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Poto rojo por primera vez

Una vez más sufrí contigo mi chinita linda. Después de tus dos intensas semanas de fiebre y luego la eruptiva explosiva que nos agarró a ti a mí en el momento menos pensado hace unos días sufriste otra vez.

Llegué del trabajo para verlos y apachurrarlos como siempre y me recibieron con un regalo en pañales. Naelle fue directo al cambiador para que su mamá le limpie el potito solo como ella lo sabe hacer. Al abrirle el pañalito me asusté un poco, todo rojito con algunas zonas más que otras y puntitos en las zonas más fuertes. Confieso que me volví loca y como siempre una se desconoce empecé a buscar culpables: «¿por qué no le cambian el pañal a tiempo? no puede ser posible que no estén atentos! un bebé no puede estar en contacto por mucho tiempo con la caca porque es lo que más quema! Se come la piel!», loca pero re loca.

Justo ese día la abuelita tuvo que salir y no estuvo pendiente a los bebes. Ella también tiene muchas cosas que hacer en el día y bueno pues, si hay alguien que se encarga de cuidarlos y tiene una hoja completa de «COSAS IMPORTANTES A TENER EN CUENTA» que yo me encargué de explicarle 100 veces antes de irme a trabajar y se lo recalco cada vez que salgo por mi puerta, debería tenerlo más claro que el agua.

Uno de los puntos, resaltados en rojo (al igual que NUNCA BAÑARLOS sin mi mamá o yo misma) es el siguiente: CHEQUEAR PAÑALES VARIAS VECES AL DÍA PARA EVITAR ESCALDADURAS. Pues al parecer, ese punto bastante claro no se entendió.

Un bebe que toma leche se puede escaldar pro mil motivos no solamente por el tema del pañal, está también el calor, el sudor, lo mojadito que queda luego de la limpieza, etc. Y ahora, cuando un bebé empieza a comer verduras y carnes blancas como pollo, ES PEOR! La caca quema! y es aún más fuerte cuando empieza a tener otro tipo de alimentos que desechar. Pero bueno, esto se trata de enseñar y prevenir escaldaduras feas.

¿Qué podemos hacer?

Primero, yo amo los pañitos húmedos, pero no los uso jamás para limpiarles el poto. Bueno, si estoy en la calle por supuesto que sí, pero en casa prefiero usar el clásico algodón con agua tibia. Es lo mejor! Lo que yo hago es comprar rollos completos de algodón (de 1 kilo en Arcangel) y corto en cuadraditos y los guardo en bolsas para luego ponerlos en una cajita y recargar cada vez que se van acabando.

Segundo, cuando se hacen caquita yo prefiero mil veces llevarlos al caño. Claro, si es que estamos en un lugar en donde podemos hacerlo. Una buena enjuagadita es el mejor remedio para limpiar bien.

Tercero, tener siempre toallitas o papeles extrasuaves cortados en cuadrados para secar. Si es que dejamos el potito mojado estamos invitando a la irritación para atacarlos. Es mejor poner la crema sobre seco y de ahí el pañal. Una opción para secar es soplar o echar aire al potito, algunos dicen que irrita secar con papel, pero si lo haces con papel suave y solo con toques está bien.

Cuarto, las mejores cremas dependen de la piel de tu bebé. No es que el Desitin sea mejor que el Hipoglos, tampoco que la crema del Doctor Zaidman sea mejor que la A+D. Todo depende de cómo reaccione la piel del bebe. Los míos usan Desitin azul desde que nacieron y les va bien, y cuando se están empezando a escaldar (cuando se empieza a poner rojo el potito) empiezo con la Desitin Morada. Pero cuando ya está con una o varias heriditas no se puede seguir usando estas cremas, ya se pasa a un antinflamatorio como Triderm (por tres veces al día).

Quinto, cuando las cremas ya no hacen efecto podemos hacer caso a la receta de las abuelitas. VIOLETA DE GENCIANA, es tu mejor amiga. Yo no lo creía hasta ayer que se lo pusimos a mi china. En la noche le puse un toquecito en la heridita, esperé a que secara y luego apliqué su crema de siempre y hoy en la mañana había mejorado. Con tres toques al día y siempre supervisando estoy segura que en uno o dos días otra será la historia.

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Es bueno tener siempre en el cajón cremas para el diario, para prevenir escaldaduras como la Desitin Morada o Nistaglos, para regenerar la piel como Hipoglos, un antiinflamatorio y antimicrobiano como Triderm, vaselina para aliviar el ardor y siempre siempre la clásica violeta de genciana.

El otro punto es siempre chequear el pañal y cambiar cuantas veces sea necesario. La piel está en constante contacto con el pañal y se humedece siempre por el calor y el continuo roce. Si es posible, podemos dejarlo sin pañal por unos minutos al menos luego del bao tal vez. Eso alivia mucho y ayuda a que tu bebe se sienta mejor y más sequito!

Hasta ahora, me cuesta mucho alejarme de ustedes durante el día porque cosas como esta pueden pasar. Pero pese a todo, quiero que sepas chinita que yo te prometo que nada malo te pasará porque tu y tu hermano tienen una mamá que daría sus dos brazos, sus piernas y su vida misma para que estén bien. No puedo prometerte que estaré toda tu vida a tu lado, pero sí puedo garantizarte que lo que me queda de vida, estaré siempre para ti.

Y todo por un poto escaldado caray!

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Sigamos adelante

Ayer fue mi primer día de trabajo. No había pasado tantas horas lejos de ellos en casi siete meses, y fue duro. Por más que entrené la semana previa saliendo unas horas por la mañana para ir acostumbrándome, no lo logré. No pude despedirme de ellos sin derramar una lágrima al salir de la casa.

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Una breve despedida

Sé que muchas mamás pasan por esto y con algo de tiempo lo superan y van a sus trabajos tranquilas y confiadas sabiendo que sus hijos estarán bien y esperando felices el final del día. Pero el proceso de adaptación toma tiempo, y yo me encuentro en esa etapa en donde una piensa que todo cambiará ahora. Pienso que estarán tan distraídos que no pensarán en mí, tal vez llegue el fin de semana y no quieran estar conmigo sino con las personas que los cuidan a diario, tiemblo de pensar en que llegaré a la casa y no me recibirán con una sonrisa sino con un clarísimo «y tú quién eres?» aunque aún solo digan «baba abu abué», cosas que pasan solo en mi loca cabeza. A caso quiero que me extrañen para sufrir? No, nada de eso! Si no me extrañan mejor! Así ellos la pasan bien y comen toda su comida mientras yo me gano los frijoles para que ellos puedan llevar la vida que merecen.

El día no se pasó tan rápido, tuve muchas cosas que hacer como todo primer día: capacitaciones, reuniones, presentaciones además de todo lo que debía poner en orden e indicar los caminos nuevos que podríamos emprender; ellos no salían de mi cabeza. Me admiré una vez más de la capacidad que tenemos las mujeres para hacer mil cosas mientras pensamos en otras mil más. Somos lo máximo.

Entre algunas cosas, esta semana ha sido perfecta para empezar, mis sobrinas aún están de vacaciones y son dateras por excelencia. Mi teléfono está lleno de fotos, videos, número de onzas, pañales, cacas y miles de datos que me interesan como mamá. Tengo un cuaderno en donde apunto y he pedido que ahora que no estoy apunten con más detalle, pero no es lo mismo que me vayan contando cómo va todo en ese preciso momento. El lado oscuro de todo es que el lunes arrancan colegio, así que perderé a mis dateras perfectas al menos hasta la tarde. Felizmente han prometido que si no tienen tareas irán a visitar a sus primos.

Llegó la hora de regresar a mi casa y solo sentía nervios y mariposas en la barriga. Necesitaba verlos y abrazarlos como si no los hubiera visto en años. Sentía que habían pasado siglos para ser sincera. Me dejaron en una tienda a unas cuadras de mi casa y me compré una botella de agua para caminar. Agilizaba el paso y como si fuera la más tontísima del mundo mis ojos se hacían aguita mientras me acercaba más y más, no podía esperar más, quería que mis pies volaran hacia ellos y por fin tenerlos conmigo. Llegué y entré como un tornado para verlos. Fue un saludo lleno de amor y ternura, al escuchar mi voz voltearon con una gran sonrisa y se cogían los ojitos sonriendo para volver a verme después. Uno por uno los cargué y los abracé como nunca. Les conté al oído que yo les había prometido que solo serían unas horitas lejos, y que todos los días serían así, que esto lo hacía por ellos, para darles lo mejor y verlos crecer bien. Tal vez no me entiendan, pero basta con que sus miradas se claven en las mías para sentirme realizada completamente.

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Marcel

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Naelle

Confieso que me pone un poco triste pensar en las mil cosas que me perderé por no estar a su lado las 24 horas como lo he estado hasta hoy, confieso que me pone nerviosa que algo pase estando lejos y no poder volar a su lado en un minuto, confieso que cuando llegué a la casa por un segundo tuve miedo que no me saludaran siquiera, confieso que emprender algo nuevo no solo ayudará en el tema económico a la familia, sino también me ayudará a mí para mantener la cabeza en otros temas y respirar un poco para regresar con las pilas más que recargadas. Confieso también que volver a trabajar, muy en el fondo me genera un cargo de conciencia un tanto pesadito por dejarle dos paquetes diarios a mi mamá. Pero entiendo, y creo que el tiempo se va a encargar de enseñarme a cómo sobre llevar cada una de las ideas que confieso.

Hoy es martes, y aún falta para el fin de semana. Más vale que abra las cortinas para que entre mucho más luz!

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Carta a esa empresa

Aunque al principio me costó muchísimo reconocer que lo que me estaba pasando era bueno, hoy lo puedo ver claramente.

Quedarme sin trabajo justo en ese preciso momento en el que más necesitábamos contar con un ingreso fijo, era una de esas situaciones perfectas como para mirar al cielo y preguntar el clásico «por qué a mí?». No pude hacer mucho, escuché y entendí. Las razones eran claras y concretas: el perfil de la empresa había tomado otro rumbo y yo ya no encajaba en él. Después de haber estado casi 3 años ahí, confieso que me dolió un poco recibir esa noticia que al final de todo, ya me esperaba.

El miedo me paralizó los primeros minutos. Preguntas como y ahora qué? Y si nadie me llama? Cómo haremos? y muchas más invadieron cada uno de mis pensamientos. De todas maneras estaba claro que aprovecharía esos meses para estar con los bebes (que más quisiera yo!) pero era justamente por ellos que estaba preocupada. Ellos necesitan de mucho más que amor, no sólo de eso se vive aunque suene crudo. Es real. Y me tocó vivirlo de golpe.

Al día siguiente otra tenía que ser la historia. Debía preparar mi CV de la mejor manera y con la cara más positiva de la vida debía emprender un nuevo camino: la búsqueda dura y pareja. Y no valía rendirse! Cosa que respeté unas semanas porque, seamos sinceros, a todos nos gana de vez en cuando el pesimismo y la frustración.

Durante casi siete meses pude estar al lado de mis hijitos. Estuve en sus primeros resfríos, sus primeras papillas, sus primeros balbuceos, miles de llantos que pude calmar a tiempo, muchas risas y carcajadas, primeras caricias, primeros juegos de a dos, pude estar en muchos momentos que serán siempre especiales para mí como mamá. Aprendí y crecí un poco más. Eso no se pone en ningún curriculum pero que bello trabajo el de ser mamá.

Por eso, gracias «empresa que no me renovó contrato después de dar a luz» porque me abriste muchas puertas que  creí cerradas con cinco llaves. Gracias por darme la oportunidad de ser mamá a tiempo completo por casi siete meses. Gracias por hacerme crecer un poco más en este mundo que a veces puede parecer injusto pero no lo es al fin y al cabo. Gracias por hacerme entender una vez más que esa famosa frase de «todo sucede por una razón» es la más verdadera de la historia. Gracias por permitirme creer en mí y emprender nuevos retos que estoy segura, me llevarán a mi y a mi familia donde verdaderamente debemos y merecemos estar.

Gracias.

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Cuando ellos se enferman

Es muy complicado ser mamá primeriza, doble. Muchos nervios y tensiones nos atacan de buenas a primeras con cada resfrío, cada pancita mala y cualquier tipo de virus que acecha a nuestros hijos alguna vez en la vida. Y más aún si en mi neurótica cabeza ellos aún siguen siendo bebitos indefensos que nacieron prematuritos. Bueno, serán prematuros para mí hasta que cumplan 20 años y años 20 seguiré diciendo que lo son hasta los 40 y así hasta el fin de mis días.

Esta vez le tocó a mi china pasarla mal. Todo empezó la semana pasada con una pequeña fiebre que nos avisó su visita porque el ánimo de mi Naelle estaba un poco extraño. Ya no se reía como siempre, no gritaba a pierna suelta para que le hagamos caso y tampoco le daba mucha bola a sus juguetes. Solo quería renegar y estar cargadita. Empecé a sentir su cabecita caliente y le puse el termómetro (*) y tenía fiebre. Llamé al doctor de inmediato y me indicó Panadol y si no bajaba Repriman (una antalgina más fuerte que baja al toque la fiebre). Pues nunca es bueno dejar que la fiebre siga subiendo. Gracias a Dios no fue necesario porque pudimos controlarla y bajarla cada 6 horas con Panadol. No había rastros de resfrío aún, por eso no podíamos darle aún nada más. Luego de dos días empezó a incomodarle la garganta, la llevé al doctor y solo le recetó Respibron en jarabe y también Hisaler en gotas (un antihistamínico que me ha sacado de muchas! Incluso de picaduras de mosquitos y zancudos, de verdad muy buen aliado para tener en el botiquín). Ya para el domingo nos pudimos despertar contentos. Ella estaba bien y Marcel no había caído gracias a Dios. A pesar que muchos me decían que por gusto los ponía a dormir separados porque de todas maneras se iba contagiar, lo logré y al menos en esa semana no cayó mi chino y pude concentrarme en Naelle para su pronta recuperación.

Hoy martes, empezando una nueva semana de retos que ya contaré en unos días porque me está costando sudor y lágrimas literalmente, otra vez Naelle me sorprendió poniéndome nerviosa en extremo y con ganas de ser todo poderosa para evitarle cualquier dolor o sufrimiento sea del tipo que sea. «La bebe está con unas ronchitas en todo el cuerpo. Dame el teléfono del doctor para preguntarle». Solo bastó esa frase para colgar el teléfono y regresar a mi casa justo el primer día fuera de ella, solo estuve media hora fuera y volví como pude. La llevé sin pensarlo al doctor por más que me dijo que no era nada y lo controle observando, yo necesitaba que él vea sus ronchitas con sus propios ojos. Ahora, que descartamos alergia y todo apunta a que es un virus del mal que no quiere soltar a mi china ya me siento mejor. Control triple con Marcel para que no caiga: juguetes separados, dormir separados, no juntarlos mucho, chupones en envases separados y muchísima higiene. Si es posible lavar las manos y desinfectar cada media hora y siempre que sea necesario. Una loca completa pero siempre sabiendo que es muy posible que él también presente los mismos episodios que su hermana. Pero seamos positivos, no nos cuesta nada.

Es así como en estos momentos viajo al pasado y me acuerdo de cada una de las mil veces que estuve enferma (de chica y no tan chica también). Mi papá me agarraba de los hombros y me traía contra su pecho y al pegas su cabeza a la mía me decía con la voz más sincera del mundo «pásame todo tu dolor a mí hijita. Que todo lo malo me de a mí y te deje en paz a ti. Yo soy más fuerte que tú. Pásame todito a mí». Y es exactamente lo mismo que hago yo cada vez que uno de los dos está pasando por un momento delicado. Los abrazo fuerte y contemplándolos con todo el amor del mundo cierro los ojos y lo deseo con todas mis fuerzas «que todo lo malo me pase a mí y no a ellos». Lo hago y lo seguiré haciendo siempre.

Que todo tu dolor ya no sea tuyo y sea solo mío!

Que todo tu dolor ya no sea tuyo y sea solo mío!

Es normal que pasen momentos así. Son personitas, y desde pequeños sus cuerpos están expuestos a virus y demás cosas que les pueden hacer daño. Y lo que es yo, me hace sentir tranquila el saber que mi doctor me contesta el teléfono aún así sean las 11:00 pm (como ya me ha pasado) y que mi mamá y mis hermanas son las referencias más cercanas que tengo para poder tener todo bajo control. Lo único que debo aprender es a ser un poco más calmada y no dejar que los nervios se apoderen de mi cerebro. No debo viajar a mil por hora sino pensar con la cabeza fría cuáles son los pasos que seguiremos. Tanto para marcar un camino como para dar direcciones si es que estoy lejos. Estos bebitos, tienen una neuro mamá sí, pero una mamá que gracias a Dios se preocupa de cada detalle para que todo esté bien para los dos.

(*) Un datazo, los termómetros que se ponen en la frente marca Braun son un éxito porque no les incomoda en nada y puedes medir la temperatura de los bebés hasta dormidos. Lo único malo es que marca en Fahrenheit (F°) pero es fácil convertir y ver si es normal en centígrados como marca un termómetro bucal que también se usa en axila cuando son muy bebes (C°). Además, cuando da el resultado luego de 5 segundos aproximadamente la pantalla se vuelve verde, ambar o roja para indicar si es temperatura normal, media o alta. Lo máximo!.

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Y fueron cinco!

Esta semana tuve que volver a ese lugar que a veces imagino y se me llenan los ojos de lágrimas. Un lugar que parece tan frío a simple vista pero que en realidad es el sitio más cálido y lleno de amor que puede existir. Esta semana volví a la sala de operaciones donde tuve a mis bebés, pero esta vez no para tener mellizos sino quintillizos.

Si hay algo que más extraño de estar con panza, a parte de las pataditas y miles de sentimientos bellos mezclados ahí adentro, extraño  vivir mis días tranquila SIN REGLA. Y eso que luego de dar a luz me dieron unos meses más de tregua para no encontrarme con la condenada, pero a los 5 meses de dar a luz la pesada volvió con fuerza y se quedó por más de 20 días. Al principio, cuando había pasado una semana dije «ya se irá», pasaron dos semanas «esto ya esta un poco raro», y al cabo de los 20 días ya llamé al doctor quien me dijo que vaya a visitarlo. Pensé que podían ser los anticonceptivos que recién empecé ese mes, pero no, algo más estaba pasando ahí.

– Doctor, qué tengo.
– Mira, tu endometrio está más grueso de lo que debería estar en tu ciclo menstrual.
– Ya, pero qué es lo que tengo ahí, por qué está tan grueso?
– Generalmente es por presencia de «algo». Pero aún así no debería estar tan grande.
(silencio)
– Parece un endometrio de una embarazada.

Confieso que la presión me bajó a cero, empezaron los calores, risas nerviosas y las ganas de tirarme por la misma ventana abierta detrás de la silla del doctor. Mi mente voló a mil por hora y no podía atinar a decir ni una sola palabra. Solo decía como loca una y otra vez «imposible, imposible, imposible». 

– Pero se han cuidado?
– Sí! O sea sí, pero recién este mes con pastillas.
– Mmmmm, si tienes 3 semanas por ejemplo aún no se ve el saquito. Por eso tal vez no lo hemos visto. Te voy a mandar una prueba de embarazo por si acaso ya?

Exploté con una fuerte risotada y el doctor me calmó diciéndome que no creía, pero de todas maneras quería estar seguro. Ese 0.1% de probabilidades era suficiente para ponerme nerviosa. Esperé toda la tarde los benditos resultados, entraba a la página una y otra vez para ver el numerito famoso. No podía creer que hacía un año o más estaba frente a una computadora esperando un resultado hermoso que cambió mi vida y en unos minutos vería otro resultado que podía también volver a cambiarla. Momentos diferentes, sentimientos diferentes. Increíble.

En fin, dieron las 6 de la tarde y nada. Los resultados no salían y yo empezaba a desesperarme. Un par de F5 para refrescar la pantalla y ya! Negativo. No sería mamá por segunda, o mejor dicho, tercera vez. Y empezaron los cuestionamientos. Qué era lo que tenía entonces? Al día siguiente me hicieron la prueba mágica y zaz! Cinco polipos se asomaban como si fueran bebitos. «Ahí están tus quintillizos ves?». Ese mismo día acordamos fecha y horario de intervención. Y no era eso lo que me ponía nerviosa, sino encontrarme de nuevo con ese «momento» y revivirlo.

Llegó el día y ya lista con bata y botitas de clínica me tocó ingresar a la sala. Esta vez, caminando y yo misma trepándome a la camilla al centro de la habitación llena de aparatos y monitores. Recorrí con la mirada cada rincón, cada espacio y cada momento. Esa esquina, la esquina más temida de todas estaba ahí como siempre, muda, callada, en total quietud y yo reviví una vez más el momento donde los vi, chiquititos e indefensos siendo secados por una mantita mientras yo pedía a gritos verlos y a la vez preguntaba desesperada por qué no lloraban. Mis ojos se llenaron de lágrimas y la enfermera me decía bajito «no te pongas nerviosa, esto no es difícil, ya has pasado por peores cosas no?».

Me sequé las lágrimas retirándome con dificultad la mascarilla y le dije tranquila «no estoy nerviosa. Me he acordado de la primera vez que vi a mis bebes, la primera vez que me negaron un cariño de ellos y me negaron el derecho de sentirlos sobre mí. Pero ahora comprendo que gracias a ese momento de privación, puedo disfrutar de ellos ahora». En ese momento entró el doctor, me saludó y agarró fuerte mi mano: «cómo estás?»… y no me acuerdo más. Es la parte que más me gustan de las operaciones, la anestesia! Todo había pasado en un abrir y cerrar de ojos. Ahora solo queda esperar la cita del lunes para escuchar que todo perfecto.

Es así como tuve a mis quintillizos, increíblemente a solo seis meses de haberles dado la bienvenida a mis mellis.

Valiente una vez más por ustedes mis chinos…

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Para entretener a tu bebé: Collares de lactancia y porteo

El día de ayer recibí una linda visita. Me encanta esto de los concursos porque puedo conocer a las mamis y papis que siguen a esta mamá de doble yema y también hablar un poco más e intercambiar experiencias. Es así como tuve la oportunidad de conocer a Cristina y a Jacobo, el hermoso bebé que está adelantado a su edad y es el más inteligente de todos con solo 6 meses. Un pestañón ricotón que estoy segura será un rompe corazones total.

Cristina y Jacobo

Cristina y Jacobo

No les  pude presentar a los mellis porque, como siempre, eligen el momento «más oportuno» para dormir. Y cuando uno quiere que duerman, no pegan el ojo… ay mellis! Dan la contra en todo!

Vinieron a recoger el premio que ganaron en el concurso de los chupones y quedamos a la espera de la experiencia con este amigo chupón y Jacobo. Lo lindo es que esta bella mami me presentó algo nuevo que no conocía que estoy segura será un éxito.

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Collares de lactancia y porteo:

Estos collares están diseñados especialmente para entretener a un bebé mientras está lactando y por qué no? también tomando biberón. Es un accesorio que toda mamá puede usar tanto como para salir o estar en casa porque sus diseños son lindos, variados, coloridos y muy combinables. Ayudan a captar la atención del bebé y les permite jugar con algo a la mano en lugar de jalar los pelos de la mami o atacar nariz y ojo sin querer. ¿No les ha pasado? También son buenísimos mientras los tenemos cargados. También, estos collares hechos con cuentas redondas, cuadradas de diferentes tamaños, texturas  y colores ayudan a mejorar la visión del bebé, evolucionan sus habilidades motoras finas y lo estimulan a buscar y explorar lo desconocido.

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Los collares de porteo y lactancia son totalmente seguros para que tu bebe y son muy resistentes (se recomienda siempre su uso bajo la supervisión de un adulto).

Mis mellis lo probaron y simplemente quedaron fascinados. Pasaron examinándolo por mucho tiempo y luego pasaban de pelotita en pelotita como si estuvieran analizando de qué se trataba.

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Si quieres pedir uno y probarlo con tu bebé, puedes contactar a Cristina aquí:
Cris.espinoza.j@gmail.com (956725833)

Lo que es yo, la llamaré para vernos otra vez porque los mellis empezamos la lucha por el collar… oh no!

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La peor pesadilla de Naelle: la leche y la comida!

Hace dos días comenzamos la aventura de las papillas, y puedo decir que realmente es mucho más difícil de lo que imaginé. Mis hijos son un poco complicados para comer en general, si con la leche era un suplicio chino, con la comida es peor. Lo bueno es que por lo menos ya están probando otros sabores.

Naelle antes de comer

Naelle antes de comer

Por donde empiezo? Bueno, empezaré por lo más sencillo, para Marcel tomar la leche ahora en verano es bien complicado, él es muy caluroso y si no me pongo frente a un ventilador sonamos. Pero como todo se trata de ir conociéndonos y entendiéndonos todo se lleva mejor con tiempo y paciencia. Si es que le toca tomar leche y justo a esa misma hora el señor tiene sueño: HUYAN! Es un loco en potencia cuando se le cruza hambre y sueño. Ahí aplico la del chupón el balanceo y tarareo de canciones de cuna dando saltitos en la cama y palmoteos en el pompis y ya está. Cae como mosquita pero con sus renegadas revienta tímpano de cuando en cuando. Solo así consigo que se seque sus 6 o 7 onzas de leche sin problema.

La más difícil de la vida es mi Naelle. Creo que esta bebita nunca jamás en la vida tiene hambre. Es más, una noche pasaron 9 horas y no pedía nada de leche, tuve que darle dormida y aún así no se acabó su biberón. Confieso que este tema es mi principal estrés. Más aún porque ella es la más chiquita, y este último mes solo subió 200 gramos. Qué fea sensación la que siento cuando la pongo en la balanza y veo que los numeritos no suben tanto como lo espero. Por Dios que soy neuro mamá cuando se trata del peso y de la hora de la comida. Antes de este fin de semana cuando solo tomaban leche y yo luchaba en cada toma para que se termine su biberón (5 onzas) fallidamente porque siempre, siempre quedaba media onza o una onza completa. Y por lo menos 1 hora en cada biberón. Es realmente estresante. Pero esta bebita no quiere por nada del mundo, cierra la boca, levanta la lengua para trabar la tetina del biberón, escupe por un lado lo que va succionando y por último se guarda todo en el cachete y lo expulsa cuando le saco el biberón. Es de terror! Pensé que las papillas serían mi salvación para poder estar más tranquila por ese lado, pero no. Es también complicada para comer. No llora ni se queja, pero juega con la comida en su boca. Lo contrario que Marcel, él se incomoda en la silla, y reniega pataleando sin querer comer. Pero siempre, al final encontramos la forma de hacerlo abrir la boca. Con ella es diferente y yo siento que moriré de infarto cerebral.

Yo necesito que coman, sobre todo ella. Y he hecho de todo: intentar darle leche más seguido en menor cantidad (nulo), dejar pasar un poquito más de tiempo para que le de hambre (nulo), ponerle nestum en todos los biberones para que sepa más rico (nulo), cambio de leche (nulo), dibujos, juguetitos, canciones y todo para nada.

Hemos empezado ya con la siguiente rutina que espero funcione:

– 6:00 am leche: Empiezo con Marcel y termino con Naelle. Esta es la leche más pesada de todas y hasta hoy no sé porqué.
– Juegan y duermen
-10:00 am: Jugo de Papaya o Granadilla
– Juegan, los baño y dermen
– 12:00 m: Papilla (estamos empezando con vegetales amarillos y tres días de cada uno solo y luego ya empezamos a combinarlos entre sí, papa amarilla, camote, yuca, zanahoria y zapallo. De postre perita o plátano de la isla.
– 3:00 pm: Leche
– 6:00 pm: Papilla de Nestum con leche
– 9:00 pm: Última leche del día (se las doy a las 11 mas o menos para que aguanten más.

Vamos recién dos días y creo que han comido más de lo que pensé, y aunque la leche es un calvario y castigo cada vez que trato de darles, tengo que sacar fuerzas y paciencia de todas parte para aguantar y cumplir mi principal labor: ser mamá!

Primera papilla!

Primera papilla!

Soy una mamá estresada, lo confieso. Me gustaría ser más relajada y si no comen, pues pensar que a la siguiente comerán más. Pero no puedo. No puedo pensar que no se están alimentando bien y estar tranquila. Que una bebita de 6 meses ya debería estar tomando más de 4 onzas, que debería tener hambre si es que ya pasaron 4 horas desde su última comida… que debería pesar más de lo que pesa ahora. No debería ser así porque le transmito esa tensión a ella, lo sé, pero qué puedo hacer? Dejar que pase un día entero y si no me pide comida no le doy? Soy una mamá primeriza y estresada, lo sé.

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Hace seis meses

Tantas cosas han pasado en sólo seis meses que se me hace poco creíble. Ya pasó  tanto? A dónde  se fue el tiempo por Dios si aún parece que hace unas horas tenía a dos sujetos alojados en mi panza? Ahora entiendo cuando muchos me decían que aprovechara cada segundo porque los hijos crecían rápido. Creo personalmente que en este segundo mis hijos ya están más grandes que hace dos segundos.

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Papá de doble yema de estreno

Hace seis meses era una mamá llorona que creía que no sería capaz de sacar adelante a dos bebitos bajos de peso y que no cumplieron su tiempo de gestación. Una mamá que al verlos se sentía tan culpable que hasta le dolía el alma cuando notaba lo pequeños que eran. Una mamá que miraba y buscaba respuestas en Internet para tratar de entender o encontrar casos parecidos. Una mamá que sin saber ser lo suficientemente mamá para hacer las cosas más sencillas estaba dr mal humor todo el día y se encerraba en el baño para sentarse en el piso y llorar, llorar sola porque era lo único que sentía que hacía bien. Una mamá que tenía miedo. Hace seis meses pensé que no sería posible siquiera cumplir seis meses de ser mamá.

Hace seis meses no podía manejar este barco por mi misma. Felizmente las mamás que tengo como modelo a seguir (mi mamá y hermanas) siempre estuvieron ahí para decirme que aguante, que era una etapa normal que pronto pasaría. Mi esposo preocupado trataba de entender y comprendo que no era nada fácil. Pero lo hacía y soportaba mis locuras. Que miedo pensar que me quedaría así para siempre.

Hace seis meses era un manojo de nervios que huía del cuarto en cada hora de la leche, en cada cambio de pañal, en cada baño, en cada atoro. Y ahora soy esa mamá que siempre pensé que podía ser. No sé muy bien en que momento sucedió, tampoco sé cómo logré superar ese bache que parecía el más profundo del mundo, pero hoy todo es distinto.

Sabiendo que aún me falta mucho, hemos salido adelante. Los bebes están ahora dentro de la curva de percentil de peso y talla de un bebé nacido a término. Me costó  muelas, uñas y pelos llegar a esto pero el día que el doctor me mostró la ralla azul en subida que entraba con fuerza arremetiendo como un caballo en competencia fue como si todo hubiera aflojado. La curva más linda que he visto jamás. La más gratificante. Claro que mi Naelle aún está al límite inferior, pero aún así ya está  en la curva. Además, mi mamá siempre me dice que yo estaba en el límite inferior toda la vida (seremos chatas siempre hija).

Hace seis meses quería que todo sea perfecto y asegurarme que jamás mis hijos sufrirían ningún tipo de dolor ni nada parecido. Andaba pendiente al mínimo detalle para que todo sea perfecto, pero hoy comprendo y entiendo que esa perfección no existe. Y sí, nadie va a cuidar mejor de los hijos que la misma mamá pero aún así no es la forma perfecta y está bien equivocarse. Solo así se aprende. Como por ejemplo esa vez que le di rino bebe a Marcel pensando que era gaseovet y me di cuenta por su carita. Ni más me pasó! Casi me muero pero así pasa (algún día escribiré sobre eso sin duda: metidas de pata de mamá).

Ahora trato de hacer todo para los dos. Y aunque a veces es imposible sé que con paciencia y mucha pero mucha rapidez, se puede lograr.

Estoy segura que seguirá siendo difícil y que las preocupaciones jamás se irán pero juntos iremos evolucionando y saliendo adelante contra viento y marea como lo hemos hecho hasta hoy.

Hoy cumplimos seis meses de aprendizaje puro. Seis meses de las malas noches más dulces de todas, de chanchitos con leche en los momentos «más» oportunos, de cambios de pañales con accidentes a propulsión, de llantos en masa y en cadena, de luchas con el biberón, de nuevas «palabras» agregadas a nuestro diccionario, de gallina pintadita y la granja las 24 horas del día, de paseos en coche y en canguro, de chapoteo en la tina, de sonrisas y carcajadas… seis meses de agradecimiento sin límite.

Hoy mis bebés cumplen seis meses de vida. Y nosotros, cumplimos seis meses de papás . Feliz medio año para los 4!

A nuestros 6 meses

A nuestros 6 meses

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Chupete, chupetin, chupetón

Es muy frecuente el preguntarnos si es bueno o malo el chupón. Y la verdad que no hay una respuesta única porque existe muchos, pero muchos puntos de vista. Pediatras lo recomiendan y pediatras no lo recomiendan, mamás lo usan y mamás prefieren el dedo pulgar, bebes los aceptan y bebés los rechazan asqueados. Son muy variadas las opiniones acerca de este tema y es por eso que cada una tiene que hacer su propia historia y luego contar su propia idea y experiencia.

Era la tercera semana de los bebes cuando empezaba su negación a la leche y preferían dormir. Al echarlos en sus cunitas no podían hacerlo y renegaban como cascarrabias. Yo tenía en el cajón donde guardo las tetinas de los biberones, muchos chupones de todo tipo, algunos regalados y otros comprados. Pero habían unos que siempre me llamaron la atención por su forma, textura y simple diseño. La pensé mucho, incluso le consulté al pediatra si él recomendaba o tenía alguna posición en contra del chupón. Su respuesta fue clara y directa: «siempre y cuando no tengan TODO el día el chupón en la boca, está bien». Y luego pasó a aclararme muchos mitos, verdades sobre usar chupón.

– Es falso que provoque gases: el reflejo de succión en un chupón es solo eso, un reflejo. No succionan aire, solo imitan la succión y «mastican» la silicona.
– Es falso que hace crecer dientes chuecos: si el chupón es retirado antes del año si es posible (algunos lo pasan hasta máximo dos años), no pasa nada, luego puede que sí. A esta edad el niño ya no necesita solo succionar para alimentarse y el uso del chupón va en contra del desarrollo dentario. Sin embargo, sí se asocia con tener frecuentemente la boquita entre abierta, pero lo bueno es que esto mejora cuando se retira el chupón.
– Tiene un efecto tranquilizador: en algunos momentos que el bebe llora sin razón o tiene cólicos, el hecho de succionar lo relaja y descarga tensiones. Generalmente los bebes muy pequeños no tienen aún elementos motores para descargar energías y por eso el chupón ayuda con su efecto tranquilizador. Muy buen punto para los bebitos que sufren de cólico de lactante, embarazos múltiples o post partos complicados (por la posible depresión de la mami).
– El gran amigo pulgar no se deforma: el dedito gordo es la otra opción al uso del chupón, pero esto lamentablemente es asociado a más casos de deformaciones dentarias y del propio dedito. Ahora, es un método que muchos prefieren enseñar porque el dedo no se cae durante la noche y es regulada por el mismo niño cuando quiere o no chupar, pero a la vez es difícil al momento de querer «retirar» el hábito.
– Estimula reflejo de succión: este es un buen punto para bebitos prematuros. A veces el reflejo no está muy bien establecido por el tiempo en el que llegaron al mundo y el chupón estimula este reflejo y se logra una succión ordenada y con ritmo.

Lo que es yo y mis bebes, encontramos la solución para calmarnos al momento de los caóticos llantos en coro y para relajarnos antes de dormir. Felizmente el chupón cae cuando están dormiditos y no se molestan ni despiertan para buscarlo. Usamos el Avent Soothie Pacifier, que es un chupón enteramente de silicona, por eso es más fácil de lavar y esterilizar siempre, se dobla y se acomoda en cualquier guarda chupón, tiene un huequito para que cuando estén más grandes puedan meter su dedito y pensar que se chupan el dedo y no el chupón. Además, tiene dos huequitos para colgar ya sea un prende chupón o una simple pita. Muy sencillo.

Por eso, tengo dos chupones para ustedes! Tal vez les sea de ayuda como lo fue para mí! Lo único malo es que aún no los he encontrado aquí en Lima, me los trajo mi hermana cuando viajó y encargué algunos más para tener de repuesto.

El concurso

Sólo tienen que darle like al Fanpage de Mama de doble yema en facebook, comentar la entrada diciendo si están a favor o en contra del chupón, etiquetar a dos nuevas mamis y compartir este post en sus cuentas!

El día de mañana será el anuncio de la ganadora!

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El uso del chupón, depende de una misma. Si piensan que le hará daño a sus bebes son libres de no ver si quiera el chupón, y si quieren intentarlo le darían también a su bebe el poder de decisión. Tal vez ellos mismos lo escupen cada vez que intentas darle a probar. Todo depende!

 

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A ustedes

Estuve pensando en qué les contaría cuando estén un poco más grandes. Y son tantas las cosas que tendría para decirles que las palabras quedarían cortas:

2015-01-21 18.02.21

Siempre juntitos

A ti Marcel, desde chiquitito te gustaba estar pegado a mí. Cada vez que te cargaba me cogías el cuello con tu manito y te prendías fuerte de mi ropa. Aplastabas tu naricita contra mí y parecías decir que no te soltara. Luchabas mucho para no dormirte a pesar de estar cayéndote de sueño. Cuando empecé a entender tus llantos ya sabía cuándo estabas pidiendo a gritos que te ayude a dormir. Saltando al ritmo de lo que sea en la cama del tío David y dándote palmaditas en las nachas poco a poco ibas cerrando los ojitos como borrachito. Dejaba las palmadas y empezabas a moverte fastidiado frunciendo el ceño para que volviera al mismo ritmo. Cuando te despertabas por la mañana eras un rayito de sol, escuchaba que empezabas a revoltearte en tu cuna y cuando me acercaba ahí estabas con los ojos bien abiertos y con las piernas levantadas tratando de cogerte los pies. Me mirabas y al escuchar mi saludo sonreías como siempre. Jugábamos un ratito y casi susurrando para no despertar a la dormilona de tu hermana y nos íbamos a mi cama a seguir jugando hasta la hora de la leche. Esa leche que por nada del mundo pude lograr que te encantara y me pidieras más. Si bien te la tomabas después de insistir un poco se notaba que no querías tomarla y si por ti fuera vivirías a punta de agua, cómo te encanta el agua! Recuerdo que no había día que rezara cada mañana y agradeciera por haber puesto dos vidas dentro de mi panza y a la vez, que tomaran toda su leche sin berrinches ni rechazos al biberón. Cada quien es como es y me costó mucho entenderlo. Es que no soportaba la idea de pensar que podrían bajar de peso y volverse huesito y pellejo. Amabas ver la Gallina Pintadita, La Granja y Las canciones de Plim Plim todos los días en el cuarto de la abuelita. Ver tu carita sonreír cada vez que empezaba una nueva canción me hacía amarte cada vez más y más. Cómo te gustaba pellizcarme el gordito del brazo! Tú sin entender que siempre odié eso de tu papá que a veces lo hacía para fastidiar me apretabas una y otra vez el brazo mofletudo con tu pequeña manita. Felizmente que eso no era peligroso como cuando te prendías de mis aretes y los jalabas para meterlos en tu boca. Algunas veces me hiciste entrar en desesperación por no saber cómo calmarte. Y es que cuando algo no te gustaba no había quién te parara. Por ejemplo al momento de sacarte de la tina, cambiarte el polo y pasar por la cabecita, darte las vitaminas en cucharita, y algunas cositas más. Al principio pensé que jamás podrías estar en tu cochecito, solo aguantabas unos minutos amarrado y estallabas en llanto. Cargado te encantaba, pero encerrado no. Siempre querías estar calato, ahora ya vamos entendiendo que el calor te ponía de muy mal humor y qué rico ese momento en el que nos preparábamos para el baño. Nos encantaba jugar a las cosquillas y a las mordiditas de manos y pies como dos tontuelos haciendo ruidos extraños. Luego cogiste la manía de no querer bañarte echadito sino sentado. Pobre del que quisiera echarte para enjuagar la cabeza, sentado tenía que ser. Tu chupón preferido podía tener hueco de tanto usarlo pero no lo cambiabas por nada. Teníamos como 4 del mismo estilo, color y hasta misma marca y modelo pero no. Tú querías ese que ya estaba aguadito de tanto usarlo. Era perfecto para que te acurruques mientras te quedabas dormido, mientras estabas de mal humor, y mientras tenías alguito de hambre al menos. Tu chupón azul aguadito siempre será especial. El mejor momento del día era cuando a las 5 de la mañana hacías ruidos dormidito, te cargaba despacito y te llevaba a mi cama y ahí, abrazados los dos nos volvíamos a dormir nariz con nariz.

2015-01-10 13.07.25

Mi chino lindo

A ti Naelle, te diría que recibiste más apodos que el mismo Melcochita pudo inventar. Desde chanchito rosado, hasta Chuky enfurecido. Nos costó muelas entender tus gritos de loquita, pero qué lindo cuando te ibas calmando al recibir tu mantita y cerrar los ojitos de a poquitos. Siempre la más chiquita, la más flaquita y difícil para comer. Tu día empezaba como si todo fuera maravilla, para empezar podía pasar un camión por tu cuarto y tú ni cuenta. Boca abajo o boca arriba cada mañana iba a buscarte y ponía mi mano en tu pancita para sentir como respirabas relajada y feliz. Cuando ya era hora de despertar te giraba mirando hacia arriba y abrías los ojos chinitos para mirarme y sonreír. Estirabas tus bracitos para desperezarte y volvías a sonreír aún más china. Qué sentirías al escuchar cada mañana «hola chinaaaaa»??? Siempre me lo preguntaré porque tu risa era tan hermosa y real que podía sentir tu misma almita. Luego venía el cambio de pañal, era una guerra de inicio a fin, ni bien tocabas el cambiador empezabas con tus movimientos de renacuajo y araña mezclada con patadas de bicicleta, terminaba con toda la mano llena de desitin y tú con crema hasta en los pies. Por más que trataba de hacerlo rápido y con cuidado de no mojar ni manchar nada, era inútil. Y tú, feliz. Cómo te gustaba mirarnos tú y yo al espejo y acercar la cara casi casi hasta chocar la nariz, sea el momento que sea te matabas de risa. Algunas veces cuando estabas renegona corría al espejo más cercano y listo! Desaparecía todo rastro de mal humor. Pero el momento thriller del día venía cada 3 ó 4 horas en donde tocaba la leche. Eras tan pero tan difícil para terminarte un biberón: cargada y paseando, echada en la cama apoyada en una almohada, en tu bouncer,sentada, parada, de cabeza, todas las formas del mundo y nada. Pero si te daba hambre y no te daban tu leche, sálvense quien pueda, pegabas unos gritos que estoy segura se escuchaban hasta el vecino y más allá! Te encantaba que te cuente secretos al oído, era como si esa sensación te relajara, podría pasarme días enteros hablándote y hablándote siempre. Recuerdo que al principio no me animaba a bañarte en la tina, te veía tan chiquita y frágil que ahora simplemente no lo creo. Con solo 5 meses te dabas vueltas como trompo, levantabas la mitad del cuerpo apoyada en tus manitos y te arrastrabas como gusanito cuando te ponía en tu alfombra. No había forma de dejarte sola ni al centro de la cama porque en un segundo rodabas hasta el filo. Cómo borrarme de la cara ese  puchero loco que ponías cuando de la nada cambiaba de voz a una más gruesa por ejemplo, mirabas con ojos atentos y el puchero salía de la nada para arrancar el llanto. En ese minuto te levantaba para abrazarte y dejaras el puchero atrás. Siempre fuiste la más tardona para dormir, querías estar despierta conversando y moviéndote como gusanito entre nosotros. A veces tu papá y yo nos hacíamos los locos echados a tu lado con la luz apagada y tú te dabas mil vueltas tratando de llamar nuestra atención hasta que te aburrías, cogías tu trapito y tú misma te ponías el chupón en la boca y te dormías. Nunca pudimos con los zapatos, salían volando al segundo de tanto sobarte los piecitos para que todo lo que había en ellos saliera disparado, hasta las medias. A pesar de ser más chiquita eras la que más agua sacaba de la tina en el baño, pataleando y dando manotazos en el agua te divertías mientras nosotros terminábamos más mojados que tú misma. Ya en ese momento te ponías un poco más engreidita queriendo meter tu carita por mi cuello porque seguro sabías que ya llegaba la hora de dormir o al menos tratar de hacerlo. Cada día era una aventura de risas contigo.

2015-01-10 13.38.01

Mi chinita bella

Sé que los bebes van cambiando cada semana y más mes a mes. Pero hoy que tienen 5 meses y medio esto es lo que puedo decirles sobre ustedes. Para mí siempre serán mis bebés que nacieron chiquititos y con muchas ganas y mucha fuerza juntos salimos adelante. Esa emoción que siento cada vez que dejan una ropita o cada vez que pasan de una talla de pañal a otra más grande, es increíble. Porque es una muestra de que lo estamos haciendo bien.

Sigamos creciendo hijitos que así como pasaron 5 meses, se vienen muchos años más juntos.