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Yo, no soy de acero

Hoy estoy agotada. Quise una vez más levantarme con la misma sonrisa y ganas de siempre. No tuve ganas de darle la leche a los bebes ni tampoco de cambiarles el pañal. Me demoré un poquito en levantarme de la cama cuando escuché un quejido que venía del cuarto de al lado. Pensé por un momento en dormir un poco más de la cuenta. Como si el mundo estuviera detenido.

Hoy me miro al espejo y no me gusta lo que veo. Ojeras hasta el suelo, pelos revueltos (y menos cantidad que antes), y ropa gastada de hace ya un tiempo. Me encuentro con lo que soy ahora y no me agrada. Miro hacia adentro y veo solo preocupaciones, de diferentes dimensiones. Me doy la vuelta y veo lo que he logrado y se me pasa un poco. Solo un poco porque mis ganas de no hacer mucho persisten.

Hoy me faltan fuerzas. Para salir como siempre a la calle y estar pendiente a lo lejos imaginando una fórmula para poder estar en dos lugares a la vez. Estoy segura que mi vida entera cambiaría si inventara algo así, sería todo tan perfecto que ya nadie se preocuparía por la falta de tiempo.

Hoy quisiera poner pausa. Pararme en medio de la nada y poner mi mente en blanco. Lejos de llantos, quejidos, gritos y reniegos. Sin pensar en ropa por cambiar, juguetes que recoger, chupones que lavar y mil cuidados que prever. Simplemente pedir un minuto para escuchar mi respiración y tomar aire profundo.

Hoy me siento cansada. Por un momento me siento mala mamá por haberle pedido, casi rogando, a los bebés anoche que se durmieran de una vez. Aunque luego dormidos, acariciando sus caritas les pedía perdón en silencio. La verdad es que soy de carne y hueso y aunque no quiera, se me acaban las fuerzas y necesito parar para descargar.

Hoy, quiero volver a repetir mi vida tal cual lo es ahora, solo que con un poco más energía para seguir andando.

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Mamitis

Aún no descubro si es que mis mellis, en especial el hombrecito, tienen mamitis o es solo un poquito de berrinche agudo. Pues hace un tiempo, he notado que cada vez que llego a la casa empiezan los llantos y engreimientos. Y qué dolor para mí no poder tener cuatro brazos para cargarlos y hacerlos jugar (siempre chequeandolo TODO) a los dos a la vez.

Cada día toco el timbre al llegar a casa a las 5:30 pm máximo, a pesar de tener llave. Toco porque es casi ya un ritual para nosotros. Pues me han contado que a esa hora aproximadamente, se ponen algo inquietos esperando «algo» hasta que suena el timbre. Dejan de hacer todo lo que estaban haciendo para esperar atentos. Saludo a Bruno para que luego no quiera meter su ociquito cuando esté con los bebes, jugamos unos segundos y le pido que me acompañe al baño a lavarme las manos. Subo las escaleras y de lejos digo: «hoooooolaaaa???», y casi de inmediato adivino dónde es que están jugando porque escucho sus ruiditos nerviosos y emocionados. Me asomo por la puerta y los veo mirando en dirección a mí y puedo ver el cambio en su carita. Es hermoso ver como se va transformando en una carita iluminada por una tierna y sincera sonrisa acompañada de saltitos, aleteos de bracitos, golpes de manitos en el piso o en donde sea que estén apoyados. Corro, me tiro al suelo y dejo que se trepen por donde sea. Me jalan los pelos, dedo al ojo, lengua en la nariz y hasta algunos lapos de mi china en el cachete me caen como agua fresquita. Sin duda, el mejor momento del día entero.

Pero luego viene lo complicado. Les digo que me iré a poner otra ropa para poder jugar tranquilos tirados en el suelo. Pues una mamá con taco 12 no está tan cómoda para gatear en el suelo y saltar cada cinco segundos a coger algo que se está por caer. Solo basta que diga ahorita vengo para que Marcel empiece su llanto sin lágrimas y su arqueo de espalda versión Linda Blair en El Exorcista. Corro y me cambio en dos segundo para no seguir escuchando sus gritos a lo lejos y vuelvo por él. Se ría de nuevo haciendo sus manitos hacia arriba y me pide UPA. Trato de jugar con su hermana un rato pero él se me trepa hasta a cabeza como llamando mi atención y una vez me separa de ella con quien también debo compartir. Le pido a mi mamá que se quede un rato con él y al dejarlo a su lado empieza el baile poseso una vez más. Imposible, vuelvo con él y lo calmo. Una sonrisa traviesa se asoma por su boca. ¿Sabrá lo que está haciendo? Perfectamente! Es hombre!!! Así son los hombres con sus mamás, según lo que me han dicho.

En la noche, es una historia similar con su papá. Mi china es la que tiene mejores noches porque solo chilla a eso de las 10 pm para que le demos su leche (a veces también me pide a las 2 am pero ya no está pasando eso) y de ahí duerme bien. Pero este chuki hombrecito si pudiera quejarse sin parar TODA la madrugada, lo haría, pero el sueño a veces lo vence. Se revuelca por su cuna, se queja y no para hasta que lleguen a su rescate. Cuando ve que alguien se acerca se va quedando callado, pero cuando ve que quien lo está rescatando es su papá, empieza el sandungueo del bueno. No importa si son las 11, 2 o 3 am él se tira hacia atrás con un fuerte Ñaaaaa, de queja bárbara y no para hasta que llego yo y me alza los brazos al segundo.

Y ahora, cuando a veces le digo que voy a comprar y que ya vengo, al decirle «chau», me mira riéndose y se avienta sobre mí con los brazos arriba. Creo que piensa que «chau» es igual a «vamos». A ver si le cambiamos un poco ese chip para irnos acostumbrando a que la mamá también tiene que estar con la hermana. Aunque me parta el alma tengo que hacerlo porque la mayoría del tiempo estoy con él porque no me deja estar con ella. Y bueno, felizmente que ella es feliz con quien la cargue y la haga reír porque sino, ya mi espalda estaría partida tratando de cargar a los dos a vez.

Pero siendo sincera, qué rico se siente que te quieran de esa manera. Ahora por fin ya me siento un poco más mamá. Pues antes, tenía mis dudas al respecto. Pensaban que tal vez ni ellos mismos sabían que yo era su mamá. Qué tonta, lo sé… pero creo que las mamás primerizas tenemos algo de eso. Miedo al rechazo de nuestros bebés, sea porque no les dimos mucha teta, o porque los tuvimos por cesárea, o porque estuvieron un tiempo en incubadoras. Pero bueno, como todas esas son grandes pelotudeces, ahora me siento más feliz.

A seguir viendo como pasa el tiempo hasta que sean las 5:30 pm nuevamente. Y volvamos a ser felices… como cada día a la misma hora.

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El esperado baby shower que marcó el inicio de todo…

Tengo ese momento grabado en la mente como si hubiera pasado hace algunos días. Pedí el día libre en el trabajo para poder ayudar en todo lo posible a dejar todo listo para la tarde. Era una bendición tener a Lalo a mi lado para ayudarme en todo lo que necesitaba, fueron días un poco complicados y pasarlos junto a él alivió mucho el mal rato.

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Todo estaba preparado para recibir a mis tías y amigas. El BabyShower mellicero sería en casa de mi mamá con un gran espacio (que quedó corto) destinado para depositar los regalitos que llegaban sin parar para los bebes. Yo me sentía tan bien que no necesité ni sentarme a tomar aire en toda la noche. Solo lo hice para abrir los paquetes que rebalsaban del Pack&Play que habíamos instalado en la sala de la casa.

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Esa noche recuerdo que nos fuimos a dormir con una gran sonrisa y agradecidos hasta más no poder por todas las muestras de cariño que recibimos, y más porque los mellis llegarían a un mundo en donde muchos los esperaban con los brazos abiertos llenos de amor. Sin embargo, ese día cerré los ojos sintiendo un poco de temor. Algo pasaría en los próximos días y yo lo presentía.

Al día siguiente, todo estaba muy bien. Emocionados abríamos los regalos y los acomodábamos en su futuro cuartito listo ya para su llegada, fuimos a una reunión familiar al día siguiente y empecé a sentirme un poco rara. El domingo fuimos a emergencia porque la parte alta de la panza, al lado derecho empezaba a molestarme. No podía permitir que esto sucediera, tenía que aguantar hasta que mi doctor llegara de viaje. Nadie más podía operarme más que él y era la promesa que ambos hicimos cuando nos enteramos la noticia. Bueno, yo lo hice prometer eso porque él sabía muy bien que los mellizos casi siempre llegan sin avisar y todo podía pasar.

Estuve con descanso por una semana trabajando desde casa, todo bien con los bebes pero el dolor en la parte alta del estomago era persistente. Podían ser gases, pero no, era más que eso y nadie sabía qué hasta que regresé a la clínica una vez de emergencia. El cuello del útero había empezado a dilatarse y aún no era momento. Tenía solo 32 semanas y como sea al menos debía llegara  la 36. Me quedé en la clínica atendida por otra doctora, igual de buena pero no era lo mismo, bajo sus cuidados. Y bajo los cuidados de mi esposo. Cada vez que recuerdo esos días previos internada, y me quiero empezar a poner un poco nostálgica, recuerdo todo lo que hizo por mí y de verdad esa nostalgia es reemplazada por un fuerte latido de corazón y una gran sonrisa en los labios. Sin duda, tengo al mejor compañero de vida (en las buenas y en las malas).

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Estuve muy bien atendida y el dolor casi había pasado. Lo único pesado fue que no debía pararme ni para bañarme, sí, me bañaban en la cama y cuando quería ir al baño lo hacía en silla de ruedas. Lo peor esta que yo me sentía bien y no entendía porque debía llegar a ese extremo. Luego entendí que la presión de los bebes, cuando yo estaba parada, sera hacia abajo y poco a poco iban empujando más y haciendo que el cuello se dilate de a poquitos. Y cuando el cuello se dilata por completo es cuando empieza la labor de parto y en ese caso era una amenaza de parto prematuro. La palabra que tanto me perseguía hasta en mis peores pesadillas se hacía presente una vez más.

Confieso que no fue fácil convivir con ello. Me molestaba mucho cuando algunas personas me decían: ah no, ni hablar llegas a tu fecha, se te van a adelantar. Yo quería pensar que sí, que llegaría incluso hasta la semana 38 y no estarían tan bajos de peso al nacer, me los llevaría rápido a casa y seríamos completamente normales desde el alumbramiento. En el fondo, creía que todo era posible, pero eso lo hacía más llevadero. Algunos pincha globos me miraban con cara de compasión cuando les decía eso, pero valía la pena luchar por ese pensamiento porque me daba tranquilidad.

Consejo número 1: no leer NADA acerca de la prematuridad. Creo que si yo lo hubiera echo no hubiese sido igual. Es tan traumante lo que internet puede contar sin especificar detalles que generan un estrés y pánico terribles. Además, en lugar de eso trataba de acordarme de casos exitosos de mellizos que nacían prematuros y tenían una vida normal. Era solo para darme más ánimos por si pasaba, solo por si pasaba porque en mi mente «eso no tenía lugar a acontecer». Recuerdo que primero fue el trauma del STFF (Síndrome de Transfusión Feto Fetal):

Una complicación grave que ocurre en el 10% a 15% de las gestaciones gemelares monocoriales (gemelos idénticos que comparten una placenta), por tanto en 1 de cada 2000 embarazos. Su evolución natural implica una alta mortalidad in utero o neonatal en la mayoría de los casos. El diagnóstico temprano y un tratamiento en el momento adecuado son esenciales para mejorar el pronóstico.

Y luego el tema de la prematuridad y el tiempo en incubadora, pero luego pensé que no hay mamá que no se estrese por este tipo de cosas, y supongo que, a más bebés, más susto no?

Me dieron de alta justo unos días antes del cumpleaños de mi mamá, pero no sin antes pasar una de las peores noches de esos 7 meses y medio al lado de mis bebés. Fue, sin duda, un momento que marcó el inicio de lo que sería el proceso de «parto» más doloroso y largo de mi historia.

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Se acerca el primer año

Sigo pensando en lo increíble que se me hace estar llegando ya al primer año de vida de mis bebitos. Cuántas cosas hemos pasado y aprendido en un año, cuántos sustos y llantos hemos superado, cuántas metas hemos logrado. Y pensar que tenemos toda la vida para seguir aprendiendo a ser padres. Espero que Dios me permita seguir demostrando que puedo ser tan buena mamá como la que él me mandó a mí.

Mientras tanto, ellos escuchaban música

Mientras tanto, ellos escuchaban música

Hace un año no pensaba que pronto llegarían mis hijos al mundo. Más bien, estaba preparando mi Baby Shower pensando en qué me pondría ese día y deseando que todas mis invitadas puedan estar presentes. Llegué con las justas a ese día, pues dos semanas después estuve en la clínica por un «control» y salí con mis dos bebés algunos días después.

Es un poco extraño lo que siento ahora, porque estoy feliz de cumplir un año de mamá, pero a la vez me pone un poco nostálgica. Cierro los ojos y revivo cada segundo antes de conocer a los bebes y se me remueve absolutamente todo. Pues no fue nada fácil ese día y aunque recién me de cuenta de eso, aún no lo supero del todo. Haber estado sola en esa sala esperando que mis bebés vengan al mundo, sin recibir muchas respuestas de los doctores, y encima pedir a gritos que me enseñen a mis bebés sin haberlos escuchado llorar al segundo que los sacaron (no, no era como en las películas) fue difícil. Tenía solo 34 semanas y el trauma más grande de todo mi embarazo estaba tocando mi puerta. Hola prematuridad.

Lo que vino luego tampoco fue fácil. Estar lejos de ellos las primeras horas fue frustrante, pero con mucha paciencia y fe, luego de dos días de estar separados por una caja transparente pude cargarlos. Fue un momento mágico que guardo por siempre en mi mente. Pude conocerlos por fin y estar piel con piel como tantas veces lo soñé. Lloré mucho, pero de felicidad, de agradecimiento a la vida por permitirme tener dos brazos para poder cogerlos a la vez, y un solo corazón con una capacidad extrema de amar a dos criaturas que salieron de mí.

La primera noche juntos fue recién al tercer día de nacidos. Todas las noches previas me costó mucho cerrar los ojos y poder «dormir», porque no estaba a su lado cuidando su sueño, pero debía confiar y pensar que al día siguiente otra sería la historia. Y pensar que ese día ya me habían dado de alta, pero rogué quedarme con ellos para poder salir juntos al día siguiente. Aunque no estuviera segura al 100% que ese día saldríamos todos completos. Fue extraño, pero lindo, cuando nos avisaron que primero bajarían al hombrecito, los dos papás primerizos e inexpertos nos lavamos las manos 10 veces, cerramos todas las ventanas y arreglamos el cuarto para recibir a nuestro príncipe. Caminábamos por todo el cuarto con las manos arriba (como doctores antes de operar)  para no ensuciarlas ni contaminarlas, escuchamos las llantas del carrito que venía hacia el cuarto y reíamos juntos de emoción. Tocaron la puerta y entró. Era perfecto, chiquito con nariz de botón y ojitos saltones. Mi bebé mayor estaba por fin «en casa». Solo faltaba la princesa para hacer real el cuento de hadas. Otras llantitas se escucharon a lo lejos e impaciente su papá abrió la puerta, para cerrarla luego con mirada decepcionada. No era nuestra bebita la que venía en ese carrito. Al poco tiempo tocaron la puerta de nuevo y el carrito con manta rosada hizo su ingreso. Mi guerrera perfecta que solo llegó al mundo con 2.020 kg había demostrado que todo era posible. Y juntos saldríamos adelante cueste lo que cueste.

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Primera foto de la familia completa

El primer mes fue el más complicado. Me dio una especie de «depresión post-parto» mezclada con miedos y traumas que poco a poco se fueron mudando de esta loca cabeza. Era una fiesta cada cambio de talla y cada onza de leche que subíamos. Salir de la prematuridad no fue fácil, luchas contra alergias a la proteína de leche de vaca, cólico de lactante, eruptivas repentinas, resfríos de locura y miles de noches en vela fueron algunos de los títulos de este primer año que se acerca.

No es fácil tener bebés, no es fácil tener dos bebés a la vez. Y el aprendizaje viene desde el embarazo, porque desde el día 1 que te dicen que tendrás mellizos y el famoso «a más bebés, más cuidado», es una especie de estigma que te marca y te tiene en vilo todo el tiempo. Con esas locas y a veces absurdas preguntas que rondan tu cerebro, el cuidado extremo, los miedos, sueños, libros y cosas que se te meten en la psiquis para hacer de tus días de «dulce» espera un poco amargos para hacerlos reales. Hasta que chocas con la realidad y tienes ya en tus brazos a tus dos creaciones de Dios, y te das cuenta que él por algo te eligió a ti como mamá de dos. Te mandó una tarea y labor que solo TU entiendes y a los ojos de todos puedes ser la más loca y neuro mamá del mundo. Pero no estás solas, aquí afuera hay otras como tú. Otras con complejo de pulpo que al final del día por más que pase uno o dos años se tiran a la cama antes de la próxima leche a decir «cómo llegué al final del día».

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Ahora, él un poco más grandecito de lo esperado, ella aún especial para la comida y haciéndonos batallar día a día con sus ganas de ser chica fitness. Lalo, con la panza más grande (mentirita), con más sueño acumulado. Yo, un poco más vieja y ojerosa, pero con un corazón más grande de lo que jamás pensé. Es así como nos vamos acercando a nuestro primer año juntos, ustedes en el mundo y nosotros como papás. Y juntos caminamos en esta aventura de convertirnos en expertos papás melliceros primerizos.

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20 cosas sobre una mamá de doble yema

Hace unos días leí en varios mami blogs que escribían bajo este título: 20 cosas sobre mí. Me gustó el juego porque nos hace conocer más a quienes están detrás de las letras. Y justo ayer, una mami amiga que conocí hace muchos años (y dice ser una mamá imperfecta, pero de imperfecta no tiene nada con sus dos hijos hermosos) me nominó para jugar. Gracias Naty, tus confesiones tu blog «Soy mamá y no me compadezcas» me parecieron genuinas, reales y muy tuyas.

Y aquí vamos con las mías…

1. Podría ser la persona más sentimental sobre la faz de la tierra: Soy llorona desde el minuto uno de mi vida y siento que cada vez me vuelvo más y más sentimental que Laura de Carrusel. Muchas cosas me emocionan al punto de quedarme pensando en eso por días enteros. Y desde que nacieron los bebes, más aún. Me he vuelto un poco más emocional que antes y eso a veces juega en contra porque involucro mucho el corazón cuando a veces debo mantenerme al margen. En fin, tengo el alma de algodón.

2. Soy adicta al chocolate: Creo que si pudiera ir a un concurso de «catadora» de chocolates, me llevaría el premio mayor. Qué pena que sean tan pero tan contribuyentes al rollo power de la panza. Pongo siempre una excusa para salirme de la «dieta» de lunes a viernes para comer al menos un princesa «hace mucho frío: chocolate», «estoy tristitia: chocolate», «estoy con la regla: chocolateeeee». Todo momento es bueno para uno. Así de simple.

3. Cuando los bebes se duermen espero siempre que se vuelvan a despertar: Es algo contradictorio, pero como estoy afuera trabajando todo el día y solo los veo a partir de las cinco de la tarde para jugar un poco, comer y bañarlos para luego dormir, sufro un poco por el poco tiempo que paso con ellos. Estoy muy cansada sí, y a veces quisiera que duerman de corrido para poder descansar, pero casi siempre espero que despierten, cuando caen tempranito, porque es la hora que más quieren jugar porque me ven a mí y a su papá. Disfruto mucho esos estresantes y lindos momentos cuando luchan entre el sueño y querer seguir gastando energía.

4. Tengo un olfato de terror: Puedo olerlo TODO a kilómetros de distancia. Y es algo un poco estresante porque no soporto varios olores que me ponen de mal humor. Uy no, no paso por alto algunos olores y lo peor es que lo digo, no aguanto y me tapo la nariz o saco algo para oler y encaletarla un poco. El olor a lejía oh Dios (cuando mi nana lava y vuelve con ese olor huyo), el olor a vainilla, a estornudo,  a abombado, a trapo sucio y mojado, a aliento de hambre, uy no, lo pienso y me da cosa. Sí, lo sé, uno de estos números de confesiones debería ser «estoy un poco loca».

5. Colecciono monedas: Cada mes espero que el BCR emita una nueva serie de monedas de un sol. Tengo casi todas, solo me faltan las que salieron en circulación cuando di a luz y las que salieron durante los primeros meses de los mellis. Creo que en esos meses le puse un alto a mi vida cotidiana para adecuarme a mi nuevo estado de mamá mellicera. Me compré hace poco el álbum y nado preguntándole a cada cambista si tiene la de la huaca de la luna o la última que salió hace unos días de la arquitectura moqueguana.

6. Tengo un hijo perruno y uno adoptado: Mi Brunito, que este año cumple 12 años y confieso que me duele un poco porque sé lo que en algún momento tiene que pasar. Falta mucho pero igual me preparo poco a poco aunque me niegue a aceptarlo. Es un perro super activo y saludable felizmente. Hace unos años me encontré un perro y lo recogí, lo adopté y ahora vive en la casa de mis suegros, él es mi Ramón. Recogería cuanto perro pudiera, pero no me alcanza el tiempo ni la plata. Pero siempre que puedo ayudo!!! Es bueno aunque sea aportar un granito de arena.

7. Me duermo en el cine: No sé porqué la verdad, pero sospecho que porque cuando vamos (aún así sea hace mil años que no vamos), vamos muy tarde. Le advierto a mi esposo que me dormiré, me dice que imposible porque es una película muy activa y hay demasiada acción y además no me ve con pinta de tener sueño. Pasan literalmente 10 minutos, y ya estoy roncando. Así es la vida, qué le vamos a hacer.

8. Colgué las llaves del manejo: Solía manejar todos los días desde que estaba en la universidad. No paré y fui en mi primer carro a mi primer trabajo, era feliz con la música a todo volumen pero con el tiempo mi felicidad fue mutando a un estrés sobre natural por la cantidad de bestias al volante. Salí embarazada y decidí dejar las llaves en el tablero. Mi esposo me llevaba todos los días al trabajo y me recogía también, y así hasta el día de hoy. Solo que prefiero regresar en taxi embalada para ver a mi cachorritos.

9. Extraño a mi papá: Hace casi 7 años perdí a mi papá en un accidente de avión. Él era de la Fuerza Aérea y aunque se haya ido al cielo en su ley, es algo que toda la vida me cuestionaré ¿por qué tuvo que irse así como así?. Con el tiempo la herida ha cambiado y ya no arde como antes, pero lo que siempre seguirá igual es el inmenso e infinito amor que siento hacia él. Ya no está aquí, pero me sigue enseñando mucho desde lejos. Y sí, a veces sueño que todo es mentira, y aún duele cuando me despierto. Más en estas fechas, que se celebra el día del padre.

10. Los mellis nacieron una día antes que su papá: Todo estaba planeado para el 25 de agosto (igual antes de tiempo pero los mellizos casi nunca nacen a las 40 semanas), pero ellos decidieron venir al mundo justo un día antes que su papá. Dicen muchos que ya pasó a un segundo plano el celebrar el cumpleaños del papá, pero estoy segura que nos encargaremos de hacer una celebración doble muy bonita cada año. Hasta que los mellis crezcan y vuelen de su nido (pero ni pensarlo porque lloro y aún faltan centurias).

11. Tengo cuatro hermanos: Somos tres mujeres y un hombre en la familia. Yo soy la última y como todos dicen «la más engreída». Mis papás siempre quisieron una familia grande para podernos acompañar entre todos y así apoyarnos siempre. Ahora mi mamá ya tiene 6 nietos y aún falta que vengan los del hijo hombre, cuántos serán???

12. Soy un poco obsesiva cuando se trata de mis hijos: Sé que no debo tener el control sobre todas las cosas, pero lo siento, ya se me irá pasando. Me mandan fotos de sus platos de comida antes y después de comer, pregunto muchas veces al día si están bien, contentos, si están de mal humor, si hicieron caca, que cómo era la caca, si han dormido, si están llorones, si ya dieron pasitos… creo que es típico de una mamá primeriza, que trabaja.

13. Tengo otro blog: Empecé hace mucho, en el 2009 un blog de otra temática. Era un blog dirigido a mi papá, le escribía a él y siempre contaba anécdotas, y demás. Subía fotos, videos y algunas cosas personales que tenía en la mente. Era como una especia de desahogo emocional. Me ayudó mucho en mi etapa de luto y recuperación. Se llama «hasta en el último rincón» y aún escribo de vez en cuando. Quedó entre los 3 mejores blogs personales en el concurso de los 20 blogs peruanos en el año 2012. Como competí con Policía Chevere de Twitter, me ganó. Pero hice muchos amigos que hasta hoy me escriben y me comentan.

14. Tengo la suerte de tener muchas buenas amigas: Digo muchas porque entran en mis dos manos, contaditas, pero son las reales. Las extraño porque no las veo mucho, menos ahora, pero lo lindo es que siempre que nos vemos, por más que pasen años, la confianza y ganas de contarnos de todo y hablar horas, es la misma. Todas cambiamos, pero nunca dejamos de ser las amigas que siempre fuimos.

15.  Hasta ahora sigo pensando en el momento del parto: Fue un poco chocante para mí el hecho de ir a una cita de control y no salir a mi casa nuevamente. Fue difícil entrar sola a la sala de operaciones y solo estar rodeada de doctores y para colmo, no poder cargar a mis bebés aunque sea un segundo. Pensé que eso estaba un poco superado, pero ahora que se acerca el año, lo estoy reviviendo en mi mente cada día. Aún no lo supero.

16. Creo que tengo algo de TOC: No TOC TOC así como se conoce, sino que soy un poco, no sé cual es la palabra exacta, pero tengo manías de loca a veces. No me gustan los número impares, no me gusta dormir con closets ni cajones abiertos, no duermo con puerta cerrada, nunca paso tijeras, no dejo mails sin leer porque me estresa el numerito que aparece cuando no lees, y mil cosas más que ya no digo porque hasta yo pienso que se me safó un tornillo.

17. Rezo cuando le doy la leche a los bebes: Aprovecho cada segundo del día y para no olvidarme de rezar cuando caigo rendida a la cama, cuando ellos ya están dormiditos y les doy la última leche del día, los miro durmiendo con el biberón en la boquita, les beso la frente y rezo agradeciendo cada minuto a su lado, su existencia y su salud. A veces lloro, pero ya dije, soy una llorona.

18. Me encanta leer: Hace un tiempo tenía como meta leer por lo menos un libro entero al mes. Nada de uno a medias, sí o sí debía terminarlo. Pero luego me fui quedando sin tiempo y ya no pude seguir con esa promesa. Ahora leo cuando puedo. Son muy pocos los momentos pero bueeeeno.

19. A veces soy medio bruja: Me pasa seguido y pienso que tengo algo de «poderes» extrasensoriales. No veo el futuro ni mucho menos, pero sí puedo leer a la gente con solo mirarlos unos segundos. Soy muy perceptiva y puedo llegar a comprender algunas cosas sin que me las cuenten. Y a veces también me ha pasado que presiento cosas a lo lejos, o momentos que aún no pasan. Puede que sea un don, no lo sé. Uuuuu, qué miedo…

20. Siempre doy, a manos llenas: Soy buena. Y no es que sea una blanca paloma, o sino pregúntenle a mi mamá que es la que se lleva la peor parte de mi genio, bueno, y mi esposo (porque dicen que uno revienta más con los que ama más), pero me refiero a que soy muy desprendida. Doy todo lo que tengo y lo que no a gente que creo que lo merece. No espero nada a cambio. Y hoy, que he conocido lo que es realmente el amor, sería capaz de TODO por mis hijos. Les daría todo lo que tengo y lo que no existiera lo inventaría. Ellos lo valen. Será por eso que, una de las 20 cosas que quería poner es que si pudiera dejaría de hacer muchas cosas por estar con ellos todo el día, todos los días, y poder reforzar ese vínculo del que todos hablan, pero es justamente por ellos que todos los días salgo de la casa incluso antes de que me puedan ver y hacerme adiós con su manito mientras los escucho decir: ma ma ma ma.

Bueno… hay muchas otras cosas sobre mí pero no alcanzan en solo 20 puntos. Pero con esto espero que puedan haberme conocido un poco más.

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La famosa cesárea

Desde hace un tiempo vengo escuchando algunos comentarios negativos sobre la cesárea. No hablo de los doctores que, según muchos, practican este tipo de parto por lucrar nada más, eso es un tema a parte. Hoy en día, conozco varios doctores que son «pro natural» pero cuando es inevitable, toca hacer cesáreas. Sino, me refiero negativos porque muchos piensan que es de menor involucramiento. Me refiero a que para algunas, una mamá cesareada es un poco menos mamá que la que tuvo a sus hijos de manera natural.

Pues, esto es totalmente falso. Y no escribo sobre esto porque me sienta menos mamá, soy tan mamá como las que trajeron a sus hijos al mundo por ese proceso tan hermoso y tan mamá como las que les dieron teta hasta los 12 años si quieren. El apego es el mismo, la conexión es la misma, el amor… es exactamente el mismo.

Así como escuchamos mitos y leyendas urbanas sobre «la llorona», también hay mitos y verdades sobre la cesarea:

• En una cesárea, el niño siempre nace bien. FALSO
La extracción fetal en una cesárea puede ser a veces más difícil que la de un parto. Al contrario de lo que pueda parecer, extraer un niño mediante cesárea no es fácil.

• La cesárea tiene riesgos para madre y feto. CIERTO
Estadísticamente, la tasa de morbilidad -las complicaciones- es claramente más alta, y (sólo cuando se analizan decenas de miles de casos) la tasa de mortalidad materna es más alta. Aun así, estamos hablando en tantos por cien mil, por lo que no debería ser motivo de alarma extrema.

• Los bebés nacidos por cesárea tienen peor salud. FALSO
Los niños nacidos por cesárea son totalmente normales en su desarrollo. Algunos estudios sugieren un riesgo mayor de alergias y problemas digestivos. Al no cruzar el canal de parto, los niños con cesárea no están expuestos a los gérmenes presentes en la vagina de la madre. Paradójicamente, la flora bacteriana vaginal, al colonizar el sistema digestivo del feto, podría mejorar su flora intestinal y su inmunidad (lo cual tiene relación con las alergias).

• Una vez hecha una cesárea todos los embarazos deben ser por cesárea. FALSO
Más del 50% de los siguientes embarazos son por parto vaginal.

• La lactancia es peor en niños nacidos por cesárea. FALSO
Lo que es verdad, es que la leche tarda más en subir, pero la lactancia es igual independientemente del tipo de parto.

• El vínculo madre-feto es menor tras una cesárea. TOTALMENTE FALSO
Diversos estudios demuestran que no hay diferencias. Además, si todo está bien, se puede favorecer el contacto y que el bebé esté con la madre precozmente.

Fuera de estos mitos y verdades, una mamá que pasa por esta operación es igual de «macha» que una natural. Pues, admiro por ejemplo a mi mamá, que después de 5 partos naturales, SIN EPIDURAL, puedo decirle que es una maestra y me saco el sombrero ante ella. Ante las mamás primerizas que al tercer pujo sacan a sus bebés y los ponen directamente en su pecho, también! Qué bello momento debe ser ese. Pero una mamá que es anesteciada desde el principio, siente los cortes en su piel, jaloneaos forzosos que quienes tratan de «despegar» literalmente a sus bebés de sus úteros, que no pueden agarrar a sus bebés por estar en una posición un poco difícil (y a quienes no se lo permiten porque sus bebitos necesitan cuidado para establecer sus signos vitales también), quienes son dormidas luego para despertar después con un fuerte dolor (algunas) en la parte baja y una cicatriz que deben cuidar y curar para no sufrir las consecuencias de una infección.

Quién no quisiera estar de pie solo horas después de dar a luz para atender a sus hijos? Y así algunos piensan que una elije hacerlo por cesárea… a veces es elección de la mamá pero hay casos en los que es inevitable hacer una operación para extraer al bebé. Y en esos momentos lo único que importa es que todo se logre a tiempo, ya luego comprobaremos que eso del vínculo es igual de una u otra forma.

Todas somos mamás sea de una o de otra manera. Todas tenemos el mismo derecho a ser reconocidas como madres aún así tengamos un tajo de por vida, al menos eso nos recuerda que aunque se sufre, se goza luego de una vida feliz con nuestros hijos.

Así que si te dicen que tienes que someterte una cesárea, no tengas miedo. Es solo una de las formas que tienen las mujeres de traer a sus hijos al mundo. Igualmente grandes, igualmente poderosas. Inmensamente madres por donde lo miremos.

* Hace un tiempo vi un video (felizmente que fue luego de mi cesárea). A ver si no se sacan también el sombrero después de verlo también (les dejo el link: https://www.youtube.com/watch?v=KNQu1NRidtU) Es fuerte… no digan que no se los advertí.

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Cuidado: no todas las urgencias son emergencias

Realmente, la semana empezó de la manera más cruel. Durante el fin de semana fuimos felices paseando juntos y disfrutando cada momento en familia. Aunque termino más cansada que de lunes a viernes esos días son mágicos y especiales, pero el domingo en la noche, todo se puso color oscuro.

Un lindo fin de semana que terminó mal…

Pasamos una noche difícil. Naelle empezó a llorar como si algo le fastidiara desde antes de las 12 de la noche. No era hambre, no era sueño, era dolor. Yo estaba segura que era dolor. Se calmaba por unos minutos y dormía para luego empezar a llorar nuevamente. Parecía una pesadilla porque nada la calmaba y yo empezaba a asustarme de verdad.

En paralelo, Marcel escuchaba los gritos y se revolcaba en su cuna renegando porque no lo dejaban dormir, además seguro estaba asustado como nosotros por su hermana. Teníamos que dividirnos para atenderlos a los dos. Felizmente, no molestó mucho mi chino. Se quedaba tranquilito con su chupón y su trapito para sobarse la cara mientras duerme.

 

Ya avanzada la noche, como a la 1:30 am aproximadamente, se despertó llorando más fuerte aún. Decidí distraerla a pesar de la regla número uno de la casa «no hablar ni jugar con los bebes durante la noche/madrugada que quieran despertarse», ese es el truco para que vuelvan a dormir, pero esta vez era diferente. Empezamos a jugar a las escondidas, a mirarnos en el espejo, a esconderme detrás de la espalda de su papá y que ella me descubra. Logré que se riera por ratitos pero no servía de mucho, al segundo volvía a llorar.

Creímos que eran gases, pues estaba un poco fastidiada y de cuando en cuando soltaba peditos y chanchitos. Pero no era eso, tenía que ser algo más y yo me frustraba conforme avanzaban las horas. Así dieron las 3 de la mañana, hora en que teníamos que volver a intentar dormir. La abracé, paseamos juntas con la luz apagada y por fin se durmió. Nos echamos abrazadas y logramos dormir no más de media hora para volver a llorar. Esa noche, realmente fue interminable. En mi mente pasaban horas y en realidad solo habían pasado minutos. Solo quería que amaneciera para pensar bien qué haríamos.

Ya a las 6 de la mañana la llevé de emergencia a una clínica que no mencionaré porque en este blog no tratamos de chancar, pero sí de advertir. Mis bebés tienen su pediatra que es un sol y lo amamos, él mismo fue quien los sacó de mi panza y es él mismo el que me ayudó a sacarlos de la prematuridad muy rápido. Es el mismo que quiso ir a mi cuarto personalmente a darme la noticia que por fin podría llevarme a mis bebes a casa. No lo cambiaría por nada, solo por una emergencia como ese día. Pues en la clínica que los atiendo no hay emergencias pediátricas y solo atienden a partir de las 9. Era mucho tiempo esperar 3 horas para ver qué podía tener mi china. Por eso salimos y la llevamos a una reconocida clínica por mi casa (Surco).

De inicio la atención en emergencia no fue como me lo esperaba. En emergencia todo es rápido y con mucho detalle, aquí se tomaron su tiempo para llamar al pediatra de turno para que baje a evaluar a mi bebé. Entró el doctor, quien parecía muy buen profesional y la examinó para luego decir que no tenía nada. Que su pancita no estaba dura así que no estaba con cólicos. Cómo era posible??? Algo debía tener! Le pedimos que por favor le revisara la garganta pero no lo hizo, nos preguntó cuando fue la última vez que hizo caquita y al decirle que había sido hacía un día y no mucha cantidad nos dijo que seguro era eso: estaba estreñida. Bueno, al menos un diagnóstico que podía tener sentido, así que la llevamos con panadol, gaseovet y algunas recomendaciones como darle más fibra en sus comiditas.

Con una cuenta un poco elevada nos fuimos a la casa pensando en lo que nos dijeron «esa no es una emergencia, es una urgencia y por eso se cobra como consulta». Digo yo, no es emergencia cuando tu bebé llora por más de 12 horas sin poder dormir??? En fin, nos fuimos a la casa creyendo que todo mejoraría pero no! Lo único que pasó fue que empeoró ahora sumándole a los llantos un poco de fiebre.

Para ese entonces ya eran las 9:00 am y nuestro pediatra ya estaba en su consultorio. Lo llamamos y fuimos a verlo de inmediato. Ese día él atendía en la tarde pero hizo un espacio para poder vernos, pues vio que el caso merecía atención como cualquier paciente. Después de revisar cada milímetro de su cuerpito escuchando sus llantitos desesperados nos miró diciendo: tiene otitis y faringitis.

¿A caso no le habían revisado los oídos? Sí! Y yo vi cómo ella se retorció cuando le vio la orejita derecha pero no nos dijo nada al respecto. ¿A caso no le revisó la garganta? Pues no lo hizo, a pesar que le dijimos que lo haga. Ahora sí podíamos ayudar a mi china, un antibiótico (que odio por cierto) y Doloral para ayudarla con ese intenso dolor. He escuchado las peores comparaciones con el dolor de oídos, pobres bebés. Empezamos ayer y ayer mismo empezamos a mejorar. Al menos ya se reía conmigo, jugamos juntas hasta casi las 10 de la noche, mi mamá ya me quería matar por la mala noche anterior. Además, el hermano renegón que tiene una roncha de zancudo vampiro en la frente como unicornio, no estaba de muy buen humor.

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Ayer en la noche ya más feliz

Parece que las semanas de mala pata nos persiguen, pero como siempre, juntos salimos adelante a pesar de los llantos compartidos y jalones de pelos desesperados por no saber qué hacer. Pero, esa, lamentablemente es la única forma de crecer. Qué tal forma de empezar a celebrar los 31 que llegan el jueves no?

Consejo: piensa bien a dónde llevas a tu bebé por una emergencia. Y recuerda que una mamá por más noica y neuromamá que sea, SIEMPRE sabe cuando a su bebé le pasa algo más que NADA.

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Una vez más cayeron los dos

Esta semana ha sido muy intensa en todo sentido. Llega el viernes y con él llega la descarga de todo lo que está pasando justo ahora. Días de «inicios» que requieren muchísima concentración, ganas, orden y mucha, pero muchísima cabeza para pensar en objetivos claros. Días que se mezclaron, como cuando todo parece suceder dentro de una película barata de terror, con momentos críticos en mi corazón que lucha a ciegas por ver más allá de lo evidente lo que pasa a exactamente 6.4 kilómetros de mí. Días en los que mis hijos estuvieron con un poco de moquitos que en lugar de ir desapareciendo, se convirtió en un gran resfriado con nariz, garganta y bronquios involucrados. Realmente una semana de terror.

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Una semana sin noches para dormir se va. Esas noches al lado de la cuna chequeando que la respiración esté bien, parada con la linterna en la mano para alcanzar las medicinas, el saca moco y todo lo que está en la mesita de apoyo que me ayuda a pasar las horas. Noches que parecen interminables y que la mayor alegría la da el sonido del aire limpio pasando por su naricita. Noches en que el termómetro en sus frentecitas son los protagonistas. Esos minutos de terror cuando un poco de leche hace que se atoren por no poder respirar ni comer aunque su pancita ruja de hambre. Noches en las que maldigo los virus que lamentablemente están en el mismo aire.

Se va una semana de tardes tratando de jugar como siempre, pero esta vez con un fastidio de por medio. Noches en las que me odié por completo porque grité y renegué con ella que no tiene la culpa. Renegué y le pedí que por favor se callara y que se calmara de una vez. Al segundo me arrepentí y las lágrimas empezaron a mojar sus ya mojados ojitos. ¿Tan bruta puedo ser? Me provocó meterme mil cachetadas de castigo pero nada se podría llevar ese momento, lo dije y ahí se quedó. Ella, sin entender nada me miraba y seguía llorando y yo sin poder calmarla. ¿Cómo es eso posible? Pero ya cuando todo estaba silencio pensé y miré hacia adentro como siempre lo quiero hacer y es que sí es posible porque soy un ser humano. Un ser humano que se cansa y pide un minuto. Solo un minuto para unir puntos y conectarse. Un ser humano que no para en el día y tampoco en la noche. Un ser humano que también merece ser entendido.

Agradezco a Dios infinitamente por todo lo que me da, y lo que no también porque eso me ayuda a darme cuenta de mi presente y lo grande que es mi vida. No me quejo, más bien me admiro por todo lo que estoy haciendo. Pero a veces me provoca poner pausa y respirar. No pensar más. No mirar alrededor y por fin respirar.

Se va esta semana pero aún no termina el calvario. Vendrá un fin de semana para ganar tiempo y cuidar al máximo cada segundo con ellos. Que hoy, fastidiados y llorones, necesitan una mamá tranquila que sepa calmarlos cuando ellos más la necesitan.

Si solo pudiera hacer lo que vengo pidiendo todas las noches mientras les doy su leche acariciando sus cabecitas… si solo me pudieran pasar todo lo malo que ellos sienten a mí. Yo soy más fuerte, yo puedo aguantar más que ellos una cochina tos y esos fastidiosos mocos. Si solo pudiera reemplazar esos amargos momentos en los que lloran porque tengo que darles su medicina y meterles el succionador de mocos porque ellos solos no saben expulsarlo. Si puediera borrar sus caritas mirándome con amargura como si me dijeran ¿por qué me haces esto mamá?

Suena drama… drama del bueno, pero así es. Es la cruda realidad de una mamá que sufre al lado de sus hijos aunque de durante el día esté a esos «escasos» 6.4 kilómetros que parecen millones.

Sana sana, colita de rana…

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Dolores de mamá

Cuando nos volvemos mamás no tenemos idea de lo que se nos viene. Eso que pensamos como «maternidad» no se compara ni un poquito a la realidad. Y es que no todas las cosas son como nos las cuentas, en realidad, creo que no todo se cuenta cuando a «ser mamá» se refiere.

Nadie nos prepara para ese golpe fuertísimo que es el salir de la clínica para enfrentarnos «solas» a ese maravilloso ser que salió de nosotras. Y es increíble pensar todo el amor que una puede sentir por una persona tan pequeñita y a nuestros ojos lo más indefenso que existe. Es nuestra responsabilidad y lógicamente, todo nos abruma de golpe. En casa no hay enfermeras que nos ayuden a calmar los llantos, a darles de comer de la manera tan «simple» como se ve, a sacarles el chanchito perfecto y cambiarles el pañal como si fuera un baile divertido.

Igual que eso, nadie nos advierte que los bebes lloran. Y es que es su lenguaje desde que nacen. No saben hablar y por ello solo lloran por hambre, lloran por frío o calor, lloran por sueño, lloran por estar sucios o lloran por incomodidad. Además de todo eso, lloran cuando tienen ganas. Esas fotos de bebitos felices y «tranquilos» durmiendo en cama de sus papás, no es que sea «la familia perfecta» con el «bebé perfecto» que solo se ríe y come feliz, es que son esos momentos perfectos que MERECEN la pena ser plasmados en una foto. Nunca se ha visto una foto de una mamá desesperada tratando de calmar a su bebito que llora hasta ponerse rojo. No! Porque no son cosas que uno ama. Son momentos difíciles a los que tenemos que enfrentarnos alguna vez en la vida. A parte, no todos los bebes son iguales. Y yo puedo dar fe de eso, mientras mi bebito lloraba como si lo aniquilaran en cada cambio de pañal, mi bebita era la más feliz del mundo. Y lo peor que podemos hacer es comparar, porque no son iguales. Cada uno es un mundo y solo nos toca aceptar. Pero eso sí, para una mamá nunca habrá una última mecida para calmar a tu bebé. Siempre habrán ganas.

Tampoco nadie nos prepara para el difícil tema de «la lactancia». Todo es perfecto y una piensa en las miles de bolsas de leche congelada que tendrá en la refri porque sera una real vaca lechera. Y de pronto, al intentar darle teta y no es para nada suficiente. Y es que por más que visualicemos y seamos las más positivas del mundo, a veces a quienes nos toca escasez, nos toca. Solo nos queda aceptar y seguir adelante. Pero cómo duele.

Nadie nos prepara para los sufrimientos de mamá. Esos que nos hacen entender al derecho y al revés a nuestras propias madres. Las caritas tristes y decaídas con los resfríos y virus que mientras vayan creciendo serán más frecuentes. Una parece sufrir más que el mismo bebe, y creo que el deseo más grande que una pide en ese momento es «por favor que me de a mí todo lo malo pero no a mis bebés. Quítales su dolor y pásamelo a mí».

Y menos nos cuentan de los «golpes» típicos de mamá. Como siempre digo, venimos preparadas para ser mamás y tener un aguante enorme cuando de golpes se trata. Patadas desde la panza, jalones de teta para tomar leche, cabezazos contra labios, ojos incluso dientes que hacen temblar, cachetadas, clavadas de uñitas, bañadas de pilas y cacas, jalones de pelo, de lengua de ojo, de pestañas… dolores que luego de llorar a veces, nos hacen reír.

Menos nos cuentan lo difícil que es separarnos de nuestros hijos después de unos meses cuando hay que volver a trabajar. Creo que es la parte más difícil de todas porque cada hora que se pasa lejos de ellos, es una hora menos de verlos crecer. Porque sí, crecen cada hora definitivamente. Nadie nos prepara para tener el corazón arrugado cuando nos perdamos su primer «chau» con la manito, su primer «dale a la mozita», su primer solo paradito  muchas cosas más que debemos conformarnos viendo en foto.

En fin, nadie nos prepara para ese lado difícil de ser mamá. Nadie nos cuenta la realidad cruda y dura porque creo que es algo que nos toca vivir a cada una de nosotras para luego contar nuestra historia y decir «yo pude».

Cada mes de ellos, es un mes nuestro. Un mes nuestro como mamá que sigue y seguirá aprendiendo a ser cada vez mejor por ellos, aunque muchas veces duela.

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Hoy por ti

Hoy me desperté pensando en ti. Sentí ese cansancio emocional que te pega a la cama sin querer salir de ella por más que el sol esté brillando a solo unos centímetros de tu almohada. Sentí esas ganas locas de llorar escondida en un rincón sin querer ver a nadie nunca más en la vida. Sentí esa impotencia de no poder gritar con los pulmones, el corazón y todos y cada uno de los órganos de tu cuerpo. Sentí esa pena enorme que a pesar que no se vea, te tiene doblada de rodillas por el peso sobre tus hombros. Sentí ese deseo tan profundo que solo tu mente y alma conocen a la perfección.

Hoy quise pedirle al cielo por ti. Para que tus ganas nunca se acaben. Para que esa perseverancia cada inicio de ciclo no se estrelle contra el suelo en el primer portazo. Para que veas e imagines creyendo que todo el posible. Para que cierres esos ojos tan cansados de llorar y por primera vez dejes de pensar. Para que creas y dejes todo en manos del destino pero sobre todo te lo creas. Para que dejes de andar buscando respuestas donde solo hay más preguntas. Para que, sin pensarlo, lo estés volviendo a intentar.

Hoy, quiero desearte muchas cosas lindas «y fuertes a la vez». Quiero que vengan muchas malas noches para ti. Que cuando te veas al espejo pienses en que esas ojeras y ese pelo todo alborotado tienen una razón justificada. Que sientas que no puedes entrar a darte un baño sin pensar o sentir que «alguien» te llama desde afuera. Que los días y las horas se esfumen sin saber siquiera el mes y el año en el que vives. Que tu tema de conversación aunque a muchos les joda sea solo uno (al menos por un tiempo). Que por primera vez sientas que realmente eres de hierro. Que desde ahora tu vida se multiplique y lo sientas desde el fondo de tu corazón.

Hoy me desperté pensando en ti futura mamá. Solo tú sabes lo poderosa y fuerte que eres. Y solo comprendiendo eso serás capaz de empezar tu sueño ahí donde todo empieza: en tu corazón.

Sueña.
Cree.
Siente.
Y vive…