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Cuesta aceptarlo

La parte más difícil de ser mamá, viene cuando nos damos cuenta que no somos “super poderosas”. Cuando comprendemos que allá afuera, en el mundo real, no podemos proteger a nuestros siempre bebés como cuando vivían en nuestra panza. El lugar más seguro y cómodo que existe en el planeta.

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Cada día me cuesta más aceptar que no puedo controlarlo todo: las caídas, los golpes, las enfermedades, los virus, las peleas (con mordidas o jalones de pelo), y demás cosas que pasan en el día. Seas una mamá full time, o una mamá que trabaja y regresa por la noche a jugar y estar con ellos como si fueran las 6 am, es lo mismo. No todo está en nuestras manos y debemos aceptarlo.

Las mamás tenemos miedos profundos que hasta nos da miedo compartir, pero son normales. He tenido la oportunidad de compartirlos con gente de confianza porque simplemente necesito sacar esos traumas de mi sistema y coincidimos con ciertos grados de diferencia en los niveles de preocupación obviamente. Yo, siempre me he caracterizado por ser demasiado nerviosa, y cuando se trata de algo que pueda pasarles a mis hijos más aún.

Hace unos días me llamaron de mi casa luego de un día normal de nido y me contaron que Marcel se había caído de la resbaladera llegando al piso y se había golpeado la frente. Primero vienen las mil preguntas con los detalles (que de nada sirven pero todas las mamás queremos saber): lloró mucho? está rojo? le salió moretón? salió sangre? mándame foto… y muchas otras cosas que ya no tienen importancia porque ya pasó y gracias a Dios está muy bien y con el ánimo igual que siempre. Activo y con ganas de jugar y jugar sin parar. Es decir, como si nada hubiera pasado. Luego viene la rabia: por qué pasó? nadie estaba con él? le habrá dolido mucho? y habrá sido como dicen o se cayó desde más alto? Luego pienso y me respondo que nada eso ya importa porque ya pasó.

Pude haber hecho algo para impedirlo? No, no pude porque así se dieron las cosas y no quiere decir que porque yo no estuve ahí, pasó. Ha podido pasar hasta conmigo presente. Es cierto que yo me adelanto y elimino cualquier “potencial” peligro al paso, pero igual! Son cosas que pasan, a una le duele más que al niño, pero es grande la frustración.

Cómo quisiera tener una extensión de mí al lado de los dos todo el tiempo, pero ellos también tienen que creces y aprender a cuidarse. Y si se enferman, pues ahí estaré para pasarla con ellos y tratar de aliviar su dolor con TODO lo que esté a mi alcance y más. Pero no puedo estar ahí para impedirlo, porque no depende de mí. Lamentablemente no depende de mí sino de la vida misma.

Hoy es uno de esos días en los que me siento atrapada en mis pensamientos.

Mi poder tiene un límite, y me cuesta aceptarlo.

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Un premio para mamá de doble yema

Este es el segundo blog que escribo, premios de distintos tipos me han enviado, y hoy recibí uno que considero especial. Viene desde el otro lado del mundo y me lo dio una mamá de estreno que lo está haciendo más que bien. La emoción al leerme entre los nominados me emocionó tanto como la primera vez que me dieron un premio muchos años atrás.

 

Esta vez, el premio me lo dio Mu del blog La misma Mu. Una linda chica que narra lo que vive junto a su esposo, su gato hermoso y su princesa que hace no muchos meses llegó al mundo. Entren, lean y síganla. Es realmente bueno, reconfortante y fresco leerla. Tiene una particular forma de ver la vida que contagia a cualquiera. Gracias por el premio!

Ahora a lo nuestro:

Blogger Recognition Award

  • Escribir un post para mostrar el premio y el logo (OK – Falta el logo)
  • Contar de una forma breve cómo empecé a escribir mi blog
    Hace muchos años empecé la aventura en Blogger. Le escribía cartas a mi papá quien había fallecido recientemente. Siempre me gustó escribir así que vi en eso una terapia que me ayudaba a llevar el dolor de manera distinta. Luego me comentaron que ya debía ir soltándolo, dejándolo ir porque si quería ser mamá primero debía dejar de ser hija. Fue así como luego de un tiempo que me enteré que sería mamá de mellizos, me atreví a cambiar de giro mi aventura. Contarlo todo y sin temores con respecto a este loco mundo de la maternidad.
  • Dar algunos consejos para los nuevos blogueros
    Busca algo que te inspire, que te llene de sensaciones y sentimientos lindos y escríbelo. Poco a poco irán saliendo detalles que creías no conocer.
  • Decir el blog que te nominó y mostrar su enlace                                                                                              Listo! Me nominó Mu y estoy segura poco a poco recibirá muchos premios por su preciosos blog.
  • Nominar a otros 10 blogueros 

Bueno, espero puedan pasar a visitar cada uno de los blogs mencionados porque cada uno tiene su estilo y su propia historia. Sin duda, vale la pena leerlos.

Gracias una vez más por el premio!!!

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Hijo preferido

Creo que una de las cosas que nadie cuenta cuando se convierte en papá o mamá, es el amor infinito que se le tiene a los hijos. Es algo tácito, sobre entendido, y tal vez no hace falta decirlo porque es algo un tanto lógico. Pero lo que realmente sucede en el corazón cuando nace un hijo, no se puede describir con palabras.

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Pienso que tener un hijo es como el ejemplo supremo que el amor existe. Está bien que ames a tu pareja, a tus papás y a tu familia, pero el amor hacia una persona que salió de ti, es algo máximo. Si pienso en los primeros días como mamá, era tan grande lo que sentía que me daba terror. Era posible sentir algo así? Algo tan grande? Pues sí, y poco a poco ese temor muta y madura y se vuelve más comprensible. Y se imaginan eso multiplicado por dos???

Cuando se tienen dos o más hijos hay que saber cómo repartir ese amor entre todos los hijos. Porque como siempre, y en todo lo que hagamos, existen las diferencias. Y depende de uno hacer que estas diferencias no sean notorias y tratar en la medida de lo posible que no existan.

Más de una vez me han preguntado cuál es mi preferido. Es una pregunta que en realidad me hace un poco de gracias porque no es que exista un preferido, una mamá ama a sus hijos por igual, pero siempre, siempre y en todos los casos, hay un hijo que necesita más de su mamá. Uno es el más engreído, demandante, llorón, o cualquier adjetivo parecido. Sin duda, es un reto y prueba muy grande para la mamá (en quien nadie piensa) porque involucra sentimientos, tiempo invertido, frustraciones por no poder partirse en dos por igual, y muchas cosas más.

Creo que “no existe” un padre que no tenga hijo preferido. Porque en un momento determinado uno de los hijos es el preferido. No en el sentido de darle todo y a los otros nada, sino que en el momento que uno más necesite de mamá o papá, en ese momento será el preferido. Siempre para todos por igual aunque sea difícil.

En mi caso es una lucha CONSTANTE cuando llego a la casa y debo saludarlos. Los dos se miran y se lanzan a la carrera para ver quién llega primero a abrazarme y colgarse de mi cuello. Desde esa posición cada uno se dedica a mirar al otro y empujarlo si se da el caso para que no se acerque a mí. Eso duele, y mucho. Porque no es que yo tenga que decidir a cuál de los dos abrazar primero, sino que debo abrazarlos a la vez. O sino, algo que he empezado a hacer desde hace poco, es llegar y subir en silencio y saludar al primero que me vea, en silencio absoluto, llenarlo de besos y llevarlo un poco más lejos para “conversar” por unos segundos, y luego voy por el otro. Solo así cada uno puede sentir que les entrego lo mismo a los dos por igual. Pero realmente agota un poco porque la frustración es grande. No quiero que lloren cuando estoy con el otro, quisiera que respeten su momento con los dos y lo puedan valorar. Aún son muy chiquitos, lo sé, pero me parte el alma cuando no puedo demostrar por igual lo que siento por los dos. Si tan solo tuviera un par de brazos adicionales… pero es imposible.

Creo que sí, que existe un hijo preferido pero todo es como lo leí hace un tiempo. Lo busqué para compartirlo aquí, y por eso lo escribo una vez más:

EL HIJO PREFERIDO

Cierta vez preguntaron a una madre cuál era su hijo preferido, aquel que ella más amaba. Ella, dejando entrever una sonrisa, respondió: “Nada es más voluble que un corazón de madre, y, como madre, le respondo: el hijo dilecto, aquel a quien me dedico en cuerpo y alma”:

Es mi hijo enfermo, hasta que sane.

El que partió, hasta que vuelva.

El que está cansado, hasta que descanse.

El que está con hambre, hasta que se alimente.

El que está con sed, hasta que beba.

El que está estudiando, hasta que aprenda.

El que está desnudo, hasta que se vista.

El que no trabaja, hasta que se emplée.

El que se enamora, hasta que se case.

El que se casa, hasta que conviva.

El que es padre, hasta que los críe.

El que prometió, hasta que cumpla.

El que debe, hasta que pague.

El que llora, hasta que calle.

Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:

El que ya me dejó… hasta que lo reencuentre…
Una madre siempre ve en su hijo la esperanza dormida que un día despertará, su fe siempre la sostiene. Madre es madre, aunque el hijo se olvide de ella.

Y así, es como entendí que no tiene nada de malo cuando uno entrega TODO por un hijo en determinado momento. Porque así es la vida, cuando estas con uno de ellos, el tiempo, el cuerpo y el corazón son para ese uno. Y en cuanto cambias y estás con el otro, el tiempo, el cuerpo y el corazón son para ese otro. Todos tienen su momento, su espacio, su turno. Su pedazo de corazón ganado para toda la vida.

No hay hijo preferido, solo el que más necesita de su mamá en un determinado momento.

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Que me corten la cabeza: soy estresada

A veces pienso que no es justo para mis hijos tener una mamá tan estresada. Una mamá que no es práctica y se hace bolas por muchos motivos. Una mamá que prefiere llevar un maletín con “lo necesario” y no “lo suficiente”. Una mamá que prefiere una tarde tranquila pero divertida en un lugar seguro que exponerlos a lugares que ella “considera” peligrosos. Una mamá que tiene dolores de cabeza continuos pero sabe que no hay nada que una buena pepa no solucione para seguir andando.

Pero cuando lo pienso, también reconozco que esa mamá estresada merece un poco de respeto, pues al final son sus decisiones, sus problemas y sus paltas mentales si así lo quieren llamar. A nadie le hace daño ser un poco más precavida de lo normal, y tampoco a nadie le hace daño si una es “así” o “asá” con sus propios hijos. Además, nadie sabe la historia detrás para entender el nivel de estrés que una mamá le puede poner a sus días.

Mis bebés fueron para mí, un regalo supremo. Lo pedí por tanto tiempo y con TANTAS fuerzas, que al llegar, lo cuidé como un tesoro mega ultra valioso (porque lo son). Más aún cuando el doctor luego de la primera ecografía me dice: a más bebés, más cuidado. Entonces, yo lo tomé al pie de la letra. Algunas cosas que tal vez no se podían hacer a partir de un determinado tiempo, yo no las pude hacer desde antes, y nunca me quejé, lo aceptaba con interés para poder llegar hasta el final. Tal vez muchas mamás son relajadas en su embarazo y la pasan felices, pero yo preferí ser más cuidadosa (pero igualmente de feliz), porque serlo, no significa privarse ni vivir traumada, para nada. Significa que cada día cuenta para esos bebés que se forman dentro de un cuerpo, y si yo podía contribuir a que ese proceso sea más sencillo y óptimo para ellos, pues nada me costaba hacerlo.

Además, cuando hay dos bebitos (o más) el riesgo de prematuridad es alto. Y yo lo viví. Mis bebés nacieron a las 34 semanas y fue una operación de emergencia. Pues a pesar de los mil cuidados que tuve, mi panza ya n podía crecer más y los bebés estaban muy apretados y Naelle fue la que más sufrió las consecuencias. Segundo factor de estrés en mi vida de mamá. Pues tener hijos prematuros no es fácil. Tan chiquitos, tan frágiles y tan luchadores que cualquier corazón se encogía al verlos. Y eso que los míos no fueron prematuros severos, esos sí que son GUERREROS. En fin, cada visita al pediatra para el peso y la talla era una pesadilla una noche antes. Pero qué lindas fiestas y celebraciones hacíamos cuando pasaban a otra talla de pañal, o cuando cambiábamos de talla de ropita, incluso cuando aumentábamos una onza en sus biberones. Eran pasos enormes en pies pequeñitos. Y yo, vivía a su lado cada momento con ilusión.

Por otro lado, vuelve la frase que el doctor me dijo en mi primera ecografía un poco modificada: a más bebés, más estrés. y es verdad, si bien ser mamá es difícil porque es adaptarse a un mundo nuevo, es entregar tu vida por completo y con una sonrisa enrome a otro ser que salió de ti, es cambiar prioridades, vivir sin horarios, y miles de cosas más; ser mamá de varios bebés a la vez, eleva un poquito nada más todas esas sensaciones. Al principio asusta, y hasta una cree que no podrá con esa responsabilidad tan grande. Pero no existe manera de huir. Los métodos para dormir que aplican muchas mamis, o los métodos para comer o para pasar sus días, son distintos cuando hay dos bebés con las mismas necesidades a la misma vez. Y nunca me ha gustado comparar, y ojo que esto no es una comparación, es simplemente los hechos como son desde la mirada de una “estresada” mamá mellicera. Se imaginan la logística para salir de la casa? Eso lo escribo con una sonrisa en la cara, porque tengo unas historias geniales para contar sobre esto.

Y a todo eso le agregamos que tengo dos bebés chukis. No sé cuál es  más terrible que el otro, y ahora con las “pataletas mode on” ya no sé ni cómo hacer para que no me explote una vena en el cerebro. Y aún así, con todo eso, me encantan mis días cargados y a mil, amo ser una mamá estresada que trabaja todo el día y vuela a su casa a ver a sus hijos para comer con ellos, bañarlos y luchar juntos en el intento del sueño.

Veo a veces a mamás super prácticas y siento una envidia sana porque no se hacen bolas por nada. Y me encanta, pero yo no soy así, yo tengo otro estilo y si vivo tranquila y feliz teniendo ese estilo, a quién le hace daño? Entonces, creo que el secreto está en respetar cada estilo de mamá sin críticas ni comentarios amargos.

Yo tengo claro que no todo es perfecto, y tienen que existir esos momentos agrios que tenemos que superar a como dé lugar. Pero, si de alguna manera, puedo evitar que esos momentos llenen mis días, lo haré. Es por eso que por ahora, evito viajes a lugares donde tal vez los bebés no vayan a estar muy cómodos, trato de acomodarme a horarios para no irrumpir con el horario al que ellos están acostumbrados, los respeto en todo momento y me pongo en su posición siempre que pienso en hacer o no hacer algo, y siempre, por sobre todas las cosas llevo más de lo suficiente en el maletín cuando salimos. Si eso es ser una mamá estresada, que me quemen viva entonces. Pero simplemente yo hago lo que mi corazón me dice hacer, y lo que yo creo que está bien para ellos. Porque como lo dije hace un momento, cada mamá con su estilo.

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Para días grises, paraguas de colores

A veces los días que vivimos no son de colores como siempre queremos verlos. De vez en cuando nos toca algo de gris, según yo, para demostrarnos que esto que llamamos “vida” no es un sueño donde las flores y los arco iris son los protagonistas. A veces nos toca dejar el dulce y tomar un poco de amargo, no por voluntad propia, sino porque simplemente así se dio. A veces cuesta pasar algunos días así, pero lo bueno es que finalmente todo pasa. Y algo bueno también es que esa misma vida que te hace pasar por días algo turbulentos te tiene sorpresas escondidas incluso en esos días raros. Mensajes que llegan de la nada, amigos que reaparecen y noticias que alegran.

Algo así como recibir un mensaje de una amiga que está a kilómetros de distancia pero que dio en clavo con solo unas palabras.

Ahora este es mi regalo para quien me esté leyendo y tal vez esté pasando por unos cuantos días en blanco y negro donde nada parece avanzar.

Lo mejor no es el pecho.
Lo mejor tampoco es el biberón.
Lo mejor no es que lo cojas.
Lo mejor tampoco es que lo dejes de coger.
Lo mejor no es que lo tumbes así.
Lo mejor tampoco es que lo tumbes del otro modo.
Lo mejor no es que lo tapes de una forma.
Lo mejor tampoco es que lo tapes de la otra forma.
Lo mejor no es que lo abrigues con esto.
Lo mejor tampoco es que lo abrigues con aquello.
Lo mejor no es que le des purés.
Lo mejor tampoco es que le des trozos.
Lo mejor no es lo que te dice tu madre.
Lo mejor tampoco es lo que te dice tu amiga.
Lo mejor no es que esté con una niñera.
Lo mejor tampoco es que vaya a la guardería o esté con abuelos.
Lo mejor no es que siga ese tipo de crianza.
Lo mejor tampoco es que siga ese otro estilo de crianza.
¿Sabes lo que realmente es lo mejor?
LO MEJOR ERES TÚ.
Lo mejor es lo que a ti te hace sentir mejor.
Lo mejor es lo que tu instinto te dice que es mejor.
Lo mejor es lo que a ti te ayuda a estar bien también.
Lo mejor es lo que te permite a ti ser feliz con tu familia.
Porque si tú estás bien, ellos reciben lo mejor. Porque lo mejor eres tú.
Porque si tú te sientes segura, ellos también se sienten seguros.
Porque si tú crees que lo estás haciendo bien, tu tranquilidad y felicidad les llega a ellos.
PORQUE LO MEJOR ERES TÚ.

Es posible volver de colores hasta los días más pálidos.

Todo depende de ti!

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Arrorró mi niño madrugador

Hace varias semanas parece que hemos vuelto a las madrugadas difíciles de los primeros meses. Si bien mis bebés están más grandes, eso no quiere decir que estén durmiendo mejor. Al contrario, creo que ahora se despiertan más veces que antes, y lo peor, es que no es para tomar leche. Sino simplemente se despiertan porque algo les molesta o no les gusta.

Tengo mis teorías, y creo pensar que Marcel al menos, se despierta porque sus muelitas están apareciendo. Pobre, debe doler mucho sin duda. Y Naelle, bueno ella es difícil hasta para caer como papa a la  cama a pesar de haber dormido por la tarde. Y la verdad es que los bebes son impredecibles.

Escucho casos de bebés que duermen 12 horas de corrido sin decir ni una sola palabra durante las noches. A ellos yo les llamo “bebés angelitos”. También están los “bebés comelones”, que ya tienen más de un año y se siguen despertando reclamando su “tete”, y pobre del que no le de su bendito tete, no para de gritar hasta que sale el sol y ahí sí que se cuenta como una real noche en vela. Además, tenemos los bebés “ojo duro”, que duermen tarde y se despiertan temprano, y cuando es fin de semana, hasta más temprano todavía, lo bueno es que este tipo de bebés no suele despertarse tan seguido en la noche, la energía la queman antes de dormir cuando lo único que quieren es correr y jugar. También tenemos los “ligeritos”, que se despiertan con el mínimo ruido dentro o fuera de la casa, son esos bebitos que nos hacen odiar las motos, los carros correlones, los pitos, perros y todo lo demás que suene cualquier día por la calle. Están los “incomprendidos” como los míos, que simplemente se quejan y revolotean en su cuna 100 veces en la noche y de un brinco me hacen saltar de la cama y correr a ver si todo bien. Y puedo seguir con la infinidad de tipologías de bebén en cuanto a sueño se refiere.

Lo cierto es que, no es que los bebés se despierten, es que muchos se quejan y hacen ruidos pero es por dos razones: o porque están soñando, o porque están entran a otro ciclo de sueño (esos ciclos pueden ser: ligero y profundo), en el primero es en donde más se quejan y hacen sonidos. Pero para esto hay una ley:

Si hace ruido pero no llora y tiene los ojos cerrado…

NO HAGAS NADA

Es algo muy interesante porque la verdad peluda es que nosotros muchas veces, en un 99% de casos, somos los que despertamos realmente a nuestros bebés. Al correr a auxiliarlos o ver qué les pasa, estamos contribuyendo a que se despierten completamente. Ya sea porque perdieron su chupón, o porque hace un calor de los mil demonios, debemos dejar que ellos mismos se arrullen solos. Funciona, pero cuando ya se vuelve algo muy fuerte y lo vemos parado samaqueando las maderas de la cuna o sentado con lagrimitas en los ojos, mamá debe correr a salvarlo. Puede haber sido un mal sueño, o cualquier cosa que ronda por su cabecita. Ahí si no hay reglas, si quieres lo llevas a tu cama o haces lo que yo hago: te unes a ellos y te metes a su cuna. Ver su carita de felicidad cuando entro y me echo con él, lo vale todo, las miles de horas sin dormir y las ojeras al día siguientes se ven recompensadas con esa carita.

Si el caso es un bebé pilón, que moja pijamitas y llena pañales muy seguido por las noches, la solución es más sencilla: restringe el consume de líquidos a partir de las 6:00 pm. Es imposible que se deshidrate y de hecho según dicen, alimentarlos dormidos es una de las causas más habituales de que el bebé coma mal despierto. Será? No lo sé, pero si es tu caso, nada pierdes intentándolo.

Yo no me canso de la rutina nocturna y aunque no funcione de maravilla, porque aún se despiertan en la noche, ya me hice la idea de que así será por muchos años. Por eso, cuando me preguntan si ya duermen corrido de noche, respondo que no y que nunca será así. No me canso de pensarlo porque si me tocaron así, pues así serán. Nada de hacerlos llorar y dejarlos privados hasta que se cansen. Si me necesitan ahí estaré. Le moleste a quien le moleste!

Feliz y ojerosa mamá de doble yema.

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¿Qué se trae el 2016?

Ya estamos casi quincena de enero y yo recién escribiendo mi primer post del año. Y todo se debe a que estuvimos unos días de vacaciones en familia. Vacaciones que prometían ser las mejores de la vida, y terminaron siendo más que complicadas. Como dije en una publicación anterior, a veces los planes no salen como uno lo espera.

Pasamos el año nuevo juntos, fue lindo y tranquilo esperar las 12 conversando simplemente de todo y de nada a la vez. Ellos dormían y nosotros nos quedamos hasta las 4:00 am escuchándonos. Por primera vez en casi año y medio. Los días siguientes iban bien. Salíamos a pasear y a comprar lo que llevaríamos a la playa el domingo. Decidimos ir ese día para evitar tráficos y además para aprovechar mejor la semana. Yo trabajaría por la mañana (tema urgente) y a ya por la tarde saldríamos al sur. Todo estaba planificado y dormimos perfecto el sábado pensando en lo lindo que la pasaríamos.

Al as 5:30 am nos paramos como de costumbre a preparar la leche y al terminar de darle a Naelle, se vino el huayco con furia. Vomitó todo lo que había tomado y más. Yo desesperada (porque no hay cosa que más me asuste que los vómitos, la fiebre y el estómago suelto en mis bebés), y ella seguía vomitando sin parar. Algo le pasaba y empezaba a preocuparme. Nos quedamos tranquilos durante la mañana, pues luego de unas horas tomó su jugo y lo aceptó perfecto. No habían rastros de estómago suelto ni fiebre. Hasta la tarde que luego de su segunda leche del día volvió a vomitar. Fue suficiente para que esta mamá primeriza “amante” de las emergencias en las clínicas saliera volando para que un doctor nos dijera qué le pasaba. En el carro ya la toqué un poco calientita, y efectivamente, al llegar tenía 38,2 de fiebre. El doctor le dio panadol y me pidió bañarla por 20 minutos antes de revisarla. Lo hice y ella estaba tranquila hasta que entró el doctor. Cómo los odia por Dios. La revisó mientras yo le explicaba paso a paso todo lo ocurrido hasta que volteó y me dijo, no es estómago, es faringitis viral. Luego cuando ya me explicó todo entendí mejor. Uno de los síntomas de faringitis pueden ser vómitos e incluso diarrea. En fin, pasamos la noche en Lima. No sería día de playa por ahora, veríamos cómo amanecía al día siguiente.

Todo iba bien, solo botó un poquito de leche pero porque le dio asco su remedio. Así que decidimos salir rumbo al sur. Después de poner todo en la maletera, de cargar el carro como combi en hora punta, y hacer doble check list para no olvidarnos de nada, nos fuimos. El camino fue bueno, ella durmió rico y él vio sus dibujos todo el camino. Felicidad extrema cuando llegamos, porque al ver a la “tita”, abuelita engreidora máxima, casi casi se vuelven locos. La arena les encanta y desde que llegamos pedían ir corriendo a la playa. Todo iba bien. Hasta la noche… les tocó nuevamente su leche y yo, acababa de darle a Naelle en la cama cuando riéndose paró en seco y me dijo “no no”, y botó absolutamente todas las onzas de leche que había tomado. Una pesadilla, otra vez! La cambié y traté de pensar que seguro era la última vez que pasada y ya estaría bien. Una hora más tarde vi su pantalón manchado. Empezó la diarrea y yo me quería morir. Es más, pensé en irme esa misma noche (a solo unas horas de haber llegado), pero la voz de mi conciencia y esposo me puso en mi lugar con 3 palabras directas y claras y decidimos pasar la noche, o al menos intentar pasarla.

Esa noche él cayó cansado relativamente temprano (9:30 pm aprox). Pero ella, parece que se esmeró en llamar la atención y durmió a las 12:30 pm y seguro que no la obligábamos serían las 3:00 am y seguiría más que despierta. Pasamos la noche y al día siguiente fuimos a la playa. Cargando mil cosas, cada integrante de la familia, más a los dos bebés de 12 kilos y casi 10 en brazos, casi casi no llegamos ni al toldo. Es realmente un calvario y parece que caminamos incluso sobre llamas vivas. Yo, tuve que ir en pijama la primera vez porque Naelle estaba desesperada por ir, y no quería ir más que conmigo y no me daba el tiempo de cambiarme. La llevé y luego regresé a cambiarme. Estuvimos un rato, llenos de bloqueador y bajo sobra todo el tiempo cuidando que no coman arena, no se metan al mar como si fuera piscina (porque Marcel parece que conoció el lado que le faltaba para ser feliz: el mar), y mil otras cosas más que hay que tener super en cuenta cuando uno va a la playa con bebés (siguiente post de todas maneras con los “must” para llevar a la playa).

Regresamos a la casa, nos bañamos y tratamos de almorzar. Parece que la playa no les abrió el apetito como pensé, sino al contrario, se lo cerró porque no querían nada. Obvio que a Naelle le hicimos sopita de pollo, pero no quería igual. Comieron galletas, fruta, jugo, yogur, eso sí, pero nada de su comida.

Todo parecía estar mejor y ya encaminado a seguir mejorando. Naelle al día siguiente estaría de mejor humor y sería un mejor día de playa e incluso habíamos pensado irnos un poco más al sur a que los bebes conozcan lugares a los que íbamos antes que ellos llegaran al mundo. Idea que fue destrozada a la 1:00 am con un ataque compulsivo de vómitos que me agarró de la nada. Sí… a mí!

Esa noche fue una pesadilla. Recordé lo que pasé las últimas dos semanas de embarazo y me asusté. Al día siguiente fuimos a la clínica de Asia, me pusieron suero y esperamos resultados. Una infección al parecer, pero aún no sé bien qué pude haber comido. Pues comí igual que los demás! Realmente fue de terror. Y cuando volví a la casa en la playa solo quería mi cama. Y ahí sería imposible. Cuando vas a la playa hay que tener no 2 ojos sobre los bebes, sino más de 4 ojos y por cada uno! O sea imposible. Decidí regresar a Lima aunque aquí tenga menos ayuda. Lalo se molestó, pero yo me sentía realmente mal. Así que volvimos.

No quería arruinar nuestras vacaciones, y todo parecía indicar que lo estaba haciendo. Gracias a Dios al día siguiente me puse las pilas, y aún con malestar, decidí encaletarlo y pasarla bien. Fuimos al zoológico de Huachipa (que pos cierto está muy lindo), al parque, a conocer el nuevo nido donde harán taller de verano los bebes (post adicional sin duda), comimos helados, fuimos a Small Place y lo mejor de todo fue que la pasamos juntos y bien.

Para cerrar con broche de oro, la última noche pudimos ver una película los dos solos. Algo que no hacíamos en mucho tiempo. Duró más de lo que debería durar, por las mil pausas que le dimos por llantos espontáneos y por leches de noche, pero lo logramos.

Esta es la historia de unas vacaciones un poco accidentadas pero que marcaron el inicio de un nuevo año que sin duda será mejor. Lleno de alegrías y de sueños por cumplir, y sobre todo, de lecciones que aprender.

Bienvenido 2016.

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Leche de mamá

Aún recuerdo cómo me desvivía por llevarles leche a los bebes mientras estaban lejos de mí. Fueron solo tres días, pero desde el número 1 estuve dale y dale con el extractor pegado al cuerpo para sacarme hasta la última gota de calostro, ponerla en sus biberones y darle una toma a uno y a la siguiente al otro. Toda una hazaña para una mamá que lo único que quiere es estar al lado de sus hijos recién nacidos.

Tenía que conformarme con hablarles a través del vidrio durante todo el día 1. Recién operada pero con las pantuflas bien puestas para permanecer parada al lado de cada uno alternando cada 3 minutos. Al siguiente día, día 2, ya pude tocarlos, metía mis manos por las ventanitas de la incubadora y podía sentir su piel. Me recargaba de energía y volvía al cuarto a darle a la máquina. Todo era por ellos. Luego, al día 3, ya pude cargarlos, cantarles canciones, tocar su naricita, manitos, piesitos y todo lo que podía hacer sin molestarlos. Tengo grabada en la mente la forma en que juntos, los 3, mientras su papá hacía papeleos, rezábamos en silencio por los bebitos que estaban al lado, en UCI, chiquititos, indefensos y siempre con su ángel de la guarda al lado (su mamá). Pedíamos por ellos y por sus mamitas, para que les llegue esa fuerza adicional que se necesita para seguir luchando.

Esa misma noche, nos visitaron en el cuarto y fue simplemente mágico. Pude por primera vez sentir su cuerpo sobre el mio con sus manitos en mi pecho alimentándose de mí. Cómo olvidar ese momento feliz. Luego, volvieron para tomar fórmula, pues yo no tuve opción. Al ser prematuros (ya hablaré sobre este tema en otro post) debían alimentarse bien. No podía darme el lujo de pedir lactancia materna exclusiva porque ellos debían ganar peso, mientras yo aumentaba mi producción de leche.

Iba a ser “sencillo” según yo. Al día siguiente nos fuimos a la casa y empezó el verdadero reto. Cada 2.5 horas los bebes debían tomar leche. Es así como empezaba con materna, a la derecha Marcel y a la izquierda Naelle. Ahí como unos 20 minutos hasta que ya les preparaba sus biberones y ya está. Lista su ración de esa hora.

Lo que más deseaba era tener leche para regalar. Imaginaba mi refri llena de bolsitas de leche que solo debía sacar para descongelar. Pero la realidad era otra. Cada día que pasaba llenaba la misma cantidad en los biberones del extractor: máximo llegaba a 4 onzas en total. Eso no era suficiente para mis bebés.

Empecé con agua de cascarilla de cacao, sabía que TODO líquido era bueno para estimular la producción de leche, pero empecé por ahí. Luego decidimos poner un bidón de agua en mi propio cuarto, tomaba y tomaba cada vez que podía. Vino el agua de hinojo, la avena y todos los líquidos existentes en la faz de la tierra. Nada pasaba. Las 4 onzas era el tope máximo al que podía llegar. Además de tener a los bebes prendidos todo el día para “seguir estimulando” cuando hacía la prueba con el extracto por la mañana (después de toda una noche “cargando”), nada. Era muy frustrante.

Me acuerdo un día que se me cayó un biberón cuando recién me había extraído la leche. Lloré a mares mientras limpiaba el piso. Cómo era posible que una mamá que deseaba con toda su alma dar de lactar a sus bebés tuviera tan poca leche? Encima, no podía darse el lujo de hacer lo que muchas “aconsejaban”: deja que tengan hambre hasta tres días, ellos solitos verás como empiezan a jalar con más fuerza y sale más leche. IMPOSIBLE. Mis bebés luchaban día a día por sumar más gramos a su cuerpito y yo lo privaría de leche? No gracias.

Tenía que empezar a aceptarlo para no sufrir más. Era muy triste ver cómo tenía que darle a Naelle un biberón de mi leche y a Marcel fórmula, y a la siguiente toma Marcel uno de mi leche y a Naelle fórmula. No podía darles a los dos mi leche porque no era suficiente, y a eso sumarle el tema de hacer que salgan pronto de la prematuridad, eran temas que estaban acabando con mi sano juicio y salud mental.

Luego vino la alergia de Marcel, para la cual tenía que quitarme todos los lácteos y derivados. Lo hice, pero seguía cayéndole mal. Por eso con todo el dolor de mi corazón, dejé de darle mi leche y solo se la di a Naelle por un tiempo más. Pasaron solo dos meses y lo poco que tenía empezó a irse. Así de triste como suena, se fue sin más. Y me dejó sin una gota para ellos.

La leche materna es vida pura. Es sana y contribuye con la correcta formación del sistema de nuestros bebés, representa un ahorro grande para la economía de los papás, es lo más recomendable en los primeros meses de los bebés… pero no lo es todo. yo sufría por el apego, pensaba que no serían igual conmigo por no haber tomado mi leche, pero nada de eso es cierto. El apego sale del corazón, depende del amor que les desde el día uno que ingresan al mundo, son los valores que les enseñas aunque creas que ellos aún no entienden, es el amor infinito e incondicional que una mamá, con o sin leche, siempre les dará.

Yo estoy a favor de la lactancia materna, pero no estoy en contra de la alimentación con leche artificial. Me ayudó a que mis hijos salgan rápido de la prematuridad, ganen peso sanamente y estén bien nutridos. Así que, mamá que por alguna razón no puedes darle tú leche a tu bebé, ya sea por tener poco, casi nada o tener cantidades industriales pero afectan la pancita de tu bebé a pesar de las dietas extremas que hagas, eres TAN mamá como las que tienen la suerte de producir miles de onzas cada dos horas. Eres igual de superpoderosa. Eres mamá!

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10 preguntas que no se deben hacer a una mamá de doble yema

Me acuerdo el preciso momento que conté que tendría mellizos. Confieso que estaba tan emocionada como asustada, y si a eso le sumamos todas las preguntas (luego de las felicitaciones correspondientes) que una escucha en sus día a día de panzona, es un toque más estresante.

Entiendo que las personas preguntan por curiosidad, o tal vez porque simplemente necesitan hacerlo. Me queda claro que no hay ninguna mala intención detrás de estas preguntas, pero de todas maneras, dependiendo de qué tan buen día hayamos pasado, pueden llegar a cambiarnos la cara y pensar “le respondo con o sin filtro?”. Y bueno, durante los casi 8 meses que tuve a los mellis en la panza escuché todo tipo de cosas y algunas preguntas incluso quedaron apuntadas en mi agenda porque sabía que algún día escribiría sobre ello.

Así que, futura mamá de mellizos, si estás leyendo esto he aquí un glosario “tipo” de las preguntas que serán para tus oídos casi casi el pan de cada día. No importa si conoces a la persona desde hace años o si es un desconocido con el que apenas cruzaste miradas. Pasa, y pasa cuando menos lo esperas

1. ¿Y cómo así son dos, son naturales o fueron por tratamiento?
En lo personal, no tengo ni un solo problema para contar que mis mellizos fueron felizmente concebidos por Inseminación Artificial. No tuve ninguna complicación pero como soy loca en todo sentido, quería salir embarazada ese mismo día que fui a la consulta si era posible. Muchas muchas mujeres pasamos por eso y es TOTALMENTE normal, y hoy en día más aún! Los casos de problemas para lograr salir embarazada, o los casos de infertilidad son cada vez más y más. No sé si será el estilo de vida de la mujer de hoy, o si algo en el ambiente está cambiando. Ni idea, pero la cuestión es que ahora un bebé puede ser concebido de la noche a la mañana como por obra me magia en cualquiera de sus versiones. Pero esa pregunta ya llegó a desesperarme en un momento. A veces me provocaba decirles: “naturales??? obvio pues no van a ser de artificiales como las flores no?”. Entiendo que no lo hacían con intención de molestar, pero me pregunto yo… tiene algo de importancia saberlo? Eso solo debe importarle a los papás y punto. Y más aún si es que viene de gente que jamás has visto en tu vida. Nos pasó, y muchas veces, en reuniones en encuentros en la calle, hasta en paseos por el parque nos preguntaban. En fin, a respirar nada más.

2. ¿Estás segura que son solo dos?
Obvio todo venía acompañado con una risita después, pero la intención era clara. Una futura mamá de mellizos asimila durante varias semanas que traerá al mundo a dos vidas a la vez. Y si a eso le agregamos el componente de tal vez pensar que por ahí puede haber escondido un tercer bebé, es una situación para llorar. La economía, la logística y todo lo demás, cambiaría al 180% y no era la idea. Habían dos, y no había ni que bromear con ello.

3. ¿Y no te han dicho que hay una posibilidad que uno desaparezca?
El trauma de una mamá mellicera es el siguiente: y si ya no hay dos sino uno? Hay un síndrome conocido que se llama “el síndrome del gemelo evanescente” pero de eso NI SE HABLA. Mejor es no pensar y no atraer, así de simple y sencillo. Pero si alguien te dice eso, obviamente crea un sobre estrés casi de inmediato que te lleva a hacerte ecografías todos los días si es posible (ok no tanto, pero provocaría hacerlo). Entonces esa pregunta era una de las más fregadas porque me dejaba medio débil, pensando sin parar y obsesionándome con sentirlos todo el día para saber que estaban bien, pero sobre todo, que ahí estaban los dos.

4. ¿Ahí cierras la fábrica no, porque con dos?
Una vez más aquí repito algo que siempre digo: Nadie tiene ni entrega un manual para saber cómo será ser mamá, y menos de dos a la vez. Por eso siempre cuando me preguntaban estas cosas yo respondía super elegante y con una sonrisa “primero déjame tener a los dos y ver cómo es. De ahí te cuento si me animo por un tercero”.

5. ¿Qué quieres que sean?
La verdad es que esta pregunta se la hacen a todas las mamis, de uno, de dos, de tres, de cuatro! Y creo que siempre una tiene un deseo (sea hombre o mujer) pero la verdad suprema es que todas deseamos que sean lo que sean pero que estén sanitos. Pero viene el re preguntón que te dice: “no ya, pero en serio tú que quieres”. Insiste hasta que le respondes y luego remata con un “pucha, piña si te tocan mujer y mujer, y hombre y hombre. O si te tocan así mejor porque se acompañan hasta grandes”. O sea deciden o qué!

6. ¿Será parto natural o cesárea?
Cómo diablos voy a saber si recién estoy embarazada. Será lo que el doctor indique y cuando lo deba indicar. Y esa forma será la mejor. No hay forma perfecta ni mejor, simplemente es como debe ser. Y al final, lo que manda es cómo estén los bebes y en mi caso, era imperativa una cesárea y encima de emergencia. No había que replicar ni exigir que sea natural. Ni loca!

7. ¿Cómo harás para darle de lactar? Si no te alcanza para los dos… usarás fórmula?
Bueno, tengo dos “fuentes” justamente para dos “bebés”, entonces la respuesta era más que obvia. En primer lugar, el tema de la lactancia es TODO un mundo que vale la pena tocar a profundidad. Yo soñaba con tener cantidades industriales de leche. Tuve, pero poco. Y lo que podía dar, no se lo podía dar a mis dos hijos porque uno de ellos al mes presentó una alergia que le exigía solo tomar leche de arroz. A eso voy cuando digo que una debe construir su historia, porque podemos soñar con el mundo perfecto y ser una vaca lechera y tener la bendición de amamantar a nuestros hijos y creerlo y decretarlo antes de dar a luz, pero a veces las cosas en el camino no salen como lo esperamos. Así de duro es el tema. Y no me hace menos madre darle fórmula a mis hijos.

8. ¿Dejarás de trabajar?
Bueno, Dios no me trajo al mundo millonaria. Si fuera así, obviamente me dedicaría a mis hijos y sería 100% mamá pero no es mi realidad. Debo luchar por ellos y por eso mismo no puedo darme el lujo de no trabajar. Como digo, qué bendición de las que pueden y qué gran labor el ser mamás 24 horas, es un gran trabajo, pero ser mamá part time duele. Es difícil y se sufre, pero es algo que se debe hacer. Ahora recién entiendo lo que es el estrés por llegar a fin de mes con las justas, y no por mí, sino por las personas que dependen de mí. Mis hijos. Así que esa es uan pregunta que sí generaba mucho, pero MUCHO pánico y estrés para mí. Así que si se pueden evitar hacer esas preguntas, please! Será una gran ayuda a la humanidad.

9. ¿Y sientes que se mueven?
Era un trauma. Si no los sentía un día me iba al baño de la oficina y me tiraba en el piso hasta que uno de los dos decidiera moverse. Pero esas preguntas incluso desde le mes 4, que a veces ni se sienten los movimientos me empezaban a estresar. Si les decía que no, ponían cara de 😮 y yo me asustaba más y crecían mis ganas de más ecos y ecos! Era de terror.

10. ¿Y cómo harás con dos por Dios? Yo… me muero!
Ya con esta pregunta me provocaba decir “KILLING ME NOW”. Encima con el ME MUEROOOOO, incluido. Zapatazo limpio merecían. Así de simple.

Creo que podría quedarme horas, de horas hablando de preguntas “tipo” que me hicieron de panzona. Pero una versión reloaded llegará en un tiempo cuando hable de las preguntas que me hacen ahora que los bebes tienen un año. Esas si son para llorar!

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Yo, no soy de acero

Hoy estoy agotada. Quise una vez más levantarme con la misma sonrisa y ganas de siempre. No tuve ganas de darle la leche a los bebes ni tampoco de cambiarles el pañal. Me demoré un poquito en levantarme de la cama cuando escuché un quejido que venía del cuarto de al lado. Pensé por un momento en dormir un poco más de la cuenta. Como si el mundo estuviera detenido.

Hoy me miro al espejo y no me gusta lo que veo. Ojeras hasta el suelo, pelos revueltos (y menos cantidad que antes), y ropa gastada de hace ya un tiempo. Me encuentro con lo que soy ahora y no me agrada. Miro hacia adentro y veo solo preocupaciones, de diferentes dimensiones. Me doy la vuelta y veo lo que he logrado y se me pasa un poco. Solo un poco porque mis ganas de no hacer mucho persisten.

Hoy me faltan fuerzas. Para salir como siempre a la calle y estar pendiente a lo lejos imaginando una fórmula para poder estar en dos lugares a la vez. Estoy segura que mi vida entera cambiaría si inventara algo así, sería todo tan perfecto que ya nadie se preocuparía por la falta de tiempo.

Hoy quisiera poner pausa. Pararme en medio de la nada y poner mi mente en blanco. Lejos de llantos, quejidos, gritos y reniegos. Sin pensar en ropa por cambiar, juguetes que recoger, chupones que lavar y mil cuidados que prever. Simplemente pedir un minuto para escuchar mi respiración y tomar aire profundo.

Hoy me siento cansada. Por un momento me siento mala mamá por haberle pedido, casi rogando, a los bebés anoche que se durmieran de una vez. Aunque luego dormidos, acariciando sus caritas les pedía perdón en silencio. La verdad es que soy de carne y hueso y aunque no quiera, se me acaban las fuerzas y necesito parar para descargar.

Hoy, quiero volver a repetir mi vida tal cual lo es ahora, solo que con un poco más energía para seguir andando.