5

Detrás de un gran día

Esta será una semana un poco dura. Primera semana de nido, semana de adaptación, de reglas claras y de siestas por las tardes en lugar de las mañanas. Me toca respirar hondo y tratar de pensar positivo. Imaginar que a la salida irán felices a la casa a almorzar y caerán rendidos de tanto jugar.

Me cuesta mucho no poder estar con ellos en estos días. Para correr a abrazarlos cuando sientan miedo o cuando se caigan corriendo por llegar primero a la casita con resbaladera. Para que Marcel me lleve de la mano diciéndome «VAMO VAMO» a donde quieran ir. O para que mi china me pida ver las «TELLAS» en el cielo aunque sea de día. Es duro, pero todo momento así llega. Y bueno, espero que esto los ayude, sobre todo a mi gordo que tiene una predilección temprana por los berrinches que ya está empezando a hacerse costumbre el hecho de no poder controlarlos. El tiempo ayudará, espero que así sea.

Ayer fue el primer día y confieso que la angustia me acompañó hasta el minuto que llegaron sanos y salvos, de una sola pieza, a la casa. Y eso que como es semana de adaptación (que creo que prolongaré hasta un mes o más), y van con la nana quien está siempre chequeando y en caso de emergencia (o pataleta incontrolada) ella corre para tratar de calmarlo o para que al menos vea una cara conocida.

Luego de dejarlos en el nido llegué a mi oficina y me encontré con una sorpresa que me alegró y me ayudó a pasar más rápido el día. Me habían enviado un desayuno lindo con una notita especial:

300B4293

Fue uno de esos detalles que «necesitas» en un día que parece ser complicado. Y tenían toda la razón, era un gran día que había empezado por el progreso de mis bebitos, y ni tiempo había tenido de tomar desayuno y me llevo esta sorpresa al llegar un poco «desmoralizada» pensando en cómo estarían llorando mis bebitos

Bimbo1

Solo quería llegar a mi casa y compartirlo todo con los bebes. Les encanta abrir regalos, ver dentro de las bolsas y puedo vivir la emoción a través de sus ojos. Me tomé el jugo y guardé el pan para llevarlo a la casa, tenía tantos pendientes que se me pasó por completo. Y felizmente lo hice, porque la primera que estuvo encantada fue mi china. Ella que es un poco difícil para comer, estuvo fascinada con el pancito preparado por Bimbo. Y lo mejor es que me regalaron un recetario con algunos tips y recetas para preparar los mejores sánguches de manera facilísima y súper práctica en tiempo.

El que me invitaron llevaba: pollo, apio, mayonesa y unos rodajas de durazno. Descubrimos que la mezcla de sabores dulces y salados le fascinan a mi bebé. Esto me dio muchas ideas para prepararle en casa y por qué no, mandarle en la lonchera al nido.

Pronto compartiré más recetas prácticas y ricas para preparar loncheras saludables que alimentan a la vez. Pueden también encontrarlas en este link: UN GRAN DÍA BIMBO y si se animan a preparar alguno mándenme una fotito para publicarla y así más mamis puedan hacerlas en casa!

Hablando de eso, hace unos minutos llamé al nido a ver cómo iban mis chukis. La secretaria, muy linda y buena gente, conociendo lo neuromamá que soy me pidió unos minutos para ir a verlos. Me dijo que estaban comiendo su lonchera muy tranquilos (aún con la nana dentro del salón). Respiro y me digo a mi misma: poco a poco. Empezarán a volar y siempre estaremos ahí detrás para aguantar cualquier caída.

Lo sé, lo sé, soy una mamá un poquito controladora y con mil traumas. Pero creo que algo de eso tenemos todas las primerizas no? Y si no, que me encierren por loca!

0

Mami de oficina

En estos días ando un poco con la nostalgia a flor de piel. Será que los bebés están creciendo, o será que los días se están pasando mucho más rápido que antes, o tal vez será que últimamente las noches se están haciendo más largas y por alguna razón (que creo conocer muy en el fondo de mi corazón) los bebes no están durmiendo tan bien como antes. Sea el motivo que sea, ando un poco sensible.

Hoy pienso en todas las mamis que nos levantamos muy temprano para atender a nuestros bebés, tratar de no despertarlos en la cambiadera del primer pañal del día y continuar con la rutina para salir de casa. Y cada día es como el primer día que volvimos a trabajar después de haber dado a luz. Mi pregunta es, algún día eso pasa? No lo sé, pero yo sigo pasando el tiempo pensando en qué puedo hacer para darles la vida que merecen sin necesidad de separarme de ellos. Aún están chiquitos, y cómo no necesitarían de su mamá durante el día? Es cierto que los hace más independientes, pero en el fondo a todas nos gustaría coger esas manitos todo el día, secar todas las lágrimas que gastan por una o mil razones, pelear en cada hora de comida e inventarnos mil trucos para que abra la boca, acurrucarlos a la hora de la siesta y esperarlos con una sonrisa al despertar para volver a jugar.

Es difícil, y por eso yo misma me doy palmadas en la espalda porque quién más lo va a reconocer? Yo misma me enorgullezco de mí y de lo valiente que soy por salir todos los días de mi casa sin saber qué es lo que pueda pasar en el día. Los extraño como si no los viera en siglos y al llegar a la casa, el tiempo se detiene. Esas sonrisas, abrazos, grititos y demás son los que me hacen sentir viva. Los que me hacen entender que todo lo que hago, lo hago por ellos.

Por eso, a ti mami que trabaja fuera de casa no importa lo cansada que estés, solo mira tu reloj y recargate de energía para que las horas que vienen se pasen volando y estés pronto en casa con tu bebé. Ten por seguro que tú lo extrañas más que él a ti, porque en casa deben cada día se prepara una fiesta para esperar la hora de volver a ver a mamá.

 

Les dejo este video de Laive y su nuevo enfoque con el que busca fomentar el deseo que existe en sus consumidores en torno a disfrutar más de todo lo que la vida les pueda dar. Buscando un equilibrio entre las obligaciones diarias y los momentos en familia, en pareja, con amigos, etc.

0

Para días grises, paraguas de colores

A veces los días que vivimos no son de colores como siempre queremos verlos. De vez en cuando nos toca algo de gris, según yo, para demostrarnos que esto que llamamos «vida» no es un sueño donde las flores y los arco iris son los protagonistas. A veces nos toca dejar el dulce y tomar un poco de amargo, no por voluntad propia, sino porque simplemente así se dio. A veces cuesta pasar algunos días así, pero lo bueno es que finalmente todo pasa. Y algo bueno también es que esa misma vida que te hace pasar por días algo turbulentos te tiene sorpresas escondidas incluso en esos días raros. Mensajes que llegan de la nada, amigos que reaparecen y noticias que alegran.

Algo así como recibir un mensaje de una amiga que está a kilómetros de distancia pero que dio en clavo con solo unas palabras.

Ahora este es mi regalo para quien me esté leyendo y tal vez esté pasando por unos cuantos días en blanco y negro donde nada parece avanzar.

Lo mejor no es el pecho.
Lo mejor tampoco es el biberón.
Lo mejor no es que lo cojas.
Lo mejor tampoco es que lo dejes de coger.
Lo mejor no es que lo tumbes así.
Lo mejor tampoco es que lo tumbes del otro modo.
Lo mejor no es que lo tapes de una forma.
Lo mejor tampoco es que lo tapes de la otra forma.
Lo mejor no es que lo abrigues con esto.
Lo mejor tampoco es que lo abrigues con aquello.
Lo mejor no es que le des purés.
Lo mejor tampoco es que le des trozos.
Lo mejor no es lo que te dice tu madre.
Lo mejor tampoco es lo que te dice tu amiga.
Lo mejor no es que esté con una niñera.
Lo mejor tampoco es que vaya a la guardería o esté con abuelos.
Lo mejor no es que siga ese tipo de crianza.
Lo mejor tampoco es que siga ese otro estilo de crianza.
¿Sabes lo que realmente es lo mejor?
LO MEJOR ERES TÚ.
Lo mejor es lo que a ti te hace sentir mejor.
Lo mejor es lo que tu instinto te dice que es mejor.
Lo mejor es lo que a ti te ayuda a estar bien también.
Lo mejor es lo que te permite a ti ser feliz con tu familia.
Porque si tú estás bien, ellos reciben lo mejor. Porque lo mejor eres tú.
Porque si tú te sientes segura, ellos también se sienten seguros.
Porque si tú crees que lo estás haciendo bien, tu tranquilidad y felicidad les llega a ellos.
PORQUE LO MEJOR ERES TÚ.

Es posible volver de colores hasta los días más pálidos.

Todo depende de ti!

3

Una nueva mamá

Es increíble pensar cuántos bebés llegan al mundo cada día. Cercanos y desconocidos día a día el mundo se llena de bebés que hacen su entrada triunfal a este mundo que lejos de ser perfecto, les da la bienvenida con los brazos abiertos. Cada día hay una (o varias) mujeres que cumplen un deseo, dan una vida, se vuelven especiales. Y a todas ellas quisiera decirles algo.

A ti nueva mamá:

La maravilla que acaba de pasar es real. Ese corazón que latía dentro de tu panza, ahora debe empezar a latir fuera de ti. Y a cualquiera eso asusta al principio. Nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco nadie dijo que tu bebé vendría con manual bajo el brazo y botón de On / Off. No existe mujer que haya estudiado cómo ser mamá, eso se aprende en el camino. No te volverás experta de la noche a la mañana, pues serán esas noches y mañanas las que te enseñarán a ser lo mejor que pudo pasar en la vida de ese bebé que llegó al mundo gracias a ti.

Cambiar un pañal puede ser tan aterrador al inicio como estar en una montaña rusa. Pierde ese miedo porque nadie más lo hará mejor que tú. Ayuda tendrás, y si piensas que no la tienes, pídela. Nadie se negará a darte una o las dos manos las veces que lo necesites. Y pedirla no te hace mala mamá, sino humana.

La lactancia no es como jugar a saltar la soga. La lactancia duele. Duele física y emocionalmente, pero ahora alguien más debe alimentarse de ti. Ese dolor debe impactar lo menos posible. Y otra vez, no eres mala mamá si al poco tiempo de intentarlo decides aplicar la famosa y «temida» fórmula. Nadie tiene por qué juzgarte. Si tienes aprovéchalo al máximo y disfruta del momento. Y si no la tienes, siéntete feliz porque lo intentaste. Esa conexión de la que todos hablan cuando tu bebé se alimenta de ti es bella, pero esa misma conexión la puedes hacer de mil maneras más, hasta con un biberón en el medio.

Los días se pasarán rápido y tal vez las primeras semanas no logres diferenciar el día de la noche, ni los lunes de los domingos. Pero serán después los mejores días de tu vida. Días en los que te tomarás el tiempo de entender que esa responsabilidad tan grande que ahora está en tus manos no debe asustarte sino hacerte sentir orgullosa porque lo estás haciendo bien.

Llora si quieres llorar. Enciérrate en el baño y saca todo lo que tengas dentro, luego sécate esas lágrimas y vuelve con la misma sonrisa y voz tierna que tu bebé escuchaba hace meses. Ellos absorben todo de ti, tu paz, tu alegría, tus ganas de vivir, tu amor, tu cariño, así como también tu pena y preocupación. Tú eres la extensión de su cuerpo cuando lo cargas. Tus brazos son sus brazos, ellos aún no saben en dónde termina su cuerpo, por eso tú eres su todo. Siéntete feliz por ello porque más adelante querrás volver a ser su todo.

Duerme cuando puedas. Las ojeras son lo de menos y qué mejor que mostrar esas marcas de mamá primeriza en pleno entrenamiento. Una siesta de 20 minutos es como una siesta de una hora. Y no le temas a las noches, luego las extrañarás y esas noches no vuelven. Solo quedan en tu memoria, así que trata de construir historias lindas para contarlas luego.

A ti nueva mamá, te digo que tal vez hoy te sientas abrumada y temerosa, porque es realmente un gran cambio. Pero a ti nueva mamá, también te digo y te prometo que serás una excelente mamá. La mejor mamá que pudo elegir tu bebé.

2

Y cayeron los dos… una vez más!

Varias cosas se dicen antes de ser mamá. Escuchas consejos, vivencias, tips, alguna que otra crítica y reniego, pero muy pocas veces escuchas de eso que se llama «dolor real cuando tus hijos se enferman». Y nadie, te puede contar lo que se siente por más leve que sea la enfermedad.

Tus hijos se van a enfermar, se van a caer y van a sufrir lo normal. Son seres humanos y debes entender que esas cosas van a pasar lo quieras o no. Puedes jugar a ser la mujer maravilla y la que todo lo puede evitar, pero muchas cosas no se pueden evitar como las fiebres, los dolores de estómago, los resfríos, los moquitos, los golpes por alguna travesura o cualquier aventura de caminador aprendiz. Pero lo bueno es que siempre en tus brazos, todo eso será más llevadero para ellos.

Creo que ni mi mamá me dijo cuánto me dolería ver a mis hijos enfermos. Es realmente un dolor que cansa, agota y te pone nerviosa también. En mi caso, mis temores máximos cuando uno cae es que caiga el otro, y no hay nada que me reviente más que me pregunten si ya se enfermó el otro. Tanto cuesta pensar que no es un HECHO que los dos se enfermen. Sí, es muy probable que se contagien, pero qué pasa si no? Y lo digo por experiencia, el contagio no es obligatorio. Y bueno, pensar en volver a pasar lo mismo días después de recuperado el primer bebe, cansa por anticipado.

Hoy tengo a los dos enfermos, una con fiebre por garganta y oídos y el otro por estómago malito. Virus o algo que se metieron a la boca (como todo lo que se les cruza por los ojos), es una situación máxima de estrés. Los bebes ya tienen un año pero me sigue preocupando tanto la fiebre como la primera vez que les dio cuando era apenas unos bebitos. Tengo la culpa? No, eso se llama «mamá primeriza» aprendiendo a vivir la vida con sus bebés en el mundo. Ese mundo que trata a todos por igual, bebés y adultos.

Y es que no puedo con la idea de imaginar su cuerpito batallando contra un virus que está atacando su sistema. Son tan chiquitos, y aún no me pueden explicar qué sienten para ayudarlos. Lo único que puedo hacerlo es estar a su lado y tratar que juntos pasemos estos días amargos para olvidarlos y volver a jugar y pasear como siempre.

Pero sí, los días de enfermedad son para meterlos en un cajón bajo cinco llaves y nunca más volverlos a abrir. Cómo duele no poder hacer más por ellos. Y como siempre digo cuando se enferman, cómo no pudiera robarles el mal que los ataca y sentirlo yo pero no ellos. Sería todo tan distinto.

Por lo pronto, los minutos pasan y yo desde este escritorio un poco lejos de ellos, solo cuento los minutos para volver a verlos y abrazarlos fuerte a ver si de esa manera me robo un poquito de su dolor. Todo por ellos, todo para que se sientan bien y volvamos a reírnos de nuevo. Siempre juntos…

 

6

Un aniversario cortito

Qué difícil es salir de «paseo» sin dejar tu cerebro en casa con los bebes. Pero, si queremos mantener la relación de pareja en un buen nivel, debemos hacerlo aunque nos cueste, y aunque solo sea por un ratito. No importa el tiempo, sino importa la calidad del tiempo juntos. Aprovecharlo al máximo es el punto aquí.

Hace una semana cumplimos 4 años de matrimonio y quisimos hacer algo especial, como todos los años lo hemos venido haciendo. Primero planeamos un viaje afuera del Perú: vimos pasajes y cosas que hacer con nuestros puntos (el ahorro por delante) pero luego nos dimos cuenta que era un poco loca la idea y además, debíamos estar aquí por la confirma de las sobrinas. Luego ería un viaje al interior del país: ninguno conoce Arequipa así que era una muy buena opción. Finalmente nos decidimos por irnos más cerca a solo unas horas de Lima y por solo 24 horas. Algo, es algo al menos.

Encontramos la fórmula perfecta para el cuidado de los bebes en nuestra ausencia: mi mamá, su nana y la chica que ayuda a la nana. Total, sería igual que un día normal de trabajo solo que por la noche no los veríamos. Pero como nada sale como uno lo espera, esa semana todo se complicó…

El viaje esperado sería un día miércoles para regresar jueves (feriado) por la tarde. Pero el domingo de esa misma semana mi china cayó con fiebre y el lunes el doctor nos dijo que era garganta. Le dimos sus remedios y ya el miércoles amaneció sin fiebre. Tampoco había hecho fiebre la noche anterior así que decidimos ir. A pesar que teníamos todo pagado y separado en el fondo ambos pensamos que si seguía mal, era imposible irnos. Pero a las 2:00 pm emprendimos camino cuando los dejamos ya almorzados y casi dormidos en la siesta de la tarde. Me fui, y confieso que me sentí por un minuto la peor mamá del mundo, pero no tenía porqué sentirlo. Acaso no merezco un descanso aunque sea solo por unas horas? Acaso no es que suplico al cielo una sola noche para DORMIR de corrido? Acaso no pido siempre un poco más de tiempo para NOSOTROS juntos? Para ser los dos por un momento? Y no es que no quiera la vida que tengo ahora, la amo y la volvería a vivir una y mil veces. Pero por fin entendí que extrañar un poco y buscar maneras de ser mamá y esposa a la vez, no está mal. Yo trabajo, me saco la mugre para llegar a tiempo y jugar con los bebes, darles de comer y bañarlos para que cuando llegue su papá estemos un rato juntos los cuatro para dormirlos y por fin conversar los dos. No es fácil… a veces cuando tengo ayuda, esa ayuda es con uno de los dos, y yo me encargo del otro. Por eso no queda mucho tiempo para mí, para nosotros. Y sería mala mamá si busco ese momentos? Para nada, es algo necesario.

Pero bueno, pasamos algunas horas juntos, recordando, riéndonos, diciéndonos mil cosas que antes, sea por falta de tiempo o hasta ganas incluso, no nos decíamos. Y prometimos no olvidarnos de eso, de lo que somos en realidad. Una pareja.

Prometimos al día siguiente pasarla lindo por algunas horas más y volver a la casa para seguirla pasando lindo con los bebes. Sin embargo ese mágico pensamiento desapareció a las 9:30 am cuando recibimos un mensaje de mi mamá que nos decía que a Naelle le habían salido unos puntitos rojos en el cuerpo. Ya había llamado al doctor y este le había indicado que no era eruptiva ni nada, sino que seguro era una reacción al virus que le había dado unos días antes. A veces reacciona el cuerpo así para liberar toxinas. Pero en resumen, todo estaba bien y bajo control. Y a pesar que solo se lo dijo a Lalo por celular, era imposible que yo no viera su cara de descuadre y le arranchara el celular para ver que había pasado. Todo se derrumbó de un solo soplido. Yo no quería decir nada, pero él solito se subió al carro y con voz de resignación me dijo «vamos».

Los hombres son un poco más prácticos en ese sentido. Tal vez él se hubiera quedado tranquilo cuando nos dijeron que «todo estaba bien», pero yo no soy así. Estaría pensando en ella cada segundo y el día no sería el mismo. Una situación como esa nos removió un poco el mundo que acabábamos de prometer hacía solo unas horas. Nada podrá ser como antes porque ahora tenemos dos razones y motivos por las cuales dar todo y seguir el camino correcto. Ya no estamos solos y ellos son los dos deseos que pedimos con tanta ilusión. Nadie dijo que sería fácil tener hijos, y menos con dos. Pero es nuestro «hoy» y cada vez que pensamos en ello, la sonrisa se dibuja de una manera increíble y se nota que es una mera proyección del corazón.

Volvimos un poco frustrados pero al final del día contentos de que la bebe no tuviera nada. Yo vivo traumada con las fiebres repentinas porque casi siempre, y cuando no están acompañadas de dolores de pancita, resfríos y demás, son por una posterior eruptiva. Ya me ha pasado y tiemblo de pensar que es muy probable que pase de nuevo.

De camino compramos dos globos enormes de Minion y de Minnie para ellos. Nos vieron y felices corrieron hacia nosotros para agarrar sus globos y empezar la juerga familiar. Hoy somos cuatro, pero siempre estaremos los dos el uno para el otro a pesar de todo. No descuidemos la relación de pareja porque al final como siempre se ha sabido: los hijos son prestados.

Que vengan muchos aniversarios más….

FB_IMG_1431354044234

0

Ahora que van creciendo…

Hace unos días me acordé de algo que les escribí hace un tiempito. Con casi 6 meses ya tenían rasgos y características que definían su personalidad. Una especie de carta para ustedes cada cierto tiempo sería perfecta para que luego, cuando sepan leer, puedan saber a detalle lo que los ponía a saltar de emoción y todo lo que hacía fruncir la ceja y hacer puchero.

11831749_10155924134685440_7329976866760341939_n

Hoy, con un año y un mes de hermosa vida en esta tierra puedo decirles muchas cosas más que hace seis meses..

Mi Mashe, así te decía siempre mi pequeño chino renegón. Ambos aprendimos a valorar MUCHO más el tiempo juntos cuando empecé a trabajar. Yo, en mi oficina contaba las horas para llegar a la casa y verte sonreír cuando me asomaba por la puerta y al entrar de sorpresa escuchar tus grititos emocionados con la boca abierta de par en par y «correr» a tu modo para abrazarte a mi pierna era lo mejor que podía pasarme en el día. Siempre fue un poco difícil recibirlos a los dos pero tu buscabas la manera de llegar primero y alzar los brazos gritando emocionado para que pueda cargarte a ti primero. Llegabas a mi hombro y me abrazabas fuerte pegando tu carita hacia mi cuello. Increíble que sin saber hablar aún yo entendía lo que querías decirme, me habías extrañado todo el día, tanto como yo a ti. Íbamos a mi cuarto para cambiarme de ropa mientras tú rebuscabas mi cartera. Todo un investigador detallista abriendo y cerrando los bolsillos, sacando todo lo que había dentro y claro, probándolo todo también. Y además, como buen investigador que eras, te metías en cada rincón que podías, entre las mesas, debajo de los juegos, entre la cama y la mesa de noche, cada espacio era un lugar a investigar para ti. Otra de tus obsesiones era el agua, cuando te daban tus pataletas, esas que muchas veces me hicieron pasar más de un susto tratando de agarrar tu espalda y cabecita para que no te golpearas, cogía tu biberón de agua y se acabó. AMABAS el agua con locura y podías secarte 4 onzas en un segundo si querías. Pero tú la hacías durar y encima te quedabas mordiendo la tetina para jugar. Cuánta ropa mojada te cambiábamos al día por tomar tanta agua. Y se notaba que no era sed lo que tenías, simplemente te gustaba mucho tomar aguita. Aún no sabías hablar como tu hermana, pero nos entendíamos igual. No pasabas de MAMA y PAPA y bueno, de vez en cuando te escuchábamos decir GUA! Cuando querías agua por supuesto. La hora del baño siempre fue la mejor, jugábamos a chapotear, y nos reíamos mucho en la tina, enseñándote tus pies, tus deditos, tu panza, todo era motivo de risa que se transformaba en llanto cuando llegaba la hora de salir. A veces, cuando el día había sido agotador, te ponía en tu cochecito mientras bañaba a tu hermana, y viendo televisión te quedabas dormidito. Pero otras veces te ponías eléctrico. Querías jugar y ya a oscuras «intentando hacerte dormir», me levantabas el polo y me hacías pedo-panza una y otra vez. No podía aguantar la risa por más que debía quedarme en silencio porque ya era hora de dormir. Sucumbía ante tus juegos y me unía a ti haciéndote lo mismo en la panza y en las piernas. Luego ya te empezabas a sobar los ojitos y te acurrucabas en mi cuello jalándome el pelo despacito. Me echaba a tu lado acariciando tu carita y poco a poco ibas cerrando los ojitos. Esperábamos un rato, juntos y en el oscuro silencio del cuarto te cargaba y te llevaba a tu cuna. Siempre con el chupón a un ladito por si acaso te despertaras en la noche, subía la reja de tu cuna y te daba un besito en la frente. Siempre con tu almohada y tu colchita al lado para pasar una buena noche. Y pobre de aquel zancudo que te molestara, paraba con mi linterna viendo siempre las esquinas, las ventanas y las lámparas para ver si algún desgraciado se escondía. Cuando te picaban se te hacía una alergia tan fea que me daban ganas de aniquilar de la PEOR manera a esos malditos desgraciados. Nuestro próximo encuentro siempre era a las eso de las 10:30 pm con la última leche del día. En esa, rezábamos juntos y en silencio agradeciendo por cada segundo de nuestras vidas. Es que un amor así de grande solo puede venir directamente del cielo. Así, terminábamos el día y empezábamos nuevamente a las 5:30 am con el pañal casi por explotar y la pancita pidiendo leche. Más o menos así eras cuando tenías 13 meses mi pequeño Marcel Chinoco (chino y loco).

11902374_10155973883950440_1042047791450610189_n

A ti mi china hermosa, mi Naelle preciosa, qué te puedo decir. Mejor dicho, por dónde empiezo a contarte cómo eras al año y un mes de vida. Con seis dientes ya decías muchas cosas: sabías perfectamente qué era un bebé, qué era caca, qué era un pollito (o pio como decías), quien era papá, mamá, Maki y Dani (por tus primas), y también, sabías quienes eran tus tiyas (tías). Tu dedito acusador nos indicaba a dónde querías ir siempre, y si no te llevábamos rápido, pobres tímpanos. Nos metías un grito mirándonos retadoramente y nos pedías ir a donde tú quisieras. La ventana era ideal para ver «titis», tocabas la luna y gritabas «titi titi titi», cuando pasaba un carro. Siempre fuiste más independiente que tu hermano, pero cada vez que llegaba del trabajo tu sonrisa iluminaba mi día por más gris que haya sido. Venías gateando hacia mí y yo con Marcel colgado al cuello, me agachaba y me tiraba al suelo para abrazarte muy fuerte e intentar de alguna manera cargarte con el brazo libre. Ir por el suelo viendo cada cosita, papelitos o lo que sea, era tu máxima diversión. Nos dimos varios sustos por cosas que te metías a la boca cuando nadie te veía, pero felizmente salimos bien de cada una de esas travesuras. Cuando te chapábamos con algo en la mano, y veíamos tus intenciones de meterlas a la boca te decíamos con voz firme: Naelle «DAME», y nos extendías tu manito para entregarnos lo que tuvieras entre los deditos. A partir de ese momento, cuando chapabas algo y te dabas cuenta que estábamos mirando, te acercabas a nosotros y extendías la mano diciendo «mame, mame». Pero cuando nadie te veía, a la boca! Y luego, venían las consecuencias (lo encontrábamos en el pañal como nos pasó una vez o lo votabas por la boca cuando tomabas tu leche como nos pasó dos veces), un peligro suelto eras chinaza. Aprendiste rápido a distinguir qué comida te gustaba y cuál no, por eso a las 6 de la tarde cuando ya nos alistábamos para comer, decías alegre «papa, papa» porque poníamos el babero o «tete tete» cuando era hora de la leche. Era increíble ver cómo aprendías y relacionabas todo con la palabra. Nos avisabas cuando hacías caquita, cosa que nos ayudará mucho al momento de retirarte el pañal (espero), aunque también engañabas. Amabas jugar a las chapadas y comer pancito en el desayuno. Cuando pasabas un trocito que tenías en la boca decías «MA MA» por que querías comer más. Serás harinera como yo y eso es MALO muuuuy malo para el rollo, pero estás bebé y eres flaca, así que por ahora, pídeme lo que quieras. Nos enfermamos mucho mi china, yo caía enferma con un resfrío horrible y tú lo chapabas al toque de mí. Tu gargantita y tu pechito eran los que más sufrían, por eso nos dejaron inhalador por un tiempito. Otra cosa que tendremos que aprender, es que los juguetes son de los dos. Cuando Marcel estaba jugando con una cosa y tu con otra, te dabas cuenta que él tenía algo en las manitos y corrías a su lado para arrancharlo. El otro lloraba con lagrimones pidiendo ayuda y tú a veces hasta te reías diciendo «bebe», señalando al hermano llorón. Cuando íbamos a pasear y veías a algunos niños ya grandes, no podíamos aguantar la risa cuando mirabas y gritabas la misma palabra «bebeeeee». Tú, la más conchuda «bebeabas» a todo el mundo siendo tú tremenda bebota. No dormías casi nada, por eso seguro en cada control médico no crecías mucho como esperábamos. A veces, cuando dormías a las 8:30 pm, ya sabíamos que pronto despertarías y sería una noche «de terror», cuando despertabas a las 10:00 pm primero pedías tu «tete» y luego nadie te paraba. Querías gatear, saltar, cantar, gritar y hasta reírte cuando te mirábamos. Posabas para las fotos siendo las once de la noche y revoloteabas por todo el cuarto hablando sin parar. Hubieron noches que incluso nos fuimos hasta las 12 y seguías con las pilas bien cargadas. Mi china loca y hermosa, tu risa me vuelve loca y cuando lloras me muero con cada una de tus lágrimas. Las seco siempre y espero estar a tu lado para secar las que vengan más adelante. Porque de verdad, eres parte de mí, y aún me cuesta creer que cada día que pasa te haces más grande. Y así como cada mañana cuando te despiertas y estoy a tu lado te ríes chinita y te vuelves a acurrucar en mi panza, recordando tal vez el inicio de tu vida, cada mañana que preparo tu leche agradezco a la vida por ponerte en mi camino. Tú y tu hermano son la razón de mi vida entera.

11888062_10155951950335440_8565953878644898524_n

Siempre seguiré acercándome a su cuna durante la noche para ver si están bien. Como una loca (y seguro no soy la única loca) tocaré su pancita a ver si siguen «respirando» y me levantaré de mi cama al menos ruido que escuche. Porque por más que tengas uno o mil años, siempre serán mi bebitos. Esos dos que salieron un día de mi panza y empezaron a hacerse camino en este mundo.

_DSC7937

4

A golpes se aprende

Este fin de semana me pasó lo que más temía hasta en mis más oscuras pesadillas. Dicho sea de paso, hacía algunos días había soñado que Marcel se caía de un muro un poco alto y se golpeaba la cabeza, me desperté gritando y llorando diciendo que por favor nunca lo dejemos solo y que tengamos mil ojos encima de él. Felizmente había sido solo un mal, un pésimo sueño que me dejó un mal sabor en la boca, el corazón y la mente que no dejaba de pensar en los peligros a los que nos enfrentamos día a día.

Marcel es un bebé que de noche no duerme corrido, se despierta varias veces en la madrugada y solo quiere que yo lo cargue para volver a dormir. Cuando lo hace su papá sigue requintando diciendo «ma maaaa ma ma». Por eso, hay muchas veces que lo abrazo y lo pongo a mi lado en la cama, con miles de cuidados para que no ocurra ningún accidente: con el brazo encima de su pancita, abrazándolo todo entero, o asegurando con la pierna que no se vaya a escapar a ningún lugar. Hace un mes cambiamos la estrategia y en lugar de llevarlo a mi cama, yo me metía en su cuna; decidimos hacerlo porque una noche lo encontramos sentadito al borde de la cama jugando con la sábana. Fue su ángel guardián el que lo salvó de caer al suelo, estoy segura. Pero el sábado todo fue distinto, todo salió mal.

Yo estaba muy cansada. Estamos pasando por una etapa un poco estresante en la familia y eso también se suma al agotamiento acumulado y entonces el cansancio me cobró caro. Dos y media de la madrugada, estábamos durmiendo como siempre y de pronto pasó. Fue como una pesadilla real, un golpe seguido de un llanto intenso se apoderó de la noche. Lo primero que hice fue pararme de mi cama gritando «nooooo» corriendo hacia el cuarto del bebe para darme cuenta que no había sido ahí el golpe sino en mi propio cuarto. Lalo ya lo había levantado del suelo con mucho cuidado pero él seguía llorando. Yo no sabía que hacer para calmarme y dejar de gritan que mi bebé se había caído de la cama. Mil imágenes y pensamientos se adueñaban de mi mente y no podía con ellos. El golpe fue fuerte y yo solo pensaba en verlo con la cabecita partida en dos. Él me veía asustado mientras que su papá me pedía que me calme por favor que el bebe no tenía nada. Yo desesperaba iba cambiándome y solo repetía que teníamos que ir a la clínica. Saqué el «bálsamo de Just» especial para golpes y se lo puse en automático en la cabeza. Él me pedía que lo cargue, estaba aún asustado más por ver a su mamá en ese estado de casi locura. Lo cargué, lo abracé fuerte pidiéndole perdón (por sabe Dios qué porque en ese momento no entendía ni qué había pasado, no me acordaba siquiera haberlo llevado a mi cama). Solo lo abracé en el silencio de la noche, ya estaba tranquilo en mis brazos y yo no podía contener las lágrimas que salían sin parar.

Lo tapé con su colchita, me aseguré que Naelle se quedaba en buenas manos y tranquila después de todo el alboroto y salimos a la clínica. En el carro trataba de distraerlo con las luces de afuera y con algunos juguetes que teníamos en el carro. He escuchado muchas veces que cuando un bebé se golpea la cabeza no es bueno que duerma. Felizmente, parecía no tener nada de sueño. Yo le tocaba la cabeza, le movía despacio los brazos, las piernas, y parecía que nada hubiera pasado. Llegamos a la clínica y entré con mi Marcel en brazos pidiendo por favor que nos atiendan rápido. Lo examinaron con la linterna, sus ojitos seguían la luz sin parar, lo sentaron, lo echaron, le tocaron para parte de su cuerpito y él miraba fijamente a la doctora y a mí. Parecía preguntarme qué le estaban haciendo. Yo solo lo miraba mientras se le seguían cayendo las lágrimas.

Regresamos a la casa con un susto y una experiencia. Gracias a Dios nada malo pasó, los reflejos de mi chino lo hicieron prenderse de la sábana y amortiguar la caída. Pudo ser peor, pudo ser un accidente mayor. Pero como siempre lo digo, mis hijos nacieron un angelote en el cielo que los coge de las manitos y los protege. Pero como de todo se aprende, y con golpes entra más rápido, esta ha sido mi segunda noche sin pasarlo a mi cama. La segunda noche no duermo con mi bebé al lado, pero así debe ser. No está seguro y yo, a pesar de ser su mamá no puedo protegerlo cuando estoy dormida, los reflejos no son los mismos, nosotros no somos los mismos. Más cuando estamos cansadas.

Creo que la lección queda clara. Pero lo que no se me borra es ese sentimiento de terror y mezcla de frustración cada vez que cierro los ojos y vuelve a mí ese momento escalofriante. Lo soñé días antes y lo viví días después. No pude protegerlo y siento que puse una papeleta en mi récord de mamá. Sé que vendrán más caídas, más golpes y debo estar preparada, pero no puedo evitar esta sensación de haberle fallado a mi propio hijo. No pude protegerlo esta vez, me costó lágrimas y un susto que quedará grabado para siempre en mi memoria.

Y bueno, para que estemos preparadas, es necesario tener esto en cuenta:

Si tu bebé se cae de la cama:
– No lo toques aunque llore. Ahí en el suelo revisa todo su cuerpo. Cada centímetro al minúsculo detalle.
– Ten a la mano un bálsamo de Just (ayuda muchísimo a evitar hinchazón, tiene una explicación científica y sus ingredientes ayudan a ello).
– Nunca está demás una revisión médica. Es mejor pecar de exagerada que omitir un grave error.
– Atenta a las señales de alarma: vómitos, sueños excesivo, convulsiones, pérdida de consciencia (si no lloró al instante que cayó es mala señal).
– Observa las 6 primeras horas. Cada detalle dentro de las 6 horas siguientes al golpe es importante. Luego de ello ya estamos fuera de peligro.
– Y lo más importante, evita esto y no duermas con tu bebé en la cama. Aunque duela.

Al día siguiente, él era el niño más feliz del mundo. Riendo y jugando feliz y comprendí lo que muchas mamás me dijeron antes: los bebés parecen ser de goma. Pero aún así, si puedo evitar su sufrimiento, susto, golpe o caída, lo haré de una y mil maneras.

Displaying 20150628_080431.jpg

Nada más debo ser más precavida… y fuerte.

3

¿Pueden volver a mi panza?

Cada mañana antes de salir de la casa me acerco a cada una de las cunas (porque ahora duermen separados), y les acaricio la cabecita, les hago la señal de la cruz y les digo que en un ratito vuelvo. Dormiditos aún, sé que igual me escuchan. Hoy, no soporté y me metí a sus cunas para darles un besito. Generalmente los tengo más cerquita y puedo estirarme y darles un besito, pero hoy no podía irme sin hacerlo y como estaban pegados al otro extremo, me metí. Duró solo unos segundos pero deseé tanto que se hagan eternos, quise quedarme ahí para siempre. Y es que cuando los veo, simplemente muero.

Ya en la oficina veo las fotos que tengo en mi escritorio y pienso en qué estarán haciendo, tampoco puedo estar llamando todo el día porque cualquiera se aturde, y no quiero que los descuiden ni un solo segundo. La mañana se hace eterna hasta que me mandan las fotos de su almuerzo, me alegra mucho ese momento porque significa que pasamos la primera parte del día y bien! Solo queda un tramo más para volvernos a encontrar.

Al llegar a casa, el ritual de siempre, me olvido de todo y me tiro al suelo para que hagan conmigo lo que se les de la gana. Solo hay un pequeño problema, no tengo cuatro brazos y cada día es el mismo conflicto interno por ver a quién agarro primero. Al final termino con los dos pegados, pero se pelean por quienes e arrastra primero hasta mis brazos para ser cargados. Los apachurro, los estrujo, los lleno de besos, los presiono contra mi pecho como si quisiera meterlos otra vez en mi panza. Es increíble ver cómo me sonríen a los lejos mientras los saludo y me quito los zapatos para irme directo con ellos.

Justo ayer, cuando ya dormían y tenía unos segundos para tirarme en la cama antes de la leche «última» de la noche pensaba en lo mala que me sentía. Mala de corazón porque me siento agotada. Quisiera tirarme en ese suelo a jugar con ellos y gatear detrás de uno y detrás de otro, levantarlos y hacerlos volar mientras se ríen haciendo sonidos de avioncito, hacerles cosquillas y besarle cada centímetro de su cuerpito antes de cada baño, pero sin estar cansada. Quisiera hacerlo sin un horrible y molestoso dolor de cabeza que me taladra de vez en cuando, sin ese dolor de cintura que me hace respirar profundo antes de cada cargada. Pero quiero que ellos sientan que lo hago con todo el amor del mundo, con unas ganas locas que llegue el fin de semana y poder hacer eso por dos días completos. Aunque empiece la semana más cansada que cuando termina, pero no me importa nada. Solo estar con ellos y demostrarles que el tiempo que puedo darles es mi mejor tiempo, es mi mejor momento, esas horas que espero durante el día entero para poder llegar y abrazarlos como si acabaran de salir recién de mi pancita.

Cansada o no, disfruto cada momento, cada rabieta, cada llamada de auxilio en la madrugada, cada cabezazo en la boca y cada susto con salvada antes de caer en el suelo luego de un intento por caminar. Sé que esos momentos pasan rápido y no vuelven, por eso los vivo y los guardo muy adentro de mi corazón. A veces cuesta un poco pero luego, cuando los tengo en mis brazos ya sea dándoles su biberón o sea acercándonos juntos al espejo para reírnos de nuestras muecas, todo vale la pena. Cada noche en vela, cada interrupción al libro que sigue en la página 80 hace varias semanas, cambio de pañal, cada rabieta… absolutamente cada segundo con ellos, vale la pena.

Que sigan pasando las horas, yo seguiré esperando como cada día, la mejor hora del día. La hora en que nos volvemos a encontrar para ser felices de verdad.

3

A ti mamá!

Feliz día…

A ti, que luchas cada día por sacar adelante a tus hijos. A ti, que sales de la casa dejándolos aún dormidos y esperas con ansias llegar temprano para sacarle el jugo a las horas que les quedan despiertos durante ese día. A ti, que divides tu cabeza en dos partes para llevar el control en una oficina y en tu casa a la distancia. A ti, que te escondes de rato a rato para revisar las fotos de tu celular y poder mirarles la carita a acariciarlos a través de una pantalla. A ti, que sueñas con los fines de semana para salir al parque y pasear con ellos mirando los pajaritos. A ti, que piden más fotos durante el día para ver cómo están. A ti, que estudias mil formas de pasar más tiempo con ellos mientras sigues cumpliendo objetivos. A ti, que reniegas en el tráfico porque es tiempo perdido que puedes aprovechar con tus hijos. A ti, que piensas una y otra vez si lo que estás haciendo es lo correcto. A ti, mamá trabajadora que toma decisiones pensando solo en el futuro de sus hijos.

Feliz día…

A ti, que cambiaste una laptop y un ambiente de oficina por pañales, biberones y tu casa. A ti, que te levantas muy temprano para avanzar las cosas antes que te gane el horario y el bebe te sorprenda pidiendo leche trepado de las rejas de la cuna. A ti, que cambiaste los tacos por zapato chato para poder perseguirlos cuando se quieren escapar correteando con la energía más que recargada. A ti, que aprovechas cada segundo para mojarte la cara y peinarte frente al espejo. A ti, que dejaste de crear planes estratégicos para preparar papillas y leches en biberón. A ti, que tienes un horario fijo de 24 horas por 7 días a la semana. A ti, que te olvidaste del vestido ejecutivo y ahora más piensas en ropa cómoda para poder moverte como pulpo durante el día. A ti, mamá a tiempo completo que tienes la dicha y oportunidad de darle todo de ti durante todo el día a esa persona que es la dueña de tu vida.

A ustedes. A nosotras. A ellas….

A las que dejamos de ser una misma para darle nuestra vida entera a ese (o esos) ser que salió de nuestro cuerpo para empezar una vida. Una o dos maravillosas vidas.

FELIZ DÍA DE LA MADRE!