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Mi chino y sus 4 puntos

Desde hace algunas semanas tengo en el aire (como flotando) muchas cosas que me definen como persona. Ese tipo de cosas que si no haces en un día te hacen tanta falta que casi casi puedes sentir como si te faltara el aire para respirar. Pero mi cerebro entiende, muy en el fondo, que no todo se puede hacer aunque mi alma de “mujer maravilla”, como me dijeron hace poco, lo crea posible. Dejé muchos post’s en borradores mentales, fotos en el carrete de mi celular, mensajes sin responder, saludos sin enviar, abrazos sin entregar, buenas vibras sin transmitir y por si fuera poco… dejé palabras sin decir. Sea por falta de tiempo, valor, ánimo o lo que sea, no las dije, pero el tiempo pasa y hoy ya no es lo mismo que ayer, pero nunca es tarde para contar lo que el corazón muchas veces guarda en silencio.

Siempre he hablado de lo difícil que es para mí trabajar fuera de mi casa. Despertarme cuando aún es de noche y hacer todo en “mute” para que los mellis no se despierten y casi ni se den cuenta que ya me fui a trabajar. Que los hace más independientes, sí; que los hace más fuertes, sí; que les enseña el valor del esfuerzo por tener lo que tienen, sí; que se me estruja el corazón con cada aviso de caída, golpe o accidente conmigo lejos de ellos, también. Todo eso y muchas cosas más podría decir de las ventajas y no tan ventajas de una mamá que trabaja en oficina. Hoy que ya tienen 3 años de hecho es mucho más sencillo que antes, y aunque entienden que me voy al trabajo, hay días difíciles que se despiden con un un “mamá no te vayas” y un puchero seguido de esos ojos llenos de lágrimas que a cualquiera pueden matar de un puntazo directo al corazón. Y es por eso que trato de irme siempre cuando están dormidos. Me acerco a su cama, beso en la frente, señal de la cruz pidiéndole a Dios que los cuide y los proteja mientras yo esté lejos (y cuando esté cerca también obviamente), y me voy. Pero el martes que pasó fue diferente.

Ese día me hizo replantear una vez más el momento en el que me encuentro HOY, y las dudas vinieron una detrás de otra a tomar posición y en un estado de ataque máximo como nunca antes las había visto. Estuve hasta tarde avanzando algunas cosas en la oficina, a veces el día no alcanza y hay que extender las horas de trabajo un poco más y como en anteriores oportunidades ya había pasado que mi mamá (como es algo nerviosa) me llama para decirme algo de los bebes (que tienen fiebre, o se han golpeado, o lo que sea) a veces le pone un tono extra “picante” a su voz y yo ya me voy hasta júpiter del estrés, muero y resucito en un segundo; entonces decidieron no avisarme nada en esa oportunidad. Yo solo leí un mensaje inocente de mi sobrina, que seguro pensó que yo estaba con Marcel en el que decía “Marité, cómo sigue Marcel, ya salió de la clínica?”. Creo que el pánico que sentí fue TAN grande que pude notar el cambio de temperatura de mi sangre tal cual. Me puse hirviendo en un segundo, y no hice más que agarrar mi cartera, meter TODAS mis cosas cerrar mi computadora mientras a la vez iba llamando a mi mamá para que me explique QUÉ ERA LO QUE ESTABA PASANDO!

Resulta que el chino había estado dando vueltas alrededor de sus cuentos como le gusta hacer y de pronto se dio en la esquina de la cómoda justo en medio de la frente. Donde más sangra la cara, donde todo parece ser más delicado, y donde exactamente parece ser la MITAD de su frente. Mi hermana, que vive cerquísima y siempre está dispuesta a ayudar en este tipo de cosas porque es la que más paciencia tiene, fue corriendo a ayudar a mi mami y decidieron llevarlo a la clínica porque para ella, necesitaba un punto porque parecía algo profundo el corte. Felizmente, Marcel estaba tranquilo y sin llorar. Llegaron a la clínica y el doctor decidió ponerle 4 puntos, fue en ese instante que yo llamé y casi me muero. Yo en San Isidro, ellos en La Molina en hora punta, simplemente me quería morir. Iban a pinchar a mi bebé y no estaría con su mamá agarrándole la mano para darle fuerzas, para decirle que todo estaría bien. Qué mala mamá me sentí en ese preciso momento. La peor de todas, puedo jurarlo.

Llegué como si no hubiera habido tráfico, creo que los carros se abrieron para mí, o simplemente iba tan rápido que nadie quería cruzarse con la loca del carro negro, esa creo que es la más factible realmente. Y ahí estaba mi chino, con su parche en la frente y los ojitos llorosos que le brillaron cuando me vieron a lo lejos: MAMÁAAA! Dijo, con emoción señalando su herida de guerra. Lo cargué y traté de no llorar pero fue imposible. Mi hermana me dijo que solo lloró con la anestesia, de hecho él se había quedado dormido y de la nada le clavaron la aguja directo en la herida y el pobre se traumatizó para que den las 4 puntadas. Mi chino valiente, la pasó solito sin su mamá. Ahora tiene una marca en la frente que espero le recuerde que siempre debe tener cuidado en todo momento.

En una semana le sacan los puntos y ahí estaré para darle la manito (el meñique como él me pide) para darle fuerzas y aguantar el dolor. Aunque lo más difícil ya pasó. Y estuvo solito, sin su mamá.

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Avanti morocha

A veces me dan ganas de escribir de todo y de nada a la vez. Una de esas ambigüedades típicas de mujer, que nos atacan en cualquier momento y desespera hasta al más paciente caballero (si es que aún existen de esos que imaginamos). Y es que no es que seamos indecisas, es que tenemos TANTO que decir que no podemos elegir por dónde empezar. Y si somos de memoria selectiva y “corto-placista” como la mía, peor. Soy de las que anda con su lapicero y libretita por todos lados (o el celular para las modernas) para así apuntar todo lo que se me viene a la cabeza y no caer en el “qué iba a decir?” típico que me caracteriza.

Hoy es uno de esos días que parecen estar en “pausa” desde que salió el sol. Marcel con fiebre que sube y baja hace dos noches, esas que no te dejan cerrar el ojo por más de 30 minutos de corrido por temor a que la maldita suba a más de 40 de la nada y le achicharre el cerebro a tu peque (sí, así pensamos las mamás alguna vez en la vida), trabajo hasta por las orejas, encargos fuera de oficina que están retrasados por falta de tiempo, compromisos con los que no podré cumplir y por ende un cargo de consciencia acumulado. En resumen, días complicados, y un poco de alborotados.

Es también uno de esos días en que piensas en todo lo que no haces hace mucho tiempo, eso que extrañas, y te preguntas por qué no volver a hacerlo. Está bien que las etapas cambien, la línea de vida evolucione pero siempre tiene que haber lugar para eso que nos define como personas individuales, eso que nos llena y nos marca como únicos en el mundo.

Hoy abrí los ojos más temprano de lo normal y me pregunté hace cuánto que no abro uno de los libros que dejé a la mitad a solo unos metros de mi cama, en mi mesa de noche. Extrañé el olor y el color de las páginas en la noche cuando leía justo antes de dormir algunos capítulos de esos libros que me comía mes a mes para cumplir mi meta del año (mínimo 12, 1 por cada mes); extrañé dormir tarde, pero no por insomnio, sino por las series que no podía dejar de ver por más que al día siguiente el despertador me mirara amenazante para ir a trabajar; extrañé el corazón sin dolor alguno, me refiero a esos dolores típicos que te dan cuando se enferma un hijo, o cuando ves una llamada de la casa en pleno día y sabes que algo no está bien; extrañé las duchas largas por más de 10 minutos con agua hirviendo hasta que se empañen los espejos, las mascarillas y cremas perfectas después del baño y salir princesa de la casa pa’ fuera; extrañé algunas cosas más pero nada extraño más que a mis hijos cuando estoy lejos de ellos.

Pero, todo eso que extraño, lo seguiría extrañando si se trata de ellos. Y es que la vida que tengo ahora puede ser totalmente distinta a como era antes, pero hoy es completa. Tengo los brazos llenos, completamente de amor infinito y sé que lo estoy haciendo bien a pesar de todo. A pesar de la paciencia que a veces se acaba (pero hay una tienda en donde siempre hay más para comprar), a pesar del cansancio que se acumula (pero que increíblemente desaparece de la nada prometiendo volver), a pesar de las preocupaciones (que sin ellas no sería tan real la vida después de todo), a pesar de las quejas, que nunca faltan y a pesar de todo lo amargo que pueda resultar un día común, no cambiaría nada de nada por terminarlo como termina siempre: con ellos, con mis chinos.

Como siempre, un post que empezó para hablar de algo puntual, terminó siendo el reflejo más claro de lo que siento hoy en mi loco mundo, pero lo importante es que salió del corazón. Y cuando salen de ahí, son más bonitos y más sinceros. A veces, es lo que necesitamos para sentirnos mejor y para que con solo soplar un poquito, las nubes empiecen a correr y dejen que salga el sol (a pesar de estar en pleno verano).

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A 4 años de las 2 rayitas azules

Hace exactamente 4 años, me enteré que estaba embarazada. No sabía si era 1 bebé, o dos, o tres; porque el doctor me había comentado que era posible ovular dos veces cuando existía una estimulación ovárica “adicional”. Creo que ese fue, de lejos, el mejor día de mi vida. Simplemente, el ver el valor mayor a 5 en la computadora, me hizo llorar de la emoción, como lo estoy haciendo hoy al recordar ese momento. Aquí la historia de ese día:

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Era el tercer día del año y no podía dejar de lamentarme de mi suerte. Una vez más, el sueño de ser mamá y ver las dos rayitas azules en la prueba casera se hacía borroso y más lejano. Salí del baño y llamé a mi esposo para que me ayude a asimilar la noticia: “me vino la regla… tengo algo más que no han descubierto. No puede ser… no vamos a ser papás”.

Ya no era necesario esperar al 4 de enero para sacarme los análisis de sangre. Era obvio que la regla había llegado y con ella también la mala noticia. Ya era hora de volver a Lima y dejar atrás la celebración del nuevo año en la playa. A pesar que Lalo insistiera en hacernos la prueba, yo no lo veía necesario. Era momento de pasar la página y volver a empezar.

Desde el carro llamé al doctor y fue inevitable romper en llanto mientras hablaba con él:

– Doctor, me vino la regla. 
– Uy… no te preocupes. Vas a ver que la siguiente de todas maneras sale. Yo te dije que todo podía pasar y que era muy difícil que se lograra a la primera. Hay parejas que lo intentas muchísimas veces de este modo.
–  Yo sé… pero me pone muy triste igual. Hay forma de que me haya venido pero igual estar embarazada? Vale la pena hacerme la prueba?
– Si te ha venido rojo, rojo, no vale la pena… ya la próxima serán buenas noticias. Ven el lunes para empezar nuevamente con todo.

Durante todo el camino hablamos de eso. Yo ya no sabía si quería seguir intentándolo de esa manera o dejarlo simplemente al destino. Si la vida quería que tenga hijos los tendría, y si no, pues hay muchos niños que necesitan una familia, y fue lo mismo que me dijo Lalo. Lo veía tan seguro y tranquilo que me ayudaba mucho escucharlo. Tenía que ser fuerte y levantarme una vez más. Él insistía en que ya no intentemos de esa manera, siempre mencionaba que era un gran esfuerzo y no era nuestra realidad gastar miles y miles de soles en intentos para ser papás.

Al día siguiente, después de una noche casi sin dormir pensando en lo mismo, él me dijo que por mi felicidad y tranquilidad él haría lo que fuera. Agarró su computadora y sacamos cuentas. Lo intentaríamos las veces que yo quisiera. Me sentí muy feliz de estar ambos en la misma página y había decidido dejarlo todo al destino. Si el mes que viene nos daban ganas de intentarlo así nuevamente, así sería y si no, pues ya llegaría el momento.

A pesar de eso, él seguía insistiendo:

– Pero… de verdad te ha venido la regla?
– Que sí Lalo. No estoy embarazada.
– Es que me parece raro porque no te has quejado mucho.
– No. Simplemente ni ganas tengo de quejarme… 

Pero sí, en el fondo ni me había dado cuenta pero no me había bajado casi nada en 2 días. Era una regla un poco rara, pero para mí, era regla al final.

– Enanita, a mi mamá le vino la regla cuando estaba embarazada.
– Lalo, no insistas. No estoy embarazada. Ya me está molestando tu insistencia.

El domingo fuimos a pasar el día a donde mis suegros y de regreso, ya en la noche me entró la duda.

– Paras en la farmacia un ratito?
– Para?
– Quiero comprar algo…
– Pero qué?
– Nada, solo quiero ir a ver algo…
– Pero dime qué!
– Una prueba de orina!!!
– Ya ves!!! Estás embarazada!
– No, yo no creo. Pero tanto insistes que me entró la duda… ya veremos pero sea cual sea el resultado prométeme que haremos como si nada.
– Te lo prometo…

Con el miedo más escalofriante del mundo lo hice. Esperé solo unos segundos y me rendí. Dejé la tirita al lado del lavatorio y salí molesta.

– Te dije. Ahora aguántame! Es negativo.
– Pero por qué! Qué salió?
– Solo una raya…
– Yo veo dos…
– Hay una sola raya Lalo! No insistas por favor!
– Es que hay dos! La segunda es bajita pero son dos! Nos fuimos a dormir prometiendo que sea cual sea el resultado al día siguiente en la prueba de sangre no nos podíamos hundir ni mucho menos. Nos abrazamos y estoy segura que ambos cerramos los ojos con una sonrisa.

Las "rayitas"... y atrás Lalo leyendo las instrucciones por quinta vez

Las “rayitas”… y atrás Lalo leyendo las instrucciones por quinta vez

Al día siguiente (lunes 6 de enero – bajada de reyes), me hice los análisis muy temprano. Fue el día más largo de la historia humana. Los resultados saldrían a partir de la una de la tarde y aún así revisaba la página cada media hora… PENDIENTE… no salían aún. Hasta que el reloj me avisó que la 1 de la tarde había llegado. Y como todo pasa cuando tiene que pasar, la página se colgó. Llamé a la central y me comentaron que se les había caído la red y que los resultados demorarían 1 hora más… GIVE ME A BREAK! No era posible!

Esperé y llamé a Lalo para entrar juntos esta vez. Si él veía que decía 0.11 o algún número menor a 5 quería que él me lo dijera. No quería verlo con mis propios ojos. Pero él no me contestó, estaba en una reunión de trabajo. Lo haría yo sola…

Le di click a los resultados y ahí estaba. Un cuadro con números frente a mis ojos y yo sin querer leerlos. Veía la pantalla de reojo con una mezcla de sentimientos increíble. Luchaba con querer ver y no querer a la vez, hasta que clavé la mirada directo al resultado: 647.90

Fue un momento increíble. Lleno de emoción, esperanza, felicidad pura. Quería explotar y lo hice, llamé al futuro papá y le dije entre lágrimas que ya! Que por fin seríamos papás! Salió de su trabajo y me recogió para ir a la cita. No podíamos creerlo… era real??? No habría visto mal??? Era demasiado increíble haber visto ese número mayor a 5 por fin!

Al entrar al consultorio el doctor me recibió confundido. No entendía mi cara de felicidad cuando hacía unos días le había llorado en el teléfono, “qué pasó? De qué me perdí?”. Vio los resultados que le entregué y todo quedó claro. Tenía ya 3  semanas de embarazo y ese sangrado muchas veces ocurre en la etapa de implantación.

Después de muchas indicaciones y una que otra receta soltó esa frase que hasta hoy recuerdo tal cual: “bueno, felicidades futuros papás… y por el número de HCG podría apostar que ahí hay más de un bebe”.

Ahora, debíamos esperar 3 semanas más para la primera ecografía y ver cuántos corazones latían junto al mío.

La aventura recién empezaba…

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Así fue que todo empezó

Tengo algunos minutos libre antes de que me agarre el sueño profundo y solo quiera poner la cabeza en la almohada para soñar algo lindo. Últimamente creo que ando TAN cansada que ni sueño, o tal vez sueño pero como igual me canso de soñar, seguro sueño que estoy durmiendo, y así seguimos. Pero hoy sentí esas ganas de escribir que sí o sí se tienen que aprovechar. Uno nunca sabe en cuántos días tendremos más momentos como este: “libre al fin y al cabo”.

Recuerdo que exactamente hace 4 años me encontraba en una situación difícil. Solo tenía 29 años pero, había alojado en mi cabeza la tonta, falsa y errada idea que no podría tener hijos, de manera natural, por más que lo siguiera intentando toda la vida con los mejores pronósticos de los mejores doctores. Había comprobado que no era estéril y que no tenía problemas de fertilidad. La única razón por la que aún no podía salir embarazada, era por el estrés que me caracteriza de toda la vida. Mis amigos de universidad pueden dar fe de ello, pero en fin, estresada y preocupada, las cosas siempre me salen como espero, así que mucho daño no me hace tampoco.

La opción más “natural” de todas sería la estimulación ovárica, para luego inseminar. El clásico método que solo se salta el importante paso de la relación sexual. Hasta hoy retumba en mi cabeza la frase del doctor: “estás segura Marité? Yo no sé si al final tengas un bebé, porque pueden venir dos, tres o hasta cuatro a la vez. No tienes ni un solo problema así que a la primera de hecho que sales”. Nada importaba, yo solo quería ser mamá. Y así fue como el 21 de diciembre del año 2013, mis mellis fueron concebidos. Es loco saber la fecha exacta, pero en mi caso, lo sabemos.

De hecho, la opción por la que opté, puede ser para muchos el camino más corto. Pero creo que había sentido tan cerca esa pena de “no ver resultados”, que me rendí. Tal vez muy pronto, pero me rendí y tuve miedo. Es por eso que siempre que hablo con futuras mamás que desean con todas las fuerzas de su corazón ver por fin ese resultado con dos rayitas, les digo que nunca pierdan las esperanzas. A mí me dijeron algo muy cierto, y es que ahora, en el siglo en el que estamos, no hay mujer que NO pueda ser mamá. Existen miles de maneras de cumplir ese sueño, objetivo, meta, o como quieran llamarlo. Todo depende de las ganas que le pongamos y sobre todo, que no importa la manera en que lo logremos siempre y cuando al final dela historia tengamos ese pedazo de vida que salió de nuestra vida, sea cual sea la forma.

Muchas veces me he preguntado en dónde estaría “HOY” si no hubiese elegido ese camino. Tal vez tendría un hijo, o quién sabe, tendría dos o uno por venir. Pero lo único de lo que estoy convencida es que NADA pasa por casualidad. Todo tiene una razón de ser y está escrito en cada libro. Mis hijos vinieron a mí, porque ellos ya me habían elegido como su mamá, y ese es el proyecto más importante que tengo hoy. A pesar de lo difícil que se vuelva la vida, los obstáculos los que vinieron al mundo y las veces que puedo preferir tirarme de un abismo para huir de los gritos y llantos al menos unos minutos. Todo eso es necesario para entender que es la realidad que estoy viviendo ahora. Pero al final del día, siempre agradeciendo por lo bendecida que soy.

Dicen que cuando pides un deseo con el alma… y frente a un volcán, el deseo tarda pero se duplica. Me pasó a mí ❤

Todo pasa en el momento en que tiene que pasar, y además, nada sucede en vano. Por eso, cuando la vida te sorprenda, simplemente déjate sorprender por más que creas que todo es un sueño. Tal vez ese sueño por fin tocó tu puerta y ahora es tu turno. El juego comienza cuando tú lo entiendes. Nada más cierto que eso.

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Los temidos “retrocesos” en niños de 3 años

Este ha sido mi primer mes como mamá con horario de oficina después de un tiempo. Creo que fue incluso más difícil que la primera vez que regresé a trabajar luego de mi post natal. ¿Por qué lo sentí tanto esta vez? La respuesta es sencilla, mis hijos están más grandes y ahora pueden decirme fácilmente “mamá no quiero que te vayas”, lo cual antes no sucedía porque seguro me extrañaban, pero ni siquiera ellos sabían que eso era extrañar.

Ahora que ya vamos un mes, puedo respirar un poco más tranquila porque ya nos estamos adaptando a la nueva rutina. Pero sí que está costando, y confieso que por unas horas pensé en tirar la toalla y volver, estuve preocupada. Los niños a veces muestran su desagrado con alguna situación de maneras que no entendemos, y en esta familia múltiple, el que me hizo tambalear y dudar de mis decisiones fue Marcel. De buenas a primeras empezó a hacer cosas que ya no hacía antes, y yo lo veía como un retroceso, y empecé a pensar lo peor.

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Como siempre, caí en el gravísimo error de consultarle a “San Google” y la verdad que fue 300 veces peor. Por eso siempre recomiendo NO buscar cosas en internet por más que nos estemos desmayando de curiosidad, a la larga terminamos más confundidas de lo que empezamos. Pero bueno, lo hablé con sus misses en el nido y con la terapeuta que le da terapia ocupacional dos veces a la semana y por fin entendí.

¿Cómo es que empecé a notar el cambio? Pues, empezó a hacerse la pila en el pantalón pero, no porque se le escapara, lo hacía adrede y mirándonos a los ojos. Me empecé a dar cuenta que generalmente lo hacía cuando le llamaban la atención: Marcel, hijito no agarres esto; Marcel, por favor no grites; Marcel, por favor juega bien con tu hermana y no la jalonees. Volteaba, clavaba los ojos en su “víctima”, abría la piernas, y empezaba. Pasó de ser preocupante, a preocupante + estresante + desesperante. Me lo hacía en la casa, en el nido, en el centro comercial, en el parque. Fue por eso que consulté y lo que me dijeron cobró totalmente sentido: Marcel estaba manifestando su molestia porque su mamá no estaba en casa de esa manera, para llamar la atención, para decirnos que él estaba molesto por ese cambio. Luego empezó a dormir mal por las noches, e incluso a veces despertaba diciendo: Mamita ayúdame, no me dejes. Esta es la parte más dolora de toda la historia. En sus sueños, él me reclamaba, cosa que no podía hacer cuando estaba despierto. Pero por fin, me lo estaba diciendo, él no quería que yo lo dejara. Y yo, me sentía un poco más mala mamá.

Conversando al respecto con las personas que me ayudaron a aclarar un poco el panorama, me comentaron puntos bien interesantes: Y es que existen muchas razones por las que el niño de repente vuelve a su primera etapa. De repente un día, el niño que ya no usaba chupón lo vuelve a pedir, y puede que los papás se molesten un poco pero esto es un error. El niño lo que está pidiendo muchas veces con esta actitud es más atención por parte de sus padres.

Entre las razones de por qué sucede esto y se produce una regresión en el niño, están:

– La llegada de un hermanito: aparecen los celos y el niño mayor intenta captar la atención de los padres, que en ese momento se están volcando más con el cuidado del recién nacido.

– El miedo a crecer: la regresión se sucede sobre todo entre los 3 y 5 años, momento en el que el niño deja de ser tan niño. Suele coincidir con el comienzo de su etapa en preescolar. De pronto se le exigen una serie de tareas, como a los adultos, y el niño siente temor al fracaso.

– Comienza a ir al colegio: y aparece el miedo a lo desconocido. El mundo de los adultos le asusta y prefiere volver a su primera etapa, cuando era un bebé y apenas se le exigía nada.

– La muerte de un familiar: cuando el niño es muy pequeño, no entiende el significado de la muerte. Si de pronto desaparece de su vida alguien con quien el niño tenía mucha relación, se puede sentir desorientado. La regresión es en este caso una forma de búsqueda de esa persona que acaba de perder.

– Problemas en la relación entre los padres: cuando el niño no encuentra estabilidad en el hogar y presencia constantes peleas, aparece el temor y la inseguridad. Y algunas veces se manifiesta de esta forma, con una marcha atrás del aprendizaje adquirido hasta ese momento.

Las causas pueden ser muchas, todas o ninguna. Puede que tal vez el niño necesite respirar un poco y decir “aguanta que no me quiero estresar”, para luego continuar con su evolución y crecimiento natural. Y lo mejor que podemos hacer para ayudar a un niño que está pasando por esta difícil situación, está aquí:

– Evitar decir frases negativas como ‘pareces un bebé, y tú ya eres mayor para hacer esas tonterías’.

– Jugar más con él. Dedicarle más tiempo. Muchas veces solo es eso lo que quieren, piden y necesitan “más tiempo de sus padres”:

 

– No regañarles ni enfadarse con el niño. Es molesto tener que empezar de nuevo con el control del pis o tener que corregirle de nuevo cada vez que habla como cuando tenía dos años, pero hay que ser paciente.

– No imitarle. No usar las palabras que él usa para sentirse de nuevo ‘bebé’. Corregirle pero sin molestarnos.

Y es así como poco a poco Marcel fue empezando a pedir de nuevo cuando quería ir al baño a hacer “pichi”, felizmente solo pasó con eso y no con la caquita, creo que eso si hubiera sido más difícil. Pero como todo en esta vida, es una etapa, estamos saliendo de ella, y estoy segura que se vienen más retos, pero de hecho, con mucha paciencia, ganas y con la más grande de las fuerzas, saldremos adelante.

Sé que no soy mala mamá, yo trabajo para ellos, para darles lo mejor, pero soy de carne y hueso. A veces me pongo triste y me cuesta un poco ver las cosas desde el lado brillante del arco iris, pero felizmente después todo se ve más claro.

 

 

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El mes de los milagros

Una vez más quiero hablarte a ti, futura mamá.

Quisiera decirte tantas cosas que tal vez te cuesten escuchar al principio pero te prometo que al final entenderás.

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Hoy en la mañana me desperté pensando en ti. Me lavé la cara y pensé en lo que debes estar sintiendo ahora mismo. Esas ganas infinitas de ver las dos rayitas en la prueba instantánea, ese deseo profundo de ver un número mayor a 5 en la hoja de resultados del examen de sangre que te hiciste ayer por la tarde. Pensé en abrazarte y decirte que lo vuelvas a intentar sin perder la fe. Pero entiendo tus ganas de no escucharlo justo ahora.

Sé que las caídas duelen, pero también sé que el corazón de una futura madre lo puede todo. Ese amor infinito por alguien que aún ni siquiera es real, lo puede todo. Y es realmente increíble cómo ese mismo amor y deseo, cuando se plasman en la realidad, parece ser “fuera de este mundo”. Es ese poder el que te anima a levantarte una vez más y seguir caminando. Intentándolo una y otra vez, aunque duela el alma.

Y ¿sabes qué es lo “lindo” dentro de esto que parece una maldita pesadilla sin fin? Que cuando se cumpla tu deseo, sea como sea, será el más lindo y mágico del mundo. De tu mundo. Ese mundo que construiste muchísimo tiempo antes de que esa personita llegara a tu vida.

Hoy pedí por ti, porque no se te acaben las fuerzas y por fin se sequen tus lágrimas. Pedí porque volvieras pronto a sonreír y decir “ya pasó”. Pedí para que el mundo gire un poco más rápido por unas horas y se te haga más fácil pasar la página. Pedí porque vuelvas a ser la misma luchadora del mes pasado. Pedí porque no exista más deseo en tu corazón que intentarlo una vez más teniendo en cuenta que esto puede volver a pasar, pero sin perder las esperanzas.

Pensé en todas esas mamás que no tienen más espacio para otro deseo que ser madres. En la constante lucha con el tiempo que las acecha sin saber que todo está en su mente. Pensé en lo fácil que sería si todas por fin se dieran cuenta que solo basta con querer serlo con el corazón. La forma y el método dejémoslo al viento, es él quien se encargará de mostrarnos el camino después. Aquí solo hay espacio para deseos profundos, esos que se sienten más cerca si se piden con los ojos cerrados.

Hoy pensé en ti, y te mandé las mejores y más potentes vibraciones que existen en mi mundo. Pensé en decirte que no eres la única que pasa por esta pena, que hay muchas como tú pero que la buena noticia es que esa pena luego se ve recompensada por una alegría mayor. Nadie espera en vano, y nadie carga una cruz que no puede soportar.

Una madre es madre desde el corazón. Una madre  es madre sea como sea el medio y la forma. Solo se trata de no perder la fe y seguir buscando entre sueños y realidades lo que puede ser un castillo perfecto. Obvio que, teniendo muy en cuenta que pueden haber días grises pero siempre comprendiendo que estos días grises existen solo para conocer todos los colores que puede tener un arco iris.

Esta angustia pasará, y sabes por qué? Porque este es el mes de los milagros. Repítelo una y otra vez, es el mes en donde los milagros son el titular de tus días. Es tu mes, el mes en donde por fin lo que tanto sueñas, se cumplirá. No bajes los brazos, no pierdas la fe y sácale bandera blanca a los sueños sin cumplir. Este es el mes de los milagros.

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Recordando

Esta es una semana de inicios, celebraciones, recuerdos y cambios. Ayer empecé una nueva etapa en mi vida, profesional y personal. Profesional porque es momento de seguir trabajando para mis hijos, y personal porque toca enfrentar miedos, luchas internas y fantasmas perseguidores que muchas veces me roban el sueño. Alejarme de mis mellis no es nada fácil, aunque creo que yo sufro más que ellos porque se quedan felices llenos de amor de abuela. Es duro, pero toca vivirlo.

Mañana se cumplen 9 años que mi papá partió, y me sigue pareciendo increíble. A veces pienso que se fue de viaje, o que está escondido porque tiene una misión ultra secreta. Son cosas que a veces deambulan por mi cabeza y a pesar que en el fondo SÉ la verdad, me cuesta asimilarlo aún. Parece que solo hubieran pasado algunos meses, cuando han pasado ya años.

Quiero compartir hoy un post que escribí en mi “otro blog” cuando decidí empezar la aventura de recordar a mi papá para que nadie lo olvide. Porque como muchos dicen: las personas mueren, cuando las dejan de recordar. Y eso jamás pasará con él.

Hoy lo leo de nuevo y me doy una palmada en la espalda porque hemos crecido. Hemos avanzado y tal cual lo digo: salimos adelante. De alguna manera, hoy sabemos cómo vivir con ese vacío que dejó al irse. Confieso que aún duele un poco leerlo y recordar, pero sin duda, es lindo saber que existe y siempre existió un héroe al que a mí me gustaba decirle papá.

Para empezar…

Hablar de mi papá podría tomarme varias horas y no terminar de contar ni la cuarta parte de su vida.
Pensé que sería fácil resumir todo lo que él es, fue y seguirá significando en la vida de todos y cada uno de los que tuvimos algún tipo de contacto con él, pero me equivoqué. Resumir la vida del mejor hombre que conocí en la vida es muy difícil.
Cómo puedo empezar a hablar de mi papá? Sería bueno comenzar diciendo que es un súper papá, y digo súper porque siempre era el que todo lo podía y el que todo lo sabía. Y pobre de aquel que fuera en contra de lo que pensaba. Las vería verdes con todas las cosas que trataría de decir para que le den la razón.
Imaginarnos como estará él ahora, es sencillo, tranquilo sin la bulla de las calles, los ruidos de los carros, el tráfico, las preocupaciones por los resfríos de sus hijos y nietos, sin cada 13 de septiembres (día de su cumpleaños) que implicaba que gastemos en regalos, como odiaba que gastáramos en él, prefería mil veces que nos compremos cosas nosotros antes que comprarle cosas a él. Nunca olvidaremos las exhibiciones de camisas, zapatos, perfumes y casacas que nos hacía antes de cada cumpleaños, navidad y día del padre, solo para mostrarnos que tenía bastante ropa y no necesitaba nada más.
Pensar y acordarnos de eso es muy fácil, pero es más que difícil imaginarnos la vida sin él. Sin ese papá que todo podía, sin ese súper papá que sacaba fuerzas de donde nadie entiende para ayudar a todo el que podía. Ese papá que podía aparecer debajo de las piedras si es que lo necesitábamos. Ese papá que llamaba si era posible 40 veces al día a ver si estábamos bien. Ese papá que corregía de forma sutil y siempre con justicia. Ese papá gracioso, risueño y a veces renegón que aconsejaba sin cansarse. Cada conversación con él, era una moraleja. Qué difícil será todo sin él. Sin esa piedra angular que formó una familia bella, unida y fuerte. Sin esa protección sobrenatural, sin ese modelo a seguir. Sin la razón para que mi mamá sonría y tenga ganas de levantarse cada día. No es fácil, pero él desde arriba sabe que podremos salir adelante, guiados por una gran mujer: mi mamá, quien con la ayuda de todos sus hijos y nietos se repondrá y verá la vida de una forma distinta, y vivirá día a día con un recuerdo que la mantendrá con vida. Mi papá.
No será fácil, pero saldremos adelante.
No será fácil, pero recordaremos todos los momentos agradables y que nos marcaron de por vida.
Pensaremos y mantendremos vivos los sábados. Los sábados familiares donde todos, hasta Bruno, mi perro, se sentaban a la mesa a comer. El único día realmente en familia, en donde no faltan las risas, las peleas tontas y las anécdotas de mi papá, que aunque a veces repetidas a todos capturaban. Seguirá siendo todo igual papi, siempre nos reuniremos los sábados y dejaremos una silla para ti, para que nos escuches desde donde estés. Siempre será así.
No será nada fácil irnos a trabajar sin escuchar sus consejos. Creo que no nos olvidaremos nunca de ellos. Son útiles, y aunque a veces podía parecer que creíamos que no lo eran, lo son y ahora todos nos damos cuenta de eso.
Cómo olvidar lo que todos los días nos decía antes de salir de la casa por las mañana, frases famosas como: cuidado con el tráfico, si vez un carro más grande siempre ponte detrás de él, cuidado con los borrachos que vienen embalados así sean las 7 de la mañana, si es que te quieren robar bájate y vete corriendo no importa que se lleven el carro… tiene seguro… y podría hacer un libro de recomendaciones para manejar si sigo contando.
No será fácil no escuchar más el sonido de las fichas del rummy cuando en la sala de mi casa se juntaba todos los fines de semana con mi mamá y mis tíos a jugar con apuestas. Aunque últimamente ya eran cartas, “el rummy pasó de moda” me decía.
Cómo olvidar tus historias. Siempre a todos encantabas cuando contabas de tus viajes, de tus vuelos, de tus travesuras de chico y de grande… de tus logros, de tus penas y alegrías. De tus sueños…
Nada será fácil, pero con todos estos recuerdos y más podremos vivir contigo presente, día a día, hasta que algún día todos nos volvamos a encontrar… Y seremos felices nuevamente.
Podemos tener mil dudas en la cabeza, miles de preguntas tal vez, pero estamos viviendo como él lo hubiera querido, respetando su deseo. Esa pasión por volar nadie se la podía quitar, ni mi mamá quien tantas veces insistió en que dejara de hacerlo. Pero él, fiel a su convicción nunca dejaba de volar, era su escape de todo, su forma de liberarse, de desconectarse del mundo, de sentirse vivo.
Papi sé que debes estar un poco preocupado por nosotros, frustrado de vernos tristes si tu estás contento, dolido porque día a día lamentamos tu partida tan repentina. Lamentablemente no puedo prometerte no estar triste, pero puedo prometerte otras cosas:
Te prometo que saldré adelante a pesar de todo lo malo.
Te prometo aplicar todos los valores que me enseñaste durante 24 años.
Te prometo no dejar nunca a mi mami y en todo momento estar ahí para ella igual que mis hermanos.
Te prometo siempre ser responsable, decir la verdad por sobre todas las cosas y ser honesta con los demás y conmigo misma.
Te prometo que siempre mantendré tu tarro lleno de gomitas y caramelos.
Te prometo que serás mi héroe.
Te prometo que seré como tú y volaré siempre alto…