede parecer injusto pero no lo es al fin y al cabo. Gracias por hacerme entender una vez más que esa famosa frase de «todo sucede por una razón» es la más verdadera de la historia. Gracias por permitirme creer en mí y emprender nuevos retos que estoy segura, me llevarán a mi y a mi familia donde verdaderamente debemos y merecemos estar.

Gracias.